Boyhood

17 Dec

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Un estudio sobre la mortalidad y la condición efímera de nuestra existencia, construido con toda la calma y serenidad del mundo, a lo largo de doce años. Richard Linklater ya había jugado con este tipo de concepto en la trilogía de Before (Before Sunrise, Before Sunset y Before Midnight), las cuales siguen una trama que tarda 18 años en desarrollarse. El estelar de aquel proyecto y favorito de Linklater, Ethan Hawke empezó a trabajar con el director en este proyecto en sus días de Training Day, allá por el 2002; la filmación concluyó apenas el año pasado. Boyhood, originalmente llamada 12 Years pero cuyo nombre fue cambiado después del éxito de 12 Years A Slave, sigue la historia de Mason Jr. (Ellar Coltrane) desde los seis años hasta su primer día en la universidad, ya convertido en todo un joven adulto, se analiza también la dinámica entre sus padres divorciados Olivia (Patricia Arquette) y Mason Sr. (Hawke) y como ambos tratan de hacer un buen trabajo en criarlo a él y a su hermana Sam (Lorelei Linklater, hija del director).

Olivia y Mason Sr. tienen nuevas parejas, luego se vuelven a divorciar, luego vuelven a conocer a alguien más y así sucesivamente, siempre acarreando a los niños en sus nuevos proyectos; Olivia es la que se queda con ellos y que los cría basicamente, Mason Sr. es el padre que “trata” de estar en la vida de sus hijos, a él le tocan los divertidos paseos a los juegos y a jugar boliche. Todo siempre desde el punto de vista de un niño, no quiero decir que Linklater y su cinematógrafo Lee Daniel colocaron las cámaras a cuatro pies del suelo, pero la vida privada de los padres puede ser tan misteriosa y francamente no de nuestro interés completo tal como un niño alcanza a ver solo pistas sin entender completamente qué está sucediendo. Como cuando Mason Jr. llega de jugar con sus amigos para encontrar a su madre llorando en el suelo del garage, solo para que aparezca su segundo esposo parado detrás de ella, su vaso con hielos y algún líquido siempre en su mano diciéndo: “tu madre se cayó”. Mason Jr. no le da mucha importancia y entra en la casa, meses después cuando el padrastro está rompiendo vasos de cristal a la hora de la comida es cuando el niño, y nosotros, entendemos que han habido problemas por mucho tiempo. Es momento de cambiar de rumbo nuevamente.

La familia de Mason cambia de ciudades constantemente, cada llegada a una nueva escuela es dificil para los niños, el cambio es una constante en esta típica familia norteamericana de Texas, Hawke, el padre, tratando de seguirles la pista a sus hijos, al principio batallando, pero no solo los niños crecen y evolucionan. El personaje de Hawke empieza siendo un padre bastante pinche, pero cerca del final de la película él también ha encontrado la manera de sentar cabeza y ser un padre decente. Apegándose totalmente a la realidad, Linklater no nos enseña un cuento de fantasía, Olivia, la madre, después de batallar por sacar a sus hijos adelante, retomar su educación y conseguir su deseado empleo como maestra de universidad, contempla esa mortalidad que mencionaba al principio de este texto el día que Mason se va a la universidad, un par de años después de que Sam hizo lo mismo y se pregunta si acaso lo que sigue es su propio funeral, confundida opina que pensaba que en la vida “iba a haber algo más”, como si los doce años se le hubieran pasado como a nosotros al ver el filme, en unas tres horas.

No hay grandes dramas ni memorables sucesos en esta trama, no es como salida de Hollywood, son los detalles pequeños los que llenan la pantalla y la vida de Mason; tal como en las buenas series de televisión, vemos a un niño creciendo frente a nosotros e ir desarrollando su propia identidad y manera de ser, pero en tres horas, no en varias películas como digamos, Harry Potter,  el joven adulto Mason es callado pero cálido, ha recurrido a la fotografía como su pasión; entiende que tipo de persona va a ser cuando su novia lo deja por un jugador de lacrosse de otra universidad, él no va a ser el deportista capitán del equipo y se siente bien. Para cuando lo dejamos de ver, igual sentimos que está listo y es tiempo de que camine solo.

Un filme épico que no se ve forzado ni en sus intenciones ni en su edición, hasta uno empieza a ver algo de si mismo en la pantalla, un día estás escuchando The Hives y derrepente Lady Gaga es lo nuevo y poco después hasta la canción de Peter Bjorn & John parece que estuvo sonando hace años, la rapidez da un poco de miedo, como dice Olivia: “que sigue?…mi pinche funeral!”; no puedo desaprovechar la oportunidad de mencionar la actuación de Arquette como la mejor que le he visto, aunque ya no se vea como acá, con esa manera de rendirse frente a la cámara de una manera tan personal no creo que tenga problemas encontrando buenos proyectos de acuerdo a su edad y a sus talentos.

Para cuando se lleguen los Óscares, me imagino a Boyhood llevándose el galardón a mejor película, y aunque esté nominado no veo a Linklater ganando mejor director, su reconocimiento estará en haber producido el mejor proyecto cinematográfico del año, pero la misma sutileza estética del mismo no le permitirá salir adelante de otros esfuerzos en la dirección más sobresalientes como el de, con un poco de suerte, nuestro gallo Alejandro González Iñárritu.

P.S. Una interesante lectura sobre el “Álbum Negro” de los Beatles que Hawke hizo para su hija y lo incorporaron en el filme. Click aquí.

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4.8 / 5

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