Metropolis

12 Jan

Uno de los pocos privilegios de arribar tarde a la degustación de los clásicos del cine es que en el caso de un inmortal del cine mudo como Metropolis, con 90 años de historia, uno no tuvo que pasar por alguna de las versiones de los distribuidores norteamericanos, los que le mocharon hasta una cuarta parte para re-acomodarla, insertarle nuevos diálogos entre las escenas y recortar a personajes fundamentales para las tramas alternas de la obra. Uno tampoco tuvo que haber aceptado la restauración y re-musicalización de Giorgio Moroder en 1984, como la versión definitiva por varias décadas, el cual reemplazó el clásico soundtrack wagneriano, por canciones de Pat Benatar, Freddy Mercury y demás artistas pop. Ahora, a partir del 2010, uno puede apreciar lo más cercano a una versión completa, que incluye el soundtrack original, re-grabado por la Berlin Radio Symphony Orchestra, pero más importante aún, la reintegración de casi media hora de contenido, después de que una versión de la película fue encontrada en filme de 16mm en un museo de cine en Buenos Aires, la cual fue restaurada por años y a un gran costo, para entregarle al mundo la película que el director Fritz Lang originalmente había concebido; dicen que esta última versión es solo 4 minutos más corta que la versión original.

La obra de Lang, basado en la historia escrita por Thea von Harbou, es el primer ejemplo de la ciencia ficción, por lo menos el más influyente e importante. Fue una producción gigante, con un costo, de $15 millones de dólares (valor en 2017) únicamente por la filmación (que duró casi un año), un elenco de 25,000 personas (la mayoría extras, claro), enormes sets y numerosas innovaciones dentro del área de los efectos especiales, como aquel conocido como el efecto Schüfftan (inventado por Eugen Schüfftan), donde se utilizaban espejos para insertar a actores en sets miniaturas; la utilización de espejos dentro del mundo de los efectos especiales sería una práctica común en las décadas posteriores. La prominencia del art decó dentro del diseño de la producción ayudaría a que aquel estilo estuviera de moda por el resto de los 20’s.

Metropolis

Desde las primeras escenas, de la ciudad homónima de la película, Metropolis, uno recibe el impacto de la influencia que ha tenido a lo largo de la historia del cine; desde Blade Runner a A.I., de Gattaca a The Matrix y cualquier científico loco desde “La Novia de Frankenstein”, hasta nuestros días; la visión artística de una metrópolis futurista, ya sea utópica o distópica, viene de Metropolis. Lang, por su parte, se inspiró en los rascacielos cuando visitó Nueva York por primera vez, así como en la legendaria Torre de Babel (cuya historia figura de manera importante dentro de la trama), así como novelas de H.G. Wells. El “Frankenstein” de Mary Shelley también se siente presente, en cuanto al concepto del engendro humanoide que provoca el temor en las personas.

El temor por la tecnología es el motor que impulsa a la trama de Metropolis, la primera película de ciencia ficción ya anticipaba la preferencia del género por el temor a los nuevos conocimientos. En la deslumbrante capital de Metropolis, los aristócratas juegan y se divierten entre lujos y los últimos avances de la tecnología; mientras que debajo de esta ciudad, existe otra para los obreros, un lugar austero, donde las jornadas duran 10 horas exactas, y la clase trabajadora nada más vive para laborar. Todo está regido por el poderoso empresario, Joh Fredersen (Alfred Abel), mientras que su hijo idealista, Freder Fredersen (Gustav Fröhlich) se congracia con el olvidado proletariado, después de que accede sin querer al bajo mundo mientras buscaba a su interés romántico, la bella Maria (Brigitte Helm).

En esa ciudad subterránea, Freder observa a los obreros laborando al unísono, bajando palancas, girando ruedas, en un ritmo grupal que recuerda al funcionar de un reloj suizo; hasta que una explosión en una de las enormes máquinas provoca que varios empleados salgan lesionados, y Freder, en su horror, alucina como algunos obreros son alimentados hacia una máquina que se ha convertido en un enorme monstruo, parecido al dios de Canaán, Moloch. El mensaje comunista del filme es claro y hasta insistente, el sufrimiento del proletariado a manos de las clases mejor acomodadas. Freder acude con su padre, quién despiadadamente ignora los suplicios de su hijo y peor aún, se entera por medio de su jefe obrero, Grot (Heinrich George), que los trabajadores planean sabotear las máquinas, liderados por (casualmente) la bella Maria.

Maria (Helm), durante la inundación después de la destrucción de las máquinas

El padre Fredersen acude al viejo científico loco Rotwang (Rudolf Klein-Rogge) para buscar su ayuda en desmantelar la próxima revuelta de los obreros, y entra en escena el androide creado por Rotwang, a quién le asigna la identidad de Maria (después de secuestrar a la Maria original), para destruir su reputación con los trabajadores. El clon de Maria seduce a los hombres de Metropolis con unos bailes seductores en el antro Yoshiwara (homenaje a la zona roja de Tokio) y los convence de que sería una buena idea destruir todas las máquinas para ser libres. El desastre azota a los ciudadanos de Metropolis cuando las máquinas dejan de funcionar, el caos reina por todos lados, y en medio de todo, Freder busca rescatar a la verdadera Maria de las manos del enloquecido Rotwang.

El mensaje principal de la película: “El mediador entre la cabeza y las manos debe ser el corazón!” (así, con signo de exclamación), es utópico e idealista, y recae en algún personaje su rol principal en la trama, estos son: el corazón/mediador (Freder), la cabeza (el padre, Joh Fredersen) y las manos (Grot). El director Lang llegó a arrepentirse de su obra maestra en años posteriores, al resto de nosotros, no nos queda de otra que re-evaluar esta película como una de las influencias más grandes que ha tenido el cine mundial.

4.5 / 5

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Stop Making Sense

13 Dec

Cuando uno piensa en el mejor filme de un concierto puede que uno imagine una colección de clichés: públicos enloquecidos, fuegos artificiales, tomas con cortes de edición rápidos, vestuarios estrafalarios y hasta enormes objetos inflables. Uno no se imagina a una banda en un simple escenario con luz minimalista, simplemente tocando, y con casi nulas tomas del público. Pero es precisamente lo que enaltece este trabajo de Talking Heads, concebido por su líder David Byrne, junto con el director Jonathan Demme (El Silencio de los Inocentes, Filadelfia). La exuberancia de la banda al tocar música es lo que cautiva, simple gozo por todo el escenario, retratado con el buen gusto de Demme, tomas creativas pero sencillas, y una edición que permite a cada toma respirar, que lo hace a uno no perder la atención y disfrutar la ejecución de cada músico. Un resultado final increíble, un parteaguas entre filmes de concierto como The Song Remains the Same y filmes musicales más artísticos, aunque me cuesta recordar algo tan emblemático como Stop Making Sense, en años más recientes.

El inicio es sencillo, una proyección de los créditos (en el font de Dr. Strangelove, font que también se puso de moda hace unos años en cosas como Where The Wild Things Are); acto seguido un close-up a los pies de Byrne, en unos Keds blancos, que se acercan hacia el micrófono, pone una grabadora en el piso y lo escuchamos decir “quiero ponerles algo”, para después escuchar una caja de ritmos, aparentemente proveniente de la grabadora, pero realmente es ya parte del sonido del concierto, y la caja de ritmos en cuestión es la clásica Roland TR-808 (la 808). La cámara panea hacia arriba y Byrne, con todas las luces prendidas, y el background del escenario pelón, hace una interpretación acústica, pero prendida, de “Psycho Killer”, una rola que para 1983 ya era bastante conocida. Esto establece el precedente de que Byrne, con pura guitarra y voz, sigue siendo un gran frontman, especialmente para más adelante en el concierto, cuando la banda completa, vestuario e iluminación ensalzan la presentación.

Byrne al principio, interpretando “Psycho Killer”, el fondo austero

Para la segunda canción “Heaven”, se le une la bajista Tina Weymouth, con sus pasitos/brinquitos que repetirá una y otra vez hasta el final del concierto; el baterista, y que tiene pinta más de casual godín, Chris Frantz, se une para el tercer número “Thank You For Sending Me An Angel”, el guitarrista/tecladista Jerry Harrison para la siguiente rola, “Found A Job”, y finalmente, los miembros del crew, empujan hacia el escenario los estrados restantes, de la banda acompañante: percusionista, tecladista, coristas; todos de raza africana, para entrarle con todo al que era el nuevo sencillo de la banda (y más grande éxito, a la larga), la energética “Burning Down The House”.

Los técnicos del crew van y vienen armando el escenario, desde el punto en que Byrne estaba solo con su guitarra frente a un background desnudo, hasta que el show se convierte en un espectáculo completo, con los fondos cubiertos de negro ahora proyectando cualquier cantidad de imágenes y mensajes, todos los músicos sudando, Byrne bailando con una lámpara; un show para disfrutarse más como una obra de arte holística, porque, a pesar de todo, Byrne, Weymouth y Frantz eran estudiantes de arte cuando se conocieron, y esa preferencia por lo dramático se seguía proyectando en su álbumes, y en este filme, que encajaba perfectamente con la destreza de Demme.

Nada de sexualidad, pura música, de hecho, Byrne bailando como epiléptico en su enorme traje sastre, durante “Girlfriend Is Better”, es lo menos sexual que pueda haber, pero no deja de ser hipnotizante, como se pierde en ese enorme traje, como un comentario hacia el avasallante capitalismo ochentero. Su comentario satírico hacia el consumismo sería inspiración para varias bandas en el futuro, incluyendo a Radiohead, quienes tomaron el nombre de la banda de una canción de Talking Heads.

Stop Making Sense encapsula el esquizofrénico arte de esta banda de Nueva York. Hoy en día sigue siendo el ejemplo perfecto del filme de un concierto llevado a otro nivel de arte, dejando los clichés de lado, e inspirando a miles de músicos, y cineastas, a su paso.

4.5 / 5

Lemonade

3 Dec

Es el acompañamiento visual al aclamado álbum de Beyoncé, Lemonade (2016). Este “video álbum” sirve para exaltar los mensajes de las canciones, aunque no se escucha el disco en su totalidad; sin embargo, las canciones de aquel trabajo adquieren un sentido más poderoso, casi poético, al entrelazar los sufrimientos de un engaño marital a planos más trascendentales, como el histórico sufrimiento de la mujer afro-americana en Estados Unidos, especialmente en el sur. “Queen Bey” utilizó a seis directores diferentes, incluido a Kahlil Joseph y el viejo lobo de mar de los videos musicales, Mark Romanek; el producto final es experimental y llamativo, muy de acorde con los videos musicales a los que estamos acostumbrados, hay una influencia de Terrence Malick (con quien Joseph trabajó en To The Wonder) y de Lars von Trier, en cuanto a la composición visual. Algunos pasan de lo ridículo a lo entretenido, como Beyoncé, en “Don’t Hurt Yourself”, caminando por la calle (claramente un set de estudio, quizás el mismo de “Make Some Noise” de los Beastie Boys) rompiendo cosas con un bate, para después subirse a un monster truck y aplastar unos cuantos carros, todo filmado en blanco y negro.

Lo que uno aprecia en este trabajo, al igual que en el álbum, es la evolución de Beyoncé de ensimismada berrinchuda, dolida por una infidelidad (tampoco digo que sea poca cosa), a incorporar elementos más importantes de su pueblo (entendemos que ella lucha por la mujer afro-americana), saltando a otros puntos geográficos, incluso otras épocas, específicamente la que llaman “antebellum” en el sur de EUA, antes de la Guerra Civil, y en los plantíos sureños donde la esclavitud era practicada. Los desplantes infantiles de las primeras canciones, como andar tirando swag, por ejemplo, la escena del bate que mencionaba, y del monster truck aplastando carros, da paso a una templanza que es merecedora de su cultura, de su gente, y de los sufrimientos que han aguantado otras mujeres negras, casi desde tiempos inmemoriales, para que ella pueda estar donde está. Yo me quedo con eso de Lemonade, tanto el álbum como este filme. Cabe decir que el álbum fue muy celebrado el año pasado y estuvo en muchas listas de publicaciones sobre los mejores álbumes del año.

Al inicio del filme, en modus millenial, tirando swag, con un bate, explosiones y “slaying, bitch”

Aparecen varios cameos de mujeres afro-americanas reconocidas, como Quvenzhane Wallis (a quién vimos en otra película sobre el “antebellum”, Beasts of the Southern Wild), Zendaya y la tenista Serena Williams bailando sensualmente durante la canción “Sorry”. También hay cameos culturales como el de Malcolm X diciendo “la mujer a que se le falta más el respeto en América, es la mujer negra. La persona más desprotegida en América es la mujer negra”, así como muchas alusiones a la esclavitud antes de la guerra civil, composiciones que aluden a los ahogados de Igbo, por ejemplo, un grupo de esclavos que prefirió ahogarse en el pantano, que vivir en la esclavitud.

Esta generosidad hacia sus antepasados, se va desenvolviendo hacia el final, al mismo tiempo que sostiene una narrativa personal entre ella y su familia, Jay-Z aparece en la porción para “Sandcastles”, y la pareja se deleita en su mutua presencia, aparentemente trayendo a Beyoncé a aceptar al amor de su vida, a pesar de sus infidelidades (sugeridas en las otras canciones), esto para aclararle a todos que sí, los desamores en las letras de las canciones van dirigidas a su esposo, HOVA. Ahora, si creen que la pareja más poderosa (y conocedora) dentro del entretenimiento, van a divulgar sus problemas personales; sin antes calcular cada riesgo, cada palabra; para el disfrute del público entero, pues creo que sería ingenuo, esto también en referencia al álbum de Jay-Z, 4:44 (2017), que supuestamente le “responde” a Lemonade.

Cerca del final, recreando a los esclavos en Igbo Landing, 1803

Pero para degustar un trabajo audiovisual que cautiva, Lemonade no decepciona; nuevamente, preferentemente como un acompañante del álbum. El crédito que le merece a la misma Beyoncé es algo para debatirse, estamos hablando de una figura dentro del entretenimiento que tiene a veinte co-compositores en solo una de las canciones del álbum, que reclutó a artistas como Jack White y Father John Misty, para darle el sonido que ella estaba buscando en ciertas rolas; el número de gente involucrada en el álbum, disponible en Wikipedia, se aprecia a simple vista como impresionante, al igual (y ya lo verán) los créditos de este trabajo fílmico, que fácil es 5 veces el número de individuos involucrados; y que nuevamente, empleó a 6 directores de renombre para este filme de solo una hora. Es tema aparte, yo la considero como una increíble gerente de proyectos (y con recursos, lana, para tirar para arriba). Es mejor disfrutar este “video álbum” sin prejuicios.

P.S. Aquí la porción de mi canción preferida, “All Night”:

3.5 / 5

The Song Remains The Same

27 Oct

Después de fumarme dos veces la discografía completa de Led Zeppelin, consideré que sería propio cerrar el “estudio” con este “rockumental”, o “concert film”, como más bien le llaman a este sub-género. Finalmente llegue a la conclusión de que no de ahora en adelante no tendré ningún pedo con algunas personas que juran que Led Zeppelin ha sido la mejor banda de todos los tiempos, no comparto la opinión, pero creo que entiendo porqué lo dicen.

La discografía del grupo es un tema aparte, pero en The Song Remains The Same encontré algo que me faltaba ver: el poder de la banda en vivo. Filmado por tres noches en el icónico Madison Square Garden de Nueva York, la presencia de la banda sobre el escenario es imponente, también en parte a las tomas en plano picado invertido del director Joe Massot, y su reemplazo, el director australiano Peter Clifton, quién sugirió filmar escenas adicionales en un estudio en Inglaterra. Me fue muy difícil diferenciar entre las escenas auténticas en el Garden y aquellas donde hacen playback en el estudio inglés. El representante del grupo, Peter Grant, uno de los managers más temidos en la historia, despidió a Massot y luego también tuvo problemas con Clifton. Hubo tanto conflicto, que el filme se demoró 3 años en estrenarse después de haber filmado los conciertos en Nueva York.

Efectos especiales como estos se volvieron sosos en los 80’s, pero a principio de los 70’s, eran cool.

Los miembros del grupo expresaron su insatisfacción en años posteriores sobre el performance que dieron, ya que el estándar de calidad para una presentación de Led Zeppelin era alto, pero el resto de nosotros podemos observar presentaciones potentes de clásicos como “Rock And Roll”, “Dazed And Confused” y “No Quarter”. Es memorable para muchos la extendida interpretación de “Moby Dick”, un número infaltable en el repertorio en vivo de la banda, es recordado por el solo instrumental del baterista John Bonham, a quién vemos, incluso, tocando la batería con las manos, sin baquetas. Fue lindo poder conectar algunos puntos, como por ejemplo en el último “rockumental” que había visto, Funky Monks, sobre los Red Hot Chili Peppers, vemos al productor (y ávido fan de Zeppelin), Rick Rubin, mostrándole al baterista Chad Smith algunos videos de Bonham (quizás este documental que estamos reseñando), analizando con él los movimientos del baterista (Bonham falleció en 1980), y en la siguiente escena, aparece Smith con el resto del grupo, durante una interpretación al aire libre de “They’re Red Hot”…está Smith tocando su batería con las manos, sin baquetas.

Ya sabíamos que la influencia de Zeppelin sobre la música y la cultura en general ha sido inmensa por décadas, pero finalmente, en The Song Remains The Same, uno puede ver, en primera fila, el swag de una banda de rock que por muchos años enseñó a otras bandas como tocar, vestirse, pararse en el escenario, y en general, cómo ser una banda de rock.

Mucho se ha dicho sobre las famosas viñetas surrealistas que están insertas a lo largo del documental, realizadas para quitarle la monotonía a más de dos horas de material de concierto. De hecho, la primera viñeta (y las primeras escenas del documental en general), con el manager Grant y el tour manager Richard Cole, semejando a gangsters de los 20’s durante un asesinato, habrá tenido a más de uno (como a mí) revisando el material videográfico para constatar que en efecto se trataba del documental sobre Led Zeppelin. Aparte de esa primera viñeta, el resto se centra en un personaje de la banda: el cantante mitad hombre, mitad elfo, Robert Plant; el enigmático y delgado genio de la guitarra Jimmy Page; el multi-instrumentalista y corte de príncipe valiente John Paul Jones; y Bonham, el lacónico baterista. A excepción del percusionista, las viñetas audiovisuales de los demás invocan algún tipo de fantasía medieval, con castillos, doncellas, monjes encapuchados, y uno que otro efecto especial, como Page aventando luz de los ojos, mientras se encuentra sentado a la orilla de un arroyo tocando un hurdy-gurdy. Solo Bonham escogió que lo filmaran haciendo las cosas que le gustan, incluyendo correr un dragster en una pista de carreras. Para los que no hemos mucho material visual de este hombre, cuyo fallecimiento ocasionó la desintegración del grupo, fue toda una revelación verlo disfrutando sus actividades, en video de muy buena resolución.

La viñeta surrealista de Robert Plant, donde se come un hongo

The Song Remains The Same es una presentación llena de poder, pero de belleza y melancolía también; ver a la banda dentro del auto al recorrer las calles de downtown Pittsburgh, con los acordes acústicos de “Bron-Yr-Aur” de fondo, es agridulce porque es sobre una época que ya no existe, uno ve el reflejo del sol en los rascacielos y siente que está vivo a mitad de los 70’s viviendo el sueño de rocanrol que apasionó a tantos baby-boomers. La textura de las escenas es cálida, gracias a la filmación en película cinematográfica. Al final escuchamos la versión de estudio de “Stairway To Heaven”, los grandes carros americanos del grupo parten del recinto terminado el concierto, el convoy pasa a un lado de una groupie que espera en uno de los túneles de la salida del estacionamiento, con dos coletas en su cabeza y vestida en un atuendo ajustado, espera a ver si uno de los carros de los músicos se detiene y se hace su día de suerte, pero se siguen de largo, no la pelan.

P.S. Aquí la interpretación de “Dazed And Confused”, algo leve, de 28 minutos, del primer álbum, Led Zepellin:

3.5 / 5

Funky Monks

15 Oct

Si juntamos este filme, el cual documenta el periodo de grabación de los Red Hot Chili Peppers durante Blood Sugar Sex Magik (1991); más Stuff (dirigido por Johnny Depp), que abarca los mediados de los 90’s; más el documental para la promoción de Californication (1999); llego a la conclusión de que la vida de John Frusciante fue documentada durante poco más de 10 años (desconozco si hay documental para algo de By The Way, del 2002, aunque ese periodo si está registrado en el libro Scar Tissue del vocalista Anthony Kiedis). Funky Monks es un recuento de las semanas de grabación de la banda californiana en la que dicen era la casa de Harry Houdini en Los Ángeles, para el álbum que los llevó al mainstream empezando los 90’s. Vemos el génesis y progresión musical de clásicos del álbum como “Suck My Kiss”, “Give It Away” y “Under The Bridge”; así como “Soul To Squeeze” que fue lanzado después.

Es un documento importante en la dinámica de la banda durante aquella época, y es interesante para aquellos que nos fascinamos con esas dinámicas de grupo que hacen funcionar a nuestros conjuntos favoritos. En este caso el cuarteto de Frusciante, Kiedis, Flea y Chad Smith se ve trabajando en conjunto y con su productor Rick Rubin (indudablemente uno de los oídos más finos dentro de la historia de la industria musical). Se ven jóvenes e hiperactivos, lo que uno reconoce en un “chili pepper”, de hecho, Flea sentencia en una toma individual: “Ser un ‘chili pepper’ es ser libre en tu manera de pensar, no tener ataduras, y esto se extiende a tu vida, a tu manera de vestir…ser alguien sujeto a los clichés del rocanrol no te haría candidato para ser un ‘chili pepper'”. Dentro de la historia musical de Los Ángeles puede haber otros grupos candidatos a ser los mayores prodigios musicales, como The Beach Boys o Love; pero no cabe duda que, al igual que The Doors en los 60’s, los Red Hot Chili Peppers llegaron a simbolizar ese libre espíritu californiano en estas últimas dos decadas.

Flea, Smith, Frusciante, Kiedis

La dinámica grupal en este documental es muy diferente a lo que fue post-Californication; aquí todavía se ve a un precoz Frusciante, inseguro frente a Kiedis, permanentemente buscando su aprobación, y al mismo Kiedis, durante uno de sus periodos de sobriedad, seguro y elocuente, en una de las escenas más memorables Frusciante, bien ondeado como siempre, opina sobre el álbum:

“Increíble, celestial, lo mejor del mundo”, mientras Kiedis hace caras de pena ajena, antes de intervenir.

“Si Baron von Münchhausen hubiese eyaculado a los cuatro de nosotros, los Red Hot Chili Peppers, sobre un tablero de ajedrez, Rick Rubin sería el jugador más apto para el juego”.

Frusciante sonríe pendejamente.

Es un documento interesante pero “for fans only”, filmado en el típico estilo de cinéma vérité (en blanco y negro, como no), es crudo para cualquier espectador casual (aunque no tanto como el mencionado Stuff, al que de plano califico como experimental-psicodélico, debido a la crudeza). Las cámaras hand-held están notablemente ausentes, lo que nos ahorra el típico mareo que uno encuentra al ver este tipo de trabajos, en su lugar, el manejo de cámaras trata de ser más artístico, aprovechándose de los bellos jardines de La Mansión (la cual Rubin, el productor, eventualmente compró para usarla como estudio), aunque debe decirse que ningún jardín se alcanza apreciar en blanco y negro y en filme de 16 mm (y peor aún, es difícil encontrar una copia de buena calidad de este filme). Pero si estás leyendo a estas alturas del texto, es porque tienes algún interés, en lo mínimo: pasajero, sobre los Peppers; en dicho caso, adelante, porque a mí me recordó cuanto quiero a este grupo, y en lo mínimo te llevas una hora de rockumental entretenido.

2.5 / 5

Gaga: Five Foot Two

26 Sep

El viaje interior por el mundo Gaga no rompe paradigmas en cuanto al retrato cinéma-vérité que caracteriza al rockumental sobre un artista en solitario que el mundo ha visto desde Dont Look Back, pero para los fans de Stefani Germanotta es una rebanada suculenta de su artista favorita, en el sentido que encuentra a la artista ante la disyuntiva artística de que hacer después de que se ha tocado lo más alto del firmamento pop. “Es increíble, pero es medio triste, ya no habrá algo más grande que esto”, dice Gaga en la antesala de su presentación durante el pasado Super Bowl LI (púdrete Brady), y se le ve bastante consciente de que ha pisado el “escenario más grande del mundo”. Es notorio que la artista se enfoca principalmente en una proyección masiva, en millones de discos, taquillas en los conciertos y premios; su obsesión con la fama, aquella labrada por las Hilton y las Kardashian, la sigue impulsando a ser competitiva; pero en Gaga: Five Foot Two, se asoma solo por momentos las raíces de su éxito, una compositora y prodigio musical que se barajea el piano y la guitarra como si fueran extensiones de su cuerpo.

Los que no son fans, pero solo observadores casuales podrán reclamar que este trabajo es casi un video press kit embalado para promocionar el último disco, Joanne, incluyendo los clichés divescos: confesiones en la cama de masajes, lágrimas en suites de lujo, y un perpetuo enjambre de estilistas, maquilladoras, manicuristas y asistentes revoloteando por su cabeza mientras ella se sincera con la cámara. No hay nada sobre los inicios de Gaga, sus primeros pasos e inspiraciones, su estancia en una banda de covers de Led Zeppelin, o sus primeros pasos como actriz en los Sopranos. Nada de eso, más que el génesis del último álbum, la agonizante muerte de su tía, Joanne Germanotta, antes de que ella naciera es de lo más revelador en este documental. El que la artista (cuyo segundo nombre es Joanne, en memoria a su tía) tenga una conexión profunda con una persona que murió antes de que ella naciera, el apego a la familia es fuerte para Gaga, “lo más importante en la vida”, dice ella…acto seguido toca “Joanne”, la canción, para su abuela y su padre, Joe Germanotta, este último no puede con la emoción y se refugia fuera de escena. El director Chris Moukarbel trata a veces demasiado en humanizar a Gaga, y aunque la técnica pueda ser burda, no hay duda que la verdadera Gaga tiene corazón.

Dos inseparables: sus cigarrillos de clavo y su clásico Mercedes Benz en powder blue

Hay un tema ineludible en todo este rollo, y es, la comparación con Madonna. No solo en el sentido general como artista (revolucionaria del pop), y hasta musical (los parecidos de “Born This Way” de Gaga con “Express Yourself” de Madonna, por ejemplo) sino específicos a este filme, y es que nadie puede hacerse el desentendido y pretender que este documental no tiene un fuerte parecido con Madonna: Truth or Dare; pero mientras Madonna utilizó al documental para presentase como una inagotable fuente de diversión, Gaga ha decido retratarse como el ejemplo viviente del sufrimiento de una artista multimillonaria. Gaga sufre sus desamores y su dolor físico, que la ha acompañado desde que se fracturó una cadera hace un par de años. Es válido, pero también puede ser desgastante, después de hora y media, escuchar a una artista lamentarse sobre males que le aquejan a millones de personas normales, desde su mansión en Malibú.

Five Foot Two es Gaga como ella quiere que la veas, si puede haber algo deliberado, o ensayado, en su andar por la vida, muy probablemente es que así sea en verdad, sumiendo los cachetes al fumar sus queridos cigarrillos de clavo ha de ser ya como un instinto para ella, y no es que esté prendiendo el charm para las cámaras, pero simplemente siempre está en ON, una auténtica showwoman (?) para el mundo. Sería como pensar que lo que vimos en Amy fue planeado, o su actitud a lo largo de 10 años fue deliberada, simplemente así era. Gaga carga con el peso de su fama, a veces de una manera mucho más dramática de lo que parece, pero esa es su esencia, entretiene hasta a su sombra.

2.5 / 5

Grave

21 Sep

Felicidades, ha comprado usted un lobo cien por ciento de raza pura. Por favor siga las instrucciones aquí sugeridas para lograr la mejor adaptabilidad y manejo de su cachorro:

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Cinco, evite alimentarlo con carne cruda. Si lo hace despertará su instinto asesino y cazador.

– “El Salvaje”. Guillermo Arriaga. 2017

Raw le pusieron en inglés, Voraz en español, Grave es el debut de la directora francesa Julia Ducournau. Al filme lo precede los aspavientos mediáticos en torno a su supuesta capacidad para impactar a la audiencia, con los típicos cuentos de desmayos en las funciones festivaleras que normalmente incrementan la anticipación del público general. Pero también la precede su calidad como trabajo cinematográfico, acaparando buenas críticas en Cannes el año pasado. Pues estaba yo entre los que la anticipaba fuertemente, hasta que ayer tuve la oportunidad de verla en Netflix, y no cabe duda de que es un trabajo serio, estéticamente bueno sin llegar a ser espectacular, junto con un soundtrack eficiente y una dirección notable, para ser una ópera prima. Por el otro lado no puedo decir que este fue el filme que me dio una buena espantada, los sucesos grotescos son pocos realmente y la amenaza de lo que pudiera venir para Justine, la protagonista, no me terminó de titilar. Garance Marillier, como Justine, interpreta un personaje convincente, finalmente una muchacha deconstruida por su vicio inherente.

Se ha mencionado con frecuencia los paralelos artísticos entre esta película y el cine giallo setentero, y aunque la premisa de la chica inocente acorralada por su entorno maligno, los colores chillantes de noche, sangre especialmente brillante y un tétrico soundtrack (ahora con más harpiscordio!), le guardan una reverencia al género impulsado por Dario Argento, creo que sería solo digno de un holgazán resumir esta reseña en: “Suspiria Millenial”, así que venga.

Justine es la chica principal, que empieza su carrera en la facultad de veterinaria, donde su hermana mayor, Alexia, cursa actualmente, y donde sus padres también lo hicieron en su momento. La familia es estrictamente vegetariana. Como parte de los ritos de iniciación para los novatos, los veteranos los obligan a ingerir carne cruda de animal. Esto despierta en Justine su instinto voraz por la carne cruda, de preferencia humana. El despertar sexual de la chica dentro del primer año de la universidad, aunado a las fiestas y el alcohol, se unen en paralelo a su despertar como el monstruo que realmente es, no realmente una asesina, pero una devoradora de carne humana, y ya que no la venden en el supermercado…pues tiene que encontrar los medios para conseguirla. 

La metáfora de que su canibalismo representa su despertar sexual es obvia, así como las dificultades de una mujer joven por embonar en el mundo de adultos (porque patriarcado), esta incomodidad de una chica con su cuerpo ya había sido explorado por la misma directora en su corto Junior (2011), precisamente con Marillier como la estelar.

De lo mejor es la cinematografía; la escuela de veterinaria es un escenario ad-hoc para el suspenso, hay grandes animales por ahí, vivos y coleando, muertos sobre una plancha de metal, o desmayándose por los fuertes barbitúricos; la potencia de un caballo visto de cerca (lo suficiente para ver en sus ojos) es uno de los artificios del género del terror que más me gustan (se acuerdan del caballo en el ferry en El Aro?); hay una potencia indomable en el caballo que te hace sentir impotente, si es que la bestia decide enloquecer…Ducournau utiliza esto, y otras imágenes, de un cabello corriendo estático de una manera majestuosa (que recuerda a la primera proyección de la historia, El Caballo en Movimiento de Muybridge). Ducournau es sutilmente elegante en el manejo de las cámaras y los encuadres, lo cual ayuda a crear un ambiente sigilosamente macabro. Es suspenso bien construido, y uno se da cuenta de que tal vez el marketing de la película ha errado en tratar de venderla como un gorefest.

No, no hay zombies en esta película

Por otro lado, el desarrollo de algunos personajes es confuso, especialmente del de la hermana Alexia, que aunque cuenta con una actuación apasionada por parte de Ella Rumpf, no se termina por definir que rol juega en la vida de Justine: su mentora, su bully, su verdugo o su almohada?, los nexos que Alexia y Justine comparten en cuanto a el vicio destructor que las une es anticlimático cuando se revela, y quizás hubiera estado mejor servido si se hubiera guardado para el final. Ducournau trata de establecer un vínculo poderoso entre las hermanas, pero al final el vínculo es disparejo y no se sabe de dónde viene.

Raw es una ópera prima admirable por parte de Ducournau, será emocionante ver cómo crece esta cineasta. La película te puede gustar o decepcionar, depende de que prejuicios lleves a la sala de cine, pero una pérdida de tiempo no lo debe de ser para nadie.

3 / 5

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