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Three Billboards Outside Ebbing, Missouri – – – Pueblo chico, infierno grande

5 Jun

Empezaré por decir que el guion de esta película es de los mejores que he tenido el lujo de disfrutar en los últimos años, el diálogo rápido e inteligente creo que es algo que ha sido menospreciado en este filme (en donde se le ha celebrado por todo lo demás), no me acordaba de la última vez que una película me tenía carcajeándome, quizás este aspecto del trabajo ha sido pasado por alto porque a final de cuentas se te queda contigo como una desgarradora historia de redención.

La película escrita y dirigida por Martin McDonagh parece fácil en su ejecución, la trama nos atrapa y nos hace empatizar con cada uno de los personajes, pero esto es gracias al guion impecable que ya mencioné, al atinado soundtrack, con algunas piezas en guitarra acústica, que pone a los sentidos en estado receptivo, y las excepcionales actuaciones del reparto, tan sinceras que no exagero en decir, nos permiten adentrarnos hasta el alma de sus personajes. La cinematografía a cargo de Ben Davis (Kick-Ass, Avengers: Age Of Ultron) es elegante y atractiva, sin distraernos de estos personajes humildes y sencillos.

En el pueblito (ficticio) de Ebbing, Missouri, todos se conocen y los rumores viajan rápido. Mildred Hayes (Frances McDormand) es corroída por la desesperanza siete meses después de que su hija mayor fue violada, asesinada y calcinada. Nunca vemos el acto, solo escucharlo es por demás grotesco. Ante la inefectividad de la policía, Mildred, en su templada desesperación, decide rentar tres abandonados espectaculares y les coloca la frase: “Violada mientras moría, aún no hay arrestos?, como es eso jefe Willoughby?”. El jefe de la policía en cuestión es Bill Willoughby (Woody Harrelson), un hombre sinceramente bondadoso y preocupado por resolver el crimen, pero simplemente no ha tenido nuevas pistas en el caso.

Los espectaculares en cuestión

Willoughby le implora a Mildred que los quite, pues la acusación a final de cuentas es humillante para él y su familia, aparte de que tiene a todo el pueblo molesto por lo que parece es la incapacidad de Mildred para resignarse a su destino. Incluso cuando Willoughby le confiesa a Mildred que él está padeciendo de cáncer, ella no retrocede ni tantito. Es un dilema moral complejo que McDonagh nos regala, en vez de haber escrito a Willoughby como un villano, y de ahí encaminarnos hacia un fácil desenlace de justicia.

La compasión de Harrelson que muestra al interpretar a Willoughby es contrapuesta a la idiotez, lo burdo, el racismo, la misoginia, el ignorante derecho a presidir de su asistente Dixon (Sam Rockwell), un hombre que vive con su mamá racista en un chiquero de casa y que posee un aparente sistema moral regido por sus propios prejuicios, es un secreto a voces en el pueblo que recientemente torturó a un prisionero afro-americano, y cuando Mildred le pregunta con franqueza: “como va el negocio de la tortura de niggers?”, Dixon responde sin dudar: “el negocio de tortura de personas de color”. Pero el personaje es más complicado de lo que pensábamos, algo inevitable cuando un guion de McDonagh se junta con una interpretación de Rockwell (quién me encantó en aquella película olvidada de Duncan Jones, Moon), algunos vigilantes de la moral se andan quejando que la evolución del personaje de Dixon no es consistente con lo que realmente le debe pasar a un racista (les encanta a estos guerreros de la justicia social dictaminar que le debe pasar a un personaje de una película) y que en general la película glorifica el sexismo, algo absurdo pues Mildred es la rebelde badass de la película, con su peinado medio rapado debajo de su coleta, unos overoles, y una bandana en la cabeza, se ve que realmente no le importa lo que piense el pueblo de ella; pero cuando estamos en una competencia contemporánea para ver quién es más progresista, podrás encontrar cualquier pretexto para enfadarte.

La tensión ocasionada por los 3 espectaculares se desborda entre los personajes involucrados, incluido un Peter Dinklage como James, un chaparrito con sentimientos sinceros hacia Mildred, y que, gracias a la sincera interpretación de Dinklage, le da un pathos extra al filme, que a veces se necesita entre tanto humor negro. Las interacciones humanas son el atractivo principal de Three Billboards, y el tono general de la película parece extrañamente familiar, yo la sentí como la película más Coen que los hermanos Coen no hicieron. Pero la actuación de McDormand es algo que se encuentra por encima de todo lo demás, definitivamente su mejor papel desde Fargo, y yo diría que la mejor actuación de su carrera, es de una mujer al borde de explotar, pero que lucha por seguir barajeando todos los aspectos de su vida con dignidad, porque parece que la dignidad es lo último que le queda.

Woody Harrelson y Sam Rockwell

McDonagh y McDormand construyen un personaje que uno aprecia era otra persona antes de la tragedia, desde su trabajo en una tienda de artículos turísticos llamada “Southern Charms”, a como consuela al jefe Willoughby cuando este tose y escupe sangre accidentalmente en la cara de ella, producto del cáncer, él se ve entre apenado y asustado, le dice que fue un accidente, ella le dice tiernamente “i know baby”, mientras lo atiende. No habrá sido sorpresa para nadie que haya visto este filme como McDormand levantó el Oscar a mejor actriz por su actuación.

Se ha hablado mucho de su interpretación, pero al ver finalmente Tres Anuncios Por Un Crimen (título en español), uno se encuentra con una riqueza de diferentes componentes cinematográficos: actuaciones, el guion, soundtrack, etc., para apreciar a esta película como una obra maestra de McDonagh, más allá de la actuación de McDormand. Que The Shape Of Water le haya ganado mejor película, pues esa es otra historia, pero habrá estado muy cerrado con los miembros de la Academia.

P.S. Aquí una escena importante de Mildred confrontando al padre Montgomery, y como no se sujetará al egoísmo de extraños, que quieren que olvide su tragedia, o más bien, lo que realmente quieren, es que los deje vivir en paz.

4.5 / 5

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La Vendedora De Fósforos

22 Apr

El director y escritor Alejo Moguillansky (El Escarabajo de Oro, El Loro y el Cisne) encierra en su último filme un conjunto de tramas cotidianas que se enredan en torno al proceso creativo, en este caso una adaptación de La Pequeña Vendedora de Fósforos, de Hans Christian Andersen, en el teatro Colón, y musicalizada por el compositor avante-garde Helmut Lachenmann. Las instrumentalizaciones abstractas del compositor alemán dejan perplejo a Walter (Walter Jakob), el encargado de montar la puesta en escena, y a su equipo de producción. Las dificultades en vincular la música concreta del compositor con el delicado mensaje del cuento de Andersen son, a final de cuentas, los cabos sueltos que inspiran subconscientemente a Walter, profesionalmente, así como en su vida personal, donde trata de sobrellevar una “vida familiar” con su expareja Marie (María Villar) y la hija de ambos, interpretada por Cleo Moguillansky, hija del propio cineasta de esta película.

Los mágicos humos subconscientes del proceso creativo se cuelan por cada una de las tramas tangentes de la historia principal. Mentes distintas empiezan a razonar en un mismo plano; un texto de Da Vinci sobre la explosión de un volcán, la música de Schubert, y unos “daneses burgueses” (que nunca vemos), se filtran en el diálogo de aquellos involucrados en la planeación de la puesta en escena, como si este microcosmos de la vida bonaerense empezara a respirar como un solo ente vivo.

Walter y Marie

Marie, compartiendo la carga económica de la crianza de su hija Cleo, cuida de una señora mayor, la destacada pianista Margarita Fernández (interpretando a ella misma). Marie la llama como “la vieja”, a pesar de que la señora trata de inculcarle el gusto por las piezas de Schubert y Beethoven, no para presumir sus dotes en el piano, pero para compartir en la sublime belleza, que parece, es lo único que la mantiene viva en el ocaso de su vida. La indiferencia de Marie hacia su “vieja” es tal, que le roba sus ahorros para poder comprar un piano en la casa.

La estética minimalista de Moguillansky es un contrapunto a la cacofonía de tramas y referencias, y el lente de la encargada de foto, Inés Duacastella se permite solo algunos lujos contados, como cuando Walter decide grabar a un grupo de niñas recitando las palabras del cuento de Andersen, a la luz de una vela. Duacastella alterna entre una composición fotográfica convencional para el trajín cotidiano de los personajes, y un hand-held estilo cinéma vérité para las escenas adentro del teatro Colón, dándole un aspecto documentalista al trabajo creativo que se realiza dentro del recinto.

Las durezas económicas que Marie tiene que lidiar puede justificar su insensibilidad hacia la pianista. Cuando Cleo roba una carta de la “vieja”, Marie no tiene los fundamentos morales para recriminarle a la niña; en el documento, escrito por un antiguo amante alemán de Margarita (la “vieja”), Moguillansky se aprovecha para insertar el tópico de la frivolidad de la música, de su existencia como un juguete de los burgueses. El amante, miembro de la Facción del Ejército Rojo alemán, organización de la extrema izquierda activa durante los 70’s, le describe a Margarita la desolada situación política de su país en aquel entonces, y Moguillansky nos invita a ver paralelismos entre aquella encrucijada sociopolítica y la de la Argentina actual. Marie robándose los ahorros de Margarita para comprar un “juguete” de los burgueses, un piano, justifica temáticamente su acción tan ruin.

Alejo Moguillansky

Para terminar de extender aquel tema del inconexo burgués y su música, el cineasta presenta como ligera inconveniencia el paro laboral del conglomerado de trabajadores del transporte público bonaerense hacia los planes productivos del equipo dentro del Colón. No vemos al proletariado argentino marchando por las calles, en alguno de aquellos famosos cacerolazos, no sabemos que pretenden y que exigen a sus compatriotas. A lo mucho, vemos la inconveniencia para Walter, después de un ensayo, en obligar al compositor Lachenmann a que camine unas cuadras hacia el departamento de Margarita, para reunirse con Marie y Cleo. Donde todos los presentes, en un último y único encuentro comunal, disfrutan de interpretaciones al piano de Margarita y Lachenmann; nosotros como espectadores, disfrutamos aún más el suceso único, a sabiendas de los conflictos por venir; es difícil que Margarita no note la ausencia de sus ahorros y la producción en el Colón continuará, con paro del transporte público.

La Vendedora de Fósforos, la película, está dividida en capítulos, algunos, como el capítulo 1 llevan el título de “La Resistencia de la Música”, y otros, como el capítulo 3, “La Música de la Resistencia”; como un intento de Moguillansky por darle una forma más definida a su obra; mientras que el título del filme, al principio del mismo, así como los créditos al final, parecen ser dibujados en delicada manuscrita sobre pentagramas, entre notas, silencios, y demás notación musical, cual recuerdo de la importancia que Moguillansky le reservó a la música en este largometraje, pero más como concepto que como arte, pues más allá de las piezas de los mencionados Schubert y Beethoven, junto con Bach, Mozart y otros compositores clásicos, queda para nuestros oídos el vanguardismo de Lachenmann y una insípida pieza original para clavecín durante algunas de las escenas más dramáticas. El director argentino prefiere musitar sobre el papel de la música dentro de la sociedad.

La Vendedora de Fósforos, la película, refuerza a Moguillansky como uno de los principales exponentes del llamado nuevo cine argentino, ganó el premio a Mejor Película Argentina en el BAFICI del 2017, pero difícilmente encontrará un público más amplio. Es el resultado de una visión cinematográfica sin concesiones, un bálsamo de luz para el espíritu independiente, en Argentina, y en el resto de Latinoamérica.

2.5 / 5

Whiplash

19 Mar

Finalmente llegó la oportunidad de ver la segunda película de Damien Chazelle, Whiplash (aunque me adelanté, y ya había visto antes su tercera película, La La Land). En la composición cinematográfica de este filme hay emoción, diversión y cadencia; trata sobre el jazz, así que voy a hacer la referencia trillada y obligada de que el ritmo y composición de este filme se desenvuelve al compás de aquel género musical norteamericano, con libertad y frescura. El jazz es el fondo pero realmente el filme es sobre la pasión real y verdadera, por el arte, por hacer algo, no pasión por otra persona (algo explorado hasta el cansancio); es sobre una dedicación inquebrantable por tu arte, casi por tu razón de existir.

La verdadera ópera prima de Chazelle, Guy And Madeline On A Park Bench, un romance en Boston, realmente no era indicio de lo que estaba por venir, un filme tan espectacular como Whiplash. Centrado en la ficticia escuela del Conservatorio Shaffer de Nueva York (simulando a la prestigiosa Juilliard), el joven Andrew Neiman (Miles Teller) es un ambicioso baterista de jazz que tiene bien definido lo que será el éxito para él: “prefiero morir solo, a los 34 años, de una sobredosis de heroína y que todos hablen de mí; a morir a los 90 años, sobrio y que nadie hable de mi”, les dice a sus ingenuos familiares en la mesa de la comida, haciendo alusión al legado del icónico jazzista norteamericano Charlie Parker (cuyo declive es re-imaginado en El Perseguidor de Cortázar). 

Andrew tiene un encuentro “fortuito” con el maestro de la orquesta de jazz titular del instituto, el tiránico Terence Fletcher (J.K. Simmons), y a partir de ahí se convierte en su obsesión complacer al maestro y conseguir su aprobación, tanto como ser un buen baterista per se. El maestro insulta, pega y humilla a sus alumnos en pretexto de alcanzar la perfección. Emplea juegos mentales con Neiman y el prejuicio crítico nos inspira a pensar que todo es por el beneficio del joven, seguramente Fletcher es sádico con sus otros alumnos, pero no con el personaje principal de esta película que estamos viendo, es porque le tiene un tipo de cruel cariño y cree en él, o no?

Fletcher deconstruye emocionalmente al joven inocente y lo reconstruye en su imagen: implacable en busca de la perfección, insensible con las otras personas. Incluso Neiman se arma del valor para por fin invitar a salir a esa chica bonita que trabaja la dulcería en el cine, pero en el apogeo de su obsesión con la música, le dice después que ya no la puede ver, porque va a ser una distracción para él, y le augura una vida mediocre; y muy al estilo de La Red Social, la anda buscando todo arrepentido más adelante, para enterarse que ella siguió su camino y simplemente está con alguien más.

La arrogancia de Neiman es hasta refrescante, no nos obliga a estar con un personaje simplemente porque “es el bueno”. Por el otro lado, el malvado Fletcher de J.K. Simmons es todavía más complejo, sinceramente es imposible determinar al final de la película si las acciones del viejo son sinceras, si está siendo amable en momentos para recopilar información de su víctima solo para atormentarla después con esos datos íntimos; como cuando Fletcher parece que se trata de congraciar con el nuevo alumno Neiman, preguntándole sobre sus padres, para después, ese mismo día gritarle judío y echar en cara la carrera fallida como escritor de su padre, Jim (Paul Reiser), quien en lugar de ser escritor, enseña en una preparatoria. Fletcher es despedido del instituto a causa de sus agresivos métodos para enseñar, gracias a padres de familia de otros alumnos pasados, que desean que ningún otro chico vuelva a sufrir el tormento del maestro.

Neiman y Fletcher (haciendo lo que mejor sabe hacer)

Se abre una interesante discusión sobre quién es un buen artista y quién no, Fletcher, supuestamente siendo sincero con Neiman, le dice que lo peor que se le puede decir a alguien, es “good job”, invitándolo a ser complaciente y mediocre. Le encanta la historia de cómo Charlie Parker una vez casi recibe un platillo de la batería en la cabeza, porque estaba tocando mal, y como eso lo inspiró a practicar hasta convertirse uno de los músicos del jazz más reconocidos. Él convence a Neiman y casi nos puede convencer a nosotros, el público, tal vez el mayor mérito de Chazelle, al empezarte a hacer las preguntas más profundas sobre su película en una segunda vista, o tiempo después de la primera, si hemos caído en el juego de Fletcher, al igual que Neiman? Una deliciosa incomodidad qué sirve para comprobar que Chazelle ha cumplido su cometido. Y aun así, en una de las escenas climáticas, Fletcher y Neiman comparten una mirada a los ojos como iguales, como colegas y como dos humanos que comparten una pasión; dándole un pequeño destello de esperanza a toda la trama.

El tema de: el jazz que muere como arte, volvió a aparecer en La La Land, y uno supone que no va a ausentarse en los futuros trabajos de Chazelle en el futuro – al hombre le gusta el jazz. Pero en Whiplash, más que un sermón, logró desarrollar una historia más cautivadora y poderosa. No cabe duda que Whiplash resulta ser tan buena como decían.

La película ganó mejor edición, mezcla de sonido y actor de reparto para Simmons en los premios de la Academia del 2015. No habrá mucho que explicar, una vez que tú puedas ver las poderosas escenas en el cuarto de ensayo del ficticio Instituto Shaffer.

P.S. Aquí Fletcher atormentando a Neiman en una escena:

4.5 / 5

Sunrise: A Song Of Two Humans

14 Mar

En el último año de las películas silentes, 1927, llegaron las obras cumbres del cine (hasta ese entonces), directores como el alemán F.W. Murneau habían desarrollado el manejo de las cámaras motorizadas a mano con palanca para hacerlas moverse como no se había visto antes, como en este clásico, Sunrise, las cámaras se deslizan en terrenos pantanosos, se elevan para tomas majestuosas y siguen a los personajes por banquetas congestionadas. Los grandes cineastas de la época, como Murneau, habían aprendido a controlar esos (relativamente) nuevos aparatos para captar las composiciones artísticas que emanaban de sus mentes. Y en otro sentido, películas como Metropolis, que recientemente reseñé, estaban empujando el arte de la cinematografía hacia nuevas alturas en cuestiones de producción.

La historia de Sunrise es bastante sencilla, un hombre casado del campo (George O’Brien) es seducido por una citadina (Margaret Livingston) que se encuentra en el pueblo por un tiempo, lo convence de que asesine a su esposa (Janet Gaynor), de que la arroje por la borde durante un paseo en lancha por el lago. El hombre emprende el viaje por el lago para llevar a cabo el atentado, pero una vez en el bote, se arrepiente, y el hombre y la mujer pasan un día de diversión en la ciudad. Ingresan en una iglesia donde se está llevando a cabo una boda entre unos desconocidos, y el ritual inspira al hombre a re-enamorarse con su mujer. Sin embargo, irónicamente, durante el regreso en el bote un evento desafortunado los vuelve a encausar en el camino del peligro.

El hombre y su amante citadina

El empresario millonario William Fox (fundador de la empresa de telecomunicaciones FOX), invitó personalmente a Murneau para que dirigiera en Estados Unidos su tipo de cine expresionista, y se mandaron construir sets muy costosos, como el de la feria de la ciudad, un verdadero caleidoscopio de luces y sonido que representa la vida mucho más emocionante en la ciudad comparada con la del campo. El pequeño pueblo a las orillas del lago también fue mandado construir para la película y por supuesto que Fox recicló los sets para producciones futuras, como algunas películas de John Ford. Es increíble como a tan temprana etapa de la industria no se escatimaban los costos de las producciones porque la industria cinematográfica había resultado ser más que redituable, también por aquellas fechas se mandaron construir aquellos grandes palacios del cine, muchos de ellos ahora teatros.

La primera película con diálogos, The Jazz Singer, también es de 1927, y para el siguiente año las películas conocida como las “talkies” ya eran el estándar dentro de la industria. Esta industria del cine iba cambiando rápido, Sunrise ya incluía algunos efectos de sonido sincronizados junto con el soundtrack, este último recordado por la inclusión de Funeral March of a Marionette de Charles Gounod, que cerca de 30 años (!) más tarde, fue utilizado y mejor reconocido, como el tema personal de Alfred Hitchcock. Sunrise, a final de cuentas, es una historia simple pero necesaria para entender los avances a pasos agigantados, que iban teniendo las producciones cinematográficas de los grandes estudios.

Janet Gaynor ganó el primer Oscar a mejor actriz, en la primera edición de los premios de la Academia. La película también ganó mejor cinematografía, y un premio llamado “Mejor Película Artística y Única”.

P.S. Aquí un trailer modernizado (retrospectivo?) sobre la película:

4.5 / 5

Okja

18 Jul

Okja es el proyecto más reciente del celebrado director surcoreano Bong Joon-ho (Snowpiercer), es una producción de Netflix que recibió su estreno en Cannes de este año, 2017, al ser parte de la muestra oficial que compitió por la Palme d’Or, y donde dicen el público de conocedores abucheó cuando apareció el logo de Netflix en la pantalla. Es el típico cuento de “una niña y su animal”, pero con mensajes positivos sobre la conservación ecológica, el malestar de comer carne (aunque visto más desde un punto de vista emocional, que ecológico) y finalmente sobre el amor incondicional. Okja es visualmente atractiva y las partes de acción, principalmente algunas persecuciones en autos, son filmadas con destreza por Joon-ho, quién tiene suficiente experiencia en el género de acción, y por el director de cinematografía Darius Khondji.

El problema está en la diversidad de géneros que Joon-ho malabarea en este guion que co-escribió con Jon Ronson, se puede descartar como un lindo cuento cinemático para que lo disfruten los niños, ya que está calificada para adultos por Netflix, y con buena razón, hay algunas escenas violentas que desencajan en esta fábula, especialmente una violación implícita a un animal…hasta ahora me entero que un animal puede violar sexualmente a otro.

Okja es el nombre del super-cerdo desarrollado por medio de la ciencia genética por la malévola corporación Mirando, cuya presidenta, la excelentemente malvada Tilda Swinton, como el personaje de Lucy Mirando, pretende borrar de la memoria del público consumidor los recuerdos de su abuelo, su padre y su todavía más malvada gemela Nancy Mirando. Está en su plan maestro el comercializar los super-cerdos para su delicioso consumo, engendrados artificialmente, pero detrás de una fachada humanista y eco-friendly, para ello trama el concurso del Mejor Super-Cerdo, donde 26 super-cerditos bebés son enviados a 26 países diferentes para que vivan felices y contentos hasta que crezcan y regresen al corporativo norteamericano donde los espera el matadero, después de colgarles su medalla de ganadores, claro.

Gyllenhaal como el nada simpático Johnny Wilcox

Mientras tanto, Okja lleva 10 años viviendo en las montañas de Corea del Sur junto a Mija (Ahn Seo-hyun) quien la ha cuidado desde pequeña (Okja es hembra), y las dos viven con el abuelo de Mija, un viejito granjero que a pesar de que tiene las mejores intenciones para su nieta, termina por dejar que el corporativo Mirando ejerza los derechos sobre Okja para que se la lleven a E.U.A. Las escenas de Okja y Mija en el escenario idílico de las montañas surcoreanas es de lo más disfrutable de este filme, Boon-ho no es de los directores más sutiles y el primer capítulo de la película está diseñado para inspirar en nosotros un sentido de reverencia hacia la naturaleza, donde Mija y Okja se revuelcan por el pasto, saltan a los cristalinos agujeros de agua (con cascadas en el fondo), comen unos apetitosos grandes frutos anaranjados y se toman una placentera siesta a la sombra de los árboles, con Mija recostada en la panza de su super-cerdo.

Es un escenario demasiado perfecto y sabemos que pronto llegará la manzana de la discordia, en este caso, en la forma de “la cara de la marca Mirando”, el zoólogo superestrella Johnny Wilcox, que viene siendo Jake Gyllenhaal interpretando a un Steve Irwin en cocaína. El personaje que construyó Gyllenhaal es nefastamente irritante, no quedaría nada fuera de lugar en un programa sesentero del viejo Batman (QEPD Adam West). Gyllenhaal llega para llevarse al cerdo Okja a EUA y Mija sale a su rescate, enojada por enterarse de las negociaciones que hizo su abuelo. La niña cruza su camino con la organización semi-terrorista ALF (Animal Liberation Front), quienes idean un plan de rescatar a Okja, instalarle una cámara escondida y regresarla a la compañía Mirando para grabar a escondidas las atrocidades que ocurren adentro de Mirando, incluida la experimentación genética, los animales que “nacen” deformes que el público general no conoce, y en general, la crueldad con la que tratan a los super-cerdos. El ALF está liderado por Paul Dano, interpretando a Jay, y como cualquier papel de Dano, no se sabe si en el fondo su personaje es realmente un sicópata o simplemente es su gesto permanentemente entristecido y al borde del llanto.

El desenlace es anticlimático, es una trama larga y Boon-ho trata de darle una conclusión completa a un público general que seguramente esperaba satisfacción al final de esta seudo película familiar, aunque como ya lo hemos comentado, está catalogada como solo para adultos. Algunos aficionados a la tecnología estarán contentos con la apariencia del grande animal diseñado con efectos computarizados, personalmente creo que esta bestia CGI es inestable, igual puede parecer “real” en algunas tomas a larga distancia, pero los acercamientos a su “rostro” son para creerse menos, y queda claro que a Okja le quitaron casi cualquier aspecto porcino para que se pareciera más a un perro, y la gente pudiera empatizar más con ese “rostro” sin nariz de cerdo.

Okja va de más a menos, y puede que varios como yo se vayan sintiendo cada vez más desilusionados con este último fenómeno mediático, pero deja cosas buenas, y no me refiero a solo un sermón ecologista, pero a algunas buenas escenas de acción, algunas buenas actuaciones (la estelar Seo-hyun, así como Swinton) y las buenas intenciones de Netflix por seguir rompiendo paradigmas.

2.5 / 5

Trainspotting

29 Mar

Choose life.
Choose a job.
Choose a career.
Choose a family,

Choose a fucking big television.
Choose washing machine, cars,
Compact disc players, and electrical tin openers.
Choose good health, low colesterol.

El miedo a vivir una vida, a ser parte de la red capitalista global, era una paranoia constante en los últimos años del siglo XX; Trainspotting va de la mano con otras obras cumbres anti-capitalistas de la década, como Ok Computer de Radiohead, y el libro No Logo de Naomi Klein. Marc Renton (Ewan McGregor), un pálido junkie, empieza repitiendo el mantra sobre “escoger” con cinismo y repudio para el resto de nosotros que se puede decir tenemos una vida “normal”, el escoge la adicción a la heroína mejor, Renton es el narrador y nos platica los sucesos de su vida, y en unas tomas particularmente interesantes por parte del director Danny Boyle, nos ve directamente a través del espejo, nos ve a nosotros viéndolo a él, y nos comunica con la mirada que está consciente que su vida es una mierda. Él sabe que hay del otro lado del espejo, una vida normal, y quiere poder escaparse hacia acá. Se la pasa inyectándose con sus mejores amigos, Spud (Ewen Bremner) y Sick Boy (Jonny Lee Miller), y en general haciendo travesuras con el resto del grupo, que incluye al deportista Tommy (Kevin McKidd) y al sicópata Begbie (Robert Carlyle). Cuenta con unos padres demasiado amorosos, que son demasiado complacientes con su adicción, aunque se preocupan demasiado, no hay disciplina para controlar al muchacho. Renton establece un tipo de relación con la menor de edad Diane (Kelly Macdonald), y entre alucinaciones y horribles rondas del síndrome de la abstinencia, “Rent-Boy” celebra sin remordimientos el nihilismo de su existencia.

“Rent Boy” viéndonos por el espejo

El estilo de Boyle, dinámico y acelerado, es lo que convierte a Trainspotting más en una comedia que en un drama depresivo à la Requiem For A Dream; una edición vibrante, colores brillantes y un soundtrack anclado en el britpop de la época (Blur, Pulp y Elastica) y en mucho Iggy Pop (irónicamente “Lust For Life” suena constantemente en la vida de estos ociosos), fueron lo que confundió a muchas personas en pensar que la película celebra el consumo de la heroína, siendo que los horrores de la adicción aparecen en la forma de una dependencia debilitante que deja a los personajes expuestos a violencia, SIDA, visiones de bebés diabólicos, y aventuras por el llamado “peor escusado de Escocia”; el magnetismo de Ewan McGregor, su facilidad con la palabra para narrar, y su fortuna para salir relativamente sano y salvo de estas aventuras infernales, hacen que el público empiece a simpatizar con este “anti-héroe”. Su personaje viaja en círculos, sanándose y recayendo en la adicción, hasta que finalmente decide empezar una vida nueva en Londres, como agente de bienes raíces…y todo es miel sobre aburridas hojuelas hasta que Sick Boy (y su hábito de pasársela recitando todo tipo de trivia sobre Sean Connery) y el volátil de Begbie, deciden visitarlo y presentarle una oportunidad para hacer mucho dinero moviendo un gran paquete de heroína, sabiendo que cuenta con algunos bien ganados ahorros debido a su trabajo.

Después de su último roce con el peligro, Renton decide, una vez más, empezar desde cero y ser “una buena persona”…pero ya sabemos su tendencia para andar en círculos, y su complicado romance con la adicción, así que nos deja dudando cuanto dudará su nueva etapa sobria (y habrá que checarlo en la recientemente estrenada T2)…Trainspotting es más cómica de lo que debería de ser, hay que admitirlo, y entre tanta desgracia, permite que una calidez fraternal entre amigos se quiera asomar. Es contradictoria y emocionante, a 20 años de su estreno se siente fresca, al mismo tiempo que un documento de la época de mediados de los 90’s.

Aquí la icónica primera escena:

4.2 / 5

La Delgada Línea Amarilla

16 Jan

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Road movie” o acaso existirá el género “coming-of-age para rucos”?, porque de igual manera que un adolescente se percata de que está entrando en las vísceras de la etapa adulta, una persona de edad mediana (bonito eufemismo para alguien de 60 años, eso si piensas llegar a los 120) reconoce que abandona la edad productiva para enfilarse hacia la tumba después de unos últimos años repletos de sinsabores y dolores musculares. Es mas o menos el meollo existencial en la ópera prima del tapatío Celso R. García, como un grupo de cinco humanos desechados, unos pobres diablos inútiles para el resto de la sociedad, pueden hacer equipo, hacer sinergia con sus fuerzas y controlar las debilidades que aqueja a cada uno, para demostrarle al resto del mundo que todavía pueden ser productivos, aunque eso sea únicamente pintar una delgada línea amarilla divisora en una carretera libre que casi nadie usa, maldita sea!

Yo hubiera incluido el tagline #JustDoYourJob en el arte promocional

Es irónico que dicha carretera libre, de San Carlos a San Jacinto (en alguna parte de la provincia del país sin especificar), está a punto de pasar a ser obsoleta ya que cerca de ahí están construyendo otra carretera más moderna, lo que vuelve más intrascendente el pintar una sola línea amarilla por 240 kilómetros, a lo largo de 7 días, en pleno calorón infernal. Los 5 chalanes llegan a conocerse entre ellos mismos, juntos sortean las dificultades y se la pasan bomba, bueno casi todos. Lo que hace a La Delgada Línea Amarilla disfrutable es la química entre los veteranos actores: Damián Alcázar como Toño, el supervisor de la obra; Joaquín Cosío como el reservado Gabriel; Silverio Palacios como “Atayde”, un simpático ex-trabajador de circo; Gustavo Sánchez Parra como el misterioso Mario y el punto débil en el casting, el joven Americo Hollander como Pablo, un muchacho recto e inteligente que logra conectar con Toño en una relación parecida a padre – hijo…y dije punto débil del casting porque Hollander es rígido hasta para cuando debe divertirse, como cuando los trabajadores encuentran una refrescante lagunilla en medio de la dura jornada laboral y deciden darse un chapuzón; la inflexibilidad del joven para actuar de acuerdo a la escena tampoco es ayudada por la naturalidad de los otros cuatro experimentados actores.

El team

El team

Y es común que en una premisa similar a “un grupo de extraños hacen equipo en medio de la nada” venga mucho de lo que ensancha el trajín dramático de la trama: bagaje emocional; o si, no te iba a sorprender, por ejemplo, que Toño tiene un ceño permanentemente fruncido debido a que todavía no supera un accidente minero donde varios compañeros perecieron (y él, de alguna manera, se considera responsable); o tampoco te hubiera agarrado de sorpresa el hecho de que Gabriel (Cosío), se encuentra haciendo este trabajo para poder costear la operación de los ojos que le permitirá regresar a lo que realmente le apasiona, ser chofer de camiones, los mismos que transitan carreteras como la que está pintando; “Atayde” trae historias del circo, etc. La redención de Toño es casi el tema central de la historia, y como las personas cercanas a él, como el ingeniero que inicialmente le da el trabajo de supervisión (de paso remunerándolo en poco tiempo lo que ganaba en varios meses en su antiguo trabajito), el joven Pablo también lo incita a salir de su perpetuo estado de culpa. La rola de Café Tacvba, “Esta Vez”, que también habla de la redención y de las segundas oportunidades, suena como leitmotiv a lo largo de la película, en un casete que Pablo trae en su walkman (no, la película no está ambientada en los 90’s, simplemente son personajes de bajos recursos)…y no estoy aquí para contar spoilers, pero llegarán a ver el final, y es difícil entender que Toño (el emocionalmente resquebrajado Toño) haya podido salir de esta aventura sin sentirse todavía más deprimido y culpable por los sucesos, no sintiéndose fresquecito como una lechuga; eso fue algo que no me hizo sentido al final.

Es un trabajo cinematográfico bien cuidado, la cinematografía es cálida y complaciente con los paisajes de la provincia mexicana, el diseño de la producción es meticuloso, los personajes se ven sudados, con un paliacate sudado alrededor del cuello o una camiseta envuelta alrededor de la cara para protegerse del sol, realmente se ve que huelen a rayos (habrá que saber que tanto las condiciones climáticas al momento de filmar influyeron realmente en el diseño); es creíble de pies a cabeza y te permite enfocarte en la historia completamente. Como ópera prima es excepcional, aunque como experiencia cinemática es simplemente agradable, pero se puede apreciar que The Thin Yellow Line hizo mucho con poco.

3 / 5

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