Nymphomaniac: Volume II

23 Jun

 

nymphomaniac vol II 2

La ópera sexual de Lars von Trier llega a su conclusión con la cautivante Charlotte Gainsbourg en el papel estelar. Es posible que Gainsbourg sea la actriz más explotada del mundo, von Trier la ha sometido a un sin fin de atrocidades física y mentalmente denigrantes, no solo en esta película, pero en cuatro al hilo ya. En este caso tengo entendido que hubo efectos especiales involucrados de manera que Gainsbourg no recibió doble penetración por parte de dos africanos, ni chupó un pene de verdad, aunque lo vimos explícitamente. Gainsbourg confía absolutamente en von Trier y a consecuencia ha obtenido algunas de las interpretaciones más poderosas de los últimos años.

Continuamos con Joe (Gainsbourg) relatándole al viejo Seligman (Stellan Skarsgard) desde la vez que dejó de tener todo sentimiento en su vagina, incapacitándola para poder tener orgasmos; gran desgracia para su estilo de vida. Sin darse por vencida, Joe busca formas cada vez más extremas de poder volver a buscar esos orgasmos que sentía al inicio de sus aventuras sexuales, sin poder tener éxito; cual drogadicto eternamente en busca de ese primer “high”. Una de sus opciones es someterse a brutales sesiones de sodomización por parte de un joven sádico llamado K (Jamie Bell) que no penetra a sus mujeres pero les pega de latigazos y las deja que elaboren sus propios “gatos de nueve colas”. Joe encuentra placer en recibir heridas abiertas sobre su piel hasta que físicamente le es imposible proseguir con los encuentros.

Kinky stuff

Kinky stuff

El viejo Seligman sigue proyectando las historias de Joe a sus propios conocimientos confinados a sus libros, principalmente religiosos, ya que no tiene otras referencias (confirma que es virgen); y no es para menos que recurra al simbolismo religioso cuando Joe recuenta inocentemente como de niña sufrió una levitación acompañada de la imagen de dos mujeres en atuendos antiguos presenciando el milagro; Seligman inmediatamente reconoce el acto como una retorcida reinterpretación de la transfiguración de Jesucristo en el Monte Talbon.

Todo esto mientras Joe sigue con Jerôme, incluso tienen un hijo; pero el ritmo sexual de ella la lleva a descuidar a su familia cuando Jerôme ya no la puede satisfacer, a tal grado que el bebé se acerca a un balcón con la puerta abierta recreando idénticamente, música y todo, la misma escena que vimos en Anticristo. Casi derrotada en la vida, Joe llega a las manos de L (un siempre tenebroso Willem Dafoe), quien utiliza la falta de moralidad de Joe y su ausencia de escrúpulos para convertirla en una recolectora de deudas junto con un par de matones. Aquí la trama se enreda aún más, mientras Joe llega a recordar cómo fue que acabó golpeada en el callejón detrás del departamento de Seligman apenas unas horas atrás.

Quizás está de más decir que von Trier es un cineasta excéntrico, pero en Nymphomaniac puede que empiece a iniciar ese proceso de introducir su propia cabeza en su propio culo, tal como le pasó a Lynch en Fire Walk With Me o a Tarantino en Inglourious Basterds; su sentimiento de invencibilidad lo hacen ejecutar actos innecesarios como aparecer en un cameo, como él mismo, detrás de la cámara con todo y su equipo, en un paneo hacia un espejo; o dejar evidentes incongruencias en la trama como un infante, hijo de Joe y Jerôme que nunca envejece. Von Trier nos deja a que nosotros nos ocupemos de esas pequeñeces, él está enfocado en algo más grande.

Lars von Trier como parte de la campaña publicitaria. Claramente disfrutando su papel de "enfant terrible"

Lars von Trier como parte de la campaña publicitaria. Claramente disfrutando su papel de “enfant terrible”

No quiere decir que haya perdido su inmenso talento para filmar; puede que esta película (volúmenes I y II) contenga muchos elementos incongruentes y nefastos pero nadie puede negar la belleza de sus encuadres. Joe sigue recordando los paseos de su infancia junto a su padre (Christian Slater), analizando minuciosamente los árboles mientras él le enseña el árbol que simboliza su alma, y le dice que algún día ella encontrará el suyo. En lo alto de un cerro llega una hermosa escena que no necesita palabras, ella y nosotros podemos afirmar: yep, esa es ella.

El desenlace, que por obvias razones no puedo describir, es al mismo tiempo perturbador pero excelentemente ejecutado, un pedazo de cine que no quiero volver a ver, pero que no será necesario, ya que esas últimas escenas han quedado por desgracia indeleblemente marcadas en mi memoria. Sigo pendiente, muy pendiente, del cine de Lars von Trier.

4 / 5

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