Cómprame Un Revolver

18 Jun

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En un futuro distópico, México es controlado completamente por el narcotráfico; reina la violencia y la anarquía; y el feminicidio rampante ha hecho que las mujeres sean pocas y se encuentren en permanente peligro pues se las pueden robar a cada momento. Es el escenario que nos presenta el director y escritor Julio Hernández Cordón, nacido en E.U.A., de padres mexicanos y guatemaltecos, un escenario que no dista mucho del presente de nuestro país. Hernández Cordón había presentado previamente al narcotráfico como el villano favorito en México, en su película Te Prometo Anarquía, y aunque el cineasta vivió y estudió un tiempo en México, después de un tiempo deja de ser simpático que un chicano te esté recordando que México es el infierno sobre la tierra…la brutalidad de este tema es algo que vivimos día a día en este país, y más allá de que alguien pueda decir que es moralmente ético abordar el tema en un proyecto cinematográfico (como obligación), mínimo los mexicanos nos podemos reservar el derecho a decir si nos gusta, o nos caga, que personas que viven fuera del territorio continúen explotando esta temática, a la distancia.

El personaje principal es la niña Huck (Matilde Hernández, hija del director) quién vive en la clandestinidad con su padre Rogelio (Rogelio Sosa), bajo la identidad de un niño, para que los maleantes no se la roben, el padre incluso la mantiene encadenada al camper donde los dos viven. Rogelio “trabaja” cuidando y dándole mantenimiento a un campo de béisbol de los narcos, que usan de vez en cuando para esparcirse. A Rogelio lo traen como si fuera la mascota del equipo, atormentándolo a placer; y Rogelio no se ayuda a si mismo, ya que es adicto a las drogas que le dan a cuentagotas los narcos, para mantenerlo todavía más sometido.

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Los niños (Huck con la máscara)

Es una situación precaria, y el lazo entre padre e hija es lo que parece los mantiene con vida día a día. Hay una nostalgia que permea su mundo, o ese rincón del mundo desolado que ellos llaman hogar, casi de una cualidad fantasiosa, como el mundo de la pequeña “Hushpuppy” en Beasts of the Southern Wild, y en cuanto a la relación afectuosa que Huck tiene con los otros niños que deambulan por ahí (disfrazados de cualquier cosa, hasta de matorral, para que no se los roben…a uno de los niños ya le amputaron una mano los narcos), Stand By Me se me hizo otro referente de los lazos entre amistades infantiles que se forjan a partir de la adversidad. Mad Max y Children Of Men, también son referentes en cuanto a mundos distópicos.

Rogelio es también músico, y un buen día, el jefe mayor de los narcos le pide que amenice su pachanga con el resto de su banda. Para cuando Rogelio y el resto de los músicos (y Huck disfrazada) llegan a la fiesta ostentosa, superando retén tras retén de seguridad (cada vez comandado por un narco más violento y más prepotente), algo nos dice que pronto estaremos cara a cara con el proverbial “conflicto” de la trama. En ese aspecto, personalmente no aprecié mucho la trama descabellada, por momentos inconexa, que te lleva de escena a escena solo con el pretexto de enseñarte algo llamativo visualmente, de humo morado flotando desde el interior del camper hacia la oscuridad de la noche (durante un viaje estupefaciente de Rogelio) a un grupo de niños jugando béisbol en el estadio vacío con la canción “Bam Bam” de Sister Nancy de fondo, música diegética que viene del camper de Rogelio. Es forzado y se ve la mano del escritor, el director y el supervisor de música, distrayéndonos de la trama para presumirnos sus talentos o su buen gusto.

Es inconexa y moralina, si acaso propone la solución de nuestros problemas preservando la inocencia y buena naturaleza de los niños (yo digo que como son humanos, hay unos niños bullies hijos de la chingada, o no?). Cómprame Un Revolver (Buy Me A Gun, en inglés), una frase para que la digan casualmente los niños vendedores de las calles en una CDMX del futuro cercano, es visualmente atractiva, semi entretenida, pero a final de cuentas demasiado inconsistente, una Heli en manos de un cineasta menos talentoso (una lástima, pues Te Prometo Anarquía si la pude disfrutar). Si quieres una película realmente buena, yo digo nein; si quieres más narco-violencia pretenciosa, date karate.

2 / 5

 

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Rocketman

2 Jun

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“Una rockola fantástica” sería lo más conciso que podría llegar a describir Rocketman, la película que cuenta la historia del ícono del rock, Elton John, durante su periodo cenit como súper astro mundial. Anclada en las imágenes fantásticas que nos llegan a la cabeza cuando uno escucha las historias de los roqueros y glam roqueros de principios y mediados de los 70 (Led ZeppelinThe WhoThe Rolling Stones), Rocketman se deleita en el surrealismo para presentarnos esa verdad extravagante a nosotros, meros mortales, los cuales a veces no queremos conocer *bostezo* la “cruda realidad” de las cosas, ni saber exactamente qué año fue tal concierto, ni cual álbum salió primero, y cual salió después, ni quién grabó la pinche segunda vocal en dicha rola…eso se puede hacer en casa, con una página de Wikipedia y una playlist de Elton John.

Queremos momentos de desprendimiento onírico, poéticos y chillantes (como el mismo John vestido en Gianni Versace), queremos ver a John suicidándose con un clavado a la alberca, tocando fondo (literal), y ahí en el fondo, encontrarse con Elton John de niño (portando un enorme casco de buzo, que lo hace parecerse a Arenita de Bob Esponja), y ya estando ahí los dos, haciendo dueto de, cual otra, “Rocket Man”.

Es absurda, pero mucho más entretenida que Bohemian Rhapsody (única vez que la menciono) y sorpresivamente, mejor escrita, mejor filmada y, más que todo, mejor editada. El director Dexter Fletcher, quién había entrado de última hora a salvar Bohemian Rhapsody (segunda y última) tras el despido polémico de Bryan Singer, toma un guión de Lee Hall, y con la producción ejecutiva del propio Elton, conduce a Taron Egerton (en el papel estelar) por una interpretación explosiva y demandante, física y emocionalmente; y guarda el pathos para las relaciones entre el artista y aquellos cercanos a él: sus padres distantes (Bryce Dallas Howard como su madre); su empatía con su letrista de toda la vida, Bernie Taupin (Jamie Bell); y su relación tortuosa/amorosa con su manager John Reid (Richard Madden de Game of Thrones).

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Taron Egerton como Elton John, aquí en la última etapa del artista mostrada en la película. Principios de los 80’s y el lanzamiento del video para “I’m Still Standing”

El atractivo audiovisual lo deja para las viñetas musicales, que sirven para relatar un punto clave en la vida del artista. Como los excesos en “Honky Cat”, la fiesta adolescente en “Saturday Night’s Alright for Fighting” y la nostalgia en “Goodbye Yellow Brick Road”. Todo visto en retrospectiva, con el rockstar contando su historia en una junta de alcohólicos anónimos, donde confiesa sus adicciones al alcohol, al sexo, al pase, al shopping y a devolver en el escusado toda la costosa comida que ingería.

Rocketman son los recuerdos deludidos y surreales de un artista que está despidiéndose del escenario (literal, anda despidiéndose por el mundo), es una obra audiovisual para despreocupadamente vivir una época de excesos y de música; es algo raro en el canon del cine mundial: una rock biopic que (en su mayoría) funciona…no como, otras.

Para la revista Indie Rocks!

4 / 5

L’Homme Qui Amait Les Femmes

22 May

Después de haber visto y reseñado una de los trabajos más representativos de Truffaut, Jules Et Jim, decidí darle la oportunidad a uno de sus proyectos más discretos, ni más ni menos que El Hombre Que Amaba Las Mujeres de 1977. Denominada una comedia (algo que me sorprendió, pues no se me hizo particularmente graciosa), este trabajo del director y escritor francés traza el recorrido de un casanova de Montpellier y sus aventuras con varias mujeres a lo largo de unos meses. Bertrand es un hombre que no puede vivir sin la compañía femenina, prefiere estar solo, que convivir con otros hombres. No es un macho con ellas, realmente siente amor pasional por cada uno de sus romances, y se jacta de amar a cada una diferente, porque pues cada mujer es diferente.

Pero realmente, el objetivo de Truffaut, es describir a su personaje Bertrand (Charles Denner) a través de sus mujeres, una referencia semi-autobiográfica que uno no puede ignorar como levemente egocéntrica. Bertrand logra sustraer de cada mujer su parte más interesante, más excéntrica, más peligrosa. Desde la deschavetada Delphine, una mujer casada que presiona a Bertrand para tener encuentros sexuales en lugares cada vez más públicos y arriesgados…antes de acabar en la cárcel por atentar contra la vida de su propio esposo; hasta Hélène, la dueña de una tienda de ropa interior femenina, que rechaza a Bertrand, pues dice que ella prefiere a hombres por debajo de los 30 años (aunque ella tiene 41).

Bertrand escribiendo un recuento para una novela que quiere publicar.

La compulsión que tiene Bertrand por las mujeres es explicada por Truffaut, cuando en algunos flashbacks en blanco y negro, Bertrand recuerda a su madre, una prostituta de alto nivel, caminando por la calle con su falda y sus medias, atrayendo la mirada de los hombres (potenciales clientes); recuerda su maltrato, y su hostigamiento para todo lo que el pequeño Bertrand hacía, excepto leer (eso explica otra tendencia del adulto Bertrand, su afición por la lectura). Todo este pasaje en la historia puede ser visto como otro pedazo autobiográfico, pues la niñez de Truffaut fue mala, por no decir espantosa, especialmente el maltrato por parte de su madre. Los niños maltratados buscan a sus madres, es evidente en una escena donde Bertrand engaña a una niñera para que visite su departamento; Bertrand ni siquiera tiene niños, y esconde un muñeco bajo las cobijas para engañar a la niñera; al ser descubierto, la niñera le pregunta airadamente, con el muñeco en la mano, “y este quien es?”, a lo que Bertrand responde relajadamente, “c’est moi” (“soy yo”). (Vaya que eso si es gracioso, viéndolo en retrospectiva).

Pero más que un ejercicio en psicología, se recomienda apreciar esta “comedia”, The Man Who Loved Women (la original, puesto que pocos años después, habría un remake con Burt Reynolds) para pasar un rato libre y casual, sin mucho ejercicio intelectual. Creo que es uno de los trabajos de Truffaut más encaminados en brindar ese tipo de entretenimiento relajado a los espectadores. A final de cuentas, un guion que el cineasta francés se cocinó entre toma y toma de un proyecto más ambicioso, Encuentros Cercanos Del Tercer Tipo de Spielberg.

2.5 / 5

Jules Et Jim

10 May

Utilizando un arsenal de técnicas fílmicas (freeze-frames, paneos, dollies, planos secuencia, archivo documental, fotos periodísticas), François Truffaut cuenta una historia que define la naturaleza del amor, no simplemente entre un hombre y una mujer, sino entre dos amigos (Jules y Jim son dos hombres, y no, no hay nada sexual entre ellos), entre dos hombres hacia una mujer (ambos amigos se enamoran de la misma mujer) y del amor que los individuos comparten dentro de una misma circunstancia (la seguridad y calidez de ser un trío y vivir juntos). Jules Y Jim es el inicio de los 60’s, se puede apreciar en el estilo cinemático, y en la rebeldía y libertad de la juventud, que después sería el catalizador del movimiento contracorriente de aquella década tan tumultuosa. Jules, Jim y Catherine (la mujer en el trío, interpretada magistralmente por Jeanne Moureau) instigan su propia revolución, y disfrutan de la juventud libremente a las orillas del Sena, corriendo y saltando por las calles de París, tomando el café con el sol en algún chateau playero; pero cuando tratan de incluir su estilo de vida en la madurez de los 30 años de edad, se topan con que las convenciones externas (sociales) e internas (afectivas) del ser humano los conduce a la tristeza y la amargura.

Jeanne Moureau como Catherine

La historia comienza cuando Jim, un bohemio francés extrovertido, conoce a Jules, un introvertido escritor austriaco; y ambos comienzan una cálida amistad, al compartir los mismos gustos por la diversión, las mujeres y la cultura; de compartirse poesía a practicar el arte marcial del savate francés, la amistad es fresca y sincera, Truffaut puntualiza que es una amistad distinta al paradigma masculino de la época, pues compañeros de ellos ya desde entonces la catalogan como “extraña”. Es el principio de los 1910’s, antes de que la Gran Guerra (la Primera Guerra Mundial), rompiera con el espíritu optimista de Europa. Jules busca a la mujer perfecta para él, ya que algunas son muy extrovertidas, algunas muy introvertidas, y las prostitutas lo siguen dejando vacío; eso no impide que Jim y Jules socialicen y conozcan a varias mujeres, en cafés y restaurantes. Una noche, Jules y Jim acuden al departamento de su amigo Alfred para que este último les enseñe unas diapositivas de estatuas durante su último viaje. Jules y Jim quedan encantados con la imagen de una escultura de una mujer serena, de ligera sonrisa, y no saben exactamente porqué, pero pronto, su fascinación por la estatua los conduce a una isla en el Mar Adriático, donde acuden a ver la estatua en persona.

Catherine, Jim & Jules jugando a las carreras en un puente peatonal

Poco después, conocen a Catherine (Moureau), una mujer que porta la misma casual alegría que el semblante de aquella estatua. Los tres empiezan esa amistad alegre que les he descrito con anterioridad; todo esto en la antesala de la Primera Guerra Mundial. Cuando estalla la guerra, Jim es mandado por el ejército francés al frente de la guerra, el ejército austriaco hace lo mismo con Jules, y ambos amigos corren con la angustia de eliminar al otro accidentalmente durante el combate. Truffaut utiliza videos documentales de la época para retratar la guerra, y vemos antiguas imágenes de soldados corriendo con su fusil por los paisajes europeos, detonaciones estruendosas y tanques avanzando por pequeños montes. Truffaut utiliza a un narrador para puntualizar algunas cosas que no son perceptibles a simple vista, como la reacción, o la emoción interna, de un personaje ante algún suceso, cuando en el exterior no refleja mucho; un sentimiento de nostalgia lo invade a uno con la voz de este narrador, pues recapacita uno que se está viendo una historia que “ya sucedió”. La influencia del narrador parlanchín en el Ciudadano Kane es evidente.

Terminada la guerra, Catherine se casa con su fiel y servicial Jules, y tienen una hija pequeña, Sabine. Viven en Alemania, a un lado del Rin, en la llamada Selva Negra, y ahí acude Jim a reencontrarse con sus amigos y revivir glorias pasadas. Pero la configuración marital es un obstáculo para los coqueteos de Catherine con Jim, y Jules le confiesa a su amigo que Catherine es rebelde, impredecible, y le ha sido infiel en el pasado; es tal su desesperación por mantenerla en su vida, que le da autorización a Jim de casarse con Catherine, siempre y cuando deje seguirla viendo. Así, la taciturna de Catherine se entretiene en manipular a los hombres (y a Alfred también, el de las diapositivas, que vive cerca de la cabaña en el Rín), pero tan pronto como obtiene por completo a un hombre, se aburre; diría que el comentario de Truffaut sobre las mujeres no es positivo, retratándolas como efímeras y superficiales, pero recordemos que Truffaut adaptó esta historia a partir de un libro de Henri-Pierre Roché, que encontró en un puesto de libros de segunda mano a la orilla del Sena.

Jules & Jim atras, Catherine & Alfred enfrente

Jules Et Jim es irreverente en su cinematografía, de acorde al movimiento contestatario de la Nouvelle Vague frente al cine clásico, tanto francés como hollywoodense. Recomiendo ampliamente esta película, y analizarla en el contexto de un cine europeo que iba a entrar en un nuevo movimiento cinemático, cuyo dogma sigue siendo presente en el cine de hoy en día, no solo en el de arte, pero en el ámbito del cine comercial general también, una influencia indeleble en el séptimo arte.

4.5 / 5

Shoplifters

20 Mar

Un Asunto De Familia (título en México) es una de las películas más sublimes que he visto en el último año, junto con Roma, donde me ha encantado el poder sutil del desarrollo de personajes de esta película, de sus actuaciones, de su edición, pero sobre todo: de su dirección. Es de esas películas que no contiene un componente explosivamente llamativo, pero conforme va avanzando, se te mete por todos los poros y sientes su gravedad en el pecho; es una película que presientes va a estar en tu memoria por muchos años.

Hirokazu Kore-eda escribe y dirige la historia de una familia japonesa en situación económica precaria; por una parte el padre de la familia, Osamu (Lily Franky), se ha lastimado en uno de sus trabajos de oficio y no recibirá incapacidad, por lo que recurre frecuentemente al hurto en supermercados con la ayuda de su “hijo” Shota (Kairi Jō), donde la pareja utiliza señales con las manos para robarse todo tipo de productos, hasta, en una ocasión, cañas de pesca. La “madre” de la familia, Nobuyo (Sakura Ando), es una empleada en una lavandería industrial, y también acostumbra cometer sus pequeños robos, tanto a los clientes que dejan sus prendas, como al propio negocio, sin embargo, su amplia sonrisa y franca inocencia, la hacen un personaje inmediatamente simpático. La hija mayor, o hermana menor de la madre Nobuyo (hay mucha ambigüedad sobre el verdadero parentesco de los que habitan la casa), se llama Aki (Mayu Matsuoka) y aporta a la casa haciendo bailes eróticos en un cabaret de soft-porn. Todos son principalmente mantenidos por la viejita Hatsue Shibata (Kirin Kiki, en su último rol actoral), quién recibe una pensión por su esposo difunto, y también se trae sus propias tranzas entre manos.

Cuando la familia encuentra a una pequeña hambrienta, abusada y friolenta, la niña de 6 años Yuri (Miyu Sasaki), Osamu y Nobuyo renuentemente la llevan a su apretujada casucha y la alimentan con comida que me imagino no era muy nutritiva, pero entre tantas bolitas de arroz y fideos (y el sonido que hacen cuando los succionan), yo estaba pensando en la comida de las películas Miyazaki. Pronto, Osamu y el pequeño Shota tienen a la niña Yuri aprendiendo el arte de robar en las tiendas; mientras que las autoridades andan buscando a la niña, naturalmente pensando que ha sido secuestrada.

A pesar del cariño que Yuri encuentra con su nueva “familia”, lejos del escarnio y la violencia de su familia biológica; el estado y la burocracia pretende devolverla al sufrimiento y castigar a los que la acogieron dentro de un seno familiar aun cuando no era su responsabilidad. Kore-eda analiza estos conceptos sociales como la justicia, y especialmente, el concepto de familia, algo que el cineasta ya había abordado en sus trabajos previos como Still Walking (2008) y After The Storm (2016). Qué define a una familia, solo la sangre, la genética?; no es un grupo de amigos, apegados entre sí, un conjunto más estrecho de personas, ya que escogieron compartir su vida con los otros del grupo?. En este sentido, Kore-eda, presenta el dilema sobre el concepto que tenemos de familia, pero no nos presenta una respuesta, aludiendo a varias interpretaciones durante todo el filme.

La “familia”, feliz en su viaje a la playa…no se si pequeño homenaje a Tokyo Story

El ritmo pausado de Kore-eda nos entretiene sin demasiada acción en la pantalla, su tono reflexivo deja que las escenas se vayan desenvolviendo naturalmente (mostrando el buen trabajo del editor…que también, es Kore-eda); no es casualidad que a este cineasta lo estén comparando con el más grande del drama japonés, Yasujirō Ozu, ya que comparten en sus películas un pathos natural, que serenamente nos deconstruye dilemas universales, con los que podemos empatizar, en el Japón y en todo el mundo.

Shoplifters ganó la Palm D’Or a mejor película en el festival de Cannes del 2018

4.5 / 5

Baby Driver

10 Mar

 

El director británico Edgar Wright (Shaun Of The Dead, Hot Fuzz) hace entrega de una emocionante película de acción, pero sin la clara intención cómica de sus previas aventuras cinematográficas. Ansel Elgort (The Fault In Our Stars) es Baby, un conductor de escape para asaltos bancarios; silencioso por naturaleza, pero dotado con el don de manejar muy rápido y esquivar muchos obstáculos, Baby es como una versión más relajada del personaje de Ryan Gosling en Drive. La seña particular de Baby es el par de audífonos que permanentemente tiene en sus oídos, donde sincroniza playlists repletos de canciones de rock, soul y motown para coreografiar sus huidas.

La obsesión de Baby por la música es simpática, pero se siente trillado, el típico tick del héroe de la película de acción. De hecho la película de Wright, quién también escribió el guion, está nadando en clichés de película de policías y ladrones; el villano principal y cerebro de los asaltos, a quién le llaman el Doctor (vaya originalidad) es Kevin Spacey (pre-escándalo) en un papel frío y calculador; Jon Hamm es uno de los asaltantes, y su interpretación de bad-boy grasoso es tan estereotipado que Negan de The Walking Dead le queda corto; Eiza González es la gatita coqueta y peligrosa; y Jamie Foxx es el típico gangster híper-agresivo.

El dilema de Baby está en mantener su vida criminal separada de su vida personal, que incluye el cuidado de su padrastro, un viejito sordo afro-americano, y su nuevo amor, (agárrense porque esto si está cursi) la mesera (Lily James) del café donde trabajaba su mamá. Por un malentendido con el Doc, Baby acaba debiéndole mucho dinero, así que pone sus talentos de manejo a disposición del personaje de Spacey para pagar su deuda. Pero obviamente que el Doctor no lo va a dejar ir tan fácilmente, y cuando Baby cumple con su deuda, el jefe lo amenaza con lastimarlo a él y a su novia y a su pobre padrastro negrito en silla de ruedas, si es que decide dejar de manejar para él. Baby tendrá que ser el máximo bad-boy rebelde si quiere escaparse de las fauces del capo criminal, la policía, y fugarse por siempre con su novia, donde como se dicen entre ellos románticamente “solo seremos nosotros, el camino y la música”.

Eiza González y Jon Hamm

La música es un ingrediente clave en esta obra de Wright; es la inspiración principal de Baby, tanto literalmente (la tiene siempre presente en sus audífonos, sincroniza sus escapes con cada canción), como de una manera más simbólica (la madre fallecida de Baby era cantante, y uno de los casettes más preciados de Baby es de su mamá, cantando “Easy” de los Commodores). La película puede parecer demasiado dependiente de la música, se siente que cada 3 minutos nos introducen en otro segmento musical, llega un punto en donde nos dan ganas de pedirle a Wright que mejor se dedique a ser director de videos musicales.

Tiene un songtrack interesante, pero no excepcional, con rolas algo desconocidas de Simon & Garfunkel (la que le da el título a la película), T. Rex, Beck, The Damned; hasta se da el lujo de incluir algunos instrumentales de Blur y R.E.M.; y gracias a productores como Kid Koala, se hicieron unos mixes específicamente para la película, que se supone que Baby se pasa produciendo en su cuarto durante sus tiempos libres. Si fuera 1996, el songtrack y la prominencia de un songtrack ecléctico hubiera sido algo refrescante, pero después de Tarantino, y en pleno 2018, se aprecia un poco aburrido y pretencioso, el obrar de una película tratando desesperadamente de ser insufriblemente cool; el resultado final es, en el mejor de los casos, nada espectacuar.

Esa fue mi impresión inicial sobre Baby Driver (El Aprendíz Del Crímen, en español), una película por demás pretenciosa de Wright, pero una vez que me familiaricé con la situación precaria de Baby, me dejé seducir por lo que la primera escena espectacular de persecución insinuaba: esta era básicamente una buena película de acción. Los escapes de Baby producen unas persecuciones policiacas por las carreteras de Atlanta muy emocionantes, con nuevas ideas para eludir a esos molestos helicópteros policiacos. Wright se empeñó en utilizar el menor número de efectos de pantalla verde posibles, y se aprecia en la velocidad y habilidad de los conductores de stunt para derrapar, quemar llanta y aventarse unas maniobras, como un doble derrape en U, que te dejan preguntando “como le hicieron?”, y hasta percibiendo un ligero olor a llanta quemada en el ambiente.

Los efectos están apegados a la autenticidad, pero son ejecutados y editados con un guiño de fantasía; de hecho, con su ritmo acelerado, su violencia cómica, su tendencia hacia lo musical, y su iluminación alegre, Baby Driver es como el hermanito menor de Drive; donde ambas películas hablan sobre el solitario chofer criminal, pero cada una con un tono MUY diferente. Drive es muy superior a la película protagonista de esta reseña, debo decirlo.

P.S. Aquí la buenísima primera persecución, Baby conduce a su equipo hacia la libertad.

3 / 5

Fyre: The Greatest Party That Never Happened

20 Feb

 

Lo que es: el recuento del FAIL más grande, más espectacular, de proporciones bíblicas, que se ha visto en los últimos tiempos; sí, más ÉPICO. No hay una técnica, una intención, de los productores, por darle algún toque especial a este documental, es simplemente un recuento de la estrepitosa caída del Fyre Festival, el festival musical en las Bahamas de hace como año y medio, que causó revuelo en las redes sociales. Los productores, conformados por elementos de la agencia Jerry Media, que estuvo encargada de promover el festival (y que ahora busca distanciarse de la catástrofe), hacen buen trabajo en condenar al villano favorito, Billy McFarland, al presentarlo como un millenial vacío y superficial, que creció en un ambiente cómodo, y nunca ha sabido valorar el tiempo y el esfuerzo de los demás.

En un sentido general, el documental nos ayuda a poner en perspectiva esta cultura “millenial”, la cual muchos dicen que no existe, o cuyo término se considera ofensivo. Fyre vendió un producto antes de haberlo construido a través de una agresiva campaña en internet, promocionaba una fiesta en una isla desierta (“la isla de Pablo Escobar”, anunciaban) con supermodelos, yates, champán; todo con el empuje de muchísimos influencers en Instagram (como Bella Hadid y Emily Ratajkowski). El rapero Ja Rule aparece como co-fundador de la empresa. De alguna manera el documental encapsula todo esto que supuestamente les atrae a los millenials: la fama efímera, el caché, el dinero como herramienta para pavonear, vaya, todo lo que se ha enaltecido en un mundo post- Kim Kardashian. Para rematar, la debacle del festival se gestó cuando un montón de estos millenials tuvieron que ponerse a calcular: escusados, kilómetros cuadrados disponibles, comida, etc; fue en ese momento que individuos que se autocalifican como “persona que encuentra soluciones, no busca obstáculos” (ya sabes de cuales, de las que piden las cosas “para ayer”) tuvieron que lidiar con obstáculos reales y mensurables.

El documental permite un poco de simpatía hacia Billy McFarland, aun cuando él insiste en manejar McLarens y vivir un estilo de vida exageradamente extravagante, pues uno presiente que es bueno para su negocio mantener esa apariencia; pero cualquier simpatía desaparece completamente cuando después de haber salido bajo fianza por el desastre de Fyre, Billy vuelve a las andadas, embaucando a las MISMAS personas que habían comprado boleto para Fyre (yendo nuevamente tras los más tarugos y superficiales, básicamente), con otra nueva estafa: boletos para eventos de lujo a precio de descuento. Y en un momento dado, Billy le pregunta a un camarógrafo afro-americano cómo es la prisión, y trás escuchar lo incómodo que ese lugar suena, afirma que “yo nunca iré a prisión”.

Fyre: The Greatest Party That Never Happened (en Netflix), es un recuento interesante de un proyecto faraónico que nunca tuvo la organización y logística que se merecía, y que, cual fuego digital, creció en redes sociales a proporciones peligrosas e incontrolables.

2 / 5

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