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La La Land

15 Mar

Recuerdan la primera parte de Mulholland Drive, antes de que la trama de un giro de 180 grados?; La La Land es como esa primera mitad, donde todo es color de rosa, todo es dulce, donde se te cae el frasco de leche y solo dices “rayos!” con un gesto chistoso. Es un gran romance agridulce para ser bebido y disfrutado por sus ricos sabores sin temor a alguna consecuencia negativa como malestar estomacal, los que no estuvieron de acuerdo con el final creo que no están entendiendo el punto, de que este melodrama fue hecho para disfrutarse dentro del confort de este mundo de fantasía de los musicales del viejo Hollywood. Tristeza y fracaso?, simplemente recordar la otra mitad de Mulholland Drive para encontrar a actrices que fracasan y sueños que no se pueden alcanzar, para regresar a las realidades de la vida; o hay que dar un paseo por Hollywood Blvd, donde las estrellas yacen en el piso, y ver a todos esos actores de traje en pleno sol apestando a rayos para tomarse unas fotos con los turistas, para recordar de otra forma la verdadera realidad de Hollywood. La La Land: Una Historia de Amor no se trata de eso, se trata de imaginar y disfrutar sin remordimientos.

Si lo he dicho una vez, lo diré cien veces: los melómanos hacen las mejores películas, y en este caso, el escritor y director Damien Chazelle realiza uno de los productos más inverosímiles de Hollywood: el musical; pero dejando que la pasión por la música y el arte se salga un poco por las orillas desgastadas de este lienzo, no es perfecta, como por ejemplo haber puesto en los roles principales a Ryan Gosling y Emma Stone, dos actores que definitivamente no son cantantes ni bailarines, simplemente hay que ver a Stone bailando el primer número con Gosling, “A Lovely Night”, para ver que tiene la agilidad de una lata de frijoles, pero encontré en eso, y en la voz de pito para cantar de Gosling, una historia sobre la pantalla más creíble y orgánica. La La Land con Justin Timberlake y Rihanna, o dos profesionales de los escenarios neoyorquinos, hubiera estado un poco más de hueva y medio plástico, demasiado perfecto. Chazelle filma a Sebastian (Gosling) y a Mia (Stone) de cuerpo completo, con poca edición, dejando que el público pueda disfrutar de los números de baile sobre los impresionantes fondos de la producción, como un cielo estrellado adentro del Observatorio Griffith en el número “Planetarium”, o una creativa re-imaginación de París durante una audición de Mia, en el número “Audition / The Fools Who Dream”, casi no hay cortes en la edición, y la cámara, sin cortar la toma, hace paneos suaves, para un lado y para otro, para arriba y para abajo, como para ver la acción desde otro punto de vista; algo muy diferente a lo que puede pasar en un mal musical, como las tomas cerradas de la nefasta Xanadu, de Olivia Newton-John.

Seb y Mia bailando en el observatorio de Griffith Park…cool, no?

Sebastian (Gosling), es un apasionado músico de Jazz, quien por el momento toca en el piano canciones navideños adentro de un restaurante; y Mia (Stone) es una aspirante a ser actriz que por lo pronto trabaja en un café adentro del campus de Warner Bros. Después de que la película empieza con un espectacular número bailable por parte de decenas de personas en el cruce de las autopistas 105 con la que va hacia el centro de Los Ángeles: la 110 (los rascacielos se ven en el fondo), Sebastian y Mia se conocen por primera vez, de carro a carro, en el típico “meet cute” de una película romántica, se tocan el claxon y se pintan el dedo. Sebastian y Mia logran hacer lo que prácticamente es imposible en L.A., volver a encontrarse de casualidad no una, sino dos veces. Eventualmente entablan una relación y se enseñan la pasión que tienen por sus respectivos artes, Sebastian sueña con tener un club de jazz, un pequeño lugar donde pueda sobrevivir el jazz auténtico, porque dice que no lo puede dejar morir. Y Mia habla de cómo creció con la influencia de su abuela, que le inculcó el amor por el viejo cine y cuenta con los viejos posters de Casablanca, y otros clásicos, por su departamento…o sea para nada quiere ser una actriz por la fama y por emular a las estrellas vacías de hoy como las Kardashian-Jenner-como se llamen, sino que su amor por el cine, el clásico, es auténtico, igual al amor de Seb por el jazz original. La La Land es Chazelle, el protector de las bellas artes, en su etapa más nostálgica y clásica; como su previo filme, Whiplash, pero sin todo eso de la auto-referencia (Chazelle quería ser baterista de jazz originalmente, al igual que el chavo en Whiplash).

Chazelle asalta el género más emblemático del viejo Hollywood: el del musical, con una buena surtida gama de referencias, guiños y tributos a trabajos del pasado, incluso desde antes de la primera escena ya estamos viendo el logo de CinemaScope, antiguo formato de filmación que dejó de ser utilizado en 1967 (en efecto, no fue filmada digitalmente, sino en filme, pero no en verdadero CinemaScope, pues esa tecnología ya está extinta), y se vienen referencias a clásicos del género musical como el francés The Umbrellas of Cherbourg (1964) y el americano Singin’ in the Rain (1952, y para mi gusto, el musical en su máxima expresión dentro del cine); así como Seb le asevera a Mia que él está dispuesto a salvar el jazz, Chazelle pretende hacer lo mismo con el género musical, aunque sigamos viendo trabajos dentro de esta categoría con regularidad, como por ejemplo Chi-Raq de Spike Lee el años pasado. Sin embargo, durante los pasados premios de la Academia, cuando Moonlight se alzó con el premio a mejor película, Chicago (2002) sigue siendo el último musical en ganar dicho Oscar.

El eventual amor de Sebastian y Mia se desenvuelve por los lugares más emblemáticos de L.A. (NO, no incluye Disneylandia ni Universal Studios…pero las Torres Watts, que pareja va ahí?), y durante la segunda parte de la película los personajes se ponen a realmente a pelear por sus sueños; tras varios castings fallados, Mia pone en escena un show solista escrito y estelarizado por ella, mientras que Seb se une a un grupo de jazz-rock de su amigo Keith (John Legend). El desenlace de la pareja y de sus sueños profesionales puede dejar frustrado a más de uno en el público, pero creo que no es el punto de este trabajo de Chazelle, el punto es disfrutar este cuento de hadas, que cuenta con una excelente producción, y que se desarrolla en la “City of Stars” (como lo dice uno de los números, algo insípidos, a mi parecer, del amigo de Chazelle, Justin Hurwitz). La La Land es una dicotomía, Chazelle le pide a su público que encuentre lo mágico de lo auténtico dentro de un musical moderno sobre Hollywood; los chistes son sobre vivir en L.A., pero sus tomas más impresionantes son sobre la ciudad, ya sea Mia y Seb bailando frente a un atardecer en Mulholland Dr. o en las afueras de Griffith Park, expresan la confusión que muchas personas, aspirantes a ser artistas, tienen una vez en L.A., algo como: me dijeron que esta, se supone, es la ciudad de los sueños.

4.2 / 5

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Singin’ In The Rain

23 Jul

singin in the rain 1 No por nada considerado el musical más influyente de todos los tiempos, Singin’ In The Rain sigue siendo un espectáculo para los sentidos a pesar de haberse estrenado en 1952, antes incluso de Elvis. Tuve la fortuna de verla en todo su esplendor en la Cineteca Nacional, y de paso llevando a los abuelos, de manera que pude disfrutar de una calidad de imagen y de audio incomparable en otros medios (para ser un trabajo de 1952).

El género del musical estaba en su apogeo en aquel entonces, gracias a la dedicación de artistas consumados como el estelar de esta movie Gene Kelly, quién dedicó toda su carrera a avanzar las técnicas de baile para la pantalla, y de darle un estilo masculino. Eran otros tiempos y se opinaba diferente, decía Kelly que no le molestaba que bailarines afeminados entraran a esta disciplina, pero que en lo particular prefería que se bailara como hombre, de manera que no se estigmatizara el baile como una actividad exclusiva para los homosexuales…él lo veía como mantener la fuente de talento lo más amplia posible, pues. Así que moldeaba sus coreografías para movimientos atléticos, en vestuarios comunes y corrientes, como una que otra camisa de manga corta en esta película. Había absorbido la influencia de su ídolo Fred Astaire, pero dejado de lado los pasos en frac y bombín, y aparte incorporado a las cámaras de cine como un instrumento más dentro de sus rutinas. Los paneos, las tomas altas desde grúas y el trabajo de edición complementaban sus números de baile, a diferencia de Astaire quién mantenía las tomas abiertas y dejaba que sus pies fueran los únicos que hicieran la magia.

Kelly, Reynolds y O'Connor bailan la icónica secuencia a principios de los créditos. Se puede pensar que veremos esta secuencia más adelante durante la película pero no...no la vuelven a bailar juntos, ni siquiera sabemos que relación tienen estos personajes. Un poco surrealista, me recordó a la primera escena de baile en Mulholland Dr.

Kelly, Reynolds y O’Connor bailan la icónica secuencia a principios de los créditos. Se puede pensar que veremos esta secuencia más adelante durante la película pero no…no la vuelven a bailar juntos, ni siquiera sabemos que relación tienen estos personajes. Un poco surrealista, me recordó a la primera escena de baile en Mulholland Dr.

La historia es de Don Lockwood (Kelly) quien recuenta sus inicios como artista itinerante de las carpas junto a su fiel amigo y colaborador Cosmo Brown (Donald O’Connor) antes de iniciar su carrera en el cine mudo durante los primeros años del siglo XX. Esto lo recuenta Don para el público que está atendiendo una premier durante los años 20 y para nosotros, a partir de ahí la película deja de ser un recuento y empieza a correr cronológicamente “en vivo”. Fue interesante ver a una producción de los 50’s recrear los 20’s para acoplar su historia. Lockwood es una grande estrella de Hollywood junto a su pareja de la taquilla, y personal (según la prensa amarillista de la época), Lina Lamont (Jean Hagen) pero él la rechaza completamente, especialmente después de que conoce por casualidad a Kathy Selden (una joven de 19 años, Debbie Reynolds). Lockwood y Selden se enamoran a primera vista (como en las películas!), pero esta no es una arcaica historieta de amor simplista, Singin’ In The Rain si tiene algo que decir; y es la transición que vivió la industria del cine durante los 20’s cuando el audio fue introducido a los filmes. Vemos a Lockwood, batallando como todos los de la época, y a su estudio de producción, tratando de hacer la transición y permanecer relevante en un cambio que fue drástico para los paradigmas del entretenimiento de aquel entonces. Es cuando a Lockwood, junto con Selden y su amigo Cosmo Brown, se le ocurre maximizar los beneficios del audio y crear un musical, y es como nace al final de la trama: Singin’ In The Rain, la película que estamos viendo…la cual recuenta los sucesos que llevaron a la pantalla Singin’ In The Rain, la película que veríamos…y así sucesivamente…un mobius strip construido para hacernos pensar un rato.

La trama de Betty Comden y Adolph Green no se queda ahí en tratar de jugar con nuestras mentes, una de las escenas más criticadas de la película, si no es que la única, involucra a Lockwood recreando todo un extravagante número de baile el cual se lo está describiendo al presidente de los estudios, el señor R.F. Simpson (Millard Mitchell). Lockwood le pide que se imagine el nuevo musical que pueden producir y empieza a contárselo, nosotros como público vemos la idea de Lockwood completamente materializada sobre un personaje humilde que llega a Broadway a hacerla en grande como bailarín. Dentro de estas escenas partidas de la imaginación de Lockwood nos adentramos en una de las fantasías el personaje del musical, donde baila en un paisaje surrealista con la amante de un gangster (interpretada por la misteriosa Cyd Charisse, me dijo mi abuelo “ella si era una gran estrella”). O sea que si se dan cuenta ya estábamos viendo en pantalla la fantasía dentro de la fantasía; genial!, pensé. No me imagino como los críticos hubieran preferido prescindir de este surrealista número de baile que si bien no encaja con el ambiente de la trama general, le da ese toque exótico a la película. Estas realidades alternas me recordaron un poco a la serie de recámaras en Cien Años de Soledad, las cuales recorre José Arcadio Buendía cada noche entre sueños; alejándose y regresando a la realidad cada vez.

La escena donde Lockwood y Selden se enamoran. Es notable el uso de cámaras y de

La escena donde Lockwood y Selden se enamoran. Es notable el uso de cámaras y de “luz natural” para crear el ambiente.

Pero es difícil hacer una reseña de Singin’ In The Rain, a final de cuentas, es difícil poner en palabras lo que es un buen show. La idea original de Arthur Reed, con el guion de Comden y Green, más el talento como “showman” de Kelly resulta en una experiencia cinematográfica única y entretenida, que a diferencia de otros clásicos donde cuesta más trabajo racionalizar los logros y avances de su producción, uno puede simplemente dejarse llevar por el espectáculo.

4.8 / 5

Jersey Boys

1 Dec

jersey boys 2

Me debería de dar pena decir que este proyecto fue por fin el gran pretexto para geekear sobre los Four Seasons…los pinches Four Seasons por dios!, aquel gran grupo de Nueva Jersey con el dudoso distintivo de: “el grupo más famoso antes de los Beatles”, algo así como “muy buenos cuando todavía no había nadie”. Pero siendo sinceros si fueron precursores y a ellos se les debe varias cosas dentro del mundo del rock, y si escribieron y produjeron algunas canciones bastante buenas.

Basada en el musical del mismo nombre, escrito por Marshall Brickman y Rick Elice (musical que tuve la oportunidad de ver en Los Ángeles en el 2009), Jersey Boys cuenta la formación, ascenso, problemas y ruptura de este grupo de Nueva Jersey formado durante los 60’s. Se concentra en la alineación original de Frankie Valli (verdadero nombre, Francesco Castelluccio, e interpretado por John Lloyd Young en esta película), Tommy DeVito (Vincent Piazza), Nick Massi (Michael Lomenda) y Bob Gaudio (Eric Bergen), desde sus inicios como un trío entre Tommy, su hermano menor Nicky y Massi, después pasando a un cuarteto conocido como The Four Lovers y finalmente The Four Seasons, después de divisar el nombre en un boliche de Newark. El que después iba a ser un famoso actor, Joe Pesci (Joey Russo) aparece y es importante en la formación del grupo, su personaje de Tommy DeVito en GoodFellas, es muy probablemente tributo al Tommy DeVito original.

El guion es cursi, pero tienes que resumir como veinte años de momentos emocionantes en dos horas, por lo tanto parece que cada frase que escucha inspira a Bob Gaudio a escribir una canción; la hija de Valli, quien sufre una gran desgracia poco después de la mitad de la trama, se supone que tenía una gran voz y debemos de sentir lástima por su talento perdido, pero nunca alcanzamos a verla cantar; Tommy y Nick salen del grupo el mismo día, aunque realmente pasaron años entre cada salida, etc. Pero no se le puede culpar al director Clint Eastwood que haya querido meter cada detalle importante de la historia. Qué Clint Eastwood haya decidido filmar un musical de Broadway también es un tema intrigante, pero falta recordar que Eastwood lleva casi cincuenta años tratando de levantar una carrera musical y es un fiel aficionado del jazz.

Eastwood con los "Four Seasons". Foto muy chingona?, claro es de Annie Leibovitz.

Eastwood con los “Four Seasons”. Foto muy chingona?, claro es de Annie Leibovitz.

Los momentos musicales son otra cosa, Eastwood, decíamos que es un melómano, retrata lo emocionante de las presentaciones sesenteras como debe de ser. No hubo playback, las voces fueron grabadas en vivo, así como uno que otro instrumento, brindándole a esas escenas la frescura de una presentación musical auténtica. Para los fans de la música de The Four Seasons será placentero escuchar “Sherry”, “Walk Like A Man” y “Working My Way Back To You”, aunque fue para mí pecado mortal relegar a una joya de la música de aquella época (una década plagada de buena música) como “Rag Doll” a música de fondo mientras los personajes hablan. “Who Loves You” también recibe un trato indiferente, y la historia no alcanza a cubrir el último éxito de Valli, “Grease”, el hit de la película del mismo nombre.

Para cuando todo el elenco se pone al final a bailar en una supuesta calle de Newark al ritmo de December, 1963 (Oh, What A Night), incluyendo a Christopher Walken en su papel de mafioso, recordándonos sus pasos en el video de Fatboy Slim para “Weapon Of Choice”, llegué a la conclusión de que ésta no era una de las obras maestras de Eastwood, pero un buen rato de entretenimiento, en base a una buena adaptación de una exitosa puesta en escena, y que elogia a un grupo musical subvaluado.

Y ahora, Clint Eastwood cantando.

3 / 5

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