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Stop Making Sense

13 Dec

Cuando uno piensa en el mejor filme de un concierto puede que uno imagine una colección de clichés: públicos enloquecidos, fuegos artificiales, tomas con cortes de edición rápidos, vestuarios estrafalarios y hasta enormes objetos inflables. Uno no se imagina a una banda en un simple escenario con luz minimalista, simplemente tocando, y con casi nulas tomas del público. Pero es precisamente lo que enaltece este trabajo de Talking Heads, concebido por su líder David Byrne, junto con el director Jonathan Demme (El Silencio de los Inocentes, Filadelfia). La exuberancia de la banda al tocar música es lo que cautiva, simple gozo por todo el escenario, retratado con el buen gusto de Demme, tomas creativas pero sencillas, y una edición que permite a cada toma respirar, que lo hace a uno no perder la atención y disfrutar la ejecución de cada músico. Un resultado final increíble, un parteaguas entre filmes de concierto como The Song Remains the Same y filmes musicales más artísticos, aunque me cuesta recordar algo tan emblemático como Stop Making Sense, en años más recientes.

El inicio es sencillo, una proyección de los créditos (en el font de Dr. Strangelove, font que también se puso de moda hace unos años en cosas como Where The Wild Things Are); acto seguido un close-up a los pies de Byrne, en unos Keds blancos, que se acercan hacia el micrófono, pone una grabadora en el piso y lo escuchamos decir “quiero ponerles algo”, para después escuchar una caja de ritmos, aparentemente proveniente de la grabadora, pero realmente es ya parte del sonido del concierto, y la caja de ritmos en cuestión es la clásica Roland TR-808 (la 808). La cámara panea hacia arriba y Byrne, con todas las luces prendidas, y el background del escenario pelón, hace una interpretación acústica, pero prendida, de “Psycho Killer”, una rola que para 1983 ya era bastante conocida. Esto establece el precedente de que Byrne, con pura guitarra y voz, sigue siendo un gran frontman, especialmente para más adelante en el concierto, cuando la banda completa, vestuario e iluminación ensalzan la presentación.

Byrne al principio, interpretando “Psycho Killer”, el fondo austero

Para la segunda canción “Heaven”, se le une la bajista Tina Weymouth, con sus pasitos/brinquitos que repetirá una y otra vez hasta el final del concierto; el baterista, y que tiene pinta más de casual godín, Chris Frantz, se une para el tercer número “Thank You For Sending Me An Angel”, el guitarrista/tecladista Jerry Harrison para la siguiente rola, “Found A Job”, y finalmente, los miembros del crew, empujan hacia el escenario los estrados restantes, de la banda acompañante: percusionista, tecladista, coristas; todos de raza africana, para entrarle con todo al que era el nuevo sencillo de la banda (y más grande éxito, a la larga), la energética “Burning Down The House”.

Los técnicos del crew van y vienen armando el escenario, desde el punto en que Byrne estaba solo con su guitarra frente a un background desnudo, hasta que el show se convierte en un espectáculo completo, con los fondos cubiertos de negro ahora proyectando cualquier cantidad de imágenes y mensajes, todos los músicos sudando, Byrne bailando con una lámpara; un show para disfrutarse más como una obra de arte holística, porque, a pesar de todo, Byrne, Weymouth y Frantz eran estudiantes de arte cuando se conocieron, y esa preferencia por lo dramático se seguía proyectando en su álbumes, y en este filme, que encajaba perfectamente con la destreza de Demme.

Nada de sexualidad, pura música, de hecho, Byrne bailando como epiléptico en su enorme traje sastre, durante “Girlfriend Is Better”, es lo menos sexual que pueda haber, pero no deja de ser hipnotizante, como se pierde en ese enorme traje, como un comentario hacia el avasallante capitalismo ochentero. Su comentario satírico hacia el consumismo sería inspiración para varias bandas en el futuro, incluyendo a Radiohead, quienes tomaron el nombre de la banda de una canción de Talking Heads.

Stop Making Sense encapsula el esquizofrénico arte de esta banda de Nueva York. Hoy en día sigue siendo el ejemplo perfecto del filme de un concierto llevado a otro nivel de arte, dejando los clichés de lado, e inspirando a miles de músicos, y cineastas, a su paso.

4.5 / 5

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Blade Runner

22 Apr

Ridley Scott, junto con los encargados de diseñar la producción: Syd Mead, Lawrence G. Paull y David Snyder, creó en este clásico de 1982 uno de los mundos cinematográficos más impactantes que se ha visto sobre la pantalla de cine. De eso estoy convencido ahora que finalmente me decidí a ver esta obra cumbre de la ciencia-ficción (bueno, una de pocas cuantas). En una imaginada Los Ángeles de 2019 (a solo 2 años de nuestro presente), los corporativos han terminado por dictaminar el modo de vida de las personas, segregando aún más a los pobres de los ricos, y convirtiendo la ciudad en un muladar donde los rascacielos brillan con publicidad japonesa, mientras que en las calles, la lluvia sin cesar, convierte el trajín de los comunes y corrientes en un apestoso infierno sobre la tierra. Los bocetos de Mead, basados en la imaginación de Scott, inspiraron al autor Phillip K. Dick (de la novela Do Androids Dream Of Electric Sheep?, en la cual está basada la película) a comentar que habían retratado el mundo de su novela igual a como él se lo había imaginado. El excelente soundtrack de Vangelis, atinado en cada momento de la película, especialmente el final (creo que no había visto mejor “cliffhanger” desde Kill Bill Vol. 1), es casi tan importante como la producción y los efectos especiales de Douglas Trumbull, que aún 35 años después siguen vigentes, cuando sabemos que es de lo primero que se hace viejo en una película: los efectos.

Cabe mencionar que la versión que yo vi es la “Final Cut” del 2007, y es importante resaltar, ya que esta película tiene como cien versiones (dice mi consciencia que no sea exagerado, que realmente son 7…un chingo como quiera). “Final Cut” es la única versión donde Scott tuvo la completa libertad para dejar la película a su gusto personal, notablemente sin la narración del estelar, Harrison Ford, a insistencia de los ejecutivos, ya que decían “si no, la gente no le va a entender”. Ford fue notablemente reacio a hacer la narración en aquel entonces. El final feliz también fue prescindido.

Los problemas durante la producción, que se venían arrastrando desde antes de hacer la película (durante la “pre”, como dicen) puede ser que sea parte de la mística que gira en torno a esta película…las 7 ediciones diferentes es indicio de que no todo mundo estaba contento con el producto final. Las batallas entre Ford y Scott durante filmación son legendarias, pero al final el actor hizo entrega de un personaje perfectamente desapegado. Él es Rick Deckard, un “blade runner”, o sea aquellos agentes encargados de “retirar” (eufemismo para matar) a los “replicants”, unos seres engendrados por la corporación Tyrell, que parecen seres humanos, pero son 60% más inteligentes y fuertes…el detalle es que solo tienen 4 años de vida. Los “replicants” fueron creados para realizar los trabajos manuales pesados y trabajan en otros planetas que son habitados por los humanos, aparentemente los mandaron para allá por lo que podemos asumir fue un problema de quererse revelar en el pasado, y dada su peligrosidad, es mejor mantenerlos lejos. Es ilegal para algún “replicant” de encontrarse en la tierra, y están sujetos a su caza y eliminación por parte de los “blade runners”, como el personaje de Ford. 

L.A. en el 2019

La trama avanza lento, y es una de las críticas principales que recibe la película, o sea si te la imaginas como algo entre The Running Man y Total Recall, quizás puedas quedar un poco decepcionad@ pues no es una película de acción…es del tipo neo-noir, que utiliza el estilo del cine noir de los 50’s, en este caso el detective solitario fumando en la lluvia, que le responde a un gordo jocoso que es su jefe en la estación, entabla una relación sentimental con la bella dama involucrada en el caso, etc, nada más que incorporando elementos futuristas.

Tres “replicants” del modelo más avanzado, el Nexus 6, los cuales incluso ya vienen con recuerdos de una niñez inexistente, se escapan hacia la tierra para verse con su “papá”, el presidente de la compañía Tyrell, Dr. Eldon Tyrell (Joe Turkel), quién fue el que creo al trío que ahora lo visitan. El líder de este equipo de replicants es el imponente Roy, interpretado por el villano ejemplar, el holandés Rutger Hauer; otra de las “replicants” es Pris, interpretada por una joven Daryl Hannah (Splash, Kill Bill). Los “replicants” básicamente quieren más vida, pues no están de acuerdo con su limitada mortalidad de solo cuatro años, y acuden con el presidente de Tyrell, que para ellos es como un dios, para pedirle más vida, Roy le propone al Dr. Tyrell varias alternativas genéticas y químicas, pero el Dr. le explica porque ninguna es posible…esto no sienta bien con Roy, y bueno, para aquellos que como yo, siempre resultan un poco perturbados por esas escenas donde un fuerte villano le clava los pulgares en los ojos a su pobre víctima (como The Mountain a The Viper en Game of Thrones), quizás la escena final entre Roy y el Dr. no sea para ustedes. Irónicamente me tuve que chutar, en el mismo día, dos escenas de estas, en dos diferentes películas!

Pero los pobres “replicants” fueron creados así, y ahora los cazan por las calles de la metrópolis con poderosas armas… realmente, que hicieron mal?. Una de las primeras escenas, donde Deckard se despacha a una “replicant” que trabajaba de bailarina exótica es especialmente triste, aunque es una de las escenas de más acción. Mientras la mujer corre y finalmente se desploma como contra cinco grandes ventanas tras recibir el balazo (o creo que es la misma escena repetida una y otra y otra vez, para que veas bien el sufrimiento injusto), uno empieza a simpatizar con las creaciones del corporativo Tyrell…y hasta a repudiar a los “blade runners” como Deckard, fríos y desinteresados en la existencia de los seres/productos que están extinguiendo. La pregunta se te empieza a formular en la mente, y es una que ha aquejado a todo el público que desde 1982 ha visto la película: y si Deckard es “replicant”?. Scott y Ford tienen sus opiniones al respecto, las cuales se encuentran por todo Google.

Sean Young como Rachael

La joven Rachael (Sean Young) empieza una relación sentimental con Deckard y él le promete nunca cazarla, aunque eso no asegura su seguridad, ya que hay varios “blade runners”. Rachael no sabía que era “replicant”, era de esos nuevos modelos Nexus 6, que vienen con “memorias de la infancia”, y de igual manera, la realización de Rachael sobre su verdadera identidad personal inspira tristeza. Las autoridades les realizan extensas pruebas de más de 100 preguntas, con detectores en las pupilas, para determinar a los verdaderos “replicants”; muchas son preguntas triviales para demostrar su empatía hacia los animales…es cierto que la película despierta la grande pregunta: qué significa ser humano?, que lo define?. Roy da su versión, a instantes de cumplir sus cuatro años de vida y mientras le entra la rigor mortis en el cuerpo, le explica a Deckard, en la lluvia, que entiende por su existencia, en una de las mejores escenas que he podido ver, la escena de “lágrimas en la lluvia”, ya sabrán cual es.

Un muy joven Edward James Olmos interpreta a Gaff, un “blade runner” misterioso, que parece merodea a Deckard y sus andares, alentando la teoría de que éste último es un “replicant”.

El sublime soundtrack del reconocido músico griego Vangelis es tan importante para construir el mundo de Blade Runner como el diseño de la producción, es electrónico y vibrante, hasta electrónicamente pulsante por momentos, ese señor nunca le pidió nada a Giorgio Moroder.

Ya son 35 años desde que se estrenó esta joya del cine, recomiendo ampliamente esta edición, la “Final Cut”, y por supuesto en la mejor calidad audiovisual posible, si de suerte reaparece en alguna sala de cine cerca de ti, no lo pienses dos veces. Es el mejor trabajo de Scott, de Harrison, y hasta de James Olmos que he visto; lo mejor de Vangelis también. Criticar la trama de Blade Runner (El Cazador Implacable, en español) es únicamente debido a la grandeza de sus alcances visuales.

4.5 / 5

Decálogo – VIII

29 Dec

decalogue 8

Ampliamente considerado como uno de los mejores episodios en la obra de Kieslowski, la octava entrega parece ser irónicamente la más lenta y con menos escenas importantes. Dado que el suceso de donde se desprende el conflicto principal de la trama ocurrió en el pasado; cuarenta años antes de los tiempos que vemos en pantalla, la mayoría de las escenas son de diálogo que construyen aquellos hechos antiguos para nosotros; Kieslowski no es Spielberg, y aquí no hay baratos flashbacks.

Es 1985 y Zofia (Maria Koscialkowska) es una maestra universitaria de ética con una afinidad para el ejercicio a pesar de su aparente avanzada edad (setenta por ahí). En una de sus clases recibe de oyente a una colaboradora de Nueva York pero con clara descendencia polaca, Elzbieta (Teresa Marczewska), esta mujer más joven pronto está participando en la clase de Zofia donde la maestra les presenta hipotéticos casos donde se deben resolver los problemas o preguntas éticas correspondientes…o puede que sean reales, pues la maestra menciona el caso de la mujer, el bebé y el esposo enfermo que vimos en el Decálogo II. Este ejemplo inspira a la maestra Zofia a afirmar que la vida de un infante es la única prioridad en cualquier caso….”ooh, si?”, casi dice Elzbieta y se avienta a contar una historia durante la segunda guerra mundial, cuarenta años atrás, donde una joven y su esposo se rehusaron a cobijar a una pequeña niña judía por no querer mentir que era bautizada, o como dice el octavo mandamiento “no dirás falsos testimonios”, dejándola a su suerte en lo que seguramente significaría la muerte para la niña. Algunos alumnos no se la tragan eso de cobijarse detrás de su catolicismo y como dice uno “tenían miedo”.

No es spoiler y es parte de todas las sinopsis genéricas del episodio el saber que Elzbieta era la niña y Zofia la joven esposa; en lo que pareciera ha sido un viaje de miles de kilómetros para buscar venganza Elzbieta revela que ha venido en busca de algo más importante, el entender y el perdonar.

Kieslowski utiliza la semiótica para comunicar los sentimientos de abandono y añoranza a lo largo de la trama, especialmente el uso de las manos de los personajes: sujetando, tratando de alcanzar, o con dedos entrelazados en claro significado de esperanza. Igualmente hace uso de otro tipo de simbología, me llamó la atención el encuentro de la sporty Zofia mientras corre por el campo con el faquir polaco, bueno no a tal grado pero con el contorsionista que le explica a Zofia que es fácil torcerse hasta atrás hasta que la cabeza llegue a los pies, me imagino Kieslowski habrá estado familiarizado con el término en inglés “bend over backwards for someone”, o sea contorsionarte, hacer lo imposible por alguien, sacrificarte pues. Cuando Zofia lo intenta obvio que no puede y el joven le dice “oh, es que ya es muy tarde aprender para ti”, Zofia tuvo su oportunidad de probar su calidad humana en su debido momento y no pudo, ahora obvio se le pone de tapete a Elzbieta pero es “too little, too late”.

4.2 / 5

Decálogo – VII

29 Mar

decalogo 7

“No Robarás”

Justo cuando pensaba que ya había visto el episodio más triste de esta obra de Krzysztof Kieslowski, llega esta séptima parte sobre una joven muchacha en Varsovia que aun vive con sus padres, tuvo una hija a los 16 años, sin embargo, para evitar el escándalo y el “que dirán”, la madre de la muchacha, o sea la abuela, se apropia de la niña y todo mundo cree que la verdadera madre, Majka, es solo su hermana mayor. Podemos reconocer inmediatamente que esta situación está mal y necesita remediarse.

Pero como?. Pues que tal con la muchacha (Maja Barelkowska) robándose a su niña y fugándose a Canadá, por supuesto!. Nuevamente Kieslowski presenta una situación real, de las que nos encontramos en nuestras vidas con frecuencia, para poner a prueba lo rígido de un mandamiento, en este caso “No Robarás”. No quiere decir que claramente lo correcto es pelarse clandestinamente con una menor a otro continente, pero si deja la puerta abierta a la polémica y a la discusión. La rigidez religiosa no es buena, toda situación puede estar sujeta a discernirse y a juzgarse. Creo que ese el mensaje principal del director con este compendio. Ya solo me faltan tres!.

P.S. En este episodio no aparece el misterioso personaje interpretado por Artur Barcis.

4 /5

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