Presunto Culpable – – – Más que ruido y expectativa

21 Mar

Precedida por todo el circo mediático, repercusiones políticas y clamor comunitario, pensaba que me sentaba a ver una cinta que indudablemente no iba a cumplir sus expectativas. Suena lógico no?

Ehhhhhh (sonido de alarma), error!…no creo que halla otra película este año que vaya a estar a punto de hacerme chillar tantas veces como Presunto Culpable. Creo que está demás explicar como este documental deja al descubierto la cloaca inmunda que es el sistema judicial mexicano, habitado por parásitos y escorias corruptas, estúpidas, ineptas, ineficientes, descaradas y en el mejor de los casos valemadristas; que extrañamente guardan un amor muy cercano a su corazón hacía la burocrasia. En este mundo el sentido común no existe, el suelo se vuelve el cielo y al revés, y las evidencias físicas (en el otro lado llamadas “hard evidence”) como huellas digitales, pruebas de DNA y pólvora son poco importantes comparadas con el testimonio de un chavito miedoso preparado en conjunto con los mismos policías que arrestan al presunto culpable…llega un punto que uno se adormece ante tal ineptitud.

Está demás…pero fuera de esta historia en particular, una en cientos de miles; queda una mezcla de tristeza profunda y desolación porque en México se tiene que mover más que montañas, cielo, mar y tierra para lograr que se le haga justicia a uno. Este chavo, Antonio Zúñiga, tuvo la enooooorme suerte de que hubo cámaras en su segundo juicio y consiguientes apelaciones; tuvo a su disposición a dos abogados jóvenes imparables y uno de los más experimentados de la Ciudad de México, ah si: todos trabjando de gratis!; que el principal testigo en su contra es un chavito zonzo que, de haber tenido dos neuronas más, se hubiera percatado de que se estaba contradiciendo en su testimonio y finalmente que él, Antonio, es inteligente. Podría pensar las 10,000 razones por las cuales el resto de los cientos de miles inocentes en la carcel no cuentan con UNO de esos aspectos favorables…y aún así, el proceso para Antonio Zúñiga fué arduo.

El material habla por sí solo, los directores prescinden de música melosa para puntualizar las escenas fuertes, no es necesario; seguramente está de sobra decirlo, pero que impactantes son las emociones reales a las actuadas; nadie grita, ni llora pataleando como en las películas de Hollywood; sin embaro se siente el peso de una lágrima de verdad, que siempre será mil veces más pesada que cualquiera de la mejor actriz.

4.8 / 5

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