Punch-Drunk Love

21 May

punch drunk love

Una de las películas más confusas de Paul Thomas Anderson vino en la forma de una comedia romántica con Adam Sandler; bueno, no llegaría al punto de llamarla comedia, sino más bien drama, y hasta de suspenso. Lo que pasa es que Sandler es inherentemente cómico, no por nada tiene la carrera que tiene como comediante, pero que a partir de roles seudo-dramáticos como este lograría consolidarse como buen actor en trabajos como Funny People (2009), mientras seguiría mamando millones como cineasta y trabajos como That’s My Boy (2012), la cual no pienso ver jamás aunque admiro a Sandler y Andy Samberg como comediantes.

Pero más interesante aún es este intermedio en el catálogo de Anderson, entre las dinámicas, pero pesadotas, películas noventeras como Boogie Nights (1997) y Magnolia (1999), y su periodo contemplativo algunos años después con There Will Be Blood (2007) y The Master (2012). Punch-Drunk Love (2002) es un matrimonio entre sus dos estilos cinematográficos de esos dos periodos diferentes, el manejo de cámaras anárquico y la edición frenética de sus trabajos noventeros darían paso al estilo clásico empezando con There Will Be Blood, Punch-Drunk Love es un punto intermedio.

Sandler con el harmonium, instrumento musical torno al cual fue armado casi todo el soundtrack

Sandler con el harmonium, instrumento musical torno al cual fue armado casi todo el soundtrack

En el valle de San Fernando, en Los Ángeles, Barry Egan (Sandler) vive una vida solitaria, es empresario de media monta, opera un tipo de comercializadora que coloca productos para el baño, su vida es tremendamente aburrida por todos lados. El amor llega a su puerta, o más bien a la de su negocio, en la forma de Lena (Emily Watson, por aquellos años que parecía despegar como una de las grandes actrices del mundo). Sin embargo al mismo tiempo que Barry empieza a cortejar a Lena se ve involucrado en una situación peligrosa donde un criminal interpretado por Philip Seymour Hoffman lo acosa para recuperar una supuesta deuda. Barry se encuentra perseguido por unos criminales al mismo tiempo que supera sus propias inseguridades para aventarse a conseguir el único amor sincero que quizás ha experimentado en toda su vida.

Algunos personajes importantes de la industria la han llamado su comedia favorita, a mí no se me hizo algo excepcional para los estándares de PTA, más como una curiosa entrega para entender la obra general de este excelente cineasta.

P.S. Aquí un buen intercambio entre Sandler y Hoffman

3/5

Magnolia

16 Apr

magnolia 2

La resistencia y a la vez, belleza, de la flor que le da el título a esta película es comparable a las cualidades de los personajes que Paul Thomas Anderson reunió para su tercer largometraje. O igual cada pétalo puede representar una de las vidas de las nueve personas en cuestión, y como se cierran y llegan a tocarse con la ausencia del sol, durante el momento más oscuro. A diferencia de sus otros proyectos, encontré que en Magnolia no hay un tema especial que consolide la trama, no es una historia durante un específico periodo pasado de la historia, ni es dentro de una industria peculiar, como la petrolera o la de la pornografía. Magnolia es más planita en ese sentido, es en el presente de aquel entonces, finales de los noventas, en el San Fernando Valley de Los Ángeles y ya con eso empezamos.

“Quería hacer la película definitiva sobre el valle de San Fernando”, dijo PTA en una entrevista; y para ello echo mano de nueve historias ficticias muy diferentes entre sí para ayudar a entender el caótico trajín cotidiano de esa parte de L.A. desde diferentes puntos de vista. Varios de los actores que le funcionaron en Boogie Nights, también basada en esa región geográfica, regresaron con Anderson para Magnolia, tal como William H. Macy, personificación total de los nervios a punto de explotar, Philip Seymour Hoffman como un enfermero lleno de compasión y Julianne Moore, una perra caza-maridos que le da un sentido a su vida cerca del final de la historia.

PTA en el set de Magnolia

PTA en el set de Magnolia

Anderson decide como cada vida se entrelaza con otra y entra en contacto con las demás, te expone a las inverosímiles casualidades desde el principio de la película, que empieza con una serie de escenas anecdóticas de la historia del Valle de San Fernando, como la vez que un buzo (un joven Patton Oswalt) terminó empalado en la cima de un árbol después de que un avión lo levantara del lago donde buceaba para ir a apagar un incendio forestal; o la vez que un tipo se aventó de la azotea de un edificio y durante su caída, por una ventana, la bala de una escopeta lo alcanza en el abdomen gracias a una pareja que peleaba con escopeta en mano en el tercer piso, esta pareja resultando ser sus padres. “Este tipo de cosas pasan” es una frase que repiten varios de los personajes, por más increíbles que parezcan, incluso cuando Anderson recurre a una de las plagas bíblicas para que caiga sobre la ciudad, uno de los personajes voltea a la ventana y comenta “es que este tipo de cosas si pasan”.

Tom Cruise aparece en lo que es una revelación histriónica como Franck T.J. Mackey, un seminarista misógino que les enseña a salones llenos de hombres faltos de sexo en su vida como “cazar” mujeres, “seduce and destroy” reza su slogan. Megalómano y exageradamente extrovertido y narcisista, el personaje de Cruise es desenmascarado poco a poco, a través de escenas que se intercalan durante las tres horas de la película, por una curiosa entrevistadora insistente en conocer quien es realmente este hombre. Por cierto, viendo a Cruise en este papel, rápidamente imagínenselo saltando en el sillón de Oprah, volteando mesas y regañando a Matt Lauer, me vino a la mente que estaba viendo a Christian Bale en uno de sus personajes más extremos, o cuando le iba a partir en la madre a ese pobre director de iluminación (porqué si es británico lo estaba regañando con acento americano?) y me acordé de lo que dijo Bale en una entrevista, que la personalidad que utilizó en American Psycho está basada en una ocasión cuando conoció a Cruise en el show de Letterman, “te saludaba con todo el entusiasmo del mundo y te apretaba la mano fuerte, pero detrás de sus ojos no había nada” dijo Bale en su momento. Cruise como T.J. Mackey es ese Cruise del que Bale hablaba, y le queda perfecto a la trama.

El maniaco Cruise como T.J. Mackey

El maniaco Cruise como T.J. Mackey

El frágil autoestima de T.J. Mackey se deteriora aún más cuando tiene un encuentro cara a cara con su moribundo padre, el legendario conductor de la televisión Earl Partridge (Jason Robards) en su lecho de muerte, sacando a relucir todos los traumas del pasado que habían hecho que Mackey se distanciara. El que se desvive por lograr esta reunión es el enfermero personal de Partridge, Philip Seymour Hoffman como Phil Parma, en un papel tan lleno de compasión y ternura que nuevamente, y entre un elenco repleto de estrellas y talento, hizo que mi inversión emocional estuviera con las escenas de Hoffman y verlo actuar, aunque fuera haciendo una simple llamada y rogando que no le colgaran. Julianne Moore es la joven esposa del moribundo Partridge y después de estar esperando por años a que se muriera el viejo, parece en el último momento sinceramente querer que no se vaya.

En otro pedazo de la trama, otro afamado conductor, Jimmy Gator (Philip Baker Hall) se entera que tiene cáncer y parece prepararse para su desenlace al estilo del señor Partridge. Y entre todo esto, William H. Macy es un patético (acaso no siempre lo es) adulto en crisis otrora genio y estrella infantil, deambulando por la vida recordándole a todos que solía salir en la tele en 1968 y como su padre le robó su dinero; por otro lado el niño genio Stanley (Jeremy Blackman) de diez años está harto de ser una estrella de televisión donde utiliza sus conocimientos para ganar dinero y complacer a su padre. Hay una escena fundamental a la mitad de la película, donde todos los personajes principales cantan por separado “Wise Up” de Aimee Mann, algunos en sus cuartos, o en sus carros, repiten el refrán “it never stops”; y así esto nunca para, una leyenda de la tv se muere de cáncer mientras otra se entera de que tiene cáncer; una antigua estrella infantil vive como adulto en la miseria mientras otro niño batalla por cambiar el rumbo de su joven vida como una simple estrella infantil, cuando Stanley le pide a su padre por la noche que “lo trate con un poco más de respeto”, el padre simplemente lo manda a la cama. “Esto nunca para” y Anderson nos cuenta cómo va a acabar Stanley, igual que el personaje de William H. Macy.

Hoffman. Genio.

Hoffman. Genio.

Visualmente, Magnolia es el final de un estilo de Paul Thomas Anderson; es la última entrega que hace con un movimiento de cámaras tan desenfrenadamente noventero; hand-helds, steadycams, dollies, todo arsenal para darle una dinámica frenética a su uso de cámaras que, junto con la edición, hace que tres horas de película parezcan en todo momento los últimos minutos de un filme de Scorsese. A partir de Punch-Drunk Love se vería un Anderson más pausado en sus encuadres, tendencia que llegaría a su máxima expresión en There Will Be Blood y The Master, antes de finalmente regresar a un vintage PTA en Inherent Vice, donde regresa ese estilo de cinematografía y de rápidos cortes en la edición; habrá que ver por cual estilo se decanta para su próximo trabajo.

Uno de los proyectos escritos y dirigidos por Anderson que seguramente lo tendré presente en mi memoria por mucho tiempo, Magnolia tardó algunos días en cuajarse en mi supuesto buen gusto, pero ahora ya no pretende salirse de ahí. Parece que tres horas me iban a dejar con un semi-dulce sabor en la boca de que algo había quedado incompleto, pero créanme, deben quedarse para el final y este no decepciona; le da un cierre impresionante a este ambicioso proyecto como solo el maestro más hábil puede terminar de amarrar un nudo con un listón alrededor de una caja dentro de la cual vació todo su corazón.

P.S. Ahora esta canción de Aimee Mann, “Save Me”, que fue escrita para la película y nominada a mejor canción en los Oscares del 2000.

4 / 5

The Master

9 Apr

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Si quieres emputar a Hollywood, puedes empezar por salir del closet como un rabioso anti-semita a la Mel Gibson y mandar al carajo toda tu carrera, o en menor medida puedes hacer un filme que socave la integridad del fundador de la iglesia de la Cienciología (Scientology), L. Ron Hubbard. El escritor y director Paul Thomas Anderson se fue por la segunda y aunque la mencionada iglesia quiso organizar un boycott hacia la película, realmente no se desencadenaron las grandes tragedias profesionales para Anderson, a diferencia de Gibson.

Philip Seymour Hoffman es Lancaster Dodd, un personaje megalómano con una personalidad de aquí a las estrellas, no se recuenta su pasado, pero es más bien un análisis del tipo de magnetismo que este tipo de personas tienen que poseer para hacer crecer un culto.

Pero Dodd ni siquiera es el personaje principal, Anderson está más interesado en el perfil de alguien como Freddy Quell, interpretado por Joaquin Phoenix. Un individuo consumido y desechado por el ejército después de la Segunda Guerra Mundial que queda hecho un desastre emocionalmente, materia prima ideal para las maquinaciones mentales de un líder sectario. Phoenix es magistral en su interpretación y adoptó unos ticks faciales y un rengueo en su caminar completamente convincentes, que nos recuerdan, aun cuando alcanza por un momento una relativa situación estable, que arrastra su bagaje físico y emocional; aparenta debilidad física en su andar pero la manera como observa a la gente en una habitación durante una fiesta nos recuerda lo volátil y hasta peligroso que puede ser. Lancaster Dodd es la figura de autoridad y paternal que Freddy anda buscando, y en conjunto con sus encantos como merolico, pronto enlista a Freddy en su organización/culto, al que llaman The Cause (la causa). Dodd no está solo en su empresa y se apoya en su esposa Peggy (Amy Adams), una decidida figura femenina que reserva sus enojos y opiniones en privado únicamente para su esposo, dejando en público únicamente la calma y figura maternal que se esperaba de las mujeres por allá en los 50’s.

Hoffman seguido por su discípulo Phoenix

Hoffman seguido por su discípulo Phoenix

Las actuaciones son de primer calibre, y la calidad de la imagen es sorprendente, The Master fue la primera película filmada en filme de 65mm (y proyectada en 70mm en algunos cines), para el deleite de varios cinéfilos. Me gustó particularmente el gusto clásico por los planos de PTA en esta película (en conjunto con su DP Mihai Mălaimare Jr.) recordando un poco a las tomas similarmente encuadradas e iluminadas con buen gusto por parte de Wes Anderson, ayudando a conservar esa estética limpia y brillosita que asociamos con el modernismo post-Segunda Guerra Mundial que envolvía al EUA de aquel entonces. El soundtrack de Jonny Greenwood, específicamente cuando Freddy regresa de la guerra y se dedica como fotógrafo en una tienda departamental tipo J.C. Penney, es música ambiental de la época o canciones como “Get Thee Behind Me Satan” de Ella Fitzgerald. La perfección del mundo del consumo no le sienta bien a Freddy, y reconocía en el título de esa última canción que en efecto Satanás iba a llevar al personaje de Phoenix por otro camino.

Hablaba de como Freddy había sido desechado por las fuerzas armadas norteamericanas, y veo en el trabajo de Anderson un tema recurrente de como las instituciones exprimen a los individuos para después marginalizarlos; sucedió con la industria de la pornografía en Boogie Nights y recordamos el final de Dirk Diggler, la industria de la televisión en Magnolia, la naciente industria petrolera en There Will Be Blood, que aunque no le sucede tan directamente al personaje principal de Daniel Day-Lewis, si afecta a todos los que entran en contacto con él, y un sentimiento general de recelo hacia las corporaciones en Inherent Vice. Ahora en The Master, se aparece una nueva institución, la seudo-religión de The Cause de Lancaster Dodd, pero es claro que Anderson no cree en esas organizaciones tampoco.

Las interpretaciones de Phoenix, Hoffman y Adams fue lo que me mantuvo enganchado con este filme, la cinematografía es magistral también, como que se siente muy segura en lo que está comunicado pero siento que el mensaje general de Anderson en cuanto a The Master me ha eludido, quiero pensar que únicamente hay que digerir escena por escena sin tratar de llegar a un gran resultado final; como la escena recurrente del mar revuelto con el paso del barco, un azul tan hermoso (mencionábamos gracias en parte al filme de 65 mm con el que fue filmado) que primero me quedé admirando la simple belleza visual de la escena, y después de ver que era una escena recurrente, empezaba a sentir que este mar revuelto era la vida turbulenta de Freddy, que pasaba el barco (por ejemplo algo importante en su vida como Lancaster Dodd, o la novia de dieciséis años que no puede olvidar) e inevitablemente en su camino dejaba las aguas revueltas en la existencia de Freddy.

La turbulencia del agua. Imagínate la imagen en movimiento, con audio impecable.

La turbulencia del agua. Imagínate la imagen en movimiento, con audio impecable.

La atracción de Dodd hacia Freddy tampoco me la explico, este hombre tan carismático que tiene todo, un líder sectario a final de cuentas como Dodd, porqué insiste tanto en apegarse al marinero alcohólico de Freddy?. Dodd menciona al principio que Freddy será su experimento, y por ahí puede estar la respuesta que estoy buscando, Dodd encuentra en Freddy casi un cavernícola cuando lo conoce y es materia prima y fresca para experimentar con él lo que quiera, pero conforme avanza la trama es claro que su atracción es más instintiva y menos dedicada a la ciencia, quien sabe.

En manos menos experimentadas que las de Anderson, la trama de The Master hubiera terminado en algún dramita convencional más adecuado para la televisión, como sucedió con esta película. The Master es segura y magistral en todos sus aspectos, un filme muy, pero muy bien hecho, pero que no llega a sugerir un mensaje claro.

3 / 5

Inherent Vice

6 Apr

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El sueño hippie sesentero llega a su final en la última entrega de Paul Thomas Anderson, gracias a la novela del mismo nombre de Thomas Pynchon. Es una película confusa en su trama, aunque el esfuerzo de haber adaptado la novela es loable, una novela que Hollywood consideraba imposible de filmar. Al final, el confuso viaje de “Doc” Sportello (Joaquin Phoenix), un hippie amante de la yerba que da la casualidad es investigador privado, es un recorrido divertido que lo deja a uno casi envuelto en una nube con aroma dulzón a marihuana, riéndose como pendejo.

PTA ha venido retratando casi cada pedazo de Los Ángeles en diferentes etapas, empezando por la siniestramente divertida industria de la pornografía en el Valle de San Fernando en los 70’s y comienzo de los 80’s con Boogie Nights (1997); su siguiente filme, Magnolia (1999) retrataba todavía más a fondo la comunidad de esta parte de la ciudad, con Anderson declarando: “Quiero hacer la película definitiva sobre el San Fernando Valley”. There Will Be Blood (2007) recreaba a los personajes involucrados en los inicios de la industria del petróleo en California y después Anderson tomó un break para situar a The Master (2012) en la costa este de Estados Unidos. Ahora con Inherent Vice (Vicio Propio), Anderson regresa a contar una historia de Los Ángeles a finales de los 60’s y está por toda la ciudad, desde un disfrazado Manhattan Beach (como Gordita Beach) hasta Orange County, de Santa Mónica a Long Beach, Anderson sigue queriendo poner su granito de arena en forjarle una identidad a su ciudad de origen, a cuyo lugar se le ha culpado de carecer precisamente de una “cultura”, recomiendo este documental que analiza este último tema más a fondo.

Phoenix en el set

Phoenix en el set

En su apartamento cerca de la playa en Gordita Beach, Santorello está fumando marihuana a gusto cuando llega su ex-novia Shasta (Katherine Waterston), la femme fatale de la trama, misteriosa e intrigante algo cuenta de que viene escapándose del peligro y no se sabe si solo le confiesa su historia a Santorello o le está pidiendo ayuda, le cuenta que su nuevo amante, un poderoso hombre de negocios Mickey Wolfmann (Eric Roberts) está secuestrado por su esposa y su amante. De ahí la trama se complica mucho peor, la propia Shasta desaparece y Santorello, como investigador privado, asume la responsabilidad de encontrar a otras dos personas, un ex-drogadicto, Coy Harlingen (Owen Wilson) y a un miembro de la hermandad aria (neo-nazis), Glenn Charlock, por órdenes de un miembro de una pandilla de negros, Tariq Khalil, interpretado por el excelente Michael K. Williams, a quien le recordamos por su excelente trabajo en The Wire.

Una trama espesa, nos sentimos en cada momento como el propio Santorello, que siempre está atrasado por un paso y le cuesta trabajo entender que está sucediendo, tampoco ayuda que siempre se encuentra en un perpetuo sopor marihüano. En sus aventuras lo ayuda muy a regañadientes uno de los mejores personajes, el del Detective “Bigfoot” Bjornsen (Josh Brolin), un policía chapado a la antigua, igual que su corte de pelo cuadrado al estilo flatop, no desperdicia cualquier oportunidad para recordarle a Santorello que es un sucio hippie (“hueles a pedo de patchouli”) y darle una tunda de vez en cuando. Al personaje de Joaquin Phoenix lo acompaña un joven asistente que no hace nada y dice menos, pero se parece físicamente al hermano mayor de Joaquin, River Phoenix, que falleció hace más de 20 años, lo que se me hizo algo perturbador. En fin, es mejor dejarse llevar por la corriente y disfrutar del excéntrico mundo de PTA, a final de cuentas es como Boogie Nights, recuerdas que en aquella trama andaban sucediendo como mil cosas, de cuantas de ellas te acuerdas?, ah pero como te entretuviste.

Reese Witherspoon forma parte del elenco como la asistente procuradora de justicia estatal

Reese Witherspoon forma parte del elenco como la asistente procuradora de justicia estatal

La música es nuevamente curada por Jonny Greenwood, esta es la tercera colaboración con PTA y parece que ambos se encuentran muy a gusto trabajando juntos. El soundtrack está compuesto por sus dulces piezas en la guitarra que le dan ese toque nostálgico agridulce a esta trama californiana, como ver un atardecer en el muelle de Manhattan Beach, y se le agrega música de la época como rolas de Neil Young y Can.

Finalmente una película densa pero con un feeling muy casual, a este conjunto de personajes sesenteros los acecha la misteriosa organización Golden Fang, algunos personajes dicen que es un barco, algunos que es una organización oriental dedicada al crimen, otros piensan que es un lugar; me parece que para Pynchon este peligro latente puede ser el corporativismo que ya se empezaba a gestar en E.U. y que acabó con los ideales de los 60’s. Santorello, su abogado Sauncho (Benicio Del Toro), el Detective “Bigfoot”, todos parecen tan perdidos en la trama como para alcanzar a ver su situación más general, de cómo el mundo estaba cambiando a su alrededor.

Debo mencionar que este es el guion más chistoso que he disfrutado en lo que va del año.

3.5 / 5

Nebraska

2 Apr

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He sido fan de Will Forte ya por unos años, lo admiraba como comediante, especialmente su paso por Saturday Night Live, y algunas otras apariciones cómicas como en 30 Rock; pero sinceramente no pensé encontrar en él una interpretación de corte dramático como la que vi en Nebraska. Fue atinado el director Alexander Payne en el casting al seleccionar al comediante Forte, porque en sus palabras: “tiene en sus rasgos la impresión de que ha sido lastimado en algún momento”. Pero el más grande de sus aciertos para este trabajo fue volverle a dar un protagónico a Bruce Dern (padre de Laura Dern, a quien vimos en Inland Empire), en el papel de su vida, después de décadas como actor de reparto en papeles villanescos hasta risibles.

Dern es Woody Grant, un anciano de Billings, Montana en las primeras etapas de la demencia que parece que busca una razón para seguir con vida, ya sea reparando su antiguo pickup o empeñado en viajar hasta Lincoln, Nebraska (unas 750 millas), para reclamar un premio espurio de $1 millón de dólares que todo mundo puede apreciar es solo publicidad en cuanto ven el ticket “ganador”. Su esposa Kate (June Squibb) e hijo mayor Ross (Bob Odenkirk) son los que más están hartos con los desvaríos y caprichos de Woody y prefieren refundirlo en una casa-hogar para ancianos, pero el hijo menor David (Forte), a pesar de que tiene sus propios problemas, se apiada de su padre y le cumple su deseo de llevarlo a Lincoln, mínimo para que disfrute el viaje. Es en el camino donde, muy al estilo del director Payne, los personajes y la audiencia llegan a comprender su propia mortalidad y reflexionar en lo que ha sido provechoso de su existencia.

Alexander Payne, conocido por sus filmes tipo roadtrip filosóficos como About Schmidt (2002) y Sideways (2004), presenta en Nebraska su entrega más poética. La cinematografía de su DP, Phedon Papamichael, retrata los espacios abiertos del midwest norteamericano, principalmente lo que hay entre el estado de Montana y Nebraska, en blanco y negro para darle un aura atemporal a la película. En una escena el personaje de Odenkirk se pelea físicamente con uno de sus primos que andan visitando en Hawthorne, Nebraska, para que irrumpa el personaje de Squibb diciendo: “A ver, que demonios está pasando aquí?”, no necesitamos viajar en el tiempo para saber que seguramente esta misma escena tuvo lugar en 1963, cuando niños, como si la vida diera vueltas en círculos. El paisaje desolado de las planicies de Nebraska es despojado de casi toda su simpatía al quitarle su color, volviendo el mundo del viejo Woody Grant más deprimente y melancólico, como seguramente lo querían retratar Payne y Papamichael.

Alexander Payne dirigiendo a Dern

Alexander Payne dirigiendo a Dern

Analizada desde un punto de vista más general, Nebraska también es un tributo a la lenta muerte de la clase agrícola norteamericana, son varias las tomas de campos secos que antes crecían maíz, graneros convertidos en casi ruinas, así como casas de campo que se sostienen de puro milagro, “mi padre la construyó él solo”, dice Woody ante un incrédulo David, como para simbolizar el abismo que hay entre las mentalidades de dos generaciones muy diferentes, la de Woody, llamada “la mejor generación” por los gringos, aquellos que pelearon en la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Corea, y la de David, que maneja un Subaru coreano y se dedica a vender estéreos. Me acordé bastante de la segunda temporada de la serie The Wire, en su manera un tributo/testigo a la muerte de la clase obrera norteamericana; igual en su momento vimos escenas de fábricas y muelles abandonados.

Dos palabras me dan miedo, “siempre” y “nunca”, y Nebraska parece ser la antesala del “nunca”. La vida se le escapa a Woody, junto con sus facultades físicas y su memoria; presentimos que en cualquier momento no amanece para ver un nuevo día. Todos los personajes lo saben, sufren el final tortuoso de su vida como la habían conocido hasta ese entonces, pero aunque escasos, siguen habiendo buenos momentos, por aquí y por allá, que hace que valga la pena disfrutar lo poco que les queda.

4.5 / 5

The Imitation Game

31 Mar

THE IMITATION GAME La entrega histriónica de Benedict Cumberbatch es compleja, densa y contradictoria, en honor al complicado ser humano que fue el excéntrico matemático Alan Turing, precursor de las ciencias computacionales, e instrumental en descifrar el código Enigma nazi, que le cambió la suerte a Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial. El guión y la dirección, no lo son tanto, quedando al final de este camino, que en español nombraron El Código Enigma, con una película genérica y blanda, cual filme noventero, de esos que cosechaban múltiples Óscares, tan segura como alguna de Robert Zemeckis (de hecho me encanta Forrest Gump, pero habría que ver como Zemeckis le hubiera hecho si Forrest hubiera existido de verdad, y aparte era gay).

Cumberbatch, como Turing, es una versión todavía más excéntrica y pedante que su otro rol estelar, Sherlock. Totalmente decidido en que su genio matemático es innigualable, se ofrece a los servicios del servicio secreto británico MI6 como criptoanalista para descifrar los códigos nazis que se consideran inquebrantables, y que transmiten al descubierto, a través de ondas de radio, todos los movimientos a futuro por el ejército alemán. La falta de tacto social, casi rayando en el autismo, convence a Turing de que su equipo es basura y que el puede solo, mientras que el Comandante Denniston (Charles Dance), el mismo que lo contrató, lo acosa constantemente y amenaza con cerrar su unidad de investigación a cada rato. En el transcurso de esta trama, Turing se siente cercano a otra brillante cripoanalista, Joan Clarke  (Keira Knightley), y después de forjar algo de simpatía con el resto de su equipo, emprende el camino hacia descifrar el código Enigma y vencer a los nazis.

Una historia bastante romántica y heróica, nada más que en la realidad no era un equipo de cinco personas (el típico “rag-tag team” a la Armaggedon) en el llamado equipo HUT 8, fueron miles de ingleses los que trabajaron en el proyecto. El Comandante Denniston tampoco era un desalmado con eterna cara de constipación, sino que realmente apoyo a Turing en sus esfuerzos; no se necesita saber mucho de historia para empezar a sospechar, a media película, que tiene poco sentido que el hombre que contrata a Turing al poco tiempo hace todo lo posible por despedirlo, empecé a oler a “personajes compuestos”, o simples “libertades artísticas”, para hacer la trama más “jugosa”; muy al estilo soso noventero, véase tramas simplificadas como Apollo 13, o cualquier cosa por Ron Howard, y Rudy, donde las historias verídicas parece que las pasaron por un colador para que quedara una pastita tibia y bastante digerible. Guácala.

Knightley, como Joan Clarke, aconsejando a Turing

Knightley, como Joan Clarke, aconsejando a Turing

Por eso los aspectos más sórdidos (para los estándares de aquel entonces) de la vida de Turing, como su homosexualidad y su aparente suicidio (con cianuro en una manzana, al estilo Blanca Nieves), son repasados muy por encima. Uno de los policias que investiga su apartamento después de un aparente robo a Turing menciona haber encontrado algo de cianuro, nunca se le dice al público para qué o de que va este cachito de información, pero es sin lugar a dudas un guiño de complicidad a los que saben la verdadera historia de Turing.

De lo mejor el diseño de producción por parte de Maria Djurkovic, y en hora buena filmar en locación en el verdadero Bletchley Park, donde trabajaba el MI6 y la escuela de Sherborne, donde Turing cursó el colegio cuando era joven, así como otros pueblitos de Inglaterra. The Imitation Game se ve muy bien, es la trama lo que la reduce a una producción dramática más adecuada para la televisión inglesa. Y por supuesto, ya te habrás enterado, la interpretación de Cumberbatch es fuera de serie, completamente realista en interpretar a un hombre fuerte e inteligente con un secreto que esconder, me quedo con la escena donde, después de que todas las verdades de Turing han sido expuestas, Cumberbatch le ruega a Knightley: “es que no quiero estar solo!”, bastante potente, Knightley no se queda atrás y le da una fortaleza a un personaje femenino que dicen en vida real fue poco cinemático…entonces ahora si me gustan las “libertades artísticas”?, oh que pues.

Recomendable para verse en familia y conocer más sobre este personaje importante de las ciencias computacionales, de su trabajo salieron avances fundamentales que derivaron en lo que hoy conocemos por computadoras, y de paso enseñar a los chiquitines que las personas miembros de la comunidad LGBT pueden aportar tanto o más para el avance de la humanidad. Una frase recurrente en la película, parafraseada no menos que tres veces, dice: “las cosas más inesperadas siempre vienen de quienes menos te lo esperas”.

2.5 / 5

Los Angeles Plays Itself

30 Mar

los angeles plays itself 2

Inicié la degustación de este proyecto como un referente de la riqueza arquitectónica que existe en esta ciudad, pero resultó ser mucho más. Es un documento minucioso de, parece, cada una de las apariciones que hace la ciudad de Los Ángeles en las películas; y considerando que es la capital de la industria del cine a nivel mundial, pues son cuantiosas. El director Thom Andersen es un “angelino” de toda la vida y su pasión por su ciudad es sincera, tanto que odia algunos cachitos de ella, especialmente Hollywood, tanto por un espacio geográfico sobrevaluado, hasta por lo que representa, una simplificación de su ciudad, por parte de ejecutivos de cine ineptos, proyectando hacia el mundo una ciudad superficial, con una historia truculenta, si es que acaso se molestan por mostrar su historia en las películas.

Los Angeles Plays Itself hace recapitulación del vasto número de historias en el cine que han tenido lugar en susodicha ciudad, cien años de trabajos, más de 200 “sampleados”, desde el cine clásico de los 40’s como Repo Man y Rebelde Sin Causa, con el exageradísimo James Dean, hasta lo más reciente (en aquel entonces 2003) como Mulholland Dr., pasando por trabajos más emblemáticos de Los Angeles como escenario como Chinatown, L.A. Confidential y (no es broma) Who Framed Roger Rabbit?. Verás, lo que al Sr. Andersen le emputa es que mientras más se involucran las producciones con la historia de Los Angeles, más la distorsionan. En Chinatown, la intención de Roman Polanski es más seria en documentar las “California Water Wars” de los 20’s, y en Roger Rabbit, a manera más comica, también se insinúa un pasado de la ciudad moldeado por truculentos negocios y pactos por debajo de la mesa. Nada de eso, dice Andersen, las tranzas de los políticos locales estaban ahí en primera plana para que todo mundo las pudiera ver.

Una de las escenas en Speed de los 90's, cuando un autobús fue realmente levitado por encima de Downtown

Una de las escenas en Speed de los 90’s, cuando un autobús fue realmente levitado por encima de Downtown

El documental se divide en “La Ciudad como Fondo”, “La Ciudad como Personaje” y “La Ciudad como Sujeto”. Pero después de tres horas de filme, yo me quedé con otro tipo de sub-divisiones para el proyecto, temas importantes de la ciudad que me consta, después de haber vivido ahí algunos años, son los problemas perpetuos de esta mega-metrópolis. Temas como el mencionado problema del agua, la policía (cuya opresión tomó un rol importante durante las revueltas de 1992), el transporte público (o falta de), la cultura predominante del carro como casi único método de transporte, y claro, las tensiones raciales. Andersen tambien repasa temitas menos importantes, pero que enriquecen la experiencia de ver este documental, como el número telefónico ficticio que aparece en casi todas las películas; o documenta el ascenso, apogeo del área de Bunker Hill como vibrante centro de clase media de la ciudad, hasta su descuido ya para las épocas de Cobra (con Sylvester Stallone); hasta su reciente renacimiento (el Walt Disney Concert Hall por Frank Gehry se encuentra ahí).

Hablando de la sala de conciertos Walt Disney, mi platillo principal, la arquitectura angelina, también es analizada, no con la importancia que yo me esperaba, pero se documenta casi todas las apariciones del edificio Bradbury en Downtown, con su interior gótico impresionante que pudimos apreciar en Blade Runner; de igual manera se presentan las diferentes facetas de la casa Ennis en Los Feliz de Frank Lloyd Wright, casi siempre el resguardo de algún exótico villano. Union Station también es analizado, así como el “futurista” LAX, especialmente la torre de control tipo Jetsons, que no funcionó y ahora es un restaurante. Andersen se lamenta que otros trabajos de Lloyd-Wright, impresionantes casas en los Hollywood Hills, y de otros importantes arquitectos, casi terminan también como las mansiones de algún villano cocainómano.

En fin, un interesante documental para aquellos que gustamos de seguir estudiando esta ciudad tan complicada como los es Los Ángeles, el trabajo de Andersen debe de ser también un referente para aquellos que no han tenido la oportunidad de diferenciar a la verdadera ciudad con lo que Hollywood quiere que nos creamos.

3.5 / 5

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