Mouton

24 Mar

mouton

Gilles Deroo y Marianne Pistone le dan su merecido tributo al aquí y al ahora (prohibido el YOLO por favor), a la importancia de los cotidianos ritos y convivencias que pasan de largo sin que nadie los celebre…o los recuerde. Mouton (Oveja) es el artístico recuento de la vida de un chef joven que acapara el lente de la cámara por gran parte de la película; asentado en su cómodo existir, nosotros también empezamos a disfrutar de los pocos acontecimientos que salpican de vez en cuando la vida del chico…hasta que un buen día “mouton” (David Merabet) desaparece del cuadro a causa de un violento incidente con una motosierra.

A falta del personaje principal y del punto central de la película, la trama se bifurca como pasada por un prisma para seguir a los conocidos del desaparecido principal (sabemos que solo se cambió de ciudad a vivir con un tío). De nuevo Deroo y Pistone nos encierran en la trivial existencia de estos personajes hasta que, al igual que el recuerdo que queda de “mouton”, se van desvaneciendo. Amor casual, perfeccionismo al decorar un platillo, fiestas en el muelle; absolutamente todo queda reducido a una postal de Courseulles-sur-Mer, la villa junto al mar, que puede ser comprada en una tienda de conveniencia local por .80 euros.

La inocencia del principal no parece ser un accidente, después de todo podemos adivinar que le dicen “oveja” por su temple sereno y fácil de manipular, incluso por las desgracias de su destino; muy temprano en la película “mouton” es sujetado y escupido por los que resultan ser sus mejores amigos…que incluye a un niño de unos diez años. Al igual que en cualquier situación, “mouton” sostiene una ligera sonrisa pareciendo solo estar contento de encontrarse en el momento. Se notaba fuertemente al principio del filme que Merabet no es un actor profesional…y en efecto, Deroo y Pistone atinaron en darle el papel a un chico que no es actor, de manera que mantiene cara de pazguato en todo momento frente a la cámara, como los hacemos todos los que no somos actores.

Por si fuera poco, los directores refrendan su calidad de inocente cuando “oveja” le chupa el pezón a su nueva novia más como un bebé que como un lujurioso adolescente. “Tarde o temprano este mundo cruel se lo comerá vivo”, nos parecen decir desde el principio

Cuales ovejas, nosotros como espectadores cambiamos rumbo y seguimos por el camino de la trama bastante después de que el principal ha salido de escena, hacia otra dirección sin sentido y al azar de lo que venga. Deroo y Pistone no emplean una pluma en el aire o una bolsa de plástica bailando con el viento. Se muestran más sofisticados en sus metáforas.

Para la revista Indie Rocks!

3 / 5

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