Hail, Caesar!

20 May

hail caesar 1

Al mundo siempre le hace bien una comedia negra de los hermanos Coen. Me gustaría saber qué artista cinematográfico ha hecho más por ese género, como este prolífico par lo ha hecho por 30 años. Prolíficos porque al parecer les pica el trasero estar más de un año sin filmar uno de sus idiosincráticos filmes, combinación entre lo chusco y la desgracia; en nuestros tiempos, ya se puede empezar a clasificar las comedias negras de los Coen en sub-géneros: dramáticas como en Fargo, contemplativas como en A Serious Man, de suspenso como en No Country For Old Men (si levantó suficientes carcajadas como para considerarla una comedia, que no?) y de western como en True Grit.

Hail, Cesar! es como una carta de amor al Hollywood de le época de oro del cine norteamericano, pero escrito por alguien con un sentido del humor muy sarcástico. Los personajes en esta trama de los Coen deambulan por los campus de los grandes estudios de Los Ángeles, paseándose por producciones épicas al estilo Ben-Hur, entre elaborados números bailables como Singin’ In The Rain, westerns al estilo Roy Rogers y escenas de baile acuático sincronizado; si esa no es una carta de amor al Hollywood con el que los Coen crecieron en los 50’s, entonces no se qué filme de ellos podría calificar como tal cosa…lo que pasa es que algunos críticos confunden el humor negro y el sarcasmo de los Coen, con genuino desprecio (como si hubieran empezado a filmar películas el año pasado).

Clooney como el protagonista

Clooney como el protagonista

Como es costumbre en una película de los hermanos, el guion está bien trabajado, y es por demás chistoso. Es rápido y los chistes te pasan por encima de la cabeza si pestañeas. El elenco coral, es decir, de varios actores y actrices bien reconocidos por su capacidad histriónica, se siente completamente en sincronía y cómodo al momento de interactuar entre ellos. En el centro está Josh Brolin como Eddie Mannix, un ejecutivo de producción de los Capitol Studios, quien se la vive arreglando los problemas de su “talento”; principalmente tratando de encontrar al secuestrado Baird Whitlock (George Clooney), una de las máximas estrellas del estudio, quien se encuentra filmando la épica, y homónima, “Hail, Caesar!”, el cual es un inflado proyecto que pretende contar la historia de Jesucristo. Es parte de la comedia que el superastro ha sido capturado por el peor enemigo de la sociedad norteamericana de aquel entonces, un clandestino grupo de comunistas, conformado por resentidos escritores de cine, que piensan obtener una jugosa recompensa del secuestro…y dirigirla hacia sus jefes soviéticos. La suspicacia y el presunto peligro que representaban un montón de intelectuales anti-capitalistas en plena era del Senador McCarthy eran válidas y estos disidentes eran considerados como los peores terroristas extremistas de la época…pero visto en retrospectiva, no queda de otra más que pensar que todo el asunto anti-comunista fue un ejercicio bastante bobo.

La trama se envuelve en los problemas de otras estrellas del estudio, incluyendo a una Scarlett Johansson que entre tomas de su producción acuática bailable, y mientras le quitan con gran esfuerzo su cola de sirena, trata de esconder con Mannix un posible embarazo por parte de un padre desconocido (escándalo que seguramente hubiera sido terrible para su carrera de diva). Con una idea que parece ridícula al principio, pero más sensata conforme avanzan los minutos, deciden que la actriz dé a adoptar el hijo clandestinamente, para después adoptarlo ella misma. Para ello emplean los servicios de un padre sustituto, pero en verdad otro “fixer” de Hollywood a sueldo, Joseph Silverman (Jonah Hill).

Mannix trata de traspasar una de sus estrellas del western, el trovador-jinete, Hobie Doyle (Alden Ehrenreich) de las películas de caballos a los dramas románticos del afeminado director europeo Laurence Laurentz (el camaleónico Ralph Fiennes) para gran disgusto del director; al mismo tiempo que el ejecutivo le trata de acomodar a su estrella vaquera un romance con la actriz Carmen Valdez (Verónica Osorio), en un rol que recuerda a Carmen Miranda. Mientras que en otro foro del campus, el bailarín Burt Gurney (Channing Tatum) ejecuta coreografías de baile al estilo Gene Kelly…escondiendo su verdadera identidad como espía para los soviéticos. Las producciones del cine de antaño vuelven a la vida gracias al lente del cinematógrafo Roger Deakins, regresando del formato digital al filme para darle esa calidez a las escenas. El resto del diseño de la producción de esta película, desde el vestuario hasta las locaciones, es igualmente impecable.

Joel y Ethan Coen con Brolin y Clooney

Joel y Ethan Coen con Brolin y Clooney

Mannix tiene su plato rebozando de problemas, mientras que las columnistas de chismes del espectáculo, las gemelas Thora y Thessely Thacker (ambas Tilda Swinton), merodean los estudios con el deseo de que algún pedazo de chisme caiga al piso para publicarlo al siguiente día. Y al final del día Mannix padece de algún cabo suelto que resolver….ah si, encontrar a Clooney!

Al contrario de su otra sátira que le hacen a Hollywood, la aclamada Barton Fink (1991), en Hail, Caesar!, se encuentran unos hermanos Coen divirtiéndose en la realización, y compartiendo ese júbilo con el público. Parece que con el paso de los años, y el advenimiento del éxito, la postura de los Coen sobre Hollywood se ha suavizado bastante. La diversión se encuentra también dentro de los malabares que hacen con los diferentes géneros del cine; en este caso el secuestro de Clooney es casi solo un macguffin, y nadie debe considerar a la trama que le sigue como una de suspenso; es solo un detonante, y un pretexto, para empezar a girar los engranes de un mundo cinematográfico más de los Coen. Suspenso es aquel que nos aqueja al tratar de adivinar si la próxima película de los hermanos será un éxito o un trozo de estiércol (The Ladykillers, alguien?), pero mientras tanto nos han servido este suculento pedazo de cine.

4 / 5

Desierto

9 May

desierto 1

En concordancia con el guion que ayudó a escribir para Gravity con su papá Alfonso, el segundo largometraje por parte de Jonás Cuarón es un recuento de sobrevivencia primal frente circunstancias duras y adversas, aunque esta vez en un plano más terrenal. Sin indagar demasiado en las motivaciones de los personajes, Cuarón y Mateo García (los escritores), dependen completamente de las acciones que se desenvuelven en el desierto compartido por México y Estados Unidos, para avanzar una trama simple, donde un desquiciado gringo con su rifle de largo alcance hace de la caza de indocumentados su pasatiempo favorito, y los perseguidos, mexicanos humildes en pos del sueño americano, reaccionan ante las agresiones con el único propósito de poder sobrevivir.

Es cierto que los personajes no están desarrollados completamente como en otros grandes filmes del género dramático (aunque hay que aclarar que Desierto es más bien una película de suspenso), pero los personajes que aparecen sin tanta información previa que contarnos va en acorde a la trama sencilla de la película. Jeffrey Dean Morgan (Watchmen) hace entrega del personaje Sam, un gringo ranchero con obvios problemas psicológicos que se dedica a matar indocumentados, y el actor proyecta una rabia que hierve a fuego lento y que apenas logra mantener bajo (relativo) control; no llegamos a conocer el trasfondo de Sam, no sabemos si (como bien lo hubiera predicho Donald Trump) algún indocumentado mató y violó a su esposa, o fue abusado de niño, o es simplemente un empedernido racista enamorado de las armas de fuego…y está bien, no lo necesitamos saber todo para entender que la cabeza le funciona terriblemente mal, y que en el transcurso de este par de días que dura la historia, ha llegado hasta aquí…a ser una despreciable persona que se pasea en su pickup (el cual cuelga una banderita de la Confederación en la parte trasera) con la botella de Jack Daniels en su mano, en medio de un sofocante calor, solo para matar gente inocente…y para esta breve historia de persecución no necesitamos saber nada más.

Jeffrey Dean Stanton como Sam

Jeffrey Dean Stanton como Sam

Lo mismo para el contingente de inmigrantes, de quienes tampoco conocemos nada mientras van empacados como sardinas en la caja de un pickup viajando por el desierto…antes de que el vehículo se descomponga y el coyote los cruce de mala gana por uno de los trechos más peligrosos de la frontera, contrario a lo que se les había prometido antes de pagar miles de dólares. Desde el inicio empiezan a destacar las habilidades de líder de Moisés, interpretado por el eternamente jovial Gael García Bernal, quién ayuda a los mexicanos más rezagados y cansados, y es sobre el personaje de Gael del que sabemos un poco más sobre su pasado, aunque es poca la información: ha vivido en Estados Unidos, tiene a un hijo que los espera en Oakland, y ya ha cruzado por este pedazo del desierto. Moisés empatiza con una mujer joven que cruza sola, Adela (Alondra Hidalgo) y trata de protegerla durante el trayecto. Pronto el grupo se ve en la mira del rifle del gringo Sam y van cayendo uno a uno, los abatidos por el rifle se puede decir que disfrutan de un final relativamente agradable…comparado a aquellos que caen en las fauces del perro de Sam, un sádico doberman llamado Tracker, quien salta de piedra en piedra y corre por los cauces de arroyos secos para poder deleitarse con su pasatiempo favorito…mordisquear yugulares.

García Bernal con Cuarón

García Bernal con Cuarón

Para sorpresa de nadie, al final son Adela y Moisés los únicos corriendo por horas del desquiciado Sam. Pero la pelea será más pareja de lo que el ranchero puede anticipar, y a la manera de un buen thriller, la persecución se convierte en un juego de ajedrez y una competencia de astucia. A Tracker también le esperan sorpresas. La desolación del desierto los acompaña a todos de día y de noche, como un mudo testigo que lo ha visto todo y nada le sorprende.

Cuarón y su co-escritor, Mateo García, utilizan los nombres alegóricos de sus personajes como Moisés (llevando a su gente por el desierto) y Sam (de Tío Sam), para demarcar de manera clara los buenos y los malos en esta historia, Desierto es un preciso ejercicio en el manejo del suspenso y nada más, no es el documento que desmenuza el relevante tema de la inmigración ilegal que muchos críticos se quedaron esperando, al César lo del César y Jonás Cuarón enseña en Desierto que sabe dirigir un largometraje, de principio a fin, hacia su muy específico destino.

3.5 / 5

Tangerine

4 May

Kiki and Maya

Una de las nuevas joyas del cine independiente que francamente no fue de mi agrado. Con actuaciones desbordadas por parte de personas que claramente no son actrices profesionales, un guion acartonado y un soundtrack esquizofrénico aunque genérico, Tangerine no fue ese “respiro de aire fresco” que estaba anticipando. Se ha hablado de la “hermosa” cinematografía de la película (la cual fue captada totalmente en unos cuantos iPhones, debido al bajo presupuesto del director), y aunque le infunde un toque de cinéma-vérité al filme, estéticamente no es algo para deleitarse las pupilas.

El cineasta Sean Baker, quien produjo, escribió, dirigió y editó la cinta, es conocido por darle vida a segmentos del underground de la sociedad como en Take Out (2004) y Prince Of Broadway (2008), ambos filmes sobre inmigrantes en la ciudad de Nueva York, el primero sobre un repartidor chino y el segundo sobre un vendedor de ropa africano, y en Tangerine se sumerge en el mundo de los transexuales de Los Ángeles para darles una representación exagerada a lo que realmente ocurre en esa ciudad. Los personajes principales de Sin-Dee (Kitana Kiki Rodriguez) y Alexandra (Mya Taylor), ambos transexuales, caminan las calles de Los Ángeles encontrando cada diez pasos a otros transexuales con los que conviven dentro de lo que puede sentirse una escena transexual nutrida y vibrante. La verdad es que casi nadie se topa a nadie caminando las calles de L.A., y menos están repletas de transexuales…pero quizás este detalle solo fue parte de la comedia que el director le quiso dar a esta historia.

La filmación con el iphone

La filmación con el iphone

Sin-Dee ha estado encerrada en la cárcel por unos meses, y una vez que la liberan, pretende compartir una dona con su mejor amiga Alexandra en un pequeño negocio de Santa Monica Boulevard. El encuentro amigable dura poco, pues a Alexandra se le sale el comentario de que el pimp, y novio, de su amiga Sin-Dee, el mentado Chester, ha estado con una nueva chica, que es blanca, y para el colmo, es una mujer de verdad. Esto es demasiado para la volátil Sin-Dee, quien toma del brazo a su amiga para recorrer las calles en busca la chica y de Chester. Alexandra sigue pasivamente a su amiga, tratando de promocionar su pequeño recital que tendrá en un bar esa misma noche, que es Nochebuena; pronto se despega de la bomba a punto de explotar que es su amiga y se encuentra con el conductor de taxi Razmik (Karren Karagulian), un inmigrante de origen armenio que tiene una cómoda vida familiar, pero que sacia sus gustos muy particulares en un lavado de autos con Alexandra. Es lo más cercano que Alexandra tiene a un novio, y dentro de lo triste y patético de la relación, podemos ver que ambos disfrutan genuinamente los pocos momentos que viven juntos.

Como realmente se apreciaba la cinematografía en la pantalla...cálida

Como realmente se apreciaba la cinematografía en la pantalla…cálida

Claro que eventualmente Sin-Dee encuentra a la chica y a Chester (James Ransone, Ziggy de The Wire), pero no es spoiler, se veía inevitable desde el principio, el trayecto es más esencial que el destino en este caso. Las desgracias de Sin-Dee y Alexandra se desenvuelven dentro del supuesto mundo perfecto de la capital del entretenimiento, son el tipo de personas que le dan su carácter verdadero a esa ciudad, y las calles anchas y desoladas, bajo el cielo percudido por el smog, retrata fielmente lo que es andar a patín por L.A. cuando hace calor. Baker, junto con su co-escritor Chris Bergoch, si trata de desarrollar los personajes de una manera que podamos simpatizar con ellos, pero su ímpetu por darle un pathos a la historia de un par de transexuales, nada más por ser transexuales, se siente forzado y entregado a un dogma políticamente correcto que está listo para recibir con brazos abiertos cualquier historia protagonizada por las minorías, principalmente por eso mismo, por ser minorías. En uno de los puntos más dramáticos de la película, Alexandra finalmente presenta su recital ante un bar casi vacío, en presencia de Sin-Dee y de la nueva chica de Chester, a quien trae como rehén desde que la encuentra. Alexandra interpreta solo una canción, la navideña “Toyland” de Doris Day, cuya letra infantil pensamos hace añorar a Alexandra por una infancia idílica que nunca tuvo. Baker trata de presionar esos botones sentimentalistas más con fuerza que con sentimiento.

Finalmente, con bajo presupuesto, Tangerine es sobresaliente por lo mucho que se ha logrado con tan poco, pero de ahí a considerarla un nuevo referente del cine independiente….eh, hay muchas cosas allá afuera, de bajo presupuesto, que si son realmente excepcionales.

2 / 5

Love & Mercy

26 Apr

love & mercy 1

El aclamado productor Bill Pohlad (The Tree Of Life, 12 Years A Slave) decidió financiar este proyecto y aparte probar su suerte en la silla de director para filmar finalmente un largometraje decente sobre la vida del genio musical norteamericano Brian Wilson de los Beach Boys. Si bien algunas cadenas norteamericanas se habían esforzado por producir mini-series dedicadas a contar toda la vida del músico o de la banda completa, recordamos The Beach Boys: An American Family (2000) en la cadena ABC y Summer Dreams: The Story of the Beach Boys (1990), en aquellas ocasiones nos quedamos más con una cuasi-telenovela melodramática que con un buen pedazo de cine. En parte tampoco se les puede culpar a aquellas telenovelas de haber presentado demasiado drama en torno a la vida de Wilson, yo pensaba que era del conocimiento del público en general la tortura psicológica que vivió el compositor norteamericano la mayor parte de su vida; fue una sorpresa para mí el descubrir que incluso amigos que son allegados a la música de los Beach Boys desconocían el carnaval de la desgracia que fue en gran parte la vida de Brian Wilson.

Pohlad, junto con el excelente trabajo en edición de Dino Jonsäter, logra contar de una manera original la típica historia del rockstar que cae en la desgracia, enfocándose en dos periodos diferentes en la vida de Wilson. La primera está conformada por sus días dorados a mediados de los 60’s, componiendo y produciendo su obra maestra Pet Sounds (1966), al mismo tiempo que empezaba a mostrar los primeros síntomas de la esquizofrenia, situación que se agravia con la tensa relación que tiene Wilson con su padre y ex-manager, Murry Wilson (y que el filme nos hace el gran favor de solo mostrarnos la punta del témpano de hielo que fue el maltrato del padre hacia su hijo por años), así como con el conflictivo Mike Love (Jake Abel), quien nuevamente es retratado como el villano dentro del grupo. El joven Wilson es interpretado por Paul Dano (Little Miss Sunshine, There Will Be Blood), quien logra proyectar la inseguridad, y al mismo tiempo la tremenda ambición musical, del líder de la banda que en aquel entonces podía decirse como la única que compitiera con los Beatles en el terreno musical. love & mercy 2

Dano deambula por la euforia de los logros musicales en el estudio de grabación, y la decepción cuando se topa con cualquier nimiedad que no es de su agrado, incluyendo la recepción que tuvo el álbum Rubber Soul (1966) de los Beatles. Sin embargo permanece activo mientras Wilson concebía la grandilocuencia de “God Only Knows” y después “Good Vibrations”, finalmente descociéndose emocionalmente durante el fallido proyecto de Smile (1967). Love & Mercy recuenta la desgracia del desplome de Wilson justo en el momento que se convertía en un verdadero artista, y ahí está Dano para encarnar el sufrimiento, con esa característica cualidad para plasmar en su cara la profunda tristeza, reduciéndose básicamente a un decepcionado malvavisco gigante.

Entretejida en esta historia está la otra parte de la vida de Wilson, la cual tiene lugar en un Los Ángeles nublado, teñido de tonos azules y grises, y que parece sacado de alguna otra película de film noir en L.A. En medio de la estéril arquitectura ochentera, John Cusack (High Fidelity, Being John Malkovich) le da vida, lo que queda de ella, a un Brian Wilson cuarentón, cansado, al que le han chupado la energía los personajes maquiavélicos que siempre lo rodearon, en este caso lo vemos bajo el yugo del peor de todos, su psicoanalista Eugene Landry, quién con el pretexto de sanarle sus problemas mentales, lo tiene en un estado zombi con tanta droga e intimidación. Landry es interpretado por Paul Giamatti (Sideways, Straight Outta Compton), un megalómano implacable que siempre habla como si acabara de salir del baño después de defecar por media hora, casi a punto de empezar a sudar. Wilson ahora es un niñote a merced de quien quiera manipularlo…o salvarlo. Afortunadamente aparece en su vida una persona decidida en hacer lo segundo, es la que sería su próxima esposa, Melinda Ledbetter (Elizabeth Banks) y la trama de esta segunda parte de la vida de Wilson gira en torno a los esfuerzos de Ledbetter por rescatar a Wilson de las garras de Landry. Es una historia de amor demasiado perfecta y nos queda la sensación de que influyeron bastante las injerencias por parte de Melinda Ledbetter y Brian Wilson (los de la vida real), los cuales colaboraron ampliamente con Pohlad en la producción.

Cusack como Wilson y Banks como Ledbetter

Cusack como Wilson y Banks como Ledbetter

Mucho se ha hablado del poco parecido físico que los dos actores estelares, en especial Cusack, comparten con Brian Wilson, pero más que una desatención por parte de Pohlad, parece un acierto calculado por exaltar los sentimientos potentes dentro de la historia del músico sin dejarse atrapar por detalles más superficiales como las apariencias físicas de los involucrados. No es casualidad que Pohlad reclutó al guionista Oren Moverman, quién había escrito el script para I’m Not There (2007), la aclamada cinta donde seis actores diferentes (incluyendo a una mujer) interpretaron a Bob Dylan en una faceta diferente de su carrera. Puede que Pohlad no tenga mucha experiencia en la silla de director; pero si cuenta con ella, y ha destacado, al momento de hacer películas como productor, así que el detalle del casting se entiende que fue llevado a cabo por el cineasta con una intención específica de dejar a los mejores actores contar una historia que sigue sorprendiendo e inspirando a los nuevos indoctrinados en la vida de Brian Wilson.

4 / 5

The Searchers

18 Apr

the searchers 1

El clásico de clásicos dentro del amplio trabajo del director John Ford, y un filme que no solo es considerado como uno de los mejores westerns, pero una de las mejores películas del cine norteamericano y el mundo. Aparte de las hermosas tomas del oeste norteamericano por parte de Ford, captadas a través del lente del director de foto Winton C. Hoch, The Searchers encara el tema de la conquista de los nativos a manos de los invasores anglosajones, impulsados hacia el oeste del territorio estadounidense en el siglo XIX por el supuesto “destino manifiesto”.

Otros westerns previo a The Searchers se habían limitado a retratar a los nativos como unas bestias salvajes despiadadas, y tanto Ford como el guionista Frank S. Nugent (quien se basó en la novela homónima de Alan Le May) no se distancian mucho de esa representación arcaica…pero esta vez ponen en tela de juicio las actitudes de desprecio y racismo por parte de anticuados anglosajones conservadores hacia ellos. En este caso vemos el repudio que Ethan Edwards (John Wayne) le tiene a los “comanches”, un desprecio quizás justificado, pues Edwards es un retirado soldado de la confederación sureña, quién pasó un par de años divagando por el desierto después de que había terminado la guerra civil. Uno solo puede imaginarse las atrocidades que le tocó vivir en carne propia deambulando por tierra de indios. Un sobrino postizo de Edwards, Martin Pawley (Jeffrey Hunter), es 1/8 “indio” y esto parece ser demasiado para el personaje de Wayne, quien no desaprovecha cualquier oportunidad para mostrarle su desprecio.

"Los buscadores" a punto de encontrarse con un grupo de "comanches"

“Los buscadores” a punto de encontrarse con un grupo de “comanches”

El odio de Edwards hacia los comanches llega a su punto más alto cuando después de una breve expedición, llega a casa de la familia de su hermano, quienes le han dado asilo desde su regreso definitivo, y los encuentra masacrados, la casa de adobe completamente quemada y a sus dos sobrinas desaparecidas, supuestamente secuestradas por los comanches para quien sabe qué tipo de barbaridades que les tienen preparadas. Edwards y Pawley se embarcan en una búsqueda que les toma años para recuperar a sus sobrinas. Recalcitrantemente el viejo Edwards acepta al joven Pawley como su pareja en el viaje, advirtiéndole “yo pongo las órdenes” y por las constantes amenazas de violencia que le muestra, parece que Edwards no dudará ni un segundo en dejar al joven en medio del desierto a su propia suerte. Edwards, aún en las pantallas de los conservadores 50’s, ya era un personaje anticuado; representaba ese llanero solitario, necio e incorregible, que empezaba a pasar de moda con el público de aquel entonces. Los artistas del viejo Hollywood, como Ford, estaban listos para dejarlos atrás, pero no de una manera tan descarada…insinuando solamente las “cualidades” norteamericanas que en “tiempos modernos” ya eran obsoletas.

SPOILER ALERT SPOILER ALERT SPOILER ALERT SPOILER ALERT SPOILER ALERT

El marco de una puerta es un símbolo recurrente en este filme. Especialmente cuando se le contrasta con la expansiva planicie norteamericana (cuyos encuadres fueron filmados en el estado de Utah) que uno puede admirar tan solo poniendo un pie fuera de la casa, pues el marco de la puerta hacia la casa de adobe parece como la entrada hacia una nueva era. Al principio del filme, cuando el vaquero grandulón de John Wayne reaparece en la casa de su hermano, se queda meditativo en el marco, pensando si será una buena idea el entrar…tal como si un hombre arcaico estuviera a punto de verse forzado en cambiar sus prejuicios y arraigados ideales. Al final, cuando Edwards entrega a la niña a lo que queda de la familia, todos corren hacia el interior de la casa, cruzando el marco sin pensarlo dos veces, Edwards nuevamente se queda en las afueras de la casa, olvidado por los demás a pesar del sacrificio de años que hizo por ellos, se toma el brazo en una señal de incomodidad, y finalmente decide no entrar, dando la media vuelta y regresando a deambular por el soleado desierto. Un final espectacular, que creo también hubiera funcionado si Wayne hubiera entrado, pues se pudo haber dicho que era el comienzo de una nueva era de héroes norteamericanos, pero independientemente de la “decisión” del personaje de Wayne o del guionista Nugent, en meter o dejar afuera a Edwards, me quedo con el simbolismo presente.

Edwards prefiere seguir a la intemperie, realmente como un llanero solitario, después de haberse “salvado” moralmente cuando finalmente encuentra a la pequeña Debbie (Natalie Wood), a quien originalmente la estaba buscando no para salvarla…pero para matarla!, ya que según Edwards la habían convertido en bestia los comanches en el momento que la llevaron a vivir con ellos. Esta trama del hombre en busca de la pequeña reaparecería en varios trabajos cinematográficos en el futuro. The Searchers (Más Corazón Que Odio, en México) fue la joya en la obra de John Ford y John Wayne y sigue siendo uno de los filmes más influyentes de la historia.

Edwards (John Wayne) mejor se va

Edwards (John Wayne) mejor se va

4.5 / 5

The Hateful Eight

29 Mar

the hateful eight 2

El octavo largometraje de Quentin Tarantino no terminó ser precisamente el majestuoso western que estaba esperando. Bien, pues en parte no me puedo quejar porque acababa de ver un espectacular western, a cuyo cinematógrafo le valió su tercer Óscar consecutivo. Y el séptimo filme de Tarantino recordamos fue la muy bien recibida Django Unchained, un épico cuento de venganza (como es costumbre de Tarantino) que retrataba esos paisajes nevados que nos gusta disfrutar en este género, acompañados de musicalización por parte de algunas viejas piezas de Ennio Morricone.

The Hateful Eight, Los Ocho Más Odiados, no resultó ser un western en ese sentido, no se sometió a los principios estéticos del género, sino más bien es un claustrofóbico juego de misterio donde ocho extraños, entre ellos convictos, caza-recompensas y militares, se encierran en una cabaña durante una tormenta invernal para darle rienda suelta a sus suspicacias y “sospechosismos”; es el típico caso de “cabin fever“, lo que aqueja a un grupo de personas encerradas en un mismo lugar. El diálogo, siempre un punto fuerte de Tarantino, vuelve a ser un acierto en este su octava película; es ácido, dinámico, captura la complejidad de las interacciones humanas y contiene esa buena dosis de humor que le esperamos, a veces demasiado obvio, pero que es parte de su sello como guionista. La trama en general es otra cosa, Tarantino trata de meter toda una época en una cabaña y pues simplemente no cabe; historias sobre la guerra civil, sobre el presidente Lincoln, sobre historias de venganza que suceden en otros condados del sur norteamericano; todo suena muy bien, pero nosotros ahí seguimos en la cabaña hasta el final de las casi tres horas, en lo que termina siendo un glorificado juego de “Clue”. the hateful eight 1

El elenco es diverso y colorido, lo que le resta un poco de monotonía a la claustrofóbica trama. Nuevamente aparece en un papel importante dentro de una película de Tarantino el actor Samuel L. Jackson, un una interpretación vil y sádica, pero que también cuenta con sus momentos donde aparece desprotegido y en profundo sufrimiento, se me hizo uno de sus papeles más interesantes en los últimos años. Jackson es el caza recompensas Marquis Warren, un desalmado ex-militante del ejército de la Unión durante la Guerra Civil Norteamericana, quien ahora transporta dos cadáveres hacia el pueblo de Red Rock en Wyoming, para ganarse una recompensa. En el camino se encuentra con Kurt Russell como John Ruth, quien va en diligencia por la nieve hacia el mismo pueblo a entregar en persona a una fugitiva, Daisy Domergue (Jennifer Jason Leigh)…y a toda la comitiva se les une otra persona buscando raite, el Sheriff Chris Mannix (Walter Goggins), y quien resulta será el nuevo Sheriff del pueblo a donde todos se dirigen…o sea que será el que le pague a los personajes de Russell y Jackson sus recompensas, así como el que personalmente ordene la ejecución de Jason Leigh en la horca…lo que pone a pensar a los involucrados y se empiezan a entrecruzar sus intereses.

Ante una nevada implacable, los viajeros de la diligencia buscan refugio en un pequeño motel, llamado “Minnie’s Haberdashery” (“La Mercería de Minnie”) donde se topan con otro grupo de personas, entre ellos el retirado oficial sureño de la Confederación, el General Sanford Smithers (Bruce Dern), un mexicano amigable llamado Bob (Demián Bichir), un forastero en camino a visitar a su madre, llamado Joe Gage (Michael Madsen) y un simpático pequeño hombre inglés, Oswaldo Mobray (Tim Roth). Como usted seguramente ya lo pudo haber imaginado, no todos los personajes son las personas que dicen que son; hay individuos truculentos, sangrientos y sin escrúpulos entre la comitiva y sus diferentes intereses irán dándole un giro más violento a esta trama de Tarantino. La ausencia de la mentada Minnie es uno de los primeros indicios de que no todo es lo que parece.

El director de foto, Robert Richardson, filmando en 70 mm.

El director de foto, Robert Richardson, filmando en 70 mm.

Parece que Tarantino sigue queriendo probar sus capacidades como director bajo condiciones extremas, tal como el caso de la pelea entre “La Novia” y 88 asesinos japoneses (el “Crazy 88”) en la primera parte de Kill Bill, donde dijo “si no me sale, entonces no soy tan bueno como pensaba”…ahora Tarantino quiso encapsular toda la acción de un western en una sala, que cuenta con una chimenea y unos cuantos sillones. Si el director quería que la suspicacia fuera in crescendo hasta explotar, literalmente, en un montón de sangre y vísceras (o vísceras hechas puré, que se asemejan más a simple sangre), no puede decir uno que no lo logró…y que no fue aumentando la tensión con mano maestra, ayudándose, claro, de las piezas musicales del maestro Ennio Morricone, quien compuso el soundtrack para su primer western en 34 años. Tarantino, quien ya había utilizado el trabajo del compositor ampliamente en sus filmes pasados, ahora tuvo el lujo de contar con material original, escrito específicamente para su película.

Pero The Hateful Eight, se siente más como un reto personal de Tarantino hacia Tarantino que un sincero esfuerzo por entretener a sus seguidores. Aunque haya salido a promocionar la obra en 70 mm como parte de una proyección ambulante, un roadshow, cosa que no se hacía en décadas (y como dijo él mismo después de analizar los gastos vs. los ingresos: “ahora ya veo porqué”), el mismo roadshow refleja a final de cuentas algo innegable de Tarantino: un amor inmenso por el cine, tanto como un tipo de arte, como un estilo de vida. Tampoco le ayudó a Los Ocho Más Odiados que le tocó ser el jamón dentro de un sandwich western, donde tuve la oportunidad de ver The Revenant antes de ella, y The Searchers, el clásico de John Ford, justo después…estoy seguro que Tarantino estará muy preocupado al respecto.

Pero a final de cuentas, y desgraciadamente, mi película menos favorita de este director. Incluye sus sellos característicos, un guion agudo y cómico, acción y violencia desmedidas, pero en este caso faltó el descaro tarantinesco para atrapar a su público y llevarlo por el camino de una historia descabellada, no sentarlo a mamarse las intrigas de un juego de mesa. Ese descaro cinematográfico no llegó a “La Mercería de Minnie”.

2.5 / 5

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