Decálogo – VIII

29 Dec

decalogue 8

Ampliamente considerado como uno de los mejores episodios en la obra de Kieslowski, la octava entrega parece ser irónicamente la más lenta y con menos escenas importantes. Dado que el suceso de donde se desprende el conflicto principal de la trama ocurrió en el pasado; cuarenta años antes de los tiempos que vemos en pantalla, la mayoría de las escenas son de diálogo que construyen aquellos hechos antiguos para nosotros; Kieslowski no es Spielberg, y aquí no hay baratos flashbacks.

Es 1985 y Zofia (Maria Koscialkowska) es una maestra universitaria de ética con una afinidad para el ejercicio a pesar de su aparente avanzada edad (setenta por ahí). En una de sus clases recibe de oyente a una colaboradora de Nueva York pero con clara descendencia polaca, Elzbieta (Teresa Marczewska), esta mujer más joven pronto está participando en la clase de Zofia donde la maestra les presenta hipotéticos casos donde se deben resolver los problemas o preguntas éticas correspondientes…o puede que sean reales, pues la maestra menciona el caso de la mujer, el bebé y el esposo enfermo que vimos en el Decálogo II. Este ejemplo inspira a la maestra Zofia a afirmar que la vida de un infante es la única prioridad en cualquier caso….”ooh, si?”, casi dice Elzbieta y se avienta a contar una historia durante la segunda guerra mundial, cuarenta años atrás, donde una joven y su esposo se rehusaron a cobijar a una pequeña niña judía por no querer mentir que era bautizada, o como dice el octavo mandamiento “no dirás falsos testimonios”, dejándola a su suerte en lo que seguramente significaría la muerte para la niña. Algunos alumnos no se la tragan eso de cobijarse detrás de su catolicismo y como dice uno “tenían miedo”.

No es spoiler y es parte de todas las sinopsis genéricas del episodio el saber que Elzbieta era la niña y Zofia la joven esposa; en lo que pareciera ha sido un viaje de miles de kilómetros para buscar venganza Elzbieta revela que ha venido en busca de algo más importante, el entender y el perdonar.

Kieslowski utiliza la semiótica para comunicar los sentimientos de abandono y añoranza a lo largo de la trama, especialmente el uso de las manos de los personajes: sujetando, tratando de alcanzar, o con dedos entrelazados en claro significado de esperanza. Igualmente hace uso de otro tipo de simbología, me llamó la atención el encuentro de la sporty Zofia mientras corre por el campo con el faquir polaco, bueno no a tal grado pero con el contorsionista que le explica a Zofia que es fácil torcerse hasta atrás hasta que la cabeza llegue a los pies, me imagino Kieslowski habrá estado familiarizado con el término en inglés “bend over backwards for someone”, o sea contorsionarte, hacer lo imposible por alguien, sacrificarte pues. Cuando Zofia lo intenta obvio que no puede y el joven le dice “oh, es que ya es muy tarde aprender para ti”, Zofia tuvo su oportunidad de probar su calidad humana en su debido momento y no pudo, ahora obvio se le pone de tapete a Elzbieta pero es “too little, too late”.

4.2 / 5

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