Love & Mercy

26 Apr

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El aclamado productor Bill Pohlad (The Tree Of Life, 12 Years A Slave) decidió financiar este proyecto y aparte probar su suerte en la silla de director para filmar finalmente un largometraje decente sobre la vida del genio musical norteamericano Brian Wilson de los Beach Boys. Si bien algunas cadenas norteamericanas se habían esforzado por producir mini-series dedicadas a contar toda la vida del músico o de la banda completa, recordamos The Beach Boys: An American Family (2000) en la cadena ABC y Summer Dreams: The Story of the Beach Boys (1990), en aquellas ocasiones nos quedamos más con una cuasi-telenovela melodramática que con un buen pedazo de cine. En parte tampoco se les puede culpar a aquellas telenovelas de haber presentado demasiado drama en torno a la vida de Wilson, yo pensaba que era del conocimiento del público en general la tortura psicológica que vivió el compositor norteamericano la mayor parte de su vida; fue una sorpresa para mí el descubrir que incluso amigos que son allegados a la música de los Beach Boys desconocían el carnaval de la desgracia que fue en gran parte la vida de Brian Wilson.

Pohlad, junto con el excelente trabajo en edición de Dino Jonsäter, logra contar de una manera original la típica historia del rockstar que cae en la desgracia, enfocándose en dos periodos diferentes en la vida de Wilson. La primera está conformada por sus días dorados a mediados de los 60’s, componiendo y produciendo su obra maestra Pet Sounds (1966), al mismo tiempo que empezaba a mostrar los primeros síntomas de la esquizofrenia, situación que se agravia con la tensa relación que tiene Wilson con su padre y ex-manager, Murry Wilson (y que el filme nos hace el gran favor de solo mostrarnos la punta del témpano de hielo que fue el maltrato del padre hacia su hijo por años), así como con el conflictivo Mike Love (Jake Abel), quien nuevamente es retratado como el villano dentro del grupo. El joven Wilson es interpretado por Paul Dano (Little Miss Sunshine, There Will Be Blood), quien logra proyectar la inseguridad, y al mismo tiempo la tremenda ambición musical, del líder de la banda que en aquel entonces podía decirse como la única que compitiera con los Beatles en el terreno musical. love & mercy 2

Dano deambula por la euforia de los logros musicales en el estudio de grabación, y la decepción cuando se topa con cualquier nimiedad que no es de su agrado, incluyendo la recepción que tuvo el álbum Rubber Soul (1966) de los Beatles. Sin embargo permanece activo mientras Wilson concebía la grandilocuencia de “God Only Knows” y después “Good Vibrations”, finalmente descociéndose emocionalmente durante el fallido proyecto de Smile (1967). Love & Mercy recuenta la desgracia del desplome de Wilson justo en el momento que se convertía en un verdadero artista, y ahí está Dano para encarnar el sufrimiento, con esa característica cualidad para plasmar en su cara la profunda tristeza, reduciéndose básicamente a un decepcionado malvavisco gigante.

Entretejida en esta historia está la otra parte de la vida de Wilson, la cual tiene lugar en un Los Ángeles nublado, teñido de tonos azules y grises, y que parece sacado de alguna otra película de film noir en L.A. En medio de la estéril arquitectura ochentera, John Cusack (High Fidelity, Being John Malkovich) le da vida, lo que queda de ella, a un Brian Wilson cuarentón, cansado, al que le han chupado la energía los personajes maquiavélicos que siempre lo rodearon, en este caso lo vemos bajo el yugo del peor de todos, su psicoanalista Eugene Landry, quién con el pretexto de sanarle sus problemas mentales, lo tiene en un estado zombi con tanta droga e intimidación. Landry es interpretado por Paul Giamatti (Sideways, Straight Outta Compton), un megalómano implacable que siempre habla como si acabara de salir del baño después de defecar por media hora, casi a punto de empezar a sudar. Wilson ahora es un niñote a merced de quien quiera manipularlo…o salvarlo. Afortunadamente aparece en su vida una persona decidida en hacer lo segundo, es la que sería su próxima esposa, Melinda Ledbetter (Elizabeth Banks) y la trama de esta segunda parte de la vida de Wilson gira en torno a los esfuerzos de Ledbetter por rescatar a Wilson de las garras de Landry. Es una historia de amor demasiado perfecta y nos queda la sensación de que influyeron bastante las injerencias por parte de Melinda Ledbetter y Brian Wilson (los de la vida real), los cuales colaboraron ampliamente con Pohlad en la producción.

Cusack como Wilson y Banks como Ledbetter

Cusack como Wilson y Banks como Ledbetter

Mucho se ha hablado del poco parecido físico que los dos actores estelares, en especial Cusack, comparten con Brian Wilson, pero más que una desatención por parte de Pohlad, parece un acierto calculado por exaltar los sentimientos potentes dentro de la historia del músico sin dejarse atrapar por detalles más superficiales como las apariencias físicas de los involucrados. No es casualidad que Pohlad reclutó al guionista Oren Moverman, quién había escrito el script para I’m Not There (2007), la aclamada cinta donde seis actores diferentes (incluyendo a una mujer) interpretaron a Bob Dylan en una faceta diferente de su carrera. Puede que Pohlad no tenga mucha experiencia en la silla de director; pero si cuenta con ella, y ha destacado, al momento de hacer películas como productor, así que el detalle del casting se entiende que fue llevado a cabo por el cineasta con una intención específica de dejar a los mejores actores contar una historia que sigue sorprendiendo e inspirando a los nuevos indoctrinados en la vida de Brian Wilson.

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