The Searchers

18 Apr

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El clásico de clásicos dentro del amplio trabajo del director John Ford, y un filme que no solo es considerado como uno de los mejores westerns, pero una de las mejores películas del cine norteamericano y el mundo. Aparte de las hermosas tomas del oeste norteamericano por parte de Ford, captadas a través del lente del director de foto Winton C. Hoch, The Searchers encara el tema de la conquista de los nativos a manos de los invasores anglosajones, impulsados hacia el oeste del territorio estadounidense en el siglo XIX por el supuesto “destino manifiesto”.

Otros westerns previo a The Searchers se habían limitado a retratar a los nativos como unas bestias salvajes despiadadas, y tanto Ford como el guionista Frank S. Nugent (quien se basó en la novela homónima de Alan Le May) no se distancian mucho de esa representación arcaica…pero esta vez ponen en tela de juicio las actitudes de desprecio y racismo por parte de anticuados anglosajones conservadores hacia ellos. En este caso vemos el repudio que Ethan Edwards (John Wayne) le tiene a los “comanches”, un desprecio quizás justificado, pues Edwards es un retirado soldado de la confederación sureña, quién pasó un par de años divagando por el desierto después de que había terminado la guerra civil. Uno solo puede imaginarse las atrocidades que le tocó vivir en carne propia deambulando por tierra de indios. Un sobrino postizo de Edwards, Martin Pawley (Jeffrey Hunter), es 1/8 “indio” y esto parece ser demasiado para el personaje de Wayne, quien no desaprovecha cualquier oportunidad para mostrarle su desprecio.

"Los buscadores" a punto de encontrarse con un grupo de "comanches"

“Los buscadores” a punto de encontrarse con un grupo de “comanches”

El odio de Edwards hacia los comanches llega a su punto más alto cuando después de una breve expedición, llega a casa de la familia de su hermano, quienes le han dado asilo desde su regreso definitivo, y los encuentra masacrados, la casa de adobe completamente quemada y a sus dos sobrinas desaparecidas, supuestamente secuestradas por los comanches para quien sabe qué tipo de barbaridades que les tienen preparadas. Edwards y Pawley se embarcan en una búsqueda que les toma años para recuperar a sus sobrinas. Recalcitrantemente el viejo Edwards acepta al joven Pawley como su pareja en el viaje, advirtiéndole “yo pongo las órdenes” y por las constantes amenazas de violencia que le muestra, parece que Edwards no dudará ni un segundo en dejar al joven en medio del desierto a su propia suerte. Edwards, aún en las pantallas de los conservadores 50’s, ya era un personaje anticuado; representaba ese llanero solitario, necio e incorregible, que empezaba a pasar de moda con el público de aquel entonces. Los artistas del viejo Hollywood, como Ford, estaban listos para dejarlos atrás, pero no de una manera tan descarada…insinuando solamente las “cualidades” norteamericanas que en “tiempos modernos” ya eran obsoletas.

SPOILER ALERT SPOILER ALERT SPOILER ALERT SPOILER ALERT SPOILER ALERT

El marco de una puerta es un símbolo recurrente en este filme. Especialmente cuando se le contrasta con la expansiva planicie norteamericana (cuyos encuadres fueron filmados en el estado de Utah) que uno puede admirar tan solo poniendo un pie fuera de la casa, pues el marco de la puerta hacia la casa de adobe parece como la entrada hacia una nueva era. Al principio del filme, cuando el vaquero grandulón de John Wayne reaparece en la casa de su hermano, se queda meditativo en el marco, pensando si será una buena idea el entrar…tal como si un hombre arcaico estuviera a punto de verse forzado en cambiar sus prejuicios y arraigados ideales. Al final, cuando Edwards entrega a la niña a lo que queda de la familia, todos corren hacia el interior de la casa, cruzando el marco sin pensarlo dos veces, Edwards nuevamente se queda en las afueras de la casa, olvidado por los demás a pesar del sacrificio de años que hizo por ellos, se toma el brazo en una señal de incomodidad, y finalmente decide no entrar, dando la media vuelta y regresando a deambular por el soleado desierto. Un final espectacular, que creo también hubiera funcionado si Wayne hubiera entrado, pues se pudo haber dicho que era el comienzo de una nueva era de héroes norteamericanos, pero independientemente de la “decisión” del personaje de Wayne o del guionista Nugent, en meter o dejar afuera a Edwards, me quedo con el simbolismo presente.

Edwards prefiere seguir a la intemperie, realmente como un llanero solitario, después de haberse “salvado” moralmente cuando finalmente encuentra a la pequeña Debbie (Natalie Wood), a quien originalmente la estaba buscando no para salvarla…pero para matarla!, ya que según Edwards la habían convertido en bestia los comanches en el momento que la llevaron a vivir con ellos. Esta trama del hombre en busca de la pequeña reaparecería en varios trabajos cinematográficos en el futuro. The Searchers (Más Corazón Que Odio, en México) fue la joya en la obra de John Ford y John Wayne y sigue siendo uno de los filmes más influyentes de la historia.

Edwards (John Wayne) mejor se va

Edwards (John Wayne) mejor se va

4.5 / 5

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