Interstellar

26 Nov
Cómo me gusta este poster, la mirada de McConaughey como si no se esperara la cámara, ni siquiera en el poster promocional, tan fuera de su elemento o sea en otra galaxia

Cómo me gusta este poster, la mirada de McConaughey como si no se esperara la cámara, ni siquiera en el poster promocional, tan fuera de su elemento o sea en otra galaxia. Parte del lenguaje.

Es la costumbre del cineasta británico Christopher Nolan de poner a prueba los límites de su talento, y de paso la paciencia de su amplia legión de seguidores, a través de un cine ambicioso. Esta vez hace entrega de la madre de todos los retos cinematográficos, un filme que empuje las fronteras de la exploración espacial más allá de donde 2001: A Space Odyssey se quedó hace más de cuarenta y cinco años; muchos los han intentado y han fracasado como los grandes; ahora con Nolan en la silla grande, se anticipaba con ansias el resultado final.

Una trama tan densa, escrita por Nolan y su hermano Jonathan, que paradójicamente se coloca por debajo de Memento, The Dark Knight en incluso Inception (que habita el mismo género de la ciencia-ficción), como parte de mis proyectos favoritos del director. Contradictorio también, que su cinta de aventuras intergalácticas, sea la más emotiva y personal.

Inevitables son las comparaciones con otros estandartes del sci-fi, tal como la mencionada 2001, y otras inspiraciones que Nolan ha reconocido como Metropolis y Blade Runner, yo agregaría cintas más recientes como Moon (2009) y el éxito del año pasado, Gravity; pero mientras que esta última puede considerarse como una película más consistente y mejor lograda, la grandiosidad que pretende alcanzar Interstellar y que solo se asoma en el horizonte, sin que la alcance, la eleva a una categoría especial.

El inicio de la historia es muy terrenal; en un futuro muy cercano la raza humana está próxima a extinguirse debido a la erosión total de toda la superficie terrestre que hace imposible que se cultive el sustento alimenticio de la población. Un granjero, y piloto retirado, Cooper (Matthew McConaughey) atiende a sus moribundos cultivos con la ayuda de su hija Murph (Mackenzie Foy), su hijo Tom (Timothée Chalamet) y su suegro, padre de su difunta esposa, Donald (John Lithgow). El escenario es tributo al movimiento migratorio norteamericano de los 30’s, conocido como el “dust bowl”, cuando cientos de miles de familias abandonaron el “midwest” para poblar las costas.

La NASA, que ahora trabaja clandestinamente, recluta a Cooper para pilotear una misión con el objetivo de encontrar un nuevo planeta habitable, viajando a través de un hoyo negro para alcanzar otra galaxia. Los Nolan consultaron con en el respetado físico Kip Thorne para retratar con precisión las leyes que rigen el universo; no voy a develar la trama pero la teoría de la relatividad de Einstein es utilizada eficazmente para demostrar la posibilidad de viajar al futuro, y la imposibilidad (a nuestro entender) de viajar al pasado, con un resultado altamente emotivo sobre la pantalla.

Cinematográficamente impresionante aunque temáticamente saturada, no puedo decir que no estuve muy entretenido por tres horas. En lo que va de este año, Interstellar es de los mejores conceptos originales que han llegado a las salas de cine.

Para la revista Indie Rocks!

4.5 / 5

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