The Hateful Eight

29 Mar

the hateful eight 2

El octavo largometraje de Quentin Tarantino no terminó ser precisamente el majestuoso western que estaba esperando. Bien, pues en parte no me puedo quejar porque acababa de ver un espectacular western, a cuyo cinematógrafo le valió su tercer Óscar consecutivo. Y el séptimo filme de Tarantino recordamos fue la muy bien recibida Django Unchained, un épico cuento de venganza (como es costumbre de Tarantino) que retrataba esos paisajes nevados que nos gusta disfrutar en este género, acompañados de musicalización por parte de algunas viejas piezas de Ennio Morricone.

The Hateful Eight, Los Ocho Más Odiados, no resultó ser un western en ese sentido, no se sometió a los principios estéticos del género, sino más bien es un claustrofóbico juego de misterio donde ocho extraños, entre ellos convictos, caza-recompensas y militares, se encierran en una cabaña durante una tormenta invernal para darle rienda suelta a sus suspicacias y “sospechosismos”; es el típico caso de “cabin fever“, lo que aqueja a un grupo de personas encerradas en un mismo lugar. El diálogo, siempre un punto fuerte de Tarantino, vuelve a ser un acierto en este su octava película; es ácido, dinámico, captura la complejidad de las interacciones humanas y contiene esa buena dosis de humor que le esperamos, a veces demasiado obvio, pero que es parte de su sello como guionista. La trama en general es otra cosa, Tarantino trata de meter toda una época en una cabaña y pues simplemente no cabe; historias sobre la guerra civil, sobre el presidente Lincoln, sobre historias de venganza que suceden en otros condados del sur norteamericano; todo suena muy bien, pero nosotros ahí seguimos en la cabaña hasta el final de las casi tres horas, en lo que termina siendo un glorificado juego de “Clue”. the hateful eight 1

El elenco es diverso y colorido, lo que le resta un poco de monotonía a la claustrofóbica trama. Nuevamente aparece en un papel importante dentro de una película de Tarantino el actor Samuel L. Jackson, un una interpretación vil y sádica, pero que también cuenta con sus momentos donde aparece desprotegido y en profundo sufrimiento, se me hizo uno de sus papeles más interesantes en los últimos años. Jackson es el caza recompensas Marquis Warren, un desalmado ex-militante del ejército de la Unión durante la Guerra Civil Norteamericana, quien ahora transporta dos cadáveres hacia el pueblo de Red Rock en Wyoming, para ganarse una recompensa. En el camino se encuentra con Kurt Russell como John Ruth, quien va en diligencia por la nieve hacia el mismo pueblo a entregar en persona a una fugitiva, Daisy Domergue (Jennifer Jason Leigh)…y a toda la comitiva se les une otra persona buscando raite, el Sheriff Chris Mannix (Walter Goggins), y quien resulta será el nuevo Sheriff del pueblo a donde todos se dirigen…o sea que será el que le pague a los personajes de Russell y Jackson sus recompensas, así como el que personalmente ordene la ejecución de Jason Leigh en la horca…lo que pone a pensar a los involucrados y se empiezan a entrecruzar sus intereses.

Ante una nevada implacable, los viajeros de la diligencia buscan refugio en un pequeño motel, llamado “Minnie’s Haberdashery” (“La Mercería de Minnie”) donde se topan con otro grupo de personas, entre ellos el retirado oficial sureño de la Confederación, el General Sanford Smithers (Bruce Dern), un mexicano amigable llamado Bob (Demián Bichir), un forastero en camino a visitar a su madre, llamado Joe Gage (Michael Madsen) y un simpático pequeño hombre inglés, Oswaldo Mobray (Tim Roth). Como usted seguramente ya lo pudo haber imaginado, no todos los personajes son las personas que dicen que son; hay individuos truculentos, sangrientos y sin escrúpulos entre la comitiva y sus diferentes intereses irán dándole un giro más violento a esta trama de Tarantino. La ausencia de la mentada Minnie es uno de los primeros indicios de que no todo es lo que parece.

El director de foto, Robert Richardson, filmando en 70 mm.

El director de foto, Robert Richardson, filmando en 70 mm.

Parece que Tarantino sigue queriendo probar sus capacidades como director bajo condiciones extremas, tal como el caso de la pelea entre “La Novia” y 88 asesinos japoneses (el “Crazy 88”) en la primera parte de Kill Bill, donde dijo “si no me sale, entonces no soy tan bueno como pensaba”…ahora Tarantino quiso encapsular toda la acción de un western en una sala, que cuenta con una chimenea y unos cuantos sillones. Si el director quería que la suspicacia fuera in crescendo hasta explotar, literalmente, en un montón de sangre y vísceras (o vísceras hechas puré, que se asemejan más a simple sangre), no puede decir uno que no lo logró…y que no fue aumentando la tensión con mano maestra, ayudándose, claro, de las piezas musicales del maestro Ennio Morricone, quien compuso el soundtrack para su primer western en 34 años. Tarantino, quien ya había utilizado el trabajo del compositor ampliamente en sus filmes pasados, ahora tuvo el lujo de contar con material original, escrito específicamente para su película.

Pero The Hateful Eight, se siente más como un reto personal de Tarantino hacia Tarantino que un sincero esfuerzo por entretener a sus seguidores. Aunque haya salido a promocionar la obra en 70 mm como parte de una proyección ambulante, un roadshow, cosa que no se hacía en décadas (y como dijo él mismo después de analizar los gastos vs. los ingresos: “ahora ya veo porqué”), el mismo roadshow refleja a final de cuentas algo innegable de Tarantino: un amor inmenso por el cine, tanto como un tipo de arte, como un estilo de vida. Tampoco le ayudó a Los Ocho Más Odiados que le tocó ser el jamón dentro de un sandwich western, donde tuve la oportunidad de ver The Revenant antes de ella, y The Searchers, el clásico de John Ford, justo después…estoy seguro que Tarantino estará muy preocupado al respecto.

Pero a final de cuentas, y desgraciadamente, mi película menos favorita de este director. Incluye sus sellos característicos, un guion agudo y cómico, acción y violencia desmedidas, pero en este caso faltó el descaro tarantinesco para atrapar a su público y llevarlo por el camino de una historia descabellada, no sentarlo a mamarse las intrigas de un juego de mesa. Ese descaro cinematográfico no llegó a “La Mercería de Minnie”.

2.5 / 5

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