Three Billboards Outside Ebbing, Missouri – – – Pueblo chico, infierno grande

5 Jun

Empezaré por decir que el guion de esta película es de los mejores que he tenido el lujo de disfrutar en los últimos años, el diálogo rápido e inteligente creo que es algo que ha sido menospreciado en este filme (en donde se le ha celebrado por todo lo demás), no me acordaba de la última vez que una película me tenía carcajeándome, quizás este aspecto del trabajo ha sido pasado por alto porque a final de cuentas se te queda contigo como una desgarradora historia de redención.

La película escrita y dirigida por Martin McDonagh parece fácil en su ejecución, la trama nos atrapa y nos hace empatizar con cada uno de los personajes, pero esto es gracias al guion impecable que ya mencioné, al atinado soundtrack, con algunas piezas en guitarra acústica, que pone a los sentidos en estado receptivo, y las excepcionales actuaciones del reparto, tan sinceras que no exagero en decir, nos permiten adentrarnos hasta el alma de sus personajes. La cinematografía a cargo de Ben Davis (Kick-Ass, Avengers: Age Of Ultron) es elegante y atractiva, sin distraernos de estos personajes humildes y sencillos.

En el pueblito (ficticio) de Ebbing, Missouri, todos se conocen y los rumores viajan rápido. Mildred Hayes (Frances McDormand) es corroída por la desesperanza siete meses después de que su hija mayor fue violada, asesinada y calcinada. Nunca vemos el acto, solo escucharlo es por demás grotesco. Ante la inefectividad de la policía, Mildred, en su templada desesperación, decide rentar tres abandonados espectaculares y les coloca la frase: “Violada mientras moría, aún no hay arrestos?, como es eso jefe Willoughby?”. El jefe de la policía en cuestión es Bill Willoughby (Woody Harrelson), un hombre sinceramente bondadoso y preocupado por resolver el crimen, pero simplemente no ha tenido nuevas pistas en el caso.

Los espectaculares en cuestión

Willoughby le implora a Mildred que los quite, pues la acusación a final de cuentas es humillante para él y su familia, aparte de que tiene a todo el pueblo molesto por lo que parece es la incapacidad de Mildred para resignarse a su destino. Incluso cuando Willoughby le confiesa a Mildred que él está padeciendo de cáncer, ella no retrocede ni tantito. Es un dilema moral complejo que McDonagh nos regala, en vez de haber escrito a Willoughby como un villano, y de ahí encaminarnos hacia un fácil desenlace de justicia.

La compasión de Harrelson que muestra al interpretar a Willoughby es contrapuesta a la idiotez, lo burdo, el racismo, la misoginia, el ignorante derecho a presidir de su asistente Dixon (Sam Rockwell), un hombre que vive con su mamá racista en un chiquero de casa y que posee un aparente sistema moral regido por sus propios prejuicios, es un secreto a voces en el pueblo que recientemente torturó a un prisionero afro-americano, y cuando Mildred le pregunta con franqueza: “como va el negocio de la tortura de niggers?”, Dixon responde sin dudar: “el negocio de tortura de personas de color”. Pero el personaje es más complicado de lo que pensábamos, algo inevitable cuando un guion de McDonagh se junta con una interpretación de Rockwell (quién me encantó en aquella película olvidada de Duncan Jones, Moon), algunos vigilantes de la moral se andan quejando que la evolución del personaje de Dixon no es consistente con lo que realmente le debe pasar a un racista (les encanta a estos guerreros de la justicia social dictaminar que le debe pasar a un personaje de una película) y que en general la película glorifica el sexismo, algo absurdo pues Mildred es la rebelde badass de la película, con su peinado medio rapado debajo de su coleta, unos overoles, y una bandana en la cabeza, se ve que realmente no le importa lo que piense el pueblo de ella; pero cuando estamos en una competencia contemporánea para ver quién es más progresista, podrás encontrar cualquier pretexto para enfadarte.

La tensión ocasionada por los 3 espectaculares se desborda entre los personajes involucrados, incluido un Peter Dinklage como James, un chaparrito con sentimientos sinceros hacia Mildred, y que, gracias a la sincera interpretación de Dinklage, le da un pathos extra al filme, que a veces se necesita entre tanto humor negro. Las interacciones humanas son el atractivo principal de Three Billboards, y el tono general de la película parece extrañamente familiar, yo la sentí como la película más Coen que los hermanos Coen no hicieron. Pero la actuación de McDormand es algo que se encuentra por encima de todo lo demás, definitivamente su mejor papel desde Fargo, y yo diría que la mejor actuación de su carrera, es de una mujer al borde de explotar, pero que lucha por seguir barajeando todos los aspectos de su vida con dignidad, porque parece que la dignidad es lo último que le queda.

Woody Harrelson y Sam Rockwell

McDonagh y McDormand construyen un personaje que uno aprecia era otra persona antes de la tragedia, desde su trabajo en una tienda de artículos turísticos llamada “Southern Charms”, a como consuela al jefe Willoughby cuando este tose y escupe sangre accidentalmente en la cara de ella, producto del cáncer, él se ve entre apenado y asustado, le dice que fue un accidente, ella le dice tiernamente “i know baby”, mientras lo atiende. No habrá sido sorpresa para nadie que haya visto este filme como McDormand levantó el Oscar a mejor actriz por su actuación.

Se ha hablado mucho de su interpretación, pero al ver finalmente Tres Anuncios Por Un Crimen (título en español), uno se encuentra con una riqueza de diferentes componentes cinematográficos: actuaciones, el guion, soundtrack, etc., para apreciar a esta película como una obra maestra de McDonagh, más allá de la actuación de McDormand. Que The Shape Of Water le haya ganado mejor película, pues esa es otra historia, pero habrá estado muy cerrado con los miembros de la Academia.

P.S. Aquí una escena importante de Mildred confrontando al padre Montgomery, y como no se sujetará al egoísmo de extraños, que quieren que olvide su tragedia, o más bien, lo que realmente quieren, es que los deje vivir en paz.

4.5 / 5

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Coco

5 May

En el vasto mundo de la animación, los dioses Disney y Pixar han hecho entrega, a lo largo de los años, de películas dignas de admiración por su excelencia temática, técnica y ejecución. Tomando en consideración que sus productos van dirigidos para niños principalmente, pero cuya crítica estará compuesta exclusivamente por adultos egoístas que se les olvida que es una película infantil, siempre es un reto para la productora Pixar equilibrar el tono de la narración, el guion, y hasta del humor dentro del filme. Aun así, Pixar ha entregado puras joyas alabadas por todo tipo de público desde la primera Toy Story, pasando por Wall-E, Up, Inside Out, las otras Toy Story, etc.

Ahora Coco es propuesta como la mejor entrega de la compañía, y eso habla de lo prolífico que es aquella productora, cada nueva película aparenta ser mejor que las pasadas, incluso cuando el estándar ya es bastante elevado. La que originalmente iba a ser llamada “Día de los Muertos” (cuyo nombre original fue vetado después de un mini-fiasco de relaciones públicas), es, dejando las comparaciones de lado, una película completa que toca temas como la familia y la muerte con levedad, pero cuya trama resuena en nuestras propias vidas de tal manera que, dicho simplemente, mucha gente terminó chillando al terminar la película. Y no menos importante, la animación empleada en Coco es algo que seguramente no habías visto en tu vida.

Miguel con su tatarabuela Coco

No me voy a poner en un plan super condescendiente, como algunos compatriotas, especialmente los mexico-americanos en E.U.A. (donde aparentemente la gente tiene más tiempo y comodidad para hacer grilla por cosas como la “apropiación cultural” o por Apu de Los Simpsons) y ponerme como la máxima autoridad de la cultura mexicana (o “MI CULTURA”, como la llaman algunos) y ponerme a criticar toda la producción, porque ahora resulta que soy la máxima autoridad en cuanto a chistes sobre piñatas se refiere, solo por ser mexicano. He visto críticas de chicanos sobre como “el hombre blanco (perenne fuente del mal y enemigo eterno de los chicanos) no disfrutará completamente el filme porque no entenderá algunos chistes rebuscados sobre la selección mexicana de fútbol o Frida Kahlo”; uy!, no pues hay que tener cuidado con tan tremendas referencias culturales sofisticadas que ni Robert Langdon hubiera encontrado jamás. A veces dan ganas de precisar que México es más que lo que incluso los chicanos piensan: fútbol, luchadores, Frida Kahlo, piñatas, chanclas aventadas, pan dulce, mariachi, etc…pero precisamente dije que no iba a ponerme en este plan y ya llevo un párrafo, así que fin del rant.

La película empieza con un recuento de lo que fue el antiguo héroe de la música mexicana, Ernesto De La Cruzc (un clon de Pedro Infante), y como abandonó a su esposa Imelda Rivera (Alanna Ubach) y a su hija de 3 años Coco. Imelda no se tiró a la depresión y empezó un fructífero negocio de zapatos, que en el presente todavía es atendido por la familia Rivera; el abandono de Ernesto causó un fuerte rencor en Imelda por la música e impuso una veda a todo tipo de expresión musical en su familia; todo esto contado en una linda animación en papel picado (por supuesto).  Miguel Rivera (voz por Anthony Gonzalez) es un niño en Santa Cecilia, típico pueblito mexicano del interior del país que está destinado para hacer zapatos como el resto de su familia. Su abuela Elena (Renée Victor) le impone la prohibición por la música a pesar de que lo quiere mucho, pero Miguel realmente desea ser un músico como su ídolo Ernesto De La Cruz, ensaya clandestinamente su guitarra con su fiel compañero, el perro xolo Dante, a su lado, mientras él imita a su ídolo en viejas películas VHS y álbumes.

El espectacular mundo de los muertos

El conflicto se suscita cuando Miguel trata de perseguir su sueño musical, y ahí está su familia para prohibírselo. Cuando trata de robar una guitarra del mausoleo de Ernesto De La Cruz, por alguna razón mágica (llámese “es una caricatura”) se transporta al mundo de los muertos donde conoce a sus antepasados. Ahí está Imelda y otros familiares fallecidos, y para sorpresa de nadie, tampoco aprueban las ambiciones musicales de Miguel. Así que el niño, con la ayuda de un esqueleto vagabundo, el jocoso Héctor (Gael García Bernal), sale en busca de Ernesto De La Cruz, para conseguir su bendición, cosa necesaria para regresar al mundo de los vivos.

Y de ahí se suscitan el resto de los plot-twists que tanto nos gustan, pero independientemente podrán apreciar una historia llena de color, literalmente, es cierto que la cultura mexicana se presta mucho para los paisajes coloridos, y verán como en la pantalla brilla como oro el naranja del cempasúchil, el plateado de las máscaras de luchador, y el multicolor de diversas artesanías, flores y fuegos artificiales. Esto se magnifica en el “mundo de los muertos”, donde el director Lee Unkrich toma de las obras de Miyazaki, y reconocerán la proverbial torre futurista que siempre aparece en la ciencia-ficción, como Metropolis y Blade Runner, y que en este caso sirve como la morada del ídolo De La Cruz.

Ya había hablado de la calidad de la animación, y podrán asombrarse sobre lo real que se ve el cabello de los personajes, o las arrugas en el rostro de Coco, la abandonada niña que ahora es la tatarabuela de Miguel. Los personajes en el mundo de los muertos, son esqueletos más graciosos que amenazantes, y aunque visto desde un punto de vista general se puede considerar a todo este aspecto como macabro, especialmente para niños en otras culturas del mundo donde no se celebra algo como el Día de los Muertos, nunca sentí que los guionistas Adrian Molina (co-director también le pusieron) y Matthew Aldrich, se despegaran del tono que todo mundo espera de algo que lleva la marca Disney, incluso hay uno que otro chiste que son más oscuros y aluden directamente a la muerte de una persona.

Los números musicales son divertidos y las composiciones de calidad, desde la conocida “Remember Me” a “Un Poco Loco” (un dueto entre Miguel y Héctor) y una reinterpretación de la canción tradicional “La Llorona”. El soundtrack musical, por su parte, corrió a cargo del reconocido Michael Giacchino. Es notorio el cariño que el equipo de Unkirch y Molina pusieron en hacer la investigación cultural (estuvieron algunos meses en México), el resultado, más que “correcto” o “respetuoso”, es dinámico y entretenido, cometido final de cualquier espectáculo, porque no es un documental. Miguel, y el público, aprende sobre los valores familiares, la muerte y el amor. Coco, la llaman una carta de amor a México, me gusta más para que sea una carta de amor al buen cine.

4 / 5

Get Out

25 Apr

En los 90’s una película sobre una joven pareja que se embarca a ir a conocer los padres de la novia nos tendría preparados para agarrar unas curotas del tamaño del mundo: cuando el novio le cae gordo al suegro, cuando el novio besa accidentalmente a la suegra, cuando el suegro le impone una prueba de polígrafo al novio, y demás pinche fluff. Pero en un mundo woke, y post-Treyvon Martin, Ferguson y demás tensiones raciales; lo que más bien nos espera es literalmente una mitad comedia, mitad película de terror, máxime cuando la pareja es una joven blanca y un joven afro-americano.

Esta ópera prima jamás se hubiera imaginado que iba a venir de Jordan Peele, del dúo de sketches cómicos Key & Peele y que venía haciendo comedia desde MADTv. En un evento fortuito, tuvo la oportunidad de venderle su historia al productor Sean McKittrick, luego que su pareja cómica, Keegan-Michael Key, los presentó. Get Out es descaradamente condenadora del mundo de los blancos en E.U.A., Peele mete todos los estereotipos y sinsabores de los blancos, algo que le encanta al público afro-americano, y que es hasta bien visto en aquel país, el burlarse abiertamente de los blancos. Personalmente, nunca he pensado que ese sea el camino para reparar una convivencia social multi-racial, creando más división. Pero dejando eso de un lado, disfruté la película simplemente como una buena entrega de horror.

La pareja

Chris (Daniel Kaluuya) es un reconocido fotógrafo a su corta edad, y tiene la novia perfecta en Rose (Allison Williams). Ambos deciden visitar a los padres de ella, Missy y Dean Armitage (Catherine Keener y Bradley Whitford), en una retirada mansión en el campo, repleta de ostentosa decoración tipo country club y un aire de snobismo que grita “too white!”. No podía faltar la cabeza de venado montada en la pared, la chimenea y la larga mesa para la cena. Es el infierno según Peele. Chris le pregunta a Rose antes de ir “ya saben que soy negro?”, ella le responde que no importa, que su padre es tan no racista que seguido repite que hubiera votado por Obama por un tercer término si hubiera podido (en efecto Dean le hace el comentario gratuito a Chris). La melosa convivencia en pareja de Chris y Rose en su departamento se corta de tajo cuando un ciervo se les cruza en la carretera (creando un susto para ir despabilando los sentidos). A ello le sigue el mundo blanco de la casa de los suegros, que se puede comparar con las obras de Ira Levin, como Stepford Wives; a mí me recordó más a la utopía insidiosa de “la isla” en la antigua serie The Prisoner.

Los padres, Miss y Dean, son tan efusivos que es incómodo, hay algo falso en su calidez. Dean lleva a Chris por un recorrido de la casa, y el script de Peele está repleto de indirectas a la raza negra, Dean le enseña a Chris una vieja foto de su padre, un corredor, alado de Jesse Owens, y hace alarde de como Owens le enseñó a la raza blanca la superioridad de otra (insinuando que le late todo ese rollo de la superioridad genética), después comenta que el sótano está repleto de “moho negro”; Peele juega con la paranoia del espectador. Para la cena aparece el hermano de Rose, un inmamable preppy guero llamado Jeremy (Caleb Landry Jones), que cae en los sentidos como un mucho más prepotente hermano Winklevoss. Missy, por su parte, hace alarde de sus talentos como hipnoterapeuta para curar a sus pacientes para dejar de fumar, y le hace la oferta a Chris de liberarlo de su vicio. Para colmo de Chris, a Rose se le había olvidado que ese fin de semana iba a ser la reunión familiar anual, a la que llega una cornucopia de gente adinerada y fifí, y muy blanca claro. Llegan todos en una caravana de carros negros, cual procesión funeral…o escolta presidencial.

Los padres, Dean y Missy. Se ven adorables

Las interacciones entre Chris y los viejos blancos adinerados si son incómodas, pero te percatas a estas alturas que tal vez el soundtrack de Michael Abels le está empujando el horror al ambiente muy a fuerzas; con música salida de todos los clásicos del terror, como las de John Carpenter o Wes Craven, Abels no te deja de recordar que estás viendo una película de horror.

Pero quizás lo más escalofriante para Chris son los dos trabajadores negros en la propiedad de los Armitage, primero está el jardinero fortachón Walter (Marcus Henderson), quién, con la mirada perdida y una amabilidad entrenada, le da la bienvenida a Chris; y Georgina (Betty Gabriel), quién también posee un permanente semblante gótico de amabilidad forzada; cuando Chris le confiesa que se pone nervioso alrededor de tantos blancos ella le repite una vez “no, no, no”, entre riendo y llorando, más veces de lo que es cómodo para el público. Hay una clara distinción entre ellos y Chris, más allá de educación, clase y estatus social, hay algo más que él no alcanza a precisar, y que lo incomoda tremendamente.

El humor a carcajadas viene por parte del amigo de Chris, Rod (Lil Rel Howery), el agente de seguridad de aeropuertos, quién se queda cuidando el departamento (y el perro) de Chris, y las llamadas de preocupación a su amigo alivian, de manera graciosa, la tensión de la trama (“nadie visita la casa de los padres de su novia blanca!”, le advierte de inicio). Pero pronto, como lo había avisado Rod, la situación se descose en un pandemonio, y hay acción y sangre para todos.

Podrán notar el ritmo magistral de Peele y el editor Gregory Plotkin para avanzar la trama y darse su tiempo a nivel general, y en escenas particulares, creando un ambiente de terror o de comedia según lo que sea necesario; la película si da miedo por momentos, no es una comedia con tintes de horror como What We Do In The Shadows, pero es más bien un trabajo de terror con toques de buen humor; el timing de Peele en la comedia lo ha sabido trasladar a su primer largo, aunque sea muy por afuera de su género acostumbrado. Huye! (título en español) fue la revelación del año, échele el ojo para que compruebe porqué.

P.S. Aquí Jordan Peele deconstruye una escena de su película

3.5 / 5

La Vendedora De Fósforos

22 Apr

El director y escritor Alejo Moguillansky (El Escarabajo de Oro, El Loro y el Cisne) encierra en su último filme un conjunto de tramas cotidianas que se enredan en torno al proceso creativo, en este caso una adaptación de La Pequeña Vendedora de Fósforos, de Hans Christian Andersen, en el teatro Colón, y musicalizada por el compositor avante-garde Helmut Lachenmann. Las instrumentalizaciones abstractas del compositor alemán dejan perplejo a Walter (Walter Jakob), el encargado de montar la puesta en escena, y a su equipo de producción. Las dificultades en vincular la música concreta del compositor con el delicado mensaje del cuento de Andersen son, a final de cuentas, los cabos sueltos que inspiran subconscientemente a Walter, profesionalmente, así como en su vida personal, donde trata de sobrellevar una “vida familiar” con su expareja Marie (María Villar) y la hija de ambos, interpretada por Cleo Moguillansky, hija del propio cineasta de esta película.

Los mágicos humos subconscientes del proceso creativo se cuelan por cada una de las tramas tangentes de la historia principal. Mentes distintas empiezan a razonar en un mismo plano; un texto de Da Vinci sobre la explosión de un volcán, la música de Schubert, y unos “daneses burgueses” (que nunca vemos), se filtran en el diálogo de aquellos involucrados en la planeación de la puesta en escena, como si este microcosmos de la vida bonaerense empezara a respirar como un solo ente vivo.

Walter y Marie

Marie, compartiendo la carga económica de la crianza de su hija Cleo, cuida de una señora mayor, la destacada pianista Margarita Fernández (interpretando a ella misma). Marie la llama como “la vieja”, a pesar de que la señora trata de inculcarle el gusto por las piezas de Schubert y Beethoven, no para presumir sus dotes en el piano, pero para compartir en la sublime belleza, que parece, es lo único que la mantiene viva en el ocaso de su vida. La indiferencia de Marie hacia su “vieja” es tal, que le roba sus ahorros para poder comprar un piano en la casa.

La estética minimalista de Moguillansky es un contrapunto a la cacofonía de tramas y referencias, y el lente de la encargada de foto, Inés Duacastella se permite solo algunos lujos contados, como cuando Walter decide grabar a un grupo de niñas recitando las palabras del cuento de Andersen, a la luz de una vela. Duacastella alterna entre una composición fotográfica convencional para el trajín cotidiano de los personajes, y un hand-held estilo cinéma vérité para las escenas adentro del teatro Colón, dándole un aspecto documentalista al trabajo creativo que se realiza dentro del recinto.

Las durezas económicas que Marie tiene que lidiar puede justificar su insensibilidad hacia la pianista. Cuando Cleo roba una carta de la “vieja”, Marie no tiene los fundamentos morales para recriminarle a la niña; en el documento, escrito por un antiguo amante alemán de Margarita (la “vieja”), Moguillansky se aprovecha para insertar el tópico de la frivolidad de la música, de su existencia como un juguete de los burgueses. El amante, miembro de la Facción del Ejército Rojo alemán, organización de la extrema izquierda activa durante los 70’s, le describe a Margarita la desolada situación política de su país en aquel entonces, y Moguillansky nos invita a ver paralelismos entre aquella encrucijada sociopolítica y la de la Argentina actual. Marie robándose los ahorros de Margarita para comprar un “juguete” de los burgueses, un piano, justifica temáticamente su acción tan ruin.

Alejo Moguillansky

Para terminar de extender aquel tema del inconexo burgués y su música, el cineasta presenta como ligera inconveniencia el paro laboral del conglomerado de trabajadores del transporte público bonaerense hacia los planes productivos del equipo dentro del Colón. No vemos al proletariado argentino marchando por las calles, en alguno de aquellos famosos cacerolazos, no sabemos que pretenden y que exigen a sus compatriotas. A lo mucho, vemos la inconveniencia para Walter, después de un ensayo, en obligar al compositor Lachenmann a que camine unas cuadras hacia el departamento de Margarita, para reunirse con Marie y Cleo. Donde todos los presentes, en un último y único encuentro comunal, disfrutan de interpretaciones al piano de Margarita y Lachenmann; nosotros como espectadores, disfrutamos aún más el suceso único, a sabiendas de los conflictos por venir; es difícil que Margarita no note la ausencia de sus ahorros y la producción en el Colón continuará, con paro del transporte público.

La Vendedora de Fósforos, la película, está dividida en capítulos, algunos, como el capítulo 1 llevan el título de “La Resistencia de la Música”, y otros, como el capítulo 3, “La Música de la Resistencia”; como un intento de Moguillansky por darle una forma más definida a su obra; mientras que el título del filme, al principio del mismo, así como los créditos al final, parecen ser dibujados en delicada manuscrita sobre pentagramas, entre notas, silencios, y demás notación musical, cual recuerdo de la importancia que Moguillansky le reservó a la música en este largometraje, pero más como concepto que como arte, pues más allá de las piezas de los mencionados Schubert y Beethoven, junto con Bach, Mozart y otros compositores clásicos, queda para nuestros oídos el vanguardismo de Lachenmann y una insípida pieza original para clavecín durante algunas de las escenas más dramáticas. El director argentino prefiere musitar sobre el papel de la música dentro de la sociedad.

La Vendedora de Fósforos, la película, refuerza a Moguillansky como uno de los principales exponentes del llamado nuevo cine argentino, ganó el premio a Mejor Película Argentina en el BAFICI del 2017, pero difícilmente encontrará un público más amplio. Es el resultado de una visión cinematográfica sin concesiones, un bálsamo de luz para el espíritu independiente, en Argentina, y en el resto de Latinoamérica.

2.5 / 5

Memento

2 Apr

Decidí hacer algo que rara vez tengo el tiempo para hacer, volver a ver una película que no había visto en años. Me daba curiosidad regresar a un filme que llevo como 18 años jurando es uno de los mejores filmes que he visto en mi vida…acaso es más hype de la nostalgia, y la película, realmente, no era tan buena como lo recordaba? Pues sinceramente disfruté inmensamente de Memento nuevamente, pero aprendí una nueva lección el día de hoy: un acertijo ya no es tan divertido cuando te sabes la respuesta. Pero todo bien, ya que eso me dio tiempo a enfocarme en otros aspectos de este clásico de Christopher Nolan, de la producción, el trabajo en cámaras de Wally Pfister, el contraste en el soundtrack de David Julyan, las actuaciones de Guy Pearce, Joe Pantoliano y Carrie-Ann Moss, y otras cosas, que en la primera vista de esta película, pues, te pueden pasar un tanto desapercibidas por andar ocupado decodificando la trama.

Al hablar de tramas innovadoras dentro del cine, no ha habido mayor referente desde que empezó el nuevo milenio que la película neo-noir de suspenso: Memento, es típico que en cualquier conversación sobre películas “complicadas”, alguien mencione a Memento (aunque ya sabemos que hay películas mucho más difíciles de entender, como Inland Empire de Lynch), pero la mención de Memento no es para menos, los hermanos Nolan (Christopher y Jonathan) lograron crear una obra sobre la amnesia a corto plazo, pues Leonard (Pearce) no puede retener nuevas memorias por más de cinco minutos.

Guy Pearce como Leonard Shelby

Leonard era un investigador de seguros, hasta que un ataque por parte de un par de ladrones, que él dice violaron y mataron a su esposa y a él lo dejo con esta amnesia, lo convierten en una especie de vengador que solo busca justicia para su esposa. Pero claro que cuenta con la gran, GRAN, desventaja de no poder recordar nada nuevo por más de cinco minutos, todo lo previo al ataque lo recuerda perfectamente, y dicen los especialistas que es muy de acuerdo con la condición de la amnesia anterógrada. Leonard mantiene un complejo sistema de fotos, notas y tatuajes para recordar la información, TODA la información, hasta el hotel y número de cuarto donde se está quedando. Constantemente lo sigue y cuida o vigila (según la apreciación de cada quién) el personaje de Teddy (Pantoliano), y entre los dos buscan al asesino de la esposa de Leonard.

Y Leonard recuerda a Sammy Jankis, siempre recuerda a Sammy Jankis (Stephen Tobolowsky). Era un hombre casado que sufrió la misma condición médica que él, y Leonard, como investigador de seguros, calificó el caso de Sammy como una farsa. Esto inevitablemente ocasiona una desgracia para Jankis y su esposa, que tanto lo quiere. Es el tatuaje más importante de Leonard, lo tiene en la muñeca izquierda, para poder observarlo a cada rato. Es una cosa más que le sigue dando propósito a la vida de Leonard.

Polaroids y tatuajes para recordar

Lo realmente innovador es como construyeron la historia a partir de una serie de escenas a color que van en reversa, es decir, la escena que estamos viendo antecede a la que acabábamos de ver, cada una sobreponiéndose por algunos segundos para que podamos hacer la conexión. Realmente es inútil explicarlo por escrito y puede parecer hasta tedioso leerlo. La otra secuencia de escenas son en blanco y negro, están intercaladas con las primeras, la diferencia es que las de blanco y negro siguen una secuencia normal, avanzan hacia el futuro, y comprenden en Leonard haciendo un recuento por teléfono hacia un desconocido, de cómo se han estado dando los sucesos. Ambas series de escenas se unen sutilmente al final, mientras Leonard agita una foto Polaroid, finalmente terminando de construir una trama general, que si estuviste poniendo atención, hace perfecto sentido.

El elenco es de lo mejor y más memorable de este trabajo de Nolan. Empezando por el propio Pearce (como Leonard Shelby), el héroe de la historia, un actor sumergido completamente en su papel. Pantoliano, inconfundible actor que también trabajó en The Matrix y los Sopranos, se mantiene en la delgada línea entre amigable y villanesco, como un tipo de simpático patán, la sutileza en su actuación impresionó incluso al mismo Nolan, quién tenía la preocupación de que fuera muy villanesco para su papel, un rol, que es importante no descifrar completamente sino hasta el final. Y Carrie-Ann Moss como Natalie, otro personaje que no sabemos cuáles son sus verdaderas intenciones con Leonard, si realmente pretende ayudarlo o solo quiere sacar provecho de su condición.

Jonathan Nolan si se da algunas libertades creativas con el guion, y si acaso hay algún detalle negativo sobre Memento es algunos de los monólogos dramáticos de Leonard, como cuando yace en la cama con Natalie, en medio de la oscuridad, y se avienta un soliloquio pretencioso, que incluye frases como “no he podido recordar olvidarte” y otras joyitas trilladas. Con tan pocos personajes quizás eran necesarios algunos monólogos extendidos para entender su condición y propósitos, pero pueden ser un poco pretenciosos cuando se les escucha, aunque Pearce los entrega con una rabia contenida, un talento del actor por mantener a la furia de su personaje confinada a lo sublime.

Pantoliano como Teddy

En cuanto a lo sonoro, la música de David Julyan resalta las diferencias en las escenas de color (música más conmovedora, con más pathos, mucho sintetizador) y las de blanco y negro (más ominosa y basada en efectos sonoros industriales aunque sublimes), un trabajo de soundtrack muy similar también a otras películas similares de aquella época como Mulholland Drive, para los que están interesados en analizar más a fondo el uso de música en las películas. La canción de “Something In The Air”, de David Bowie (artista inagotable fuente de buena música) aparece al final para los créditos, luego que la opción principal de Nolan, “Paranoid Android” de Radiohead, no se pudo negociar. Hubiera sido interesante que parte de la multifacética canción pensaba utilizar Nolan.

Memento, titulada Amnesia en español, es un ejemplo más de la fascinación de Nolan por las maquinaciones de la mente, del umbral entre la percepción y las falacias de nuestro consciente (llámese fallas en la memoria, en los recuerdos, en los sueños), que también ahondaría en Insomnia (2002), The Prestige (2006), Inception (2010) y algunos aspectos de la trilogía de Batman. Su debut, Following (1998) lo había establecido como un cineasta hábil para los elementos básicos de una producción (trabajó con un presupuesto hyper-pequeño, escribió, dirigió, retrató y editó), pero fue Memento el que le anunció al mundo que un genio del cine estaba en ciernes.

P.S. aquí Nolan explica la película:

4.5 / 5

Whiplash

19 Mar

Finalmente llegó la oportunidad de ver la segunda película de Damien Chazelle, Whiplash (aunque me adelanté, y ya había visto antes su tercera película, La La Land). En la composición cinematográfica de este filme hay emoción, diversión y cadencia; trata sobre el jazz, así que voy a hacer la referencia trillada y obligada de que el ritmo y composición de este filme se desenvuelve al compás de aquel género musical norteamericano, con libertad y frescura. El jazz es el fondo pero realmente el filme es sobre la pasión real y verdadera, por el arte, por hacer algo, no pasión por otra persona (algo explorado hasta el cansancio); es sobre una dedicación inquebrantable por tu arte, casi por tu razón de existir.

La verdadera ópera prima de Chazelle, Guy And Madeline On A Park Bench, un romance en Boston, realmente no era indicio de lo que estaba por venir, un filme tan espectacular como Whiplash. Centrado en la ficticia escuela del Conservatorio Shaffer de Nueva York (simulando a la prestigiosa Juilliard), el joven Andrew Neiman (Miles Teller) es un ambicioso baterista de jazz que tiene bien definido lo que será el éxito para él: “prefiero morir solo, a los 34 años, de una sobredosis de heroína y que todos hablen de mí; a morir a los 90 años, sobrio y que nadie hable de mi”, les dice a sus ingenuos familiares en la mesa de la comida, haciendo alusión al legado del icónico jazzista norteamericano Charlie Parker (cuyo declive es re-imaginado en El Perseguidor de Cortázar). 

Andrew tiene un encuentro “fortuito” con el maestro de la orquesta de jazz titular del instituto, el tiránico Terence Fletcher (J.K. Simmons), y a partir de ahí se convierte en su obsesión complacer al maestro y conseguir su aprobación, tanto como ser un buen baterista per se. El maestro insulta, pega y humilla a sus alumnos en pretexto de alcanzar la perfección. Emplea juegos mentales con Neiman y el prejuicio crítico nos inspira a pensar que todo es por el beneficio del joven, seguramente Fletcher es sádico con sus otros alumnos, pero no con el personaje principal de esta película que estamos viendo, es porque le tiene un tipo de cruel cariño y cree en él, o no?

Fletcher deconstruye emocionalmente al joven inocente y lo reconstruye en su imagen: implacable en busca de la perfección, insensible con las otras personas. Incluso Neiman se arma del valor para por fin invitar a salir a esa chica bonita que trabaja la dulcería en el cine, pero en el apogeo de su obsesión con la música, le dice después que ya no la puede ver, porque va a ser una distracción para él, y le augura una vida mediocre; y muy al estilo de La Red Social, la anda buscando todo arrepentido más adelante, para enterarse que ella siguió su camino y simplemente está con alguien más.

La arrogancia de Neiman es hasta refrescante, no nos obliga a estar con un personaje simplemente porque “es el bueno”. Por el otro lado, el malvado Fletcher de J.K. Simmons es todavía más complejo, sinceramente es imposible determinar al final de la película si las acciones del viejo son sinceras, si está siendo amable en momentos para recopilar información de su víctima solo para atormentarla después con esos datos íntimos; como cuando Fletcher parece que se trata de congraciar con el nuevo alumno Neiman, preguntándole sobre sus padres, para después, ese mismo día gritarle judío y echar en cara la carrera fallida como escritor de su padre, Jim (Paul Reiser), quien en lugar de ser escritor, enseña en una preparatoria. Fletcher es despedido del instituto a causa de sus agresivos métodos para enseñar, gracias a padres de familia de otros alumnos pasados, que desean que ningún otro chico vuelva a sufrir el tormento del maestro.

Neiman y Fletcher (haciendo lo que mejor sabe hacer)

Se abre una interesante discusión sobre quién es un buen artista y quién no, Fletcher, supuestamente siendo sincero con Neiman, le dice que lo peor que se le puede decir a alguien, es “good job”, invitándolo a ser complaciente y mediocre. Le encanta la historia de cómo Charlie Parker una vez casi recibe un platillo de la batería en la cabeza, porque estaba tocando mal, y como eso lo inspiró a practicar hasta convertirse uno de los músicos del jazz más reconocidos. Él convence a Neiman y casi nos puede convencer a nosotros, el público, tal vez el mayor mérito de Chazelle, al empezarte a hacer las preguntas más profundas sobre su película en una segunda vista, o tiempo después de la primera, si hemos caído en el juego de Fletcher, al igual que Neiman? Una deliciosa incomodidad qué sirve para comprobar que Chazelle ha cumplido su cometido. Y aun así, en una de las escenas climáticas, Fletcher y Neiman comparten una mirada a los ojos como iguales, como colegas y como dos humanos que comparten una pasión; dándole un pequeño destello de esperanza a toda la trama.

El tema de: el jazz que muere como arte, volvió a aparecer en La La Land, y uno supone que no va a ausentarse en los futuros trabajos de Chazelle en el futuro – al hombre le gusta el jazz. Pero en Whiplash, más que un sermón, logró desarrollar una historia más cautivadora y poderosa. No cabe duda que Whiplash resulta ser tan buena como decían.

La película ganó mejor edición, mezcla de sonido y actor de reparto para Simmons en los premios de la Academia del 2015. No habrá mucho que explicar, una vez que tú puedas ver las poderosas escenas en el cuarto de ensayo del ficticio Instituto Shaffer.

P.S. Aquí Fletcher atormentando a Neiman en una escena:

4.5 / 5

Sunrise: A Song Of Two Humans

14 Mar

En el último año de las películas silentes, 1927, llegaron las obras cumbres del cine (hasta ese entonces), directores como el alemán F.W. Murneau habían desarrollado el manejo de las cámaras motorizadas a mano con palanca para hacerlas moverse como no se había visto antes, como en este clásico, Sunrise, las cámaras se deslizan en terrenos pantanosos, se elevan para tomas majestuosas y siguen a los personajes por banquetas congestionadas. Los grandes cineastas de la época, como Murneau, habían aprendido a controlar esos (relativamente) nuevos aparatos para captar las composiciones artísticas que emanaban de sus mentes. Y en otro sentido, películas como Metropolis, que recientemente reseñé, estaban empujando el arte de la cinematografía hacia nuevas alturas en cuestiones de producción.

La historia de Sunrise es bastante sencilla, un hombre casado del campo (George O’Brien) es seducido por una citadina (Margaret Livingston) que se encuentra en el pueblo por un tiempo, lo convence de que asesine a su esposa (Janet Gaynor), de que la arroje por la borde durante un paseo en lancha por el lago. El hombre emprende el viaje por el lago para llevar a cabo el atentado, pero una vez en el bote, se arrepiente, y el hombre y la mujer pasan un día de diversión en la ciudad. Ingresan en una iglesia donde se está llevando a cabo una boda entre unos desconocidos, y el ritual inspira al hombre a re-enamorarse con su mujer. Sin embargo, irónicamente, durante el regreso en el bote un evento desafortunado los vuelve a encausar en el camino del peligro.

El hombre y su amante citadina

El empresario millonario William Fox (fundador de la empresa de telecomunicaciones FOX), invitó personalmente a Murneau para que dirigiera en Estados Unidos su tipo de cine expresionista, y se mandaron construir sets muy costosos, como el de la feria de la ciudad, un verdadero caleidoscopio de luces y sonido que representa la vida mucho más emocionante en la ciudad comparada con la del campo. El pequeño pueblo a las orillas del lago también fue mandado construir para la película y por supuesto que Fox recicló los sets para producciones futuras, como algunas películas de John Ford. Es increíble como a tan temprana etapa de la industria no se escatimaban los costos de las producciones porque la industria cinematográfica había resultado ser más que redituable, también por aquellas fechas se mandaron construir aquellos grandes palacios del cine, muchos de ellos ahora teatros.

La primera película con diálogos, The Jazz Singer, también es de 1927, y para el siguiente año las películas conocida como las “talkies” ya eran el estándar dentro de la industria. Esta industria del cine iba cambiando rápido, Sunrise ya incluía algunos efectos de sonido sincronizados junto con el soundtrack, este último recordado por la inclusión de Funeral March of a Marionette de Charles Gounod, que cerca de 30 años (!) más tarde, fue utilizado y mejor reconocido, como el tema personal de Alfred Hitchcock. Sunrise, a final de cuentas, es una historia simple pero necesaria para entender los avances a pasos agigantados, que iban teniendo las producciones cinematográficas de los grandes estudios.

Janet Gaynor ganó el primer Oscar a mejor actriz, en la primera edición de los premios de la Academia. La película también ganó mejor cinematografía, y un premio llamado “Mejor Película Artística y Única”.

P.S. Aquí un trailer modernizado (retrospectivo?) sobre la película:

4.5 / 5

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