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The Devil And Daniel Johnston

20 Aug

El documental sobre el musico de culto Daniel Johnston. Puede que, como en mi caso, sigas pensando que el crudo, sincero y orgánico tipo de música que arroja este ícono del folk lo-fi no termine de convencerte en lo más mínimo, y distará mucho aquel día donde le puedas llamar “genio”, como todo mundo lo hace. Pero este filme por parte del director Jeff Feuerzeig es tan sincero, y labrado con tanto cariño, que no podrás dejar de empatizar con cada uno de los personajes que aparecen en la pantalla, y que han acompañado a Johnston desde su infancia; gente sencilla y común, que claramente no habían sido entrevistados antes, y que recurren al llanto cuando recuerdan los peores episodios de Johnston, todos relacionados a sus problemas mentales, principalmente lo que antes era conocida como la psicosis maniaco-depresiva, hoy en día: trastorno bipolar.

La popularidad de Daniel Johnston, como la conocemos hoy en día, empezó cuando Kurt Cobain anduvo usando por varios días una camiseta con la portada del álbum de Johnston: Hi, How Are You, y a partir de ahí se convirtió en el cantautor más conocido del underground, pero sus creaciones artísticas venían desde más atrás, como un niño precoz y creativo, hábil para dibujar, hasta que en la secundaria “perdió toda su confianza”, como dice su mamá. La degradación de su salud mental es inversamente paralela al ascenso de su carrera musical; Feuerzeig hace referencia al hostigamiento de la madre de Johnston hacia su hijo y como no lo bajaba de haragán, así como los principios Cristiano Fundamentalistas de la señora son el martirio de diario para Daniel. El director no deja de lado esta fuerte influencia religiosa sobre Daniel en esa conservadora comunidad en el estado de West Virginia, pero no lo utiliza como el chivo expiatorio de los demonios con los que carga el músico.

Daniel Johnston de joven

Daniel se escapa de su hogar y se une a la feria, viajando de ciudad en ciudad, hasta que después de tener un pleito con un trabajador del circo, acaba resguardándose en una iglesia de Austin, Tejas. La obsesión de Johnston por la música, especialmente los Beatles, lo llevan a improvisar canciones rudimentarias con un rústico rasgueo en la guitarra acústica, o un torpe golpeo en el piano; graba cassette tras cassette, y se presenta con los escritores de música y los disck jockeys locales, cuenta aún con el ímpetu de un niño inocente. Nadie de sus conocidos le auguran el éxito, y quién puede culparlos realmente…incluso lo supuestamente más elaborado de Johnston, como el reconocido Hi, How Are You, de 1983, supone un genio musical dentro de un chico con problemas mentales. Hay gente que si lo entiende a la primera escucha, como su primer manager Jeff Tartakov, quién de alguna manera representa a los aficionados de Johnston que adoran su música porque logran conectar de una manera muy especial con ella. Tartakov promueve fervientemente a Johnson, llega a ser su aliado más fiel que Johnston lo trata de la patada y llega a recibir los abusos por parte de la maldad oscura que se esconde en los problemas mentales de Johnston…recibe un tubazo en la cabeza por parte del músico que lo deja sangrando, y después es despedido por su “cliente”.

Sin embargo, en una secuencia bien editada, vemos a Tartakov cuando salió el documental (2006), como sigue empaquetando la música de Johnston, enviándola por correo a los compradores, y entregándole a Johnston sus debidas regalías…todo por el amor incondicional que le sigue teniendo a su música. La figura de Tartakov logra convencer al espectador que Johnson no llegó a ser una figura de culto solo porque todo mundo era buena onda con el “rarito”, sino que realmente podía llegar a indoctrinar a seguidores de sus canciones, con la supuesta “cruda honestidad” que sus composiciones poseen.

Daniel Johnston en el 2005

The Devil and Daniel Johnston nos muestra los acercamientos de Johnston con las grandes disqueras, que se pelean por su contrato a principios de los 90’s mientras el músico se encuentra en el manicomio. Los problemas mentales de Johnston llegan a tornarse más siniestros, especialmente después de un concierto que atiende de los Butthole Surfers (donde prueba el LSD por primera vez), y su comportamiento es cada vez más irracional y hasta malvado, hasta que una vez, cuando iba con su padre en la avioneta de este último, Johnston avienta las llaves de la avioneta a medio vuelo, debido a que se creía Casper el Fantasma. Algunos testimonios, como una de sus mejores amigas de Austin, dejan entrever que no todo era inocencia infantil con Johnston, que su enfermedad conllevaba tendencias más oscuras, hasta perversas y violentas…pero Feuerzeig ignora, en su mayoría, este aspecto de la vida de Johnston.

Finalmente vemos a Johnston en el 2006, años después de que su único álbum grabado profesionalmente Fun (1994) fracasó en el mercado. Vive con sus padres, que se preocupan que será de su hijo una vez que ellos no estén.

The Devil and Daniel Johnston es un gran trabajo hecho con cariño, no busca glorificar al artista, o convencernos de que en efecto Daniel Johnston es un genio musical, se enfoca, más bien, en construir su camino a través de cientos de pedacitos, de memorias del mismo Johnston y de los que lo han acompañado por ese camino que no ha sido fácil para él ni para los que lo rodean.

P.S. Aquí la canción “I Had Lost My Mind” de Daniel Johnston, como fue animada para el documental:

3.5 / 5

Amy

28 Jul

Amy, el documental de Asif Kapadia (Senna), puede ser el documento sobre un brillante talento musical que se dejó destruir por sus propias adicciones, su vicio propio (inherent vice), que eventualmente lo iba a llevar a su tempestuoso final; o puede ser visto como un testigo de la pobre cultura que vivimos hoy en día donde se celebra la fama per se, y se erigen super estrellas para después divertirnos viéndolas caer. Kapadia, con este documental, nos quiere decir que Amy Winehouse no era una persona vacía y famosa como alguna de las Kardashian, todo lo contrario, era una amante de la música, talentosa para componer y cantar, y la fama no le interesaba en lo más mínimo.

La pura labor de investigación de Kapadia, que incluyó la colaboración de 100 personas que conocieron a Winehouse, sobresale como el punto fuerte de sus trabajos, tanto Senna como Amy te apabullan porque saben tanto, me refiero a que hubo tanto material recabado durante la investigación, que finalmente vemos videos caseros sincronizándose con el testimonio de algún conocido que presenció el momento en vivo. Más que reinventar el género del documental, la magia de los trabajos dirigidos por Kapadia (y producidos por su compañero James Gay-Rees) surge de la cuantiosa cantidad de material, minado a través de una ardua labor de investigación.

Kapadia re-construye a su sujeto, Amy Winehouse; y a través de los testimonios y el material audiovisual, nos presenta a una persona que quizás no conocíamos realmente, a pesar de que era una de las más fotografiadas por los paparazzis en su momento. El director nos cuenta la historia desde el principio, una niña judía del norte de Londres con tremendos dotes para cantar, y luego para componer. Muchos coinciden que Winehouse era un “alma vieja”, ella misma dice que no compaginaba con la música de los 90’s. No hay animaciones en el filme más que las de las letras que Winehouse escribió, proyectándose en la pantalla, al tiempo que ella las canta, para reforzar los sentimientos que estaba viviendo en ese momento de su vida y la sagacidad que tenía para expresar las sensaciones complicadas que sentía, y claro, la manera poética para escoger sus palabras.

Mejores tiempos. Winehouse ganando un Grammy en el 2008.

Por otro lado, Kapadia nos la presenta como la simplemente irresistible personalidad que era: chistosa, inteligente, impulsiva; su primer manager y mejor amigo Nick Shymansky lo dice bien “de esas personas que te hacen sentir únicas un momento, pero si quieren te pueden hacer sentir que eres nadie, segundos después”.

La historia de Amy Winehouse no se puede contar sin los elementos de tristeza y adicción que sufrió, especialmente después de su primer álbum, Frank. Vemos a la muchacha enamorada con la música pasar a la bulimia y al alcoholismo al tratar de sobrellevar su éxito profesional. Sus amigas de toda la infancia veían como perdían a la Amy que conocían, especialmente después de mudarse a su soñado Camden, y en su vida entran personas tóxicas, especialmente el novio, después esposo, Blake Fielder-Civil, quién sería la fuente más grande de la desdicha de la cantante. La introduce en el vicio de la heroína y le da suficientes desamores para agudizar su depresión.

El padre Mitchell Winehouse, explota a la hija y por veces parece estar más interesado en salvaguardar el boleto de lotería que se sacó con el talento musical de su hija, que velar por su salud; a pesar de todo, Amy lo venera y desgraciadamente sigue sus recomendaciones. Raya en lo cínico cuando se presenta en Mallorca durante unas vacaciones de su hija, para filmar su propio reality show (realmente un show sobre Amy), acosándola con el equipo de camarógrafos en sus momentos privados. Mitchell Winehouse participó en la producción de este documental, pero cuando vio el corte final, no le gustó aparecer como el villano y solicitó una re-edición (Kapadia se rehusó por supuesto), y supuestamente prepara su propio documental A Letter To Amy.

Blake Fielder-Civil con Amy.

Es imposible para un director, en este caso Kapadia, desligar sus propios prejuicios de un documental que está filmando. Hay que definir para dónde va a ir la historia, y utiliza música siniestra, efectos de cámara y otros recursos para retratar a los villanos de la historia, como Mitchell y Blake Fielder (aunque podamos tener la opinión de que se merecían tan oscuro retrato). Está en nuestro rol como público el poder discernir que tanto nos tomamos a pecho la historia que está siendo contada. En el caso de Amy, dada la reputación de Kapadia y Gay-Rees por llevar a cabo una extensa labor de investigación, es mi opinión que lo contado fue, en su mayor parte, lo que realmente sucedió. Hay que considerar, también, que fue Universal Music, la disquera de la cantante, la que inició los preparativos para producir este filme; Kapadia y Gay-Rees, a final de cuentas, fueron contratados; en esencia, puede considerarse este documental como una herramienta para extender el legado popular de Amy, y seguir teniendo ventas considerables en el futuro.

Algunos dicen que el filme es realmente triste, yo me quedo con los momentos de triunfo y felicidad que vivió esta cantante del soul y el jazz; me quedo con un documental sobre la vida corta pero brillante de esta amante de la música…ahora musa para futuras generaciones.

4 / 5

History Of The Eagles

25 Jun

La cineasta Alison Ellwood hace su debut como directora, después de pasar por varios proyectos como editora, en el documental definitivo sobre los Eagles; el grupo de California que definió el sonido del southwest estadounidense durante la década de los 70’s. Es un trabajo sólido y práctico sobre una historia que abarca como 6 décadas, de ahí que la duración se extiende a poco más de tres horas. No es despampanante en las visuales, ni utiliza esta nueva vertiente artística que estamos viendo en los rockumentales por aventarse animaciones demasiado elaboradas para contar pasajes en la historia de una banda (como este de Oasis, o este de Nirvana), aunque también hay que considerar que carreras de 4 o 5 años como las de esos otros grupos mencionados, se prestan para más relleno visual dentro de la trama (la carrera de Oasis es más larga pero el documental solo abarca de 1993 a 1996).

Es un documento audiovisual controlado por Ellwood y los cabecillas tradicionales de la banda, el baterista de afro amarillo Don Henley y el guitarrista rítmico y perfeccionista Glenn Frey (quién acaba de fallecer el año pasado); ambos, los compositores y vocales principales. La historia es principalmente vista a través de los ojos de aquellos dos, aunque todo mundo fue invitado a participar, todos los miembros que pasaron por la banda, incluido el bajista original Randy Meisner, el guitarrista inicial Bernie Leadon, y los requintos que siguieron: Joe Walsh y Don Felder; también el manager de toda la vida Irving Azoff, algunos conocidos, gente de las disqueras como el empresario David Geffen, y la que los impulsó en un principio Linda Ronstadt (quién de joven era básicamente la copia física de Selena Gomez).

Se hace un repaso por los excesos setenteros, menos mal que Henley y Frey no tuvieron reparo en tapar esa parte de la historia, “eran los 70’s, había droga por todos lados”, como dijo Henley. Desde las primeras grabaciones y el surgimiento de rolas conocidas como “Tequila Sunrise” y “Take It Easy”, pasando por las inconformidades que se fueron gestando dentro del grupo, como el descontento de Leadon sobre el nuevo rumbo musical más roquero, a las incursiones musicales más arriesgadas como “One Of These Nights” y claro, la cumbre creativa que fue Hotel California (1976), las giras incesantes, y finalmente las broncas con Felder, incluyendo escenas del último concierto de los Eagles, donde Frey de plano amenaza a Felder desde el escenario, “solo 3 canciones más amigo, y te voy a patear el trasero”, hasta finalmente la disolución del grupo un poco después. El resentimiento que todavía le guardaban a Felder, hasta nuestras fechas, es hasta un poco perturbador.

Frey y su némesis Felder

Hasta ahí es la Primera Parte del documental y estaremos aquellos que sentimos que hubiera sido justo y suficiente que el “rocku” nos hubiera dejado con esa imagen de los Eagles, no me refiero a una banda a punto de agarrarse a madrazos, pero jóvenes y roqueros.

En el inter Henley y Frey tuvieron algo así como carreras solistas, Frey tuvo “The Heat Is On” y actuó en algunas películas como Jerry Maguire, Henley tuvo “The Boys Of Summer”…y realmente no hay más que contar sobre la banda durante los 80’s.

Lo que pasa es que el regreso de los Eagles en 1994 con Hell Freezes Over; la presentación para MTV, la gira y el álbum en vivo, fue el primer trancazo mediático de lo que puede llegar a ser el regreso triunfante de una banda. A partir de ahí, los reencuentros de grupos serían un plato apetecible para varios músicos que solo podían soñar con renovadas fuentes de ingreso, y con algo de calidad artística también, porqué no. Eso es, más que nada, el meollo de la Segunda Parte de este documental…un despliegue de nostalgia, pero con poca trascendencia musical; el repaso que Ellwood hace por Long Road Out Of Eden (2007), el último álbum de la banda, parece más un info-mercial sobre los esfuerzos constructivos de Henley y Frey por salvar la naturaleza, el mundo, etc. Las pesadas manos de estos dos productores ejecutivos se sienten fuerte sobre el final de este filme, y la música: olvidable.

Es casi recomendable echarse la primera parte y olvidar la segunda; pero a final de cuentas, un trabajo filmográfico entero y final, sobre una de las grandes bandas estadounidenses.

P.S. Y ahora una versión en vivo espléndida de “Hotel California” (incluida en el doc.)

3 / 5

Oasis: Supersonic

5 Jun

El director Mat Whitecross no se molesta en repasar el largo declive de Oasis, tristemente algo así como las últimas tres cuartas partes de su carrera, y solo se dedica a revivir los “años de gloria”, como los recuerda con sinceridad Noel Gallagher, en este rockumental que fue producido por Asif Kapadia y James Gay-Reese, creadores de los excesos: Amy (2015) y Senna (2010). Noel y su hermano menor, Liam Gallagher, recuerdan los años del fulgor que brilló candentemente de 1993 a 1997 antes de que cayeran en álbumes guangos y sobrados…Noel y Liam, pero los que colgaban en el poster de mi cuarto de secundaria, dirían: “mira quién nos salió bien docto”; a través de efectos de animación, similar a lo que vimos en el Montage of Heck de Nirvana, se reaniman momentos íntimos entre los hermanos, su madre Peggy, y los miembros originales de la banda (el baterista Tony McCarroll, junto con “Bonehead” y “Guigsy”) que levantó a un grupo de chicos de las casas de interés social de Manchester a ser la banda más grande del mundo.

El “docu” se sirve de los testamentos de las personas del círculo interior de los hermanos Gallagher, como los mencionados compañeros de grupo, la madre, el sonidista, el productor de toda la vida, Alan McGee (el dueño de Creation Records, que les dio la primera gran oportunidad a la banda cuando los vio en un pequeño show en Glasgow); las palabras de este grupo de personas se mezcla con fotos animadas y material en video. Quedan de lado los “testamentos” de periodistas, expertos y opinionistas, para el beneplácito de los que realmente no queríamos escuchar a una vieja de VH1 diciéndonos “porqué Oasis es grande”. Y en cuanto al material videográfico, vaya que hay bastante, al igual que Senna, es impresionante (en una época donde no podías filmar todo con tu smart-phone) cuantos momentos fueron captados en la cámara…me inspira a pensar que consiguen el material que hay y de ahí se van hacia atrás haciendo las preguntas pertinentes sobre aquél momento, esto después de que no pudiera creer que hubiera video de una llamada random de Noel con su madre cuando él todavía ni estaba en Oasis, era el roadie de los Inspiral Carpets; o como hay video del primer ensayo de Noel con Rain (como originalmente se llamaba la banda) en el sótano donde ensayaron unos dos años sin parar antes de llegar a la fama. También hay video del gig en Glasgow donde los conoció McGee.

Oasis en sus inicios. “Bonehead” con pelo, eso dice todo.

El filme termina en el apogeo de la banda, un par de conciertos que reunieron a medio millón de personas en Knebworth (2.5 millones de personas aplicaron para boletos, de hecho). Quedó de fuera Be Here Now (1997) hacia adelante, los años de obsolescencia musical, que se empezaron a contar a partir de cuando mataron el Britpop, específicamente cuando dejaron caer en MTV la bomba hedionda y aguada que fue el video para “All Around The World”. La llegada de las Spice Girls y el lanzamiento de Ok Computer de repente los dejó en las afueras de lo que era considerado “cool”. Es el fuerte de este trabajo de Kapadia y Gay-Reese, el deseo de contar una historia emocionante y no serle fiel a un artista que aflojó después de alcanzar el pináculo

Es una época captada a través de testimonios personales, sin la acostumbrada hipérbole de los Gallagher, ni referencia a otros temas que fueron dejados en el piso: todo el movimiento del Britpop y su batalla épica con Blur; sólo Noel menciona la palabra blur cerca del final, pero sin ningún dejo de importancia, el hombre ha madurado, y sus viperinos insultos (como el muy recordado: “ojalá se muera de SIDA”) hacia Damon Albarn han quedado muy atrás, de hecho colaboran en el nuevo disco de Gorillaz…todo bien. Finalmente los Gallagher dejan que su trabajo musical hable por sí solo. Hoy vi por internet a Liam presentándose en el concierto por las víctimas de Manchester y fue lindo…su legado musical sigue siendo algo muy querido, los desparramientos personales quedaron en los 90’s…pero no tema, aquel interesado en los desvaríos noventeros de los Gallagher, Supersonic viene bien cargado en dichos acontecimientos, incluyendo un desmadrito sucedido en un ferry de Inglaterra a Holanda durante los inicios de la banda…este documental se centra en el periodo de exceso, y hay muchas drogas y alcohol en esta historia, como también se ejemplifica en la primera presentación de la banda en Estados Unidos, en el legendario recinto de Los Angeles, el Whisky A-Go-Go.

Supersonic es un bien construido, contado y ejecutado documento, pero algo me dice que NO es la palabra final sobre Oasis, empezando por el simple hecho de que los hermanos siguen conviviendo y peleando a diario, a hoy, verano del 2017. Es difícil que no se vea un regreso de la banda en los años venideros, y mucho se ha especulado sobre la decaída voz de Liam, pero viéndolo el día de hoy en el concierto por Manchester, puedo decir que no está tan mal, le quedan algunos años. Así que falta un recuento del resto de la carrera del grupo y de lo que, seguramente, está por venir. Pero para un ejemplo de porqué Noel, Liam, y compañía, tenían al mundo en la palma de la mano por un par de años, Supersonic es la prueba…una historia del rocanrol que nos tenían a algunos morros pegando posters en las paredes. Mad Fer It!

3.5 / 5

La La Land

15 Mar

Recuerdan la primera parte de Mulholland Drive, antes de que la trama de un giro de 180 grados?; La La Land es como esa primera mitad, donde todo es color de rosa, todo es dulce, donde se te cae el frasco de leche y solo dices “rayos!” con un gesto chistoso. Es un gran romance agridulce para ser bebido y disfrutado por sus ricos sabores sin temor a alguna consecuencia negativa como malestar estomacal, los que no estuvieron de acuerdo con el final creo que no están entendiendo el punto, de que este melodrama fue hecho para disfrutarse dentro del confort de este mundo de fantasía de los musicales del viejo Hollywood. Tristeza y fracaso?, simplemente recordar la otra mitad de Mulholland Drive para encontrar a actrices que fracasan y sueños que no se pueden alcanzar, para regresar a las realidades de la vida; o hay que dar un paseo por Hollywood Blvd, donde las estrellas yacen en el piso, y ver a todos esos actores de traje en pleno sol apestando a rayos para tomarse unas fotos con los turistas, para recordar de otra forma la verdadera realidad de Hollywood. La La Land: Una Historia de Amor no se trata de eso, se trata de imaginar y disfrutar sin remordimientos.

Si lo he dicho una vez, lo diré cien veces: los melómanos hacen las mejores películas, y en este caso, el escritor y director Damien Chazelle realiza uno de los productos más inverosímiles de Hollywood: el musical; pero dejando que la pasión por la música y el arte se salga un poco por las orillas desgastadas de este lienzo, no es perfecta, como por ejemplo haber puesto en los roles principales a Ryan Gosling y Emma Stone, dos actores que definitivamente no son cantantes ni bailarines, simplemente hay que ver a Stone bailando el primer número con Gosling, “A Lovely Night”, para ver que tiene la agilidad de una lata de frijoles, pero encontré en eso, y en la voz de pito para cantar de Gosling, una historia sobre la pantalla más creíble y orgánica. La La Land con Justin Timberlake y Rihanna, o dos profesionales de los escenarios neoyorquinos, hubiera estado un poco más de hueva y medio plástico, demasiado perfecto. Chazelle filma a Sebastian (Gosling) y a Mia (Stone) de cuerpo completo, con poca edición, dejando que el público pueda disfrutar de los números de baile sobre los impresionantes fondos de la producción, como un cielo estrellado adentro del Observatorio Griffith en el número “Planetarium”, o una creativa re-imaginación de París durante una audición de Mia, en el número “Audition / The Fools Who Dream”, casi no hay cortes en la edición, y la cámara, sin cortar la toma, hace paneos suaves, para un lado y para otro, para arriba y para abajo, como para ver la acción desde otro punto de vista; algo muy diferente a lo que puede pasar en un mal musical, como las tomas cerradas de la nefasta Xanadu, de Olivia Newton-John.

Seb y Mia bailando en el observatorio de Griffith Park…cool, no?

Sebastian (Gosling), es un apasionado músico de Jazz, quien por el momento toca en el piano canciones navideños adentro de un restaurante; y Mia (Stone) es una aspirante a ser actriz que por lo pronto trabaja en un café adentro del campus de Warner Bros. Después de que la película empieza con un espectacular número bailable por parte de decenas de personas en el cruce de las autopistas 105 con la que va hacia el centro de Los Ángeles: la 110 (los rascacielos se ven en el fondo), Sebastian y Mia se conocen por primera vez, de carro a carro, en el típico “meet cute” de una película romántica, se tocan el claxon y se pintan el dedo. Sebastian y Mia logran hacer lo que prácticamente es imposible en L.A., volver a encontrarse de casualidad no una, sino dos veces. Eventualmente entablan una relación y se enseñan la pasión que tienen por sus respectivos artes, Sebastian sueña con tener un club de jazz, un pequeño lugar donde pueda sobrevivir el jazz auténtico, porque dice que no lo puede dejar morir. Y Mia habla de cómo creció con la influencia de su abuela, que le inculcó el amor por el viejo cine y cuenta con los viejos posters de Casablanca, y otros clásicos, por su departamento…o sea para nada quiere ser una actriz por la fama y por emular a las estrellas vacías de hoy como las Kardashian-Jenner-como se llamen, sino que su amor por el cine, el clásico, es auténtico, igual al amor de Seb por el jazz original. La La Land es Chazelle, el protector de las bellas artes, en su etapa más nostálgica y clásica; como su previo filme, Whiplash, pero sin todo eso de la auto-referencia (Chazelle quería ser baterista de jazz originalmente, al igual que el chavo en Whiplash).

Chazelle asalta el género más emblemático del viejo Hollywood: el del musical, con una buena surtida gama de referencias, guiños y tributos a trabajos del pasado, incluso desde antes de la primera escena ya estamos viendo el logo de CinemaScope, antiguo formato de filmación que dejó de ser utilizado en 1967 (en efecto, no fue filmada digitalmente, sino en filme, pero no en verdadero CinemaScope, pues esa tecnología ya está extinta), y se vienen referencias a clásicos del género musical como el francés The Umbrellas of Cherbourg (1964) y el americano Singin’ in the Rain (1952, y para mi gusto, el musical en su máxima expresión dentro del cine); así como Seb le asevera a Mia que él está dispuesto a salvar el jazz, Chazelle pretende hacer lo mismo con el género musical, aunque sigamos viendo trabajos dentro de esta categoría con regularidad, como por ejemplo Chi-Raq de Spike Lee el años pasado. Sin embargo, durante los pasados premios de la Academia, cuando Moonlight se alzó con el premio a mejor película, Chicago (2002) sigue siendo el último musical en ganar dicho Oscar.

El eventual amor de Sebastian y Mia se desenvuelve por los lugares más emblemáticos de L.A. (NO, no incluye Disneylandia ni Universal Studios…pero las Torres Watts, que pareja va ahí?), y durante la segunda parte de la película los personajes se ponen a realmente a pelear por sus sueños; tras varios castings fallados, Mia pone en escena un show solista escrito y estelarizado por ella, mientras que Seb se une a un grupo de jazz-rock de su amigo Keith (John Legend). El desenlace de la pareja y de sus sueños profesionales puede dejar frustrado a más de uno en el público, pero creo que no es el punto de este trabajo de Chazelle, el punto es disfrutar este cuento de hadas, que cuenta con una excelente producción, y que se desarrolla en la “City of Stars” (como lo dice uno de los números, algo insípidos, a mi parecer, del amigo de Chazelle, Justin Hurwitz). La La Land es una dicotomía, Chazelle le pide a su público que encuentre lo mágico de lo auténtico dentro de un musical moderno sobre Hollywood; los chistes son sobre vivir en L.A., pero sus tomas más impresionantes son sobre la ciudad, ya sea Mia y Seb bailando frente a un atardecer en Mulholland Dr. o en las afueras de Griffith Park, expresan la confusión que muchas personas, aspirantes a ser artistas, tienen una vez en L.A., algo como: me dijeron que esta, se supone, es la ciudad de los sueños.

4.2 / 5

Straight Outta Compton

14 Sep

straight outta compton 1

El regreso de los OG’s entre los OG’s (en la forma de productores ejecutivos, por lo menos); Andre Young (Dr. Dre) y O’Shea Jackson (Ice Cube), junto con la viuda de Eric Wright (Eazy-E) han sido los encargados de en los últimos 13 años revivir el legado de N.W.A. (algo como Nenes Wit Attitudes) y llevarlo a la pantalla grande. Junto con MC Ren (Aldis Hodge) y DJ Yella (Neil Brown Jr.), quienes completaban la alineación del grupo, N.W.A. fue un catalizador de los sentimientos de represión y racismo en Los Ángeles (y a nivel nacional también) que había a finales de los 80 y principios de los 90 y que finalmente explotaron en las revueltas de 1992 en L.A.

Desgraciadamente no mucho ha cambiado, recordamos lo de Baltimore hace poco y el movimiento #BlackLivesMatter. Una canción en específico lanzó al grupo rapero a la fama, “Fuck Tha Police” de su debut Straight Outta Compton (álbum que también le da el título a esta película) y desde ese entonces el colectivo de raperos ha sido referencia de resistencia ante el abuso de las autoridades.

13 años tomó la producción y el desarrollo del guión, el cual fue escrito por Jonathan Herman y Andrea Berloff, basado en una historia de S. Leigh Savidge, Alan Wenkus y Berloff, recordando que estos últimos a final de cuentas se basaron en las vivencias de los productores que mencionamos en el primer párrafo. ¡Uff!, pareciera que fueron muchas las manos que anduvieron metiéndose en la historia, pero Straight Outta Compton es precisamente ambiciosa, precisa en los detalles históricos y hasta épica, porque aunque solo abarca de 1986 a 1994 (cuando Eazy cuelga los tenis), trata con detenimiento cada uno de los temas de la compleja saga de este grupo de rap, que solo lanzó dos álbumes pero cuyo legado es inmenso.

Jason Mitchell como Eazy E

Jason Mitchell como Eazy E

En medio de una ambientación que se podría disfrutar por si sola (para aquellos aficionados que disfrutamos de una buena ambientación de época de inicios de los 90), la cual le permite a uno imaginar que anda dando el rol con los compas por Crenshaw Blvd. en su lowrider (mientras que otros comoSkee-Lo lo observaban); el filme se parte en varias vertientes, incluido el interesante conflicto de Ice Cube cuando decide abandonar a N.W.A. después del primer álbum y lanzarles mierda durante el inicio de su carrera como solista, la entrada del malévolo Suge Knight (R. Marcus Taylor, en el único punto débil del casting…pero chéquense al hijo de Ice Cube recreando de manera precisa a su padre como el punto alto), quien haciéndole honor a su violenta reputación, se encuentra en prisión tras haber arrollado a unos rivales en el set de esta película. La extraña relación padre-hijo del manager judío Jerry Heller (Paul Giamatti) con Eazy. El ascenso del gangsta-rap que iba a dominar el resto de los 90 con la entrada de Snoop (Keith Stanfield) yTupac (Marc Rose) con la fundación de Death Row Records por parte de Dre y Suge; todo está ahí…es el filme épico sobre la escena gangsta del west coast que habíamos esperado por años.

Al final, el director F. Gary Gray (quién dirigió videos de Cube y Dre en el pasado, así como sus largometrajes como Friday) ha hecho un buen trabajo en consolidar las diferentes versiones de esta fascinante historia en un buen pedazo de cine… entretenido, que fluye de manera natural y que no glorifica de manera exagerada a sus sujetos; de momentos íntimos como cuando Eazy rapea por primera vez, a los conflictos de un joven Dre con su madre, a electrizantes presentaciones de lo que era un concierto de N.W.A.; no se necesita ser muy docto en los conflictos west coast vs. east coast para disfrutar de una buena trama. Parece que todo está dicho sobre el tema. Bye Felicia

Para la revista Indie Rocks!

4 / 5

Singin’ In The Rain

23 Jul

singin in the rain 1 No por nada considerado el musical más influyente de todos los tiempos, Singin’ In The Rain sigue siendo un espectáculo para los sentidos a pesar de haberse estrenado en 1952, antes incluso de Elvis. Tuve la fortuna de verla en todo su esplendor en la Cineteca Nacional, y de paso llevando a los abuelos, de manera que pude disfrutar de una calidad de imagen y de audio incomparable en otros medios (para ser un trabajo de 1952).

El género del musical estaba en su apogeo en aquel entonces, gracias a la dedicación de artistas consumados como el estelar de esta movie Gene Kelly, quién dedicó toda su carrera a avanzar las técnicas de baile para la pantalla, y de darle un estilo masculino. Eran otros tiempos y se opinaba diferente, decía Kelly que no le molestaba que bailarines afeminados entraran a esta disciplina, pero que en lo particular prefería que se bailara como hombre, de manera que no se estigmatizara el baile como una actividad exclusiva para los homosexuales…él lo veía como mantener la fuente de talento lo más amplia posible, pues. Así que moldeaba sus coreografías para movimientos atléticos, en vestuarios comunes y corrientes, como una que otra camisa de manga corta en esta película. Había absorbido la influencia de su ídolo Fred Astaire, pero dejado de lado los pasos en frac y bombín, y aparte incorporado a las cámaras de cine como un instrumento más dentro de sus rutinas. Los paneos, las tomas altas desde grúas y el trabajo de edición complementaban sus números de baile, a diferencia de Astaire quién mantenía las tomas abiertas y dejaba que sus pies fueran los únicos que hicieran la magia.

Kelly, Reynolds y O'Connor bailan la icónica secuencia a principios de los créditos. Se puede pensar que veremos esta secuencia más adelante durante la película pero no...no la vuelven a bailar juntos, ni siquiera sabemos que relación tienen estos personajes. Un poco surrealista, me recordó a la primera escena de baile en Mulholland Dr.

Kelly, Reynolds y O’Connor bailan la icónica secuencia a principios de los créditos. Se puede pensar que veremos esta secuencia más adelante durante la película pero no…no la vuelven a bailar juntos, ni siquiera sabemos que relación tienen estos personajes. Un poco surrealista, me recordó a la primera escena de baile en Mulholland Dr.

La historia es de Don Lockwood (Kelly) quien recuenta sus inicios como artista itinerante de las carpas junto a su fiel amigo y colaborador Cosmo Brown (Donald O’Connor) antes de iniciar su carrera en el cine mudo durante los primeros años del siglo XX. Esto lo recuenta Don para el público que está atendiendo una premier durante los años 20 y para nosotros, a partir de ahí la película deja de ser un recuento y empieza a correr cronológicamente “en vivo”. Fue interesante ver a una producción de los 50’s recrear los 20’s para acoplar su historia. Lockwood es una grande estrella de Hollywood junto a su pareja de la taquilla, y personal (según la prensa amarillista de la época), Lina Lamont (Jean Hagen) pero él la rechaza completamente, especialmente después de que conoce por casualidad a Kathy Selden (una joven de 19 años, Debbie Reynolds). Lockwood y Selden se enamoran a primera vista (como en las películas!), pero esta no es una arcaica historieta de amor simplista, Singin’ In The Rain si tiene algo que decir; y es la transición que vivió la industria del cine durante los 20’s cuando el audio fue introducido a los filmes. Vemos a Lockwood, batallando como todos los de la época, y a su estudio de producción, tratando de hacer la transición y permanecer relevante en un cambio que fue drástico para los paradigmas del entretenimiento de aquel entonces. Es cuando a Lockwood, junto con Selden y su amigo Cosmo Brown, se le ocurre maximizar los beneficios del audio y crear un musical, y es como nace al final de la trama: Singin’ In The Rain, la película que estamos viendo…la cual recuenta los sucesos que llevaron a la pantalla Singin’ In The Rain, la película que veríamos…y así sucesivamente…un mobius strip construido para hacernos pensar un rato.

La trama de Betty Comden y Adolph Green no se queda ahí en tratar de jugar con nuestras mentes, una de las escenas más criticadas de la película, si no es que la única, involucra a Lockwood recreando todo un extravagante número de baile el cual se lo está describiendo al presidente de los estudios, el señor R.F. Simpson (Millard Mitchell). Lockwood le pide que se imagine el nuevo musical que pueden producir y empieza a contárselo, nosotros como público vemos la idea de Lockwood completamente materializada sobre un personaje humilde que llega a Broadway a hacerla en grande como bailarín. Dentro de estas escenas partidas de la imaginación de Lockwood nos adentramos en una de las fantasías el personaje del musical, donde baila en un paisaje surrealista con la amante de un gangster (interpretada por la misteriosa Cyd Charisse, me dijo mi abuelo “ella si era una gran estrella”). O sea que si se dan cuenta ya estábamos viendo en pantalla la fantasía dentro de la fantasía; genial!, pensé. No me imagino como los críticos hubieran preferido prescindir de este surrealista número de baile que si bien no encaja con el ambiente de la trama general, le da ese toque exótico a la película. Estas realidades alternas me recordaron un poco a la serie de recámaras en Cien Años de Soledad, las cuales recorre José Arcadio Buendía cada noche entre sueños; alejándose y regresando a la realidad cada vez.

La escena donde Lockwood y Selden se enamoran. Es notable el uso de cámaras y de

La escena donde Lockwood y Selden se enamoran. Es notable el uso de cámaras y de “luz natural” para crear el ambiente.

Pero es difícil hacer una reseña de Singin’ In The Rain, a final de cuentas, es difícil poner en palabras lo que es un buen show. La idea original de Arthur Reed, con el guion de Comden y Green, más el talento como “showman” de Kelly resulta en una experiencia cinematográfica única y entretenida, que a diferencia de otros clásicos donde cuesta más trabajo racionalizar los logros y avances de su producción, uno puede simplemente dejarse llevar por el espectáculo.

4.8 / 5

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