Los Jefes – – – El Cartel de Santa presenta

1 Aug

los jefes

Eduardo Dávalos, mejor conocido como MC Babo, escribió el guion para esta historia sobre la violencia en las calles de los barrios bajos de Monterrey, especialmente el de su conocido municipio de Santa Catarina. Él tuvo la idea, él la escribió y para traducirla a un lenguaje cinematográfico se ayudó de su compa Jesús Rodríguez “Chiva”, quien aunque no posee una educación cinematográfica formal, dice que es más la experiencia de ver tanto cine lo que le ha ayudado a forjar su talento.

Un chamaco fresón de la UDEM, Poncho, va y trata de comprar marihuana con su compita que atiende el estacionamiento de su escuela, el más humilde Greñas. Ambos emprenden el rumbo hacia Santa Catarina donde llegan a tratar de comprar la hierba con “la Bomba” (interpretado por el rapero regio Millonario), el jefe de un pequeño crew de traficantes. La Bomba y sus secuaces les dan carrilla a los morros, antes de que decidan que quieren ir a dar unas vueltas en el Hummer de Poncho, donde fuman mota, levantan a unas leandrillas del barrio y luego van a ver al jefe de la Bomba, el Perro (Babo). El Perro le dice a su empleado que se ande con cuidado porque no se le ha olvidado que le debe una lana, sintiendo a la presión y teniendo al chamaco de dinero, Poncho, en su casa, se le hace fácil secuestrarlo, junto con el desafortunado Greñas.

MC Babo

MC Babo

La película se ve bien en cuanto a la calidad de la imagen pero lo primero que salta a la vista es que todos los diálogos fueron grabados en post-producción, la mente tiene la capacidad de identificar eso rápidamente, simplemente la voz no encaja con la boca que se mueve en la pantalla, esto me distrajo toda la película. Al parecer, Babo (quién diseñó el audio para la película) decidió separar diálogos de los sonidos atmosféricos para permitir que en paises del extranjero le puedan sustituir las voces y sus pesados acentos regios por sus propios lenguajes. Puede que tenga sentido desde un punto de vista comercial, pero no dejó de distraerme.

Otros defectos en la ejecución técnica del proyecto pueden apreciarse, el director Chiva utiliza diferentes tipos de ángulos, posicionando la cámara en exóticas posiciones, pero no creo que él entienda para qué. No es parte de un lenguaje en donde la posición de la cámara tiene un propósito que comunicar. Hay una toma al principio de la película donde el Greñas platica cosas inconsecuentes con su supervisor en el estacionamiento, se captura la escena con un plano cenital seguramente con la cámara desde una grúa, más allá de tratar de hacerla más estética, para qué?; por otro lado quizás el lector pueda relacionarse con una toma empleando el mismo ángulo en Breaking Bad, cuando Walt va en la noche a la casa de Gus Fring para buscarlo, solo para que este último lo anticipe y le llame por su celular para advertirle que mejor se vaya a casa…en ese caso la escena termina con un mismo plano cenital, una toma desde una grúa, con Walt parado solo en la calle a media noche, para exacerbar lo solo, expuesto y confundido que estaba en toda esta situación de andar cocinando drogas para personajes peligrosos…o sea, los cenitales no son nada más porque si.

Pero bueno, puntos positivos de la película: la soltura de algunas actuaciones como MC Babo y Millonariom, el diálogo realista y por supuesto, la música del Cartel de Santa. Puntos negativos, quizás todo lo demás, especialmente el audio insertado en post-producción.

1 / 5

 

Singin’ In The Rain

23 Jul

singin in the rain 1 No por nada considerado el musical más influyente de todos los tiempos, Singin’ In The Rain sigue siendo un espectáculo para los sentidos a pesar de haberse estrenado en 1952, antes incluso de Elvis. Tuve la fortuna de verla en todo su esplendor en la Cineteca Nacional, y de paso llevando a los abuelos, de manera que pude disfrutar de una calidad de imagen y de audio incomparable en otros medios (para ser un trabajo de 1952).

El género del musical estaba en su apogeo en aquel entonces, gracias a la dedicación de artistas consumados como el estelar de esta movie Gene Kelly, quién dedicó toda su carrera a avanzar las técnicas de baile para la pantalla, y de darle un estilo masculino. Eran otros tiempos y se opinaba diferente, decía Kelly que no le molestaba que bailarines afeminados entraran a esta disciplina, pero que en lo particular prefería que se bailara como hombre, de manera que no se estigmatizara el baile como una actividad exclusiva para los homosexuales…él lo veía como mantener la fuente de talento lo más amplia posible, pues. Así que moldeaba sus coreografías para movimientos atléticos, en vestuarios comunes y corrientes, como una que otra camisa de manga corta en esta película. Había absorbido la influencia de su ídolo Fred Astaire, pero dejado de lado los pasos en frac y bombín, y aparte incorporado a las cámaras de cine como un instrumento más dentro de sus rutinas. Los paneos, las tomas altas desde grúas y el trabajo de edición complementaban sus números de baile, a diferencia de Astaire quién mantenía las tomas abiertas y dejaba que sus pies fueran los únicos que hicieran la magia.

Kelly, Reynolds y O'Connor bailan la icónica secuencia a principios de los créditos. Se puede pensar que veremos esta secuencia más adelante durante la película pero no...no la vuelven a bailar juntos, ni siquiera sabemos que relación tienen estos personajes. Un poco surrealista, me recordó a la primera escena de baile en Mulholland Dr.

Kelly, Reynolds y O’Connor bailan la icónica secuencia a principios de los créditos. Se puede pensar que veremos esta secuencia más adelante durante la película pero no…no la vuelven a bailar juntos, ni siquiera sabemos que relación tienen estos personajes. Un poco surrealista, me recordó a la primera escena de baile en Mulholland Dr.

La historia es de Don Lockwood (Kelly) quien recuenta sus inicios como artista itinerante de las carpas junto a su fiel amigo y colaborador Cosmo Brown (Donald O’Connor) antes de iniciar su carrera en el cine mudo durante los primeros años del siglo XX. Esto lo recuenta Don para el público que está atendiendo una premier durante los años 20 y para nosotros, a partir de ahí la película deja de ser un recuento y empieza a correr cronológicamente “en vivo”. Fue interesante ver a una producción de los 50’s recrear los 20’s para acoplar su historia. Lockwood es una grande estrella de Hollywood junto a su pareja de la taquilla, y personal (según la prensa amarillista de la época), Lina Lamont (Jean Hagen) pero él la rechaza completamente, especialmente después de que conoce por casualidad a Kathy Selden (una joven de 19 años, Debbie Reynolds). Lockwood y Selden se enamoran a primera vista (como en las películas!), pero esta no es una arcaica historieta de amor simplista, Singin’ In The Rain si tiene algo que decir; y es la transición que vivió la industria del cine durante los 20’s cuando el audio fue introducido a los filmes. Vemos a Lockwood, batallando como todos los de la época, y a su estudio de producción, tratando de hacer la transición y permanecer relevante en un cambio que fue drástico para los paradigmas del entretenimiento de aquel entonces. Es cuando a Lockwood, junto con Selden y su amigo Cosmo Brown, se le ocurre maximizar los beneficios del audio y crear un musical, y es como nace al final de la trama: Singin’ In The Rain, la película que estamos viendo…la cual recuenta los sucesos que llevaron a la pantalla Singin’ In The Rain, la película que veríamos…y así sucesivamente…un mobius strip construido para hacernos pensar un rato.

La trama de Betty Comden y Adolph Green no se queda ahí en tratar de jugar con nuestras mentes, una de las escenas más criticadas de la película, si no es que la única, involucra a Lockwood recreando todo un extravagante número de baile el cual se lo está describiendo al presidente de los estudios, el señor R.F. Simpson (Millard Mitchell). Lockwood le pide que se imagine el nuevo musical que pueden producir y empieza a contárselo, nosotros como público vemos la idea de Lockwood completamente materializada sobre un personaje humilde que llega a Broadway a hacerla en grande como bailarín. Dentro de estas escenas partidas de la imaginación de Lockwood nos adentramos en una de las fantasías el personaje del musical, donde baila en un paisaje surrealista con la amante de un gangster (interpretada por la misteriosa Cyd Charisse, me dijo mi abuelo “ella si era una gran estrella”). O sea que si se dan cuenta ya estábamos viendo en pantalla la fantasía dentro de la fantasía; genial!, pensé. No me imagino como los críticos hubieran preferido prescindir de este surrealista número de baile que si bien no encaja con el ambiente de la trama general, le da ese toque exótico a la película. Estas realidades alternas me recordaron un poco a la serie de recámaras en Cien Años de Soledad, las cuales recorre José Arcadio Buendía cada noche entre sueños; alejándose y regresando a la realidad cada vez.

La escena donde Lockwood y Selden se enamoran. Es notable el uso de cámaras y de

La escena donde Lockwood y Selden se enamoran. Es notable el uso de cámaras y de “luz natural” para crear el ambiente.

Pero es difícil hacer una reseña de Singin’ In The Rain, a final de cuentas, es difícil poner en palabras lo que es un buen show. La idea original de Arthur Reed, con el guion de Comden y Green, más el talento como “showman” de Kelly resulta en una experiencia cinematográfica única y entretenida, que a diferencia de otros clásicos donde cuesta más trabajo racionalizar los logros y avances de su producción, uno puede simplemente dejarse llevar por el espectáculo.

4.8 / 5

The Grand Budapest Hotel

17 Jul

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“Es hermosa, es bella,” o hasta la ligeramente ofensiva “es bonita” son calificativos obvios y automáticos al momento que uno empieza a hablar de una película de Wes Anderson. Es precisamente la manera en como exalta el componente visual de sus trabajos que le ha ganado las principales críticas de sus detractores, que no se concentra demasiado en contar una buena historia. Grand Budapest Hotel es un triunfo módico en cuanto al alcance de su narrativa, explorando temas más profundos como le evanecencia de la civilidad desde…em…siempre, hasta la importancia de la lealtad y la amistad.

Pero no cabe duda que Anderson es un ser completamente visual. Desde que empezó Grand Budapest Hotel me distraje por momentos con un pequeño juego mental. Ya sabía de antemano que sus encuadres son simétricos al más puro gusto clásico, bueno, pero que tanto?. Joder, pues no exagero que cada escena, cada segundo de este largometraje está perfectamente encuadrado como si fuera una foto, es decir, podrías imprimir cualquier instante de esta película y tendrías una bella foto para pegarla donde quieras o un wallpaper para tu desktop. Los personajes siempre caminan, se acuestan, hacen lo que sea como guiados por una mano espiritual (y con obsesión compulsiva). En una escena el personaje principal de Monsieur Gustave (Ralph Fiennes) camina con otras dos personas a sus espaldas, las dos personas primero cada uno al lado de Gustave, luego los dos a su costado derecho, la mitad del cuerpo de cada personaje asomándose por detrás del que va enfrente…Anderson es realmente el único director al que la palabra “exquisito” se le puede adjudicar sin remordimiento alguno.

Una escena cualquiera, con Owen Wilson al centro..no es simétrica, pero todo y todos están colocados  meticulosamente

Una escena cualquiera, con Owen Wilson al centro..no es simétrica, pero todo y todos están colocados meticulosamente

En el supuesto país de Zubrowka, en la región de la Europea Central, es 1932 y el Monsieur Gustave es el excéntrico conserje del histórico Grand Budapest Hotel, un majestuoso palacio decorado al estilo art nouveau de pies a cabeza donde se recibe a la realeza europea y otros personajes de mucha lana. M. Gustave atiende a sus huéspedes con esmero y delicadeza, al mismo tiempo que entretiene a las ancianas viudas o divorciadas en la privacidad de las suites imperiales. Junto con su nuevo “lobby boy”, Zero Moustafa (Tony Revolori), atiende el funeral de una recien fallecida de 84 años Madame D. (la irreconocible Tilda Swinton) donde en un abrir y cerrar de ojos se ve envuelto en una gran polémica, específicamente es acusado como el asesino, y a quién le interesaba la herencia de la vieja aristócrata, incluyendo la invaluable pintura Boy With Apple, un objeto que sirve como el MacGuffin de la película, y que la ande persiguiendo todo mundo, incluyendo al hijo de la señora Dimitri (Adrien Brody) con la ayuda de su secuaz J.G. Jopling (un muy violento Willem Dafoe).

La cómica persecusión acaba con Monsieur Gustave en la cárcel, quién tras escaparse al puro estilo de los Marx Brothers, busca limpiar su nombre y esclarecer el complot, con la ayuda de su sirviente Zero.

No por nada el compositor Alexandre Desplat se está convirtiendo en el orquestador de sountracks más buscado del mundo, no solo ganó el Premio de la Academia con esta película, sino aparte participó en la terna con otro trabajo, aquel para The Imitation Game…y ha estado nominado desde 2009 solo con la excepción de un año. Su soundtrack compuesto por balalaikas, coristas folklóricos rusos, cuernos de los Alpes y demás curiosidades instrumentales. El resultado es un frívolo paisaje sonoro que encaja perfectamente con las excentricidades visuales de Anderson, aparte de que mantiene el guion fluyendo con simpatía y dinamismo.

Fiennes como M. Gustave recibiendo dirección de Anderson

Fiennes como M. Gustave recibiendo dirección de Anderson

Una vez más es el mundo de la aristocracia, en este caso la rancia clase alta europea, interpretado por Anderson. Sabrá Dios la fascinación de este director de Tejas por el mundo de las altas esferas sociales, como en Rushmore y The Royal Tenenbaums, pero como siempre es un escenario tan ridículo que invariablemente se presta para la comedia. El Monseiur Gustave se la pasa todo el filme lamentando la decadencia del buen vivir europeo, su loción por excelencia es “L’Air du Panache”, ni más ni menos, ese panache que se le va al continente. Pero Anderson es irónico en retratar las frivolidades de la alta sociedad mientras el nazismo y la Segunda Guerra Mundial empiezan a oscurecer el panorama europeo. Al estilo de La Règle De Jeu, los personajes están más preocupados con pendejadas como su loción o su repostería hasta que ya tienen a gendarmes de la Gestapo en su puerta. Grand Budapest Hotel está basada en los escritos de Stefan Zweig, un austrico que huyó su país cuando fue invadido por Hitler.

Un buen toque de Anderson, quien ideó la historia con Hugo Guiness, es el desdoble cronológico de la trama. La historia de Monseiur Gustave y Zero Moustafa es contada por Zero años después en 1968 a un joven escritor, interpretado por Jude Law, quién a su vez la documenta en 1985 al momento de escribir su libro, el cual a su vez es leido a la par que nosotros vemos la película por una adolescente en el 2015. No hay un significado profundo en este artificio, pero repito, me pareció ser un buen gesto.

Los cameos no se hacen esperar con Bill Murray, Bob Balaban y Owen Wilson, cuyo acento Tejano encaja tan bien en el ambiente de esta película como lo haría un toro mecánico en el lobby del Grand Budapest Hotel. La nueva adquisición del Equipo Anderson es Fiennes, en un memorable papel cómico y como uno de los personajes de Anderson más importantes desde Rushmore (quien iba a pensar que es el mismo actor que aparece en Red Dragon). Seguramente ya tiene su lugar asegurado en los futuros proyectos del prolífico Wes Anderson.

4.5 / 5

Birdman Or (The Unexpected Virtue Of Ignorance)

16 Jul

 

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O la inesperada virtud de la ignorancia. Esa es, a grandes rasgos, la virtud principal de Riggan Thomson (interpretado por Michael Keaton), un acabado actor de Hollywood que emprende un desesperado intento por darle un sentido a su carrera. Mejor conocido por interpretar al superhéroe Birdman a principios de los noventas, Thomson siente que ha desperdiciado su vida y sus talentos conforme se acerca al ocaso de su existencia; para darle remedio, se propone emprender un proyecto artístico quijotesco: adaptar, dirigir y estelarizar el cuento de “What We Talk About When We Talk About Love” de Raymond Carver, un esfuerzo por demás ególatra y extremista (por lo menos como lo es percibido por los esnobs del mundo del teatro). Su antiguo alter-ego, Birdman, reaparece de vez en cuando durante el día para recordarle que no es nada más que un olvidado súper-héroe, y que ambos deberían de regresar a sus días de gloria.

En el marco de este trajín existencialista, Alejandro González Iñárritu ha construido su primera comedia. Mi mayor admiración (que no vale nada) es para las personas/artistas que buscan reinventarse continuamente, y en este caso, después de haber hecho algunos de los dramas más celebrados de los últimos tiempos (algunos quizás demasiado pesimistas), el director mexicano decidió por el completo opuesto a sus costumbres; una película dinámica, entretenida, con sentimientos poderosos…comunicados a través de un guion inteligente, y francamente, chistoso.

Emma Stone como Sam Thomson, la nihilista hija y asistente de Riggan

Emma Stone como Sam Thomson, la nihilista hija y asistente de Riggan

Cuando “el Negro” hizo su primer acercamiento hacia Keaton para estelarizar, el actor, conocido principalmente por su rol como el Batman que revivió la franquicia a principio de los 90’s de la mano de Tim Burton, le preguntó: “te estás burlando de mí?”…González Iñárritu le dijo que no. Por favor…y cualquier otro aviso que sugiera que el director no tenía en mente al actor al momento de escribir el guion es pensar que como público hemos llegado a esos niveles de inocencia. El meta-comentario que trasciende la pantalla y se embarra en la realidad le ha dado a Birdman un perfil más robusto para comentar entre la crítica y el público…a estas alturas de su carrera, hubiera sido una locura por parte de Keaton en rechazar el estelar en una película de González-Iñárritu (nominación garantizada al Óscar…de entrada), después que actrices como Andrea Riseborough (Laura, la amante de Thomson en la película) le han confesado al director que “gatearía sobre carbones encendidos para trabajar contigo”…y González Iñárritu sabía esto, y Keaton también seguramente, pero todos podemos hacernos los occisos.

El Negro, quién escribió el guion con la ayuda de los argentinos Nicolás Giacobone y Alexander Dinelaris Jr., ha comentado que un buen trozo de su vida y personalidad está en este proyecto. La sátira que le receta el mundo del entretenimiento, divertido tras bambalinas pero emocionalmente tortuoso, es al parecer su carta de amor al mundo que ahora habita. El director se ensaña especialmente con la crítica, retratándolos como sanguinarios influyentes cuya opinión no solo es efímera, sino hasta inmoral; en el filme es Tabitha Dickinson (Lindsay Duncan), la top crítica de teatro del mundo, la que pone en su lugar a Thomson: “de una vez te digo, no he visto tu obra…pero la voy a destruir”.

Los recursos de Lubezki para retatar con luz natural. A alguien más le gustaría una colaboración Wes Anderson/Lubezki?

Los recursos de Lubezki para retatar con luz natural. A alguien más le gustaría una colaboración Wes Anderson/Lubezki?

La puesta en escena de Thomson se ve complicada por el arribo de Mike Shiner (Edward Norton), una estrella de Hollywood que le puede dar a la obra la taquilla que tanto necesita pero cuyo temperamento mercurial puede mandar al trasto todo el proyecto. Shiner se encabrona en una ocasión porque en una escena que requiere el beber vodka, muy de acuerdo con El Método, él pretende beber vodka de verdad…ocasionando que acabe emborrachándose de verdad y saliéndose de su personaje. Shiner es el factor X, luminoso y peligroso a la vez, que Thomson y su manager Jake (Zach Galifianakis) tienen que contener. Norton es pedante y engreído, pero lo suficientemente vulnerable para observar ese niño inseguro que lleva dentro.

Todo muy bien, pero la estrella de este show, y cuyo reconocimiento fue bien merecido, es la cinematografía de Emmanuel “El Chivo” Lubezki. Desde un principio, retratar este largometraje de manera que pareciera una sola escena (como en la vida real, sin cortes) fue algo que gente muy importante de la industria le advirtieron a González Iñárritu que era demasiado peligroso. Cada escena fue meticulosamente ensayada, sí, pero los recursos técnicos de Lubezki para maximizar el impacto visual de cada encuadre es asombroso, aparte de que prefirió filmar con la mayor cantidad de luz natural posible, lo cual le brinda un realismo agregado a la película. Esto lo tuve muy presente en la escena que Thomson ingresa por la puerta principal del teatro, o sea a las espaldas del público, entre las penumbras para iniciar su diálogo, en sus calzones, después de que su bata se le quedó atorada en la puerta de la entrada para el staff cuando salió a fumar un cigarro entre escenas (recordemos que a pesar de todo, es una comedia). La cámara de Lubezki, junto con el soundtrack del baterista de jazz mexicano Antonio Sánchez, son los elementos perfectos para captar la esencia de este último trabajo del Negro.

Al final, Thomson, en una escena con Shiner y su primera actriz Lesley Truman (Naomi Watts), trata de rebasar los límites del arte de una manera más gráfica y explícita de la que González Iñárritu lo ha tratado de hacer con Birdman…como podrán imaginarse, recibe por parte de crítica y público nada más que puras flores y vivas!, incluso de la malvada Tabitha Dickinson. He ahí el desenlace al que el Negro algún día, de una manera menos tangente, piensa arribar.

En resumen, simplemente magnífica.

4.8 / 5

Beasts Of The Southern Wild

13 Jul

beasts of the southern wild 1

El festival de cine capitalino MICGénero, continúa con la ecléctica selección y arriba una historia de fantasía y drama vista desde el punto de vista de una niña de seis años: la pequeña heroína Hushpuppy (Quvenzhané Wallis). Una Niña Maravillosa (Beasts of the Southern Wild, 2012) es un pequeño testamento a la fuerza de los sureños agraviados después del paso del Huracán Katrina y su espíritu de comunidad, incluso cuando muchos de esos pueblitos pesqueros ya no tenían reparo, puesto que entra el agua salada y mata todo.

La Tina es una diminuta comunidad en las zonas pantanosas de los bayous en el sur de Louisiana, completamente incomunicada del resto de Estados Unidos. Conforme se acerca el huracán (que no es mencionado específicamente como Katrina), la mayoría de los residentes abandonan el lugar, pero algunos necios permanecen; como Hushpuppy y su padre Wink (Dwight Henry), quien se encuentra en la fase terminal de una enfermedad que desconocemos.

Wink, Hushpuppy y los últimos residentes resisten los embates de la tormenta, pero es más difícil sobrevivir a los estragos de su paso en los subsecuentes días. Con su padre deteriorándose a un paso frenético, Hushpuppy asume una madurez y templanza que sobrepasan por décadas a sus escasos seis años; cosa que a Wallis le valió una nominación al Oscar para mejor actriz, la más joven en la historia.

La joven Wallis en un papel espectacular

La joven Wallis en un papel espectacular

La niña también alberga el anhelo de encontrar a su madre, y puede que lo haya hecho, no podemos estar seguros. Otro tema recurrente en la película es el acecho de unos monstruos prehistóricos congelados por miles de años en el Polo Norte, pero que ahora con el calentamiento global (dato que le enseñan a Hushpuppy en la escuela), se han descongelado y se dirigen directamente hacia La Tina; este aspecto fantástico de la historia es parte de la perspectiva de la niña y representa sus temores hacia las fuerzas incontrolables: la tormenta, la salud de su padre, la muerte; los monstruos se acercan cada vez más conforme empeora la situación.

Una de las mejores películas del 2012 (nominada a mejor película y mejor director también); Beasts of the Southern Wild es la visión del director Benh Zeitlin en honor a la fortaleza humana que no se sustenta en bombas nucleares ni camionetotas 4×4, pero en la determinación y necedad que convierten a una niña de seis años en una fuerza imparable.

Para la revista Indie Rocks!

4.5 / 5

Pride – – – Cine británico blandito

5 Jul

PRIDE

Coincidiendo con las reformas en torno a los derechos civiles sexuales del 2015, llega una historia referente a esta temática, pero de hace más de 30 años. El director Matthew Warcus (mejor conocido por sus producciones de teatro) y el escritor Stephen Beresford dramatizan los sucesos del paro de mineros en Gran Bretaña en 1984 para destacar cómo grupos marginalizados, en este caso los mineros y la comunidad LGBT, pueden salir adelante si solo se ofrecen el apoyo mutuo necesario.

Es durante el mandato de la dama de hierro, Margaret Thatcher, que surge esta trama, una época post-industrial donde reina la tristeza y el desamparo (la cual luego sería suplida con la Cool Britannia de los 90’s). Los mineros del Reino Unido se han ido a huelga y Thatcher pretende olvidarlos y hostigarlos hasta que no les quede de otra más que regresar a trabajar. Un grupo de activistas homosexuales de Londres, tanto gays como lesbianas, liderados por su carismático portavoz Mark (el americano Ben Schnetzer) se siente identificado con los mineros oprimidos y les ofrecen apoyo económico, que en un inicio es rechazado por prejuicios.

Los jóvenes son insistentes, incluyendo a Joe (George MacKay), un chico inocente bajo el yugo de sus padres conservadores, y Jonathan (Dominic West, McNulty en la serie The Wire), un excéntrico cuarentón y segundo portador del VIH en el Reino Unido, acuden personalmente hasta Gales para entregar el dinero. Son recibidos por una comunidad minera escéptica al movimiento gay, pero conforme van conviviendo, ambos bandos se van dando cuenta que tienen más similitudes que diferencias.

Situaciones que le pretenden derretir el corazón a uno, porque aunque está basada en hechos reales, la palabra clave de Pride es dramatización, Warcus y Beresford han echado mano de tremendas dosis de pathos para enternecer los acontecimientos, todo encaja de una manera demasiado perfecta, se perciben personajes compuestos por doquier, vertientes de la historia simplificada de más y frases resonantes dichas por adolescentes al alimón.

Dominic West aka McNutty como Jonathan Blake

Dominic West aka McNutty como Jonathan Blake

Pride tiene todo el sello de la BBC Films, un melodrama al estilo The Full Monty o Billy Elliot quizás mejor adecuado a la pantalla chica británica. Cabe mencionar la buena ambientación, con numerosas referencias a la cultura popular de la época, incluyendo un destacado soundtrack que incluye a The Smiths, The Human League y Simple Minds; y por supuesto que escenas al ritmo de “Karma Chameleon”.

Un filme familiar y optimista, Pride: Orgullo y Esperanza puede ser ese ratito de melodrama bonachón que andas buscando.

Para la revista Indie Rocks!

2.5 / 5

I Am Trying To Break Your Heart: A Film About Wilco

29 Jun

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Cuando de rockumentales se trata, pocos pueden educar más acerca de la ineficiencia de la industria musical a principios del siglo XXI (etapa crítica que marcaría su futuro) y la ejemplificación de algunos de los errores más graves que se cometieron para mandarla completamente en picada, que I Am Trying To Break Your Heart; donde se recuenta la odisea del grupo de Chicago, Wilco, por producir y distribuir su tercer álbum, Yankee Hotel Foxtrot. Se me sigue haciendo gracioso, incluso al escribir estas líneas, el montón de sucesos fortuitos (e improbables) para llegar a la serendipia que es la carrera de Wilco y que puedan seguir pisando los escenarios hoy en día; cualquiera de esos sucesos hubiera sido diferente y Jeff Tweedy hubiera visto más de aquellas veces como cuando en el filme llega a un Wendy’s con su esposa e hijo y no tiene dinero para comprarles algo (su esposa traía $6 dlls en el bolsillo).

Quizás el primer esbozo de buena suerte hacia el grupo fue el estado general de la industria musical en ese entonces, es decir, exactamente cuando las plataformas Peer-2-Peer del internet empezaron a hacer mella en las disqueras (más o menos el breve año que Napster estuvo vivo en 2001). Era una nueva y terrible situación para las grandes compañías de la música y los ejecutivos tenían miedo y premura al momento de tomar desiciones; un poco de tiempo después y los ejecutivos ya hubieran estado un poco más calados como para lidiar con Wilco de la manera que lo hicieron.

Sam Jones filmando a Jeff Tweedy

Sam Jones filmando a Jeff Tweedy

El director Sam Jones filma, en blanco y negro para quitarle un poco la vigencia a este antiguo tema de disqueras vs. bandas, a partir de que el baterista Ken Coomer es reemplazado por el más versatil Glenn Kotche (quien permanece hasta la fecha). El último álbum de Wilco no había vendido como su disquera Reprise lo hubiera esperado, la cual era propiedad de Warner Bros., la cual a su vez era propiedad de Time Warner, la cual se fusionó con AOL en el 2001. Un desmadre de corporativos que tenían a Reprise nerviosos, especialmente después de que Warner Music despidió a 600 empleados por bajos rendimientos en las ventas; así que cuando Wilco entregó el hermoso, pero relativamente difícil de digerir Yankee Hotel Foxtrot, el cual era más ambicioso en cuanto a los terrenos sonoros que pretendía explorar, los ejecutivos de Reprise declararon que era un álbum sin un target claro, dificil de delinearle una estrategia de marketing específica. No lo iban a lanzar.

Podemos ver que el proceso creativo para este álbum fue especialmente tortuoso para Jeff Tweedy; el multinstrumentalista Jay Bennett, y quien lo ayuda a componer la música de las canciones, es una fuerza importante dentro del grupo, es el que propone experimentar con nuevos sonidos, y diferentes instrumentos, lo que a final de cuentas fue de lo más celebrado en YHF; sin embargo Tweedy se ve adisgusto durante el proceso, sufriendo cada discusión con Bennett al punto de en una ocasión ir a vomitar al baño. Bennett, perfeccionista y necio, discutía por cualquier pequeño pretexto.

Lo increible sucedió cuando Reprise dio de baja a Wilco, pero inexplicablemente, y después de invertir miles de dólares en la grabación del álbum, dejaron que se fueran a otra disquera con todo y el disco bajo el brazo. Se los regaló, así tal cual, debido a la mala propaganda que el sello ya estaba generando dentro de la prensa. La banda, junto con su manager Tony Margherita, encontró en la otra disquera Nonesuch Records (ironicamente también propiedad de Warner) a un grupo de ejecutivos jóvenes que apostaban por la propuesta musical. Nonesuch (y técnicamente Warner) compró el disco y lo lanzó a la venta, siendo hasta la fecha el éxito más grande de Wilco y seguramente uno de los mejores discos de la década. Reprise, aprendiendo de su error, apostó por otras propuestas musicales interesantes como Los Flaming Lips, y en general la industria volteó a ver a grupos alternativos como posibles fuentes de los ingresos que tanto les hacían falta.

Jones es paciente en su dirección, no le tiembla la mano, ni recurre a tendenciosas cortes de edición, cuando los ejecutivos de Reprise cuestionan a Tweedy en una plática improvisada sobre los avances del nuevo álbum, insinuando si va a ser un éxito como A.M. (el primer álbum) o un fracaso como Summerteeth (el segundo), Tweedy solo trata de ser cortés. Pero quizás demasiado paciente, un director más perspicaz hubiera encontrado la manera de filmar el despido de Bennett a mitad del filme, sin embargo solo nos quedamos con las palabras de Tweedy describiendo como sucedió (básicamente lo tenía harto).

Y finalmente la música, hay interpretaciones completas de canciones del álbum como Kamera y Jesus, Etc. (quizás la mejor canción de la banda). Entre el estudio y su espacio privado en el “Wilco loft”, Sam Jones logró documentar a este grupo de Chicago sufriendo las de caín durante esta etapa de transición para la industria musical.

Chéquense la interpretación de Jesus, Etc. como parte del documental

4 / 5

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