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Okja

18 Jul

Okja es el proyecto más reciente del celebrado director surcoreano Bong Joon-ho (Snowpiercer), es una producción de Netflix que recibió su estreno en Cannes de este año, 2017, al ser parte de la muestra oficial que compitió por la Palme d’Or, y donde dicen el público de conocedores abucheó cuando apareció el logo de Netflix en la pantalla. Es el típico cuento de “una niña y su animal”, pero con mensajes positivos sobre la conservación ecológica, el malestar de comer carne (aunque visto más desde un punto de vista emocional, que ecológico) y finalmente sobre el amor incondicional. Okja es visualmente atractiva y las partes de acción, principalmente algunas persecuciones en autos, son filmadas con destreza por Joon-ho, quién tiene suficiente experiencia en el género de acción, y por el director de cinematografía Darius Khondji.

El problema está en la diversidad de géneros que Joon-ho malabarea en este guion que co-escribió con Jon Ronson, se puede descartar como un lindo cuento cinemático para que lo disfruten los niños, ya que está calificada para adultos por Netflix, y con buena razón, hay algunas escenas violentas que desencajan en esta fábula, especialmente una violación implícita a un animal…hasta ahora me entero que un animal puede violar sexualmente a otro.

Okja es el nombre del super-cerdo desarrollado por medio de la ciencia genética por la malévola corporación Mirando, cuya presidenta, la excelentemente malvada Tilda Swinton, como el personaje de Lucy Mirando, pretende borrar de la memoria del público consumidor los recuerdos de su abuelo, su padre y su todavía más malvada gemela Nancy Mirando. Está en su plan maestro el comercializar los super-cerdos para su delicioso consumo, engendrados artificialmente, pero detrás de una fachada humanista y eco-friendly, para ello trama el concurso del Mejor Super-Cerdo, donde 26 super-cerditos bebés son enviados a 26 países diferentes para que vivan felices y contentos hasta que crezcan y regresen al corporativo norteamericano donde los espera el matadero, después de colgarles su medalla de ganadores, claro.

Gyllenhaal como el nada simpático Johnny Wilcox

Mientras tanto, Okja lleva 10 años viviendo en las montañas de Corea del Sur junto a Mija (Ahn Seo-hyun) quien la ha cuidado desde pequeña (Okja es hembra), y las dos viven con el abuelo de Mija, un viejito granjero que a pesar de que tiene las mejores intenciones para su nieta, termina por dejar que el corporativo Mirando ejerza los derechos sobre Okja para que se la lleven a E.U.A. Las escenas de Okja y Mija en el escenario idílico de las montañas surcoreanas es de lo más disfrutable de este filme, Boon-ho no es de los directores más sutiles y el primer capítulo de la película está diseñado para inspirar en nosotros un sentido de reverencia hacia la naturaleza, donde Mija y Okja se revuelcan por el pasto, saltan a los cristalinos agujeros de agua (con cascadas en el fondo), comen unos apetitosos grandes frutos anaranjados y se toman una placentera siesta a la sombra de los árboles, con Mija recostada en la panza de su super-cerdo.

Es un escenario demasiado perfecto y sabemos que pronto llegará la manzana de la discordia, en este caso, en la forma de “la cara de la marca Mirando”, el zoólogo superestrella Johnny Wilcox, que viene siendo Jake Gyllenhaal interpretando a un Steve Irwin en cocaína. El personaje que construyó Gyllenhaal es nefastamente irritante, no quedaría nada fuera de lugar en un programa sesentero del viejo Batman (QEPD Adam West). Gyllenhaal llega para llevarse al cerdo Okja a EUA y Mija sale a su rescate, enojada por enterarse de las negociaciones que hizo su abuelo. La niña cruza su camino con la organización semi-terrorista ALF (Animal Liberation Front), quienes idean un plan de rescatar a Okja, instalarle una cámara escondida y regresarla a la compañía Mirando para grabar a escondidas las atrocidades que ocurren adentro de Mirando, incluida la experimentación genética, los animales que “nacen” deformes que el público general no conoce, y en general, la crueldad con la que tratan a los super-cerdos. El ALF está liderado por Paul Dano, interpretando a Jay, y como cualquier papel de Dano, no se sabe si en el fondo su personaje es realmente un sicópata o simplemente es su gesto permanentemente entristecido y al borde del llanto.

El desenlace es anticlimático, es una trama larga y Boon-ho trata de darle una conclusión completa a un público general que seguramente esperaba satisfacción al final de esta seudo película familiar, aunque como ya lo hemos comentado, está catalogada como solo para adultos. Algunos aficionados a la tecnología estarán contentos con la apariencia del grande animal diseñado con efectos computarizados, personalmente creo que esta bestia CGI es inestable, igual puede parecer “real” en algunas tomas a larga distancia, pero los acercamientos a su “rostro” son para creerse menos, y queda claro que a Okja le quitaron casi cualquier aspecto porcino para que se pareciera más a un perro, y la gente pudiera empatizar más con ese “rostro” sin nariz de cerdo.

Okja va de más a menos, y puede que varios como yo se vayan sintiendo cada vez más desilusionados con este último fenómeno mediático, pero deja cosas buenas, y no me refiero a solo un sermón ecologista, pero a algunas buenas escenas de acción, algunas buenas actuaciones (la estelar Seo-hyun, así como Swinton) y las buenas intenciones de Netflix por seguir rompiendo paradigmas.

2.5 / 5

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Hail, Caesar!

20 May

hail caesar 1

Al mundo siempre le hace bien una comedia negra de los hermanos Coen. Me gustaría saber qué artista cinematográfico ha hecho más por ese género, como este prolífico par lo ha hecho por 30 años. Prolíficos porque al parecer les pica el trasero estar más de un año sin filmar uno de sus idiosincráticos filmes, combinación entre lo chusco y la desgracia; en nuestros tiempos, ya se puede empezar a clasificar las comedias negras de los Coen en sub-géneros: dramáticas como en Fargo, contemplativas como en A Serious Man, de suspenso como en No Country For Old Men (si levantó suficientes carcajadas como para considerarla una comedia, que no?) y de western como en True Grit.

Hail, Cesar! es como una carta de amor al Hollywood de le época de oro del cine norteamericano, pero escrito por alguien con un sentido del humor muy sarcástico. Los personajes en esta trama de los Coen deambulan por los campus de los grandes estudios de Los Ángeles, paseándose por producciones épicas al estilo Ben-Hur, entre elaborados números bailables como Singin’ In The Rain, westerns al estilo Roy Rogers y escenas de baile acuático sincronizado; si esa no es una carta de amor al Hollywood con el que los Coen crecieron en los 50’s, entonces no se qué filme de ellos podría calificar como tal cosa…lo que pasa es que algunos críticos confunden el humor negro y el sarcasmo de los Coen, con genuino desprecio (como si hubieran empezado a filmar películas el año pasado).

Clooney como el protagonista

Clooney como el protagonista

Como es costumbre en una película de los hermanos, el guion está bien trabajado, y es por demás chistoso. Es rápido y los chistes te pasan por encima de la cabeza si pestañeas. El elenco coral, es decir, de varios actores y actrices bien reconocidos por su capacidad histriónica, se siente completamente en sincronía y cómodo al momento de interactuar entre ellos. En el centro está Josh Brolin como Eddie Mannix, un ejecutivo de producción de los Capitol Studios, quien se la vive arreglando los problemas de su “talento”; principalmente tratando de encontrar al secuestrado Baird Whitlock (George Clooney), una de las máximas estrellas del estudio, quien se encuentra filmando la épica, y homónima, “Hail, Caesar!”, el cual es un inflado proyecto que pretende contar la historia de Jesucristo. Es parte de la comedia que el superastro ha sido capturado por el peor enemigo de la sociedad norteamericana de aquel entonces, un clandestino grupo de comunistas, conformado por resentidos escritores de cine, que piensan obtener una jugosa recompensa del secuestro…y dirigirla hacia sus jefes soviéticos. La suspicacia y el presunto peligro que representaban un montón de intelectuales anti-capitalistas en plena era del Senador McCarthy eran válidas y estos disidentes eran considerados como los peores terroristas extremistas de la época…pero visto en retrospectiva, no queda de otra más que pensar que todo el asunto anti-comunista fue un ejercicio bastante bobo.

La trama se envuelve en los problemas de otras estrellas del estudio, incluyendo a una Scarlett Johansson que entre tomas de su producción acuática bailable, y mientras le quitan con gran esfuerzo su cola de sirena, trata de esconder con Mannix un posible embarazo por parte de un padre desconocido (escándalo que seguramente hubiera sido terrible para su carrera de diva). Con una idea que parece ridícula al principio, pero más sensata conforme avanzan los minutos, deciden que la actriz dé a adoptar el hijo clandestinamente, para después adoptarlo ella misma. Para ello emplean los servicios de un padre sustituto, pero en verdad otro “fixer” de Hollywood a sueldo, Joseph Silverman (Jonah Hill).

Mannix trata de traspasar una de sus estrellas del western, el trovador-jinete, Hobie Doyle (Alden Ehrenreich) de las películas de caballos a los dramas románticos del afeminado director europeo Laurence Laurentz (el camaleónico Ralph Fiennes) para gran disgusto del director; al mismo tiempo que el ejecutivo le trata de acomodar a su estrella vaquera un romance con la actriz Carmen Valdez (Verónica Osorio), en un rol que recuerda a Carmen Miranda. Mientras que en otro foro del campus, el bailarín Burt Gurney (Channing Tatum) ejecuta coreografías de baile al estilo Gene Kelly…escondiendo su verdadera identidad como espía para los soviéticos. Las producciones del cine de antaño vuelven a la vida gracias al lente del cinematógrafo Roger Deakins, regresando del formato digital al filme para darle esa calidez a las escenas. El resto del diseño de la producción de esta película, desde el vestuario hasta las locaciones, es igualmente impecable.

Joel y Ethan Coen con Brolin y Clooney

Joel y Ethan Coen con Brolin y Clooney

Mannix tiene su plato rebozando de problemas, mientras que las columnistas de chismes del espectáculo, las gemelas Thora y Thessely Thacker (ambas Tilda Swinton), merodean los estudios con el deseo de que algún pedazo de chisme caiga al piso para publicarlo al siguiente día. Y al final del día Mannix padece de algún cabo suelto que resolver….ah si, encontrar a Clooney!

Al contrario de su otra sátira que le hacen a Hollywood, la aclamada Barton Fink (1991), en Hail, Caesar!, se encuentran unos hermanos Coen divirtiéndose en la realización, y compartiendo ese júbilo con el público. Parece que con el paso de los años, y el advenimiento del éxito, la postura de los Coen sobre Hollywood se ha suavizado bastante. La diversión se encuentra también dentro de los malabares que hacen con los diferentes géneros del cine; en este caso el secuestro de Clooney es casi solo un macguffin, y nadie debe considerar a la trama que le sigue como una de suspenso; es solo un detonante, y un pretexto, para empezar a girar los engranes de un mundo cinematográfico más de los Coen. Suspenso es aquel que nos aqueja al tratar de adivinar si la próxima película de los hermanos será un éxito o un trozo de estiércol (The Ladykillers, alguien?), pero mientras tanto nos han servido este suculento pedazo de cine.

4 / 5

The Grand Budapest Hotel

17 Jul

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“Es hermosa, es bella,” o hasta la ligeramente ofensiva “es bonita” son calificativos obvios y automáticos al momento que uno empieza a hablar de una película de Wes Anderson. Es precisamente la manera en como exalta el componente visual de sus trabajos que le ha ganado las principales críticas de sus detractores, que no se concentra demasiado en contar una buena historia. Grand Budapest Hotel es un triunfo módico en cuanto al alcance de su narrativa, explorando temas más profundos como le evanecencia de la civilidad desde…em…siempre, hasta la importancia de la lealtad y la amistad.

Pero no cabe duda que Anderson es un ser completamente visual. Desde que empezó Grand Budapest Hotel me distraje por momentos con un pequeño juego mental. Ya sabía de antemano que sus encuadres son simétricos al más puro gusto clásico, bueno, pero que tanto?. Joder, pues no exagero que cada escena, cada segundo de este largometraje está perfectamente encuadrado como si fuera una foto, es decir, podrías imprimir cualquier instante de esta película y tendrías una bella foto para pegarla donde quieras o un wallpaper para tu desktop. Los personajes siempre caminan, se acuestan, hacen lo que sea como guiados por una mano espiritual (y con obsesión compulsiva). En una escena el personaje principal de Monsieur Gustave (Ralph Fiennes) camina con otras dos personas a sus espaldas, las dos personas primero cada uno al lado de Gustave, luego los dos a su costado derecho, la mitad del cuerpo de cada personaje asomándose por detrás del que va enfrente…Anderson es realmente el único director al que la palabra “exquisito” se le puede adjudicar sin remordimiento alguno.

Una escena cualquiera, con Owen Wilson al centro..no es simétrica, pero todo y todos están colocados  meticulosamente

Una escena cualquiera, con Owen Wilson al centro..no es simétrica, pero todo y todos están colocados meticulosamente

En el supuesto país de Zubrowka, en la región de la Europea Central, es 1932 y el Monsieur Gustave es el excéntrico conserje del histórico Grand Budapest Hotel, un majestuoso palacio decorado al estilo art nouveau de pies a cabeza donde se recibe a la realeza europea y otros personajes de mucha lana. M. Gustave atiende a sus huéspedes con esmero y delicadeza, al mismo tiempo que entretiene a las ancianas viudas o divorciadas en la privacidad de las suites imperiales. Junto con su nuevo “lobby boy”, Zero Moustafa (Tony Revolori), atiende el funeral de una recien fallecida de 84 años Madame D. (la irreconocible Tilda Swinton) donde en un abrir y cerrar de ojos se ve envuelto en una gran polémica, específicamente es acusado como el asesino, y a quién le interesaba la herencia de la vieja aristócrata, incluyendo la invaluable pintura Boy With Apple, un objeto que sirve como el MacGuffin de la película, y que la ande persiguiendo todo mundo, incluyendo al hijo de la señora Dimitri (Adrien Brody) con la ayuda de su secuaz J.G. Jopling (un muy violento Willem Dafoe).

La cómica persecusión acaba con Monsieur Gustave en la cárcel, quién tras escaparse al puro estilo de los Marx Brothers, busca limpiar su nombre y esclarecer el complot, con la ayuda de su sirviente Zero.

No por nada el compositor Alexandre Desplat se está convirtiendo en el orquestador de sountracks más buscado del mundo, no solo ganó el Premio de la Academia con esta película, sino aparte participó en la terna con otro trabajo, aquel para The Imitation Game…y ha estado nominado desde 2009 solo con la excepción de un año. Su soundtrack compuesto por balalaikas, coristas folklóricos rusos, cuernos de los Alpes y demás curiosidades instrumentales. El resultado es un frívolo paisaje sonoro que encaja perfectamente con las excentricidades visuales de Anderson, aparte de que mantiene el guion fluyendo con simpatía y dinamismo.

Fiennes como M. Gustave recibiendo dirección de Anderson

Fiennes como M. Gustave recibiendo dirección de Anderson

Una vez más es el mundo de la aristocracia, en este caso la rancia clase alta europea, interpretado por Anderson. Sabrá Dios la fascinación de este director de Tejas por el mundo de las altas esferas sociales, como en Rushmore y The Royal Tenenbaums, pero como siempre es un escenario tan ridículo que invariablemente se presta para la comedia. El Monseiur Gustave se la pasa todo el filme lamentando la decadencia del buen vivir europeo, su loción por excelencia es “L’Air du Panache”, ni más ni menos, ese panache que se le va al continente. Pero Anderson es irónico en retratar las frivolidades de la alta sociedad mientras el nazismo y la Segunda Guerra Mundial empiezan a oscurecer el panorama europeo. Al estilo de La Règle De Jeu, los personajes están más preocupados con pendejadas como su loción o su repostería hasta que ya tienen a gendarmes de la Gestapo en su puerta. Grand Budapest Hotel está basada en los escritos de Stefan Zweig, un austrico que huyó su país cuando fue invadido por Hitler.

Un buen toque de Anderson, quien ideó la historia con Hugo Guiness, es el desdoble cronológico de la trama. La historia de Monseiur Gustave y Zero Moustafa es contada por Zero años después en 1968 a un joven escritor, interpretado por Jude Law, quién a su vez la documenta en 1985 al momento de escribir su libro, el cual a su vez es leido a la par que nosotros vemos la película por una adolescente en el 2015. No hay un significado profundo en este artificio, pero repito, me pareció ser un buen gesto.

Los cameos no se hacen esperar con Bill Murray, Bob Balaban y Owen Wilson, cuyo acento Tejano encaja tan bien en el ambiente de esta película como lo haría un toro mecánico en el lobby del Grand Budapest Hotel. La nueva adquisición del Equipo Anderson es Fiennes, en un memorable papel cómico y como uno de los personajes de Anderson más importantes desde Rushmore (quien iba a pensar que es el mismo actor que aparece en Red Dragon). Seguramente ya tiene su lugar asegurado en los futuros proyectos del prolífico Wes Anderson.

4.5 / 5

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