Las Horas Muertas

16 Apr

las horas muertas

Aarón Fernández (Partes Usadas) encontró la inspiración para Las Horas Muertas al recorrer el trayecto de Costa Esmeralda en Veracruz y divisar los varios motelitos de paso que se esparcen a lo largo de ese tramo de carretera.

Uno de esos lugares escondidos a plena vista en los que uno se baja al baño o a comprar cigarros a medio trayecto y piensa “acabaré donde sea, menos aquí”. En ese sentido, el fotógrafo Javier Morón ha escogido retratar las escenas siempre nubladas, cosa que seguramente no le hace justicia a este lugar tropical donde los cocos caen de las palmeras, creando un ambiente contemplativo y que da pie a una reflexión melancólica.

Sebastián (Kristyan Ferrer) es un adolescente que se hace cargo del motel a la orilla de la playa en lugar de su tío, quien necesita internarse en el hospital por cuestiones de salud. La calma y falta de actividad del lugar, especialmente durante el día, es bastante palpable al principio; esas horas muertas necesitan llenarse con algo y Fernández enfoca más su lente para encontrar sucesos interesantes.

Miranda (Adriana Paz), vendedora de bienes raíces de la localidad, es cliente frecuente del motel junto con su amante. Observamos que su día también está plagado de horas muertas. y cuando su amante empieza a dejarla plantada en el motel, o plantada en el sentido más general, empieza a desarrollar una relación cercana con Sebastián.

¿Es una decisión de nuestra propia voluntad crear vínculos emocionales o un resultado de la circunstancia? A pesar de todo, no tienes gran cosa que hacer mientras esperas con alguien a que cese la lluvia. Las Horas Muertas no significa que no suceda nada en este tiempo que se está haciendo “el muertito”; decisiones importantes, lazos de afección y los momentos más memorables pueden suceder en este transcurso.

El joven actor Ferrer sostiene una presencia ante la cámara que es sólida y simpática, aunque no se le puede pedir una actuación impecable a alguien tan joven. Más compleja e interesante resulta la caracterización de Adriana Paz, envuelta en un personaje susceptible y con la tensa desesperación de estar esperando “algo”.

Esta simple historia de amor fue destilada por Fernández a partir de un conjunto que incluía un par de tramas adicionales; afortunadamente, el cineasta dejó en el tintero las ideas trilladas de violencia y denuncia social pero en su lugar expandió esta porción de los momentos tranquilos en los que la cotidianeidad y el ocio motiva (¿u obliga?) a llenar estos espacios muertos.

Para la revista Indie Rocks!

3.5 / 5

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