Singin’ In The Rain

23 Jul

singin in the rain 1 No por nada considerado el musical más influyente de todos los tiempos, Singin’ In The Rain sigue siendo un espectáculo para los sentidos a pesar de haberse estrenado en 1952, antes incluso de Elvis. Tuve la fortuna de verla en todo su esplendor en la Cineteca Nacional, y de paso llevando a los abuelos, de manera que pude disfrutar de una calidad de imagen y de audio incomparable en otros medios (para ser un trabajo de 1952).

El género del musical estaba en su apogeo en aquel entonces, gracias a la dedicación de artistas consumados como el estelar de esta movie Gene Kelly, quién dedicó toda su carrera a avanzar las técnicas de baile para la pantalla, y de darle un estilo masculino. Eran otros tiempos y se opinaba diferente, decía Kelly que no le molestaba que bailarines afeminados entraran a esta disciplina, pero que en lo particular prefería que se bailara como hombre, de manera que no se estigmatizara el baile como una actividad exclusiva para los homosexuales…él lo veía como mantener la fuente de talento lo más amplia posible, pues. Así que moldeaba sus coreografías para movimientos atléticos, en vestuarios comunes y corrientes, como una que otra camisa de manga corta en esta película. Había absorbido la influencia de su ídolo Fred Astaire, pero dejado de lado los pasos en frac y bombín, y aparte incorporado a las cámaras de cine como un instrumento más dentro de sus rutinas. Los paneos, las tomas altas desde grúas y el trabajo de edición complementaban sus números de baile, a diferencia de Astaire quién mantenía las tomas abiertas y dejaba que sus pies fueran los únicos que hicieran la magia.

Kelly, Reynolds y O'Connor bailan la icónica secuencia a principios de los créditos. Se puede pensar que veremos esta secuencia más adelante durante la película pero no...no la vuelven a bailar juntos, ni siquiera sabemos que relación tienen estos personajes. Un poco surrealista, me recordó a la primera escena de baile en Mulholland Dr.

Kelly, Reynolds y O’Connor bailan la icónica secuencia a principios de los créditos. Se puede pensar que veremos esta secuencia más adelante durante la película pero no…no la vuelven a bailar juntos, ni siquiera sabemos que relación tienen estos personajes. Un poco surrealista, me recordó a la primera escena de baile en Mulholland Dr.

La historia es de Don Lockwood (Kelly) quien recuenta sus inicios como artista itinerante de las carpas junto a su fiel amigo y colaborador Cosmo Brown (Donald O’Connor) antes de iniciar su carrera en el cine mudo durante los primeros años del siglo XX. Esto lo recuenta Don para el público que está atendiendo una premier durante los años 20 y para nosotros, a partir de ahí la película deja de ser un recuento y empieza a correr cronológicamente “en vivo”. Fue interesante ver a una producción de los 50’s recrear los 20’s para acoplar su historia. Lockwood es una grande estrella de Hollywood junto a su pareja de la taquilla, y personal (según la prensa amarillista de la época), Lina Lamont (Jean Hagen) pero él la rechaza completamente, especialmente después de que conoce por casualidad a Kathy Selden (una joven de 19 años, Debbie Reynolds). Lockwood y Selden se enamoran a primera vista (como en las películas!), pero esta no es una arcaica historieta de amor simplista, Singin’ In The Rain si tiene algo que decir; y es la transición que vivió la industria del cine durante los 20’s cuando el audio fue introducido a los filmes. Vemos a Lockwood, batallando como todos los de la época, y a su estudio de producción, tratando de hacer la transición y permanecer relevante en un cambio que fue drástico para los paradigmas del entretenimiento de aquel entonces. Es cuando a Lockwood, junto con Selden y su amigo Cosmo Brown, se le ocurre maximizar los beneficios del audio y crear un musical, y es como nace al final de la trama: Singin’ In The Rain, la película que estamos viendo…la cual recuenta los sucesos que llevaron a la pantalla Singin’ In The Rain, la película que veríamos…y así sucesivamente…un mobius strip construido para hacernos pensar un rato.

La trama de Betty Comden y Adolph Green no se queda ahí en tratar de jugar con nuestras mentes, una de las escenas más criticadas de la película, si no es que la única, involucra a Lockwood recreando todo un extravagante número de baile el cual se lo está describiendo al presidente de los estudios, el señor R.F. Simpson (Millard Mitchell). Lockwood le pide que se imagine el nuevo musical que pueden producir y empieza a contárselo, nosotros como público vemos la idea de Lockwood completamente materializada sobre un personaje humilde que llega a Broadway a hacerla en grande como bailarín. Dentro de estas escenas partidas de la imaginación de Lockwood nos adentramos en una de las fantasías el personaje del musical, donde baila en un paisaje surrealista con la amante de un gangster (interpretada por la misteriosa Cyd Charisse, me dijo mi abuelo “ella si era una gran estrella”). O sea que si se dan cuenta ya estábamos viendo en pantalla la fantasía dentro de la fantasía; genial!, pensé. No me imagino como los críticos hubieran preferido prescindir de este surrealista número de baile que si bien no encaja con el ambiente de la trama general, le da ese toque exótico a la película. Estas realidades alternas me recordaron un poco a la serie de recámaras en Cien Años de Soledad, las cuales recorre José Arcadio Buendía cada noche entre sueños; alejándose y regresando a la realidad cada vez.

La escena donde Lockwood y Selden se enamoran. Es notable el uso de cámaras y de

La escena donde Lockwood y Selden se enamoran. Es notable el uso de cámaras y de “luz natural” para crear el ambiente.

Pero es difícil hacer una reseña de Singin’ In The Rain, a final de cuentas, es difícil poner en palabras lo que es un buen show. La idea original de Arthur Reed, con el guion de Comden y Green, más el talento como “showman” de Kelly resulta en una experiencia cinematográfica única y entretenida, que a diferencia de otros clásicos donde cuesta más trabajo racionalizar los logros y avances de su producción, uno puede simplemente dejarse llevar por el espectáculo.

4.8 / 5

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