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Okja

18 Jul

Okja es el proyecto más reciente del celebrado director surcoreano Bong Joon-ho (Snowpiercer), es una producción de Netflix que recibió su estreno en Cannes de este año, 2017, al ser parte de la muestra oficial que compitió por la Palme d’Or, y donde dicen el público de conocedores abucheó cuando apareció el logo de Netflix en la pantalla. Es el típico cuento de “una niña y su animal”, pero con mensajes positivos sobre la conservación ecológica, el malestar de comer carne (aunque visto más desde un punto de vista emocional, que ecológico) y finalmente sobre el amor incondicional. Okja es visualmente atractiva y las partes de acción, principalmente algunas persecuciones en autos, son filmadas con destreza por Joon-ho, quién tiene suficiente experiencia en el género de acción, y por el director de cinematografía Darius Khondji.

El problema está en la diversidad de géneros que Joon-ho malabarea en este guion que co-escribió con Jon Ronson, se puede descartar como un lindo cuento cinemático para que lo disfruten los niños, ya que está calificada para adultos por Netflix, y con buena razón, hay algunas escenas violentas que desencajan en esta fábula, especialmente una violación implícita a un animal…hasta ahora me entero que un animal puede violar sexualmente a otro.

Okja es el nombre del super-cerdo desarrollado por medio de la ciencia genética por la malévola corporación Mirando, cuya presidenta, la excelentemente malvada Tilda Swinton, como el personaje de Lucy Mirando, pretende borrar de la memoria del público consumidor los recuerdos de su abuelo, su padre y su todavía más malvada gemela Nancy Mirando. Está en su plan maestro el comercializar los super-cerdos para su delicioso consumo, engendrados artificialmente, pero detrás de una fachada humanista y eco-friendly, para ello trama el concurso del Mejor Super-Cerdo, donde 26 super-cerditos bebés son enviados a 26 países diferentes para que vivan felices y contentos hasta que crezcan y regresen al corporativo norteamericano donde los espera el matadero, después de colgarles su medalla de ganadores, claro.

Gyllenhaal como el nada simpático Johnny Wilcox

Mientras tanto, Okja lleva 10 años viviendo en las montañas de Corea del Sur junto a Mija (Ahn Seo-hyun) quien la ha cuidado desde pequeña (Okja es hembra), y las dos viven con el abuelo de Mija, un viejito granjero que a pesar de que tiene las mejores intenciones para su nieta, termina por dejar que el corporativo Mirando ejerza los derechos sobre Okja para que se la lleven a E.U.A. Las escenas de Okja y Mija en el escenario idílico de las montañas surcoreanas es de lo más disfrutable de este filme, Boon-ho no es de los directores más sutiles y el primer capítulo de la película está diseñado para inspirar en nosotros un sentido de reverencia hacia la naturaleza, donde Mija y Okja se revuelcan por el pasto, saltan a los cristalinos agujeros de agua (con cascadas en el fondo), comen unos apetitosos grandes frutos anaranjados y se toman una placentera siesta a la sombra de los árboles, con Mija recostada en la panza de su super-cerdo.

Es un escenario demasiado perfecto y sabemos que pronto llegará la manzana de la discordia, en este caso, en la forma de “la cara de la marca Mirando”, el zoólogo superestrella Johnny Wilcox, que viene siendo Jake Gyllenhaal interpretando a un Steve Irwin en cocaína. El personaje que construyó Gyllenhaal es nefastamente irritante, no quedaría nada fuera de lugar en un programa sesentero del viejo Batman (QEPD Adam West). Gyllenhaal llega para llevarse al cerdo Okja a EUA y Mija sale a su rescate, enojada por enterarse de las negociaciones que hizo su abuelo. La niña cruza su camino con la organización semi-terrorista ALF (Animal Liberation Front), quienes idean un plan de rescatar a Okja, instalarle una cámara escondida y regresarla a la compañía Mirando para grabar a escondidas las atrocidades que ocurren adentro de Mirando, incluida la experimentación genética, los animales que “nacen” deformes que el público general no conoce, y en general, la crueldad con la que tratan a los super-cerdos. El ALF está liderado por Paul Dano, interpretando a Jay, y como cualquier papel de Dano, no se sabe si en el fondo su personaje es realmente un sicópata o simplemente es su gesto permanentemente entristecido y al borde del llanto.

El desenlace es anticlimático, es una trama larga y Boon-ho trata de darle una conclusión completa a un público general que seguramente esperaba satisfacción al final de esta seudo película familiar, aunque como ya lo hemos comentado, está catalogada como solo para adultos. Algunos aficionados a la tecnología estarán contentos con la apariencia del grande animal diseñado con efectos computarizados, personalmente creo que esta bestia CGI es inestable, igual puede parecer “real” en algunas tomas a larga distancia, pero los acercamientos a su “rostro” son para creerse menos, y queda claro que a Okja le quitaron casi cualquier aspecto porcino para que se pareciera más a un perro, y la gente pudiera empatizar más con ese “rostro” sin nariz de cerdo.

Okja va de más a menos, y puede que varios como yo se vayan sintiendo cada vez más desilusionados con este último fenómeno mediático, pero deja cosas buenas, y no me refiero a solo un sermón ecologista, pero a algunas buenas escenas de acción, algunas buenas actuaciones (la estelar Seo-hyun, así como Swinton) y las buenas intenciones de Netflix por seguir rompiendo paradigmas.

2.5 / 5

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Trainspotting

29 Mar

Choose life.
Choose a job.
Choose a career.
Choose a family,

Choose a fucking big television.
Choose washing machine, cars,
Compact disc players, and electrical tin openers.
Choose good health, low colesterol.

El miedo a vivir una vida, a ser parte de la red capitalista global, era una paranoia constante en los últimos años del siglo XX; Trainspotting va de la mano con otras obras cumbres anti-capitalistas de la década, como Ok Computer de Radiohead, y el libro No Logo de Naomi Klein. Marc Renton (Ewan McGregor), un pálido junkie, empieza repitiendo el mantra sobre “escoger” con cinismo y repudio para el resto de nosotros que se puede decir tenemos una vida “normal”, el escoge la adicción a la heroína mejor, Renton es el narrador y nos platica los sucesos de su vida, y en unas tomas particularmente interesantes por parte del director Danny Boyle, nos ve directamente a través del espejo, nos ve a nosotros viéndolo a él, y nos comunica con la mirada que está consciente que su vida es una mierda. Él sabe que hay del otro lado del espejo, una vida normal, y quiere poder escaparse hacia acá. Se la pasa inyectándose con sus mejores amigos, Spud (Ewen Bremner) y Sick Boy (Jonny Lee Miller), y en general haciendo travesuras con el resto del grupo, que incluye al deportista Tommy (Kevin McKidd) y al sicópata Begbie (Robert Carlyle). Cuenta con unos padres demasiado amorosos, que son demasiado complacientes con su adicción, aunque se preocupan demasiado, no hay disciplina para controlar al muchacho. Renton establece un tipo de relación con la menor de edad Diane (Kelly Macdonald), y entre alucinaciones y horribles rondas del síndrome de la abstinencia, “Rent-Boy” celebra sin remordimientos el nihilismo de su existencia.

“Rent Boy” viéndonos por el espejo

El estilo de Boyle, dinámico y acelerado, es lo que convierte a Trainspotting más en una comedia que en un drama depresivo à la Requiem For A Dream; una edición vibrante, colores brillantes y un soundtrack anclado en el britpop de la época (Blur, Pulp y Elastica) y en mucho Iggy Pop (irónicamente “Lust For Life” suena constantemente en la vida de estos ociosos), fueron lo que confundió a muchas personas en pensar que la película celebra el consumo de la heroína, siendo que los horrores de la adicción aparecen en la forma de una dependencia debilitante que deja a los personajes expuestos a violencia, SIDA, visiones de bebés diabólicos, y aventuras por el llamado “peor escusado de Escocia”; el magnetismo de Ewan McGregor, su facilidad con la palabra para narrar, y su fortuna para salir relativamente sano y salvo de estas aventuras infernales, hacen que el público empiece a simpatizar con este “anti-héroe”. Su personaje viaja en círculos, sanándose y recayendo en la adicción, hasta que finalmente decide empezar una vida nueva en Londres, como agente de bienes raíces…y todo es miel sobre aburridas hojuelas hasta que Sick Boy (y su hábito de pasársela recitando todo tipo de trivia sobre Sean Connery) y el volátil de Begbie, deciden visitarlo y presentarle una oportunidad para hacer mucho dinero moviendo un gran paquete de heroína, sabiendo que cuenta con algunos bien ganados ahorros debido a su trabajo.

Después de su último roce con el peligro, Renton decide, una vez más, empezar desde cero y ser “una buena persona”…pero ya sabemos su tendencia para andar en círculos, y su complicado romance con la adicción, así que nos deja dudando cuanto dudará su nueva etapa sobria (y habrá que checarlo en la recientemente estrenada T2)…Trainspotting es más cómica de lo que debería de ser, hay que admitirlo, y entre tanta desgracia, permite que una calidez fraternal entre amigos se quiera asomar. Es contradictoria y emocionante, a 20 años de su estreno se siente fresca, al mismo tiempo que un documento de la época de mediados de los 90’s.

Aquí la icónica primera escena:

4.2 / 5

La Delgada Línea Amarilla

16 Jan

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Road movie” o acaso existirá el género “coming-of-age para rucos”?, porque de igual manera que un adolescente se percata de que está entrando en las vísceras de la etapa adulta, una persona de edad mediana (bonito eufemismo para alguien de 60 años, eso si piensas llegar a los 120) reconoce que abandona la edad productiva para enfilarse hacia la tumba después de unos últimos años repletos de sinsabores y dolores musculares. Es mas o menos el meollo existencial en la ópera prima del tapatío Celso R. García, como un grupo de cinco humanos desechados, unos pobres diablos inútiles para el resto de la sociedad, pueden hacer equipo, hacer sinergia con sus fuerzas y controlar las debilidades que aqueja a cada uno, para demostrarle al resto del mundo que todavía pueden ser productivos, aunque eso sea únicamente pintar una delgada línea amarilla divisora en una carretera libre que casi nadie usa, maldita sea!

Yo hubiera incluido el tagline #JustDoYourJob en el arte promocional

Es irónico que dicha carretera libre, de San Carlos a San Jacinto (en alguna parte de la provincia del país sin especificar), está a punto de pasar a ser obsoleta ya que cerca de ahí están construyendo otra carretera más moderna, lo que vuelve más intrascendente el pintar una sola línea amarilla por 240 kilómetros, a lo largo de 7 días, en pleno calorón infernal. Los 5 chalanes llegan a conocerse entre ellos mismos, juntos sortean las dificultades y se la pasan bomba, bueno casi todos. Lo que hace a La Delgada Línea Amarilla disfrutable es la química entre los veteranos actores: Damián Alcázar como Toño, el supervisor de la obra; Joaquín Cosío como el reservado Gabriel; Silverio Palacios como “Atayde”, un simpático ex-trabajador de circo; Gustavo Sánchez Parra como el misterioso Mario y el punto débil en el casting, el joven Americo Hollander como Pablo, un muchacho recto e inteligente que logra conectar con Toño en una relación parecida a padre – hijo…y dije punto débil del casting porque Hollander es rígido hasta para cuando debe divertirse, como cuando los trabajadores encuentran una refrescante lagunilla en medio de la dura jornada laboral y deciden darse un chapuzón; la inflexibilidad del joven para actuar de acuerdo a la escena tampoco es ayudada por la naturalidad de los otros cuatro experimentados actores.

El team

El team

Y es común que en una premisa similar a “un grupo de extraños hacen equipo en medio de la nada” venga mucho de lo que ensancha el trajín dramático de la trama: bagaje emocional; o si, no te iba a sorprender, por ejemplo, que Toño tiene un ceño permanentemente fruncido debido a que todavía no supera un accidente minero donde varios compañeros perecieron (y él, de alguna manera, se considera responsable); o tampoco te hubiera agarrado de sorpresa el hecho de que Gabriel (Cosío), se encuentra haciendo este trabajo para poder costear la operación de los ojos que le permitirá regresar a lo que realmente le apasiona, ser chofer de camiones, los mismos que transitan carreteras como la que está pintando; “Atayde” trae historias del circo, etc. La redención de Toño es casi el tema central de la historia, y como las personas cercanas a él, como el ingeniero que inicialmente le da el trabajo de supervisión (de paso remunerándolo en poco tiempo lo que ganaba en varios meses en su antiguo trabajito), el joven Pablo también lo incita a salir de su perpetuo estado de culpa. La rola de Café Tacvba, “Esta Vez”, que también habla de la redención y de las segundas oportunidades, suena como leitmotiv a lo largo de la película, en un casete que Pablo trae en su walkman (no, la película no está ambientada en los 90’s, simplemente son personajes de bajos recursos)…y no estoy aquí para contar spoilers, pero llegarán a ver el final, y es difícil entender que Toño (el emocionalmente resquebrajado Toño) haya podido salir de esta aventura sin sentirse todavía más deprimido y culpable por los sucesos, no sintiéndose fresquecito como una lechuga; eso fue algo que no me hizo sentido al final.

Es un trabajo cinematográfico bien cuidado, la cinematografía es cálida y complaciente con los paisajes de la provincia mexicana, el diseño de la producción es meticuloso, los personajes se ven sudados, con un paliacate sudado alrededor del cuello o una camiseta envuelta alrededor de la cara para protegerse del sol, realmente se ve que huelen a rayos (habrá que saber que tanto las condiciones climáticas al momento de filmar influyeron realmente en el diseño); es creíble de pies a cabeza y te permite enfocarte en la historia completamente. Como ópera prima es excepcional, aunque como experiencia cinemática es simplemente agradable, pero se puede apreciar que The Thin Yellow Line hizo mucho con poco.

3 / 5

Only God Forgives

2 Jan

only-god-forgives-1Esta oscura aventura hacia los gustos excesivos de Nicolas Winding Refn fue la que empezó a levantar sospechas de que quizás el director danés se revuelca en su “cine fetichista” (como él lo ha descrito), más para satisfacerse a sí mismo y con poca consideración para el público. Después del éxito consumado de Drive (2011), que contó con el guion de Hossein Amini, basado en el libro homónimo por parte de James Sallis, Winding Refn se emborrachó con su propia genialidad y es el autor único de la trama y los diálogos de esta película, la cual, hablando de la primera, podemos calificarla como simple, y en referencia a los mencionados diálogos, como torpes y pretenciosos.

Winding Refn vuelve a hacer mancuerna con su avatar delante de la cámara, Ryan Gosling, cuya ausencia del Festival de Cannes del 2013, donde debutó Only God Forgives, sugiere que Gosling anticipaba (y quizás compartía) la recepción negativa que el proyecto iba a recibir. Uno de los factores que quizás habrán contribuido al descontento de Gosling fue lo inexpresivo y aburrido que resulto plasmado su personaje, un entrenador de box/contrabandista de drogas americano llamado Julian; mientras que Gosling normalmente logra comunicar un montón de emociones únicamente con los ojos, así como permitirte a ti, espectador, plasmarte en el lienzo minimalista que han sido sus otros personajes, fuertes y callados (al estilo Gary Cooper), en Only God Forgives, Julian es prácticamente un zombi, un sonámbulo paseándose por el mundo de pesadilla de Winding Refn, un Bangkok de noche bañado en luces rojas de neón, un componente visual típico de Winding Refn; por aquellos tugurios y moteles deambula Julian, inexpresivo frente a sus desgracias, como viviendo dormido.

La historia es un ciclo de venganzas; el hermano de Julian es Billy (Tom Burke), su socio en la escuela de box, quién viola y asesina a una niña tailandesa. Eso provoca que el malvado Lt. Chang (Vithaya Pansringarm), denominado “El Ángel de la Venganza” por Winding Refn, le entregue al padre de la niña violada a Billy para que el progenitor haga lo que quiera con el asesino de su hija. Esto provoca que la madre de Julian y Billy, la traga-hombres Crystal, una irreconocible Kristin Scott-Thomas con pelo oxigenado, llegue a vengar a su hijo muerto, es despiadada y excéntrica, una villana al estilo de Albert Brooks en Drive, cuando se le informa que su hijo está muerto debido a que violó y asesinó a una niña, solo responde a secas: “seguramente tenía su motivo para hacerlo”, la excentricidad está ahí, pero desgraciadamente también lo está un guion acartonado y accidentalmente cómico. only-god-forgives-2

Kristin Scott-Thomas es genial con el poco material que tiene para trabajar, pero aparte de ella, no hay un elenco de increíbles actores llenando de vida a sus pequeños personajes, pintando el lienzo de la obra en un multicolor llamativo e interesante, no hay un Brooks, un Bryan Cranston, una Christina Hendricks, Ron Perlman, Oscar Issac, ni por supuesto, una Carey Mulligan; uno entiende como los grandes nombres no solo le dan valor de marketing al proyecto, pero la vida misma a la historia, y su ausencia, nos deja con personas uni-dimensionales. Ni siquiera el Lt. Chang, un personaje con un perverso sentido de justicia, que el mismo Winding Refn afirma es “el personaje de One Eye (de Valhalla Rising) que se mete en el conductor de Drive y luego se va a al comandante policiaco tailandés. Son el mismo personaje, interpretado por tres diferentes actores…una creatura mitológica que tiene un pasado misterioso y no se puede relacionar con la realidad porque es algo enaltecido”, para humanizar un poco a su “creatura mitológica enaltecida”, Winding Refn tiene al Lt. Chang cantando dulces baladas en un karaoke entre sus misiones de venganza sangrientas mientras sus subordinados en la policía se tienen que chutar sus melosas interpretaciones, realmente unas escenas abstractas que solo pretenden darle otra dimensión a este cuasi-robot sanguinario. Y terminando el karaoke, vuelve a la calle con su katana en mano, su arma preferida…y la usa bastante, sobre una que otra incauta extremidad del cuerpo humano.

Kristin Scott Thomas como Crystal

Kristin Scott Thomas como Crystal

Winding Refn ha mencionado en el pasado que es un “director fetichista”, que satisface sus gustos visuales y temáticos, y se ha debatido que queda poca consideración en su estilo para el público (y los críticos, pero complacer a este último grupo, realmente no le debería de importar a ningún director). Los fetiches visuales de Winding Refn no tienen reproche, Solo Dios Perdona es hermosa, fue retratada por Larry Smith, quien también fue el director cinematográfico en Eyes Wide Shut de Stanley Kubrick. Es cierto que se abusa un poco de las sombras, pero eso le añade un sabor siniestro a las escenas, aparte de que resalta los neones.

Only God Forgives no es incomprendida, sino incomprensible; un ejercicio en el cine de arte forzado y pretencioso. El simbolismo es pobre, o sea un hijo metiendo la mano en el vientre del cadáver de su madre? Pero aún con ésta, y con el Demonio Neón, seguiremos pendientes al trabajo de Nicolas Winding Refn.

1.5 / 5

Bleeder

17 Dec

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Es confuso para el público realizar tu segundo largometraje con el mismo elenco del primero, especialmente cuando son dos películas diferentes en temática, en tono, en ambición en cuanto lo que está queriendo lograr. Los principales actores de la pasada Pusher (1996), reaparecen en Bleeder (1999), lo cual puede ser engañoso, de una manera subconsciente, para el cerebro. Después de apreciar un cool filme de violentos gangsters, me encontraba viendo a los mismos rostros deambular ociosamente por una tienda de videos en Bleeder, después de los 40 minutos, mi mente me preguntaba: en que momento empiezan los pistolazos y demás? Tuve que hacer un esfuerzo consciente para aceptar que no iban a llegar, que en efecto, estábamos viendo a las mismas personas, pero que estaban representando personajes diferentes, en una historia distinta…realmente un proceso mental que sirvió más como distracción y le restó un poco a la experiencia.

Kim Bodnia lleva el estelar nuevamente, es Leo y es un gerente taciturno de la mencionada tienda de renta de videos. Vive una vida calmada con su pareja Louise (Rikke Louise Andersson); se puede apreciar que Leo se encuentra aburrido con sus actividades cotidianas, y que le emociona un poco tener un roce con algunos gangsters violentos en un club nocturno, acto seguido, Leo se consigue una pistola para darle más emoción a su vida…y con este repentino vuelco hacia la violencia, reacciona sanguinariamente cuando Louise le informa que está embarazada, recibiendo amenazas por parte del hermano de Louise, un violentillo chaparrito llamado Louis, que le advierte a Leo que no toque a su hermana…extrañamente, Louis, el hermano, también es parte del grupo de amigos que se sienta a ver películas de acción en el sótano de la tienda de videos con Leo; el dueño de la tienda Kitjo (Zlato Buric, el otrora jefe gangster en Pusher) y Lenny (Mads Mikkelsen), un reservado individuo que se la pasa viendo cine de arte cuando atiende la tienda de videos, o en su casa.

Buric y Mikkelsen

Buric y Mikkelsen

Cuando Leo vuelve a agredir a su novia Louise, su hermano Louis cumple su amenaza y se va contra Leo, donde la violencia escala entre los dos de una manera anti-natural, no se si es un comentario de Winding Refn a la violencia copiosa que veían en sus reuniones cinéfilas semanales…en fin, Bleeder termina de delatar completamente su estatus noventero cuando uno de los personajes ejecuta un maquiavélico plan para ceremonialmente darle al otro la peor venganza que podía concebirse en aquel entonces, inyectarlo con SIDA!; así es, en aquel entonces era lo peor imaginable del mundo, y según las leyendas urbanas había gente inyectando de SIDA a otras personas en los antros, en los cines, en los teléfonos públicos, había plátanos a los que se les había inyectado SIDA para que lo ingirieras sin querer (no soy químico, pero estoy casi seguro que el virus no hubiera sobrevivido ni siquiera unos cuantos minutos dentro de un plátano); así estaba la paranoia del mundo frente a la epidemia de la época. En un desenlace violento, Leo, con estigmas sangrientas en las manos le enseña a Louis el dolor que le ha causado, y como de alguna manera lo absuelve a él y a Louise de sus pecados, las referencias a la pasión de Jesucristo vendría a ser un tema recurrente en el trabajo de Winding Refn.

Louis, Lenny y Leo (quien sabe porque los nombres de los principales empiezan con L)

Louis, Lenny y Leo (quien sabe porque los nombres de los principales empiezan con L)

La trama de Leo se sale de los bordes, esto obliga a Lenny, el chico callado cinéfilo, en encontrarle sentido a su vida (cosa que siempre le reprochaba Leo, que básicamente era un perdedor, más bien reprochándose a él mismo) y finalmente se anima a hacerle plática a Lea (Liv Corfixen, esposa de Winding Refn), una trabajadora de un café local, y cuando finalmente logra invitarla a salir, se arrepiente cuando la ve parada frente al cine donde habían quedado de reunirse. Al final, después de lo sucedido el día del cine (él había aceptado ir a ver Armaggedon, no precisamente un buen platillo cinéfilo, con tal de darle gusto a ella), logran tener una conversación amena en el café, donde Winding Refn y el equipo de iluminación construyen una bonita escena con un cover de “Love” de John Lennon, un momento dulce en medio de la sangre y la violencia.

El final de Bleeder, con Lenny, deja en la boca un sabor a esperanza, yo creo más un intento de Winding Refn por equilibrar un poco la experiencia cinemática que el público acaba de tener…como una alka-seltzer después de una tremenda pozolada. Es, por cierto, el momento de Lenny uno de los momentos más sinceros en el cine de Winding Refn que yo pueda identificar, a partir de ahí sus mensajes iban a venir en un idioma más torcido.

2 / 5

Pusher

29 Nov

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Ahora si, después de haber empezado por la secuela, me di a la tarea de disfrutar el primer largometraje del director danés Nicolas Winding Refn, tratando de seguirle el hilo a un excentricismo que había empezado desde mediados de los noventa, y desembocado en algunos de los trabajos visualmente más atractivos de los últimos años. El debut no se escapa de los gustos de la década noventera, Winding Refn divide los capítulos de la película en: Lunes, Martes, etc…era muy de los 90’s contar con esta modalidad explicativa, medio historieta de comics, aludiendo a la grande influencia que los primeros trabajos de Tarantino todavía tenían sobre el resto del cine violento de la década.

Winding Refn utiliza principalmente cámaras de mano (“hand-helds”) para darle un toque caótico a la violencia del crimen organizado en las calles de Copenhague, y utiliza actores amateurs para interpretar a algunos de los personajes, dándole un toque documentalista al filme, esto varios años antes de que se pusiera de moda a principio del nuevo milenio, especialmente en varias series de TV. El talento del director por filmar escenas de brutal violencia ha permanecido inalterado hasta nuestros días, pero es el caos de Pusher lo que ha quedado de lado para dar paso a un estilo de cine ultra-estético por el cual se decanta el danés en tiempos más recientes. Lo que sí es un sello patentado de Winding Refn es acorralar a sus personajes principales, hombres en su mayoría, la joven Elle Fanning en su última película, hasta dejarlos en situaciones casi imposibles de las cuales puedan salir. Es normal ver en un filme del cineasta como el entorno de sus personajes estelares se derrumba irreparablemente hacia el final, como traicionados por el mundo, y algunas veces Winding Refn los salva, otras veces no.

Kim Bodnia es Frank, un traficante de drogas que apenas alcanza a ganarse la vida con sus andanzas criminales, por lo que recurre a una de las ideas más riesgosas dentro del mundo del tráfico ilegal de sustancias, pedirle prestado dinero a un mafioso peligroso y con ese dinero comprar drogas y venderlas, pudiendo de esta manera quedarte con un porcentaje de ganancia al mismo tiempo que le saldas esa importantísima deuda al mafioso. El riesgo está precisamente en esos momentos que tienes el préstamo pero no tienes las drogas, como lo aprende Frank, después de que una emboscada por parte de la policía de Copenhague hace que aviente las drogas hacia un río, y se encuentra con las manos vacías, sin droga que vender y con una importante deuda que saldar.

Kim Bodnia como Frank

Kim Bodnia como Frank

Menos mal que el jefe de la mafia, Milos (Zlatko Burić), es amigo de Frank, y de entrada le da facilidades y tiempo para pagar, pero su paciencia se va agotando y envía a su secuaz, el violento Radovan (Slavko Labović) a cobrar la deuda. Radovan también simpatiza con Frank y empieza cobrando la deuda más que nada platicando con Frank sobre sus deseos de dejar la vida criminal y abrir su propio restaurante, calmadamente en el carro tomando café, en lugar de estarle rompiendo las piernas. Pero conforme pasa el tiempo, también siente la presión de ser más asertivo con Frank, cuyos disparatados planes para juntar el dinero parecen alejarlo cada vez más de su objetivo. La manera en como Winding Refn desarrolla los personajes de Frank (firme, pero asustado), Milos (lacónico, pero serio para sus negocios) y Radovan (sociable, pero a final de cuentas decidido en cobrar la deuda) es un punto fuerte del script, que nos hace simpatizar con cada uno de los criminales y ver la situación desde cada singular punto de vista, algo que también los personajes tratan de comunicarle a los demás, básicamente cada quién le dice a los demás: “qué quieres que haga?”, y cada quién tiene razón, vaya embrollo.

Al igual que otros trabajos cinemáticos noventeros sobre la actividad criminal, Pusher logra ser un tanto más cómico que dramático, sin embargo el gusto por lo siniestro de Winding Refn ya se dejaba ver incluso en este primer largometraje, una tendencia por filmar entre sombras, por acentuar en sus personajes la amenaza de violencia, más que mostrarla…estas tendencias iban a florecer en el nuevo milenio, con mayores presupuestos y una necesidad de “impactar” al público.

Aquí el trailer de la trilogía completa:

4 / 5

Pusher II

16 Nov

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Por falta de concentración acabé viendo Pusher II antes que la Pusher original, fue solo cuando entré en el internet para investigar sobre la película que me percaté de mi semi-grave error pero eso no hizo mella en mi interés por seguir disfrutando la colección cinematográfica del director danés Nicolas Winding Refn, a quién entrevisté hace algunos meses, y, el equipo editorial de una de las revistas para donde escribo, suponiendo que yo ya era un experto en la materia sobre el tema, me infundió con la comisiva de elaborar un artículo más profundo sobre el cineasta en cuestión. Así que después de degustar las obras recientes, Neon Demon y Only God Forgives (Drive ya estaba en el bolsillo), me zambutí a los comienzos noventeros del director, empezando por la trilogía de Pusher, un clásico del cine independiente danés, que inició la carrera de Winding Refn y del actor Mads Mikkelsen, cuya cara de pescado hasta aparece con regularidad en los espectaculares de la Ciudad de México, estelarizando grandes producciones.

En Pusher II se retoman los sucesos sucedidos en la primera entrega, Mikkelsen es Tonny, el acompañante de Kim Bodnia en Pusher. De alguna manera Tonny fue para mí un personaje más interesante en la trilogía que el estelar de la primera.  Con un grande tatuaje en la nuca que dice “Respect”, Tonny se encuentra perpetuamente buscando ese respeto de los demás que tanto le elude; es obvio que para familiares y amigos es poco más que un retrasado mental, y Mikkelsen, interpretando a Tonny, es un extraño loco impulsivo, pero miedoso a la vez, aparenta un patético swag y es hasta cierto punto hábil para las actividades de un ladrón, sin embargo no parece ser intelectualmente brillante y tiene complejos que se resumen sencillamente como “daddy issues”…que más?, sufre de impotencia pero es cachondo, y finalmente, hay algo de caridad y empatía en su carácter, especialmente en una escena en donde se niega a asesinar…o sea vea usted querido lector el menjurje de sentimientos y emociones que Winding Refn escribió y que Mikkelsen, hay que ver para creer, interpreta a la perfección…en solo su segundo estelar.

Tonny y parte de su tatuaje "Respect"

Tonny y parte de su tatuaje “Respect”

Tonny sale de prisión y acude precisamente con su padre, el llamado “Duke” (Leif Sylvester), el jefe de una mafia que trafica con carros robados desde un supuesto taller de carrocería. Queda claro desde la primera escena juntos que el “Duke” no le tiene nada de respeto a su hijo, que es casi una decepción para él. Tonny le pide trabajo pero el “Duke” no quiere saber nada de él y seguramente de sus deudas, así que Tonny se roba un Ferrari para impresionar a su padre y al grupo de delincuentes, solo para que su padre lo regañe por idiota, ya que nunca se roba un auto de lujo a menos que ya haya un comprador interesado. Los problemas se le van acumulando a Tonny, pues su mejor amigo Ø le informa que Charlotte, una conocida de ellos, anda diciendo que Tonny es el padre de su hijo (algo que no sabemos con certeza, quizás ni sea cierto). Tonny visita al niño y a la mujer y se va acercando poco a poco a su supuesto hijo. Y mientras en fiestas la madre le presta más atención a conseguir cocaína y cigarrillos, dejando al bebé en un sillón o en el suelo. A Tonny le aflora el deseo de proteger a su primogénito, y ese instinto por sacar al niño del peligro y arreglarle la vida es como su propio inconsciente de poder decidirse finalmente de hacerlo para él mismo.

Winding Refn dirigiendo Pusher II

Winding Refn dirigiendo Pusher II

Esta secuela del 2004 logró mantener la frescura de la Pusher inicial a casi ocho años después de su lanzamiento, y vendría la tercera parte solo un año después, en el 2005. Es un Nicolas Winding Refn diferente, pero en su mejor habitat, escribiendo y filmando en su natal Dinamarca.

3.5 / 5

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