All The Memory In The World

21 Jun

all the memory in the world

El cineasta norteamericano Mike Olenick presenta un experimento videográfico y social que lo describe no como un largometraje o un documental, sino como “un video por Mike Olenick”.

En All The Memory In The World (Todos Los Recuerdos Del Mundo) se analiza al trabajo fílmico de las últimas décadas como un ente único y completo que refleja en su cuerpo todas las facetas de nuestra convivencia social; buenas, malas o simplemente extrañas.

En su filme, Olenick presenta escenas de unos pocos segundos de alrededor de cuatrocientas películas, no hay ni un solo pedazo de material filmado para este video, nuevamente otro ejemplo del “search footage”, que también fue presentado en La Más Macabra De Las Vidas como parte del festival Distrital. Cada escena se disuelve y da paso a otra mientras una voz ominosa arroja todo lo que tiene en su inestable y confundida mente, un hombre con un crónico caso de insomnio, como él mismo lo menciona.

Los pensamientos son a manera de un monólogo interior, un flujo de consciencia que recita pensamientos en un ritmo monótono como: “Me dormí y es como si hubiera caído en un funeral” y “Tengo que creer que cuando cierro los ojos, el mundo sigue ahí” con un tono de voz idéntico a Christian Bale como Batman, lo que le da un toque cómico no planeado a las escenas.

Tanto el narrador con insomnio y de voz misteriosa, como el propio Olenick, confiesan una obsesión por las fotografías, especialmente aquellas que adquieren una característica especial dentro de una película; Olenick recuerda como la primer foto que le causó asombro fue aquella de Marty McFly con su familia en Volver Al Futuro, como la imagen se transformaba conforme Marty sufría éxito o fracaso en sus peripecias por el tiempo; ahora, en All The Memory In The World, el cineasta presenta dicha escena, así como miles de los momentos más memorables de Annie Hall, El Aro, OldboyThe Silence Of The Lambs, entre otras.

Sin embargo era casi imposible no volver a apreciar las escenas individuales de cada trabajo por lo que representan en su película original; observando una de las secuencias de Candyman no pude evitar pensar: “vaya, que buena era Candyman; de hecho, quisiera seguir viendo Candyman ahorita mismo”, para que dos segundos después se cortara abruptamente hacia otra secuencia.

Con una trayectoria fílmica demasiado experimental para la mayoría del público en general, Olenick vuelve a dejar perplejos a varios con este filme, sin lugar a dudas lo que él considera un acierto.

Para la revista Indie Rocks!

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