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Trainspotting

29 Mar

Choose life.
Choose a job.
Choose a career.
Choose a family,

Choose a fucking big television.
Choose washing machine, cars,
Compact disc players, and electrical tin openers.
Choose good health, low colesterol.

El miedo a vivir una vida, a ser parte de la red capitalista global, era una paranoia constante en los últimos años del siglo XX; Trainspotting va de la mano con otras obras cumbres anti-capitalistas de la década, como Ok Computer de Radiohead, y el libro No Logo de Naomi Klein. Marc Renton (Ewan McGregor), un pálido junkie, empieza repitiendo el mantra sobre “escoger” con cinismo y repudio para el resto de nosotros que se puede decir tenemos una vida “normal”, el escoge la adicción a la heroína mejor, Renton es el narrador y nos platica los sucesos de su vida, y en unas tomas particularmente interesantes por parte del director Danny Boyle, nos ve directamente a través del espejo, nos ve a nosotros viéndolo a él, y nos comunica con la mirada que está consciente que su vida es una mierda. Él sabe que hay del otro lado del espejo, una vida normal, y quiere poder escaparse hacia acá. Se la pasa inyectándose con sus mejores amigos, Spud (Ewen Bremner) y Sick Boy (Jonny Lee Miller), y en general haciendo travesuras con el resto del grupo, que incluye al deportista Tommy (Kevin McKidd) y al sicópata Begbie (Robert Carlyle). Cuenta con unos padres demasiado amorosos, que son demasiado complacientes con su adicción, aunque se preocupan demasiado, no hay disciplina para controlar al muchacho. Renton establece un tipo de relación con la menor de edad Diane (Kelly Macdonald), y entre alucinaciones y horribles rondas del síndrome de la abstinencia, “Rent-Boy” celebra sin remordimientos el nihilismo de su existencia.

“Rent Boy” viéndonos por el espejo

El estilo de Boyle, dinámico y acelerado, es lo que convierte a Trainspotting más en una comedia que en un drama depresivo à la Requiem For A Dream; una edición vibrante, colores brillantes y un soundtrack anclado en el britpop de la época (Blur, Pulp y Elastica) y en mucho Iggy Pop (irónicamente “Lust For Life” suena constantemente en la vida de estos ociosos), fueron lo que confundió a muchas personas en pensar que la película celebra el consumo de la heroína, siendo que los horrores de la adicción aparecen en la forma de una dependencia debilitante que deja a los personajes expuestos a violencia, SIDA, visiones de bebés diabólicos, y aventuras por el llamado “peor escusado de Escocia”; el magnetismo de Ewan McGregor, su facilidad con la palabra para narrar, y su fortuna para salir relativamente sano y salvo de estas aventuras infernales, hacen que el público empiece a simpatizar con este “anti-héroe”. Su personaje viaja en círculos, sanándose y recayendo en la adicción, hasta que finalmente decide empezar una vida nueva en Londres, como agente de bienes raíces…y todo es miel sobre aburridas hojuelas hasta que Sick Boy (y su hábito de pasársela recitando todo tipo de trivia sobre Sean Connery) y el volátil de Begbie, deciden visitarlo y presentarle una oportunidad para hacer mucho dinero moviendo un gran paquete de heroína, sabiendo que cuenta con algunos bien ganados ahorros debido a su trabajo.

Después de su último roce con el peligro, Renton decide, una vez más, empezar desde cero y ser “una buena persona”…pero ya sabemos su tendencia para andar en círculos, y su complicado romance con la adicción, así que nos deja dudando cuanto dudará su nueva etapa sobria (y habrá que checarlo en la recientemente estrenada T2)…Trainspotting es más cómica de lo que debería de ser, hay que admitirlo, y entre tanta desgracia, permite que una calidez fraternal entre amigos se quiera asomar. Es contradictoria y emocionante, a 20 años de su estreno se siente fresca, al mismo tiempo que un documento de la época de mediados de los 90’s.

Aquí la icónica primera escena:

4.2 / 5

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