Dont Look Back

14 Dec

dont look back 1

Si, “Dont” sin apóstrofe; el influyente documental de D.A. Pennebacker sobre Bob Dylan no puede escaparse de su espacio en el tiempo, 1965, un momento justo en la antesala del cambio más radical en los paradigmas culurales de la época moderna; al establecimiento y al sistema se le venia encima toda la fuerza de la ola del cambio y ser iconoclasta era de rigor si estabas del lado de lo nuevo y revolucionario; en Dont Look Back, Dylan es iconoclasta, los reporteros son iconoclastas, y Pennebacker es iconoclasta, al punto de revelarse contra la opresiva ortografía y dispensar del apóstrofe en la palabra “Dont”, maldita sea!…algunos dicen que simplemente fue un error de dedo, pero Pennebacker lo ha negado siempre, y bien por él, mejor ser un necio a sufir el bochorno similar a The Zombies y su disco Odessey And Oracle.

Lanzado al mercado hasta 1967, el recuento del tour de Dylan por Inglaterra en la primavera de 1965 es un íntimo retrato de la última gira de Dylan el héroe del folk, sólo sobre el escenario junto a su guitarra y su harmónica, repasando su material hasta Bringing It All Back Home, un breve respiro antes de que sonara el estrenduoso redoble en la tarola para iniciar “Like A Rolling Stone” (“como una patada que abría tu mente”, dijo Springsteen) y su periodo más celebrado con Highway 61 Revisited y Blonde On Blonde, es decir, su completa conversión a artista “eléctrico”. Esto era lo último del Dylan acústico, un artista claramente frustrado con el alcance de su arte, lo pretencioso que era su público folk, y lo reconocido que nuevos actos “eléctricos”, como The Beatles, se estaban convirtiendo en la prensa.

He sido un fan de la música de Bob Dylan por años, especialmente de los mencionados álbumes, Bringing It All Back Home, Highway, Blonde y añadiendo Blood On The Tracks, que incluye la mejor letra que he escuchado en una canción: “Tangled Up In Blue”. Dont Look Back era ahora mi oportunidad de “meterme en serio” con Dylan pero la persona que vi sobre la pantalla fue una completa decepción. Un ser humano hostil, inseguro, narcisista y agrandado; falta ver la escena de Dylan arremetiendo contra un joven periodista Inglés, Horace Freeland Judson del Times, como si este joven en anteojos fuera el representante de la prensa mundial. Dylan, rodeado de sus acompañantes, músicos, amigos y otros lame botas, pretende destruir intelectualmente al joven estudiante de ciencia con preguntas como: “estudiante de ciencia?, qué es eso?, realmente que representa eso para la sociedad?”; cabe mencionar que Dylan está borracho o trippeando la mayoría del tiempo; pero ante los ojos de los jóvenes susceptibles de la época, siendo un iconoclasta en todo momento, dándole duro al joven bien peinado y de camisa con corbata, que seguramente representaba al sistema, como bien se lo merece; una juventud oprimida en aquellos tiempos no podía pero sentir que el otro joven de pelos despeinados, wayfarers oscuros y guitarra en mano era poco menos que un Dios. Hoy en día podemos ser un poco menos inocentes.

La música es otra cosa, Dylan en el escenario solo con su guitarra, mientras lo ilumina una solitaria luz de la parte alta del teatro, sin que podamos ver al público, interpretando “Blowin’ In The Wind”, o “The Times They Are A-Changing” o “It’s Alright Ma (I’m Only Bleeding)”, mantiene a uno tal como al público en el filme, respetuosamente callado y atento a cada palabra, mientras que otros grupos contemporáneos no se les podía escuchar entre los gritos. Otras interpretaciones más íntimas casi validan a Dylan como persona, después de andar como niño malcriado entre sus secuaces encerrados en un cuarto de hotel, se apaciguan para escuchar al cantautor escocés Donovan tocar “To Sing For You”, para que después un asombrado Dylan le siga con una interpretación que desnuda la belleza de “It’s All Over Now, Baby Blue”, que le trajo tan monumental cierre a Bringing It All Back Home.

La aparición de Donovan es breve pero sublime, aunque un chiste recurrente en el documental es como Dylan se muestra asqueado cada que se menciona a Donovan, ya que la prensa inglesa no deja de compararlo; puede que estaba jugando, aunque su costumbre de hablar y silbar en los conciertos de otros colegas si le trajo la enemistad de Paul Simon, que duró años. Joan Baez, quien a esas alturas ya era la ex de Dylan, ilumina cada escena con su presencia, su humor y su extraordinaria voz, de los pocos momentos contemplativos es nuevamente en un cuarto de hotel, mientras Baez interpreta “Love Is Just A Four-Letter Word”, mientras Dylan se dedica a la máquina de escribir (utilizando todos los dedos de las manos) y su representante, el hosco y desagradable Albert Grossman, un judío de Chicago, se pierde en sus pensamientos sentado en un sillón en un rincón de la recámara.

Bob Dylan trabaja mientras Joan Baez toca

Bob Dylan trabaja mientras Joan Baez toca

Cinematográficamente hablando, este trabajo de Pennebaker es una oda a La Nouvelle Vague de aquella época tan sincera como se pudiera existir; un filme en blanco y negro áspero en calidad (aunque claro como el agua en sonido), un trabajo en edición refrescantemente inconsistente, con escenas cortas y dinámicas seguidas de largas secuencias especialmente cuando Dylan entraba en uno de sus discursos filosóficos, normalmente contra un pobre incauto que ni la debía, ni la temía. La influencia de A Hard Day’s Night, lanzada poco antes de la filmación de Dont Look Back, también es obvia, y Pennebacker utiliza los oscuros recintos de los teatros ingleses donde Dylan se presentaba para filmar con cámara de mano a personas freneticamente bajando o subiendo escaleras para después salir a las calles donde algunas chicas pretendían lanzar una Dylanmania, se le escapaba al cineasta, a esas alturas de la carrera del cantautor, que él no era ese tipo de artista; la electricidad de una sala llena de reporteros vs. el ingenio de cuatro chicos ingleses en las instalaciones del aeropuerto JFK es en este caso media docena de dóciles entrevistadores charlando con un hastiado Dylan, cuyo sentido del humor se reserva, aparentemente, exclusivamente para su música.

Difícil de congraciarse con este trabajo, si es que se quiere ignorar su cruda sinceridad frente a su sujeto, y su precedente e influencia ante una avalancha de trabajos por venir, señores: el primer “rockumental”!; Dont Look Back más bien lo descompagina a uno con su artista admirado, pero bueno, si John Lennon era una terrible persona y aún lo queremos, aunque en algún momento se manifestó por la paz mundial, cosa que Dylan no ha hecho; no importa, Dont Look Back, es una importante lección en separar al artista de la persona, si se quiere seguir apreciando el arte de estos excéntricos y jodidos humanos.

Y ahora, las primeras imágenes del doc, Dylan y el principio de su carrera eléctrica, “Subterranean Homesick Blues”.

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