The Beatles: Eight Days A Week – The Touring Years

16 Jul

Le di un llegue a un documental más sobre los Beatles, en este caso fue The Beatles: Eight Days A Week – The Touring Years, algo así como tres títulos para darle presentación a este documental sobre los años de gira de la banda, de 1963 a 1966, que abarcan las giras oficiales de la banda por el mundo. Dirigido por el reconocido y talentoso, pero realmente blando, Ron Howard, el documental es, a final de cuentas, entretenido para los que se están iniciando en la banda, pero simplemente una pieza acompañante para los fans que ya llevan mucho tiempo consumiendo los trabajos audiovisuales del grupo.

Es imposible no tomar como parámetro, una vez más, el que yo considero es el documental definitivo de la banda, en parte porque es el único oficial producido por The Beatles: la expansiva y ambiciosa The Beatles Anthology de mediados de los 90’s, un monstruo de como 10 horas que analiza no solo el impacto cultural y comercial del llamado “cuarteto de Liverpool”, pero que trata de indagar más en ellos como personas y en sus tiempos y circunstancias (y que, como cualquier proyecto “oficial” de cualquier artista, no es completo, y si se quiere llegar a un retrato más o menos holístico del grupo, habrá que complementar con libros como “The Love You Make” del confidente Peter Brown, y “Here, There & Everywhere”, del ingeniero de grabación Geoff Emerick…entre otros…donde vienen los detalles más sórdidos de la historia).

Y no hay que culpar a Howard, desde las primeras escenas queda claro que lo que quiere retratar es la energía y la locura de los Beatles de gira, durante tres efímeros años, TRES! En comparación, los Rolling Stones (“los Rolling” para los chilangos) llevan como 2,700 años haciendo conciertos. En ese aspecto el trabajo es exitoso, te da un vistazo a las presentaciones en escena, los alaridos del público, los esquemas de seguridad en torno a la banda, toda la bendita locura que desató este grupo a principios de los 60’s. Obligatorios son los cortes de edición rápidos para darle premura a la narración, porque mientras Anthology tuvo 4 horas para contar esta etapa del grupo, Eight Days A Week lo tiene que hacer en una hora, 45 minutos. Hamburgo es solo una anécdota, y ni la más mínima mención a Astrid, Jürgen y Klaus, mucho menos al “quinto Beatle” Stuart Suttcliffe.

Uno de los segmentos coloreados, en este caso la conferencia de prensa al aterrizar en Nueva York

Es la necesidad, y la intención, de Howard en mantener un ritmo vertiginoso, que pueda emocionar al público casual, sin atorarse en detalles importantes de la trama personal del cuarteto. Estás bien…lo que si molesta un poco es la continuación en la saga de Paul McCartney, ya en edad avanzada y precavida, de lavar la imagen del grupo hacia una posteridad de la cual estará ausente. Ya desde Anthology, un McCartney en sus 50’s, nos decía como el mensaje del grupo era de “amor, paz y comprensión”, y no es que no me gusten esas cosas, pero los Beatles eran mucho más que una tarjeta bonita de Hallmark. Que se le va a hacer, es lo que pasa cuando los dos integrantes más comerciales, McCartney y Starr, son los únicos que quedan para dar la cara.

El material es bueno, sin ser excepcional; se incluyeron varios videos que no se habían visto antes, cortesía de asistentes a conciertos que hicieron sus propias grabaciones personales (un lujo en aquel entonces, ahora todo mundo se la pasa grabando en un concierto), especialmente hay bastante material agregado del último concierto de la banda, en el Candlestick Park de San Francisco. Pero al igual que con el documental sobre George Harrison de Martin Scorsese, uno termina viendo material videográfico reciclado, y alguna de la coloración artificial que se le da a algunos videos, como la presentación en Washington D.C. después de la presentación en Ed Sullivan, se ve por momentos simplemente raro, los trajes de los policías de un azul muy claro, por ejemplo. La simpatía y dinamismo de los cuatro integrantes, sin embargo, sale a relucir por encima de todo, podemos apreciar su camaradería y su reconocido sentido del humor, y esto no es gracias al filme, sino simplemente así eran.

McCartney en la primer fecha en el Shea Stadium

La energía de las presentaciones en vivo también se les reconoce, aunque el corto tiempo que Howard tiene para contar esta historia hace que por necesidad muchas presentaciones y grabaciones sean recortadas después de unos cuantos segundos y justo antes de que llegue a tu parte favorita de la canción, algo que después de una docena de veces, empieza a ser MUY frustrante. La edición de Paul Crowder es tibia, si alguna vez tienen la oportunidad de comparar la escena donde es presentado el concierto en Shea Stadium de este filme con la misma escena en Anthology, sabrán a que me refiero; una va incrementando la tensión gradualmente, pone los nervios de punta como si uno fuera a tocar; la otra es un conjunto de escenas blandas, con Whoopie Goldberg dando un testimonial sobre su trip al concierto.

Y eso es otra cosa, amo a Elvis Costello y ya sé que mama a los Beatles, así que las flores que les tira en este documental realmente no me interesan; este conjunto de testimoniales diversos, de algún compositor, o escritor, o periodista (el documental por un momento parece ser el documental sobre el periodista Larry Kane), todos estos personajes le dan un toque medio VH1 al trabajo, gente ahí opinando pero que ni estuvo presente.

Pero lo más molesto es esa santificación de los Beatles por Ron Howard, el director exageradamente decente (Opie del Andy Griffith Show, a final de cuentas). Eight Days A Week busca compaginarse con los temas progres y millenials de hoy en día, se hace mucho hincapié sobre una presentación en Jacksonville, donde los Beatles no se hubieran presentado si el público hubiera estado segregado en blancos y negros por separado. Se incorpora el testimonial de una chica afro-americana que fue al concierto, de periodistas, en fin, se detiene la trama mucho tiempo en ese suceso intrascendente de la banda. Y no es que me moleste el final a la segregación, ni que fuera un monstruo…pero no me van a venir ahora a decir que John Lennon era un santo, cuando si se investiga bien sobre su persona, se sabe que era una persona en el mejor de los casos MUY complicada, sino es que de plano ruin y cruel.

Una que otra grata sorpresa, como esta imagen de los Beatles en las Filipinas…y a color

El documental notablemente hace un corte durante la presentación de McCartney hacia el público en un concierto…donde en Anthology ya sabemos que acto seguido, Lennon se puso a aplaudir y golpear los pies sobre el entarimado imitando a una persona con retraso mental, algo que jamás hubiera salido en el docu de Howard. Tampoco se menciona al Ku Klux Klan durante las amenazas que recibió el grupo en la última gira por el sur de los E.U.A., el KKK siendo un tema tan controvertido en E.U.A. que estoy casi seguro que Howard mejor decidió dejarlo completamente de fuera. Ese giro super progre para millenials bebés norteamericanos conservadores es algo que a mí se me hace forzado, pero que seguramente tendrá encantado al ñoño de McCartney.

Predecible, manso, a este documental lo salva la personalidad de los Beatles y la calidad de su música, es poco lo que se puede descubrir aquí, pero para alguien que no ha visto mucho sobre la banda, puede ser un buen referente de la Beatlemania y lo efímero que fue realmente la carrera de esta gran banda.

P.S. Aquí una entrevista promocional con Howard, McCartney y Starr:

2.5 / 5

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