The Good, The Bad And The Ugly

2 May

Este clásico del género western italiano fue incomprendido en su momento no tanto por falta de mérito artístico pero por simple esnobismo crítico, era impensable que un “spaghetti western” pudiera ser arte. Pero con el paso de las décadas solo se ha comprobado la calidad del trabajo del director Sergio Leone, el compositor Ennio Morricone, el cinematógrafo Tonino Delli Colli, así como el resto del equipo de producción italiano, y también los extras de Italia y España (donde se llevó a cabo la filmación) que le dieron color y realidad a este mundo cinematográfico. El mismo Roger Ebert revisó su antigua reseña de 1967 ahora para el nuevo milenio y acepta que había una predisposición por parte de la crítica para denigrar las producciones italianas de aquel género, solo para concluir que El Bueno, el Malo y el Feo es una de las mejores películas jamás realizadas.

La falta de sabor americano era una supuesta debilidad de la película, pero el género había perdido el brillo de la década pasada, cuando John Wayne, en películas como The Searchers, acaparaban las ventas en la taquilla. Leone tomó prestadas algunas técnicas del director John Ford para volver a retratar el viejo oeste con elegancia, utilizando esas tomas abiertas, retratando a los personajes a la distancia para después combinar la escena con dramáticos acercamientos a los rostros, de esa manera incluyendo la belleza del terreno desértico junto con las ansiedades de los personajes. Los sets mediocres de Hollywood fueron abandonados a favor de los paisajes rocosos del mediterráneo europeo, exaltando aún más el realismo de la cinta, y que se puede decir de la música que no sepa todo mundo, a excepción, quizás, de que se trata del soundtrack más reconocible de la historia, incluso para muchos que no la han visto; lo inconvencional de los números de Morricone, con gritos, aullidos, percusiones extrañas, tronidos, silbidos, etc., seguiría inspirando a muchos dentro de la industria musical muchos años después del estreno de la película, como por ejemplo lo que fue el primer sencillo de Gorillaz, “Clint Eastwood”. 

Lee Van Cleef como “Angel Eyes” o El Malo

Tampoco vamos a decir que Eastwood es una finura de la actuación (acaso alguna vez lo fue?), pero gracias al guión de Leone y otros italianos, habla muy poco, pero lo que si sabe hacer es sostener una mirada matona en el solazo…su personaje, el famoso “Hombre sin Nombre” (suena mucho mejor en español, hay que decirlo), es puro misterio, no se sabe de donde vino o a donde va, solo que sobrevive día a día. Algunos le dicen “Blondie”, por lo guero, y es el supuesto Bueno, del título de esta obra. Él tiene una relación incómoda con el Feo de la película, el grotesco bandido mexicano Tuco (Eli Wallach), a quien lo anda buscando la ley; así que “Blondie” lo entrega para cobrar la recompensa, para después soltarlo poco antes de que lo ejecuten y entre los dos se dividen la recompensa para llevar la farsa al siguiente poblado. Un día “Blondie” se cansa de la compañía de Tuco y simplemente lo abandona en el desierto, sin agua ni comida. Por azares del destino Tuco sobrevive y busca vengarse de “Blondie”. Así los hombres siguen con sus rencillas hasta que descubren un secreto, hay una una fortuna en monedas de oro escondida en un cementerio, para su desgracia solo uno de ellos sabe que cementerio, pero el otro sabe en qué tumba están las monedas enterradas. Así que muy a su pesar van a tener que viajar y colaborar juntos si quieren dar con el botín. 

El oro le pertenece al ejército confederado de la guerra civil norteamericana, quienes lo escondieron en lo que termina la guerra. La trama del Bueno, el Malo y el Feo tiene lugar en aquella época, durante la guerra civil. Mientras tanto el caza-recompensas “Angel Eyes” (el Malo de la película) anda trás la pista de un tal Bill Carson, y eventualmente se topa con “Blondie” y Tuco, y su aventura por recuperar esa fortuna. Los tres se van peleando hasta terminar en el icónico “mexican stand-off”, o sea los tres apuntando con la pistola, para ver quién se queda con el tesoro (de fondo suena “El Trio” de Morricone). Ya para estas alturas, o sea estamos hablando del final de una película de TRES horas, uno , entiende un poco el gusto de Sergio Leone por dramatizar lo que él entiende por el viejo oeste, sus filmes son casi como un ejercicio para ver hasta dónde puede llevar el cliché/estereotipo del género. Hay mucho descaro en su estilo y eso es a veces lo más refrescante de sus películas. Eso fue en parte lo que no sedujo a los críticos de la época, quienes estaban más acostumbrado al western del viejo Hollywood.

Eli Wallach como Tuco o El Feo

Pero quizás la mayor sorpresa para aquel que deguste este trabajo por primera vez sea lo tremendamente graciosa que es esta película, es en serio, es un guion retacado de chistes y bromas que, fíjese usted, como aligera la carga dramática de un western de tres horas. Y en efecto, el guion fue escrito por el dúo Age & Scarpelli (Agenore Incrocci y Furio Scarpelli, respectivamente), reconocidos por su trabajo dentro de la sátira. El humor inesperado es sorpresivo, así como la calidad de la producción para reproducir una tipo de mini-película dentro de una película, me refiero a las escenas de acción de la guerra civil, que por momentos se sienten como un elaborado espectáculo del cual “Blondie” y “Tuco” solo son espectadores.

The Good, The Bad & The Ugly duró por muchos años como una película incomprendida; pero finalmente el trabajo de esta producción italiana se ha beneficiado por la opinión más progresiva de las últimas décadas y ahora está disponible para aquellos que desean degustar un ícono del cine internacional.

P.S. Aquí el duelo final entre el Bueno, el Malo y el Feo; solo para los que ya la vieron y ya saben cual es el desenlace, es una escena que vale la pena revisitar:

4.5 / 5

Blade Runner

22 Apr

Ridley Scott, junto con los encargados de diseñar la producción: Syd Mead, Lawrence G. Paull y David Snyder, creó en este clásico de 1982 uno de los mundos cinematográficos más impactantes que se ha visto sobre la pantalla de cine. De eso estoy convencido ahora que finalmente me decidí a ver esta obra cumbre de la ciencia-ficción (bueno, una de pocas cuantas). En una imaginada Los Ángeles de 2019 (a solo 2 años de nuestro presente), los corporativos han terminado por dictaminar el modo de vida de las personas, segregando aún más a los pobres de los ricos, y convirtiendo la ciudad en un muladar donde los rascacielos brillan con publicidad japonesa, mientras que en las calles, la lluvia sin cesar, convierte el trajín de los comunes y corrientes en un apestoso infierno sobre la tierra. Los bocetos de Mead, basados en la imaginación de Scott, inspiraron al autor Phillip K. Dick (de la novela Do Androids Dream Of Electric Sheep?, en la cual está basada la película) a comentar que habían retratado el mundo de su novela igual a como él se lo había imaginado. El excelente soundtrack de Vangelis, atinado en cada momento de la película, especialmente el final (creo que no había visto mejor “cliffhanger” desde Kill Bill Vol. 1), es casi tan importante como la producción y los efectos especiales de Douglas Trumbull, que aún 35 años después siguen vigentes, cuando sabemos que es de lo primero que se hace viejo en una película: los efectos.

Cabe mencionar que la versión que yo vi es la “Final Cut” del 2007, y es importante resaltar, ya que esta película tiene como cien versiones (dice mi consciencia que no sea exagerado, que realmente son 7…un chingo como quiera). “Final Cut” es la única versión donde Scott tuvo la completa libertad para dejar la película a su gusto personal, notablemente sin la narración del estelar, Harrison Ford, a insistencia de los ejecutivos, ya que decían “si no, la gente no le va a entender”. Ford fue notablemente reacio a hacer la narración en aquel entonces. El final feliz también fue prescindido.

Los problemas durante la producción, que se venían arrastrando desde antes de hacer la película (durante la “pre”, como dicen) puede ser que sea parte de la mística que gira en torno a esta película…las 7 ediciones diferentes es indicio de que no todo mundo estaba contento con el producto final. Las batallas entre Ford y Scott durante filmación son legendarias, pero al final el actor hizo entrega de un personaje perfectamente desapegado. Él es Rick Deckard, un “blade runner”, o sea aquellos agentes encargados de “retirar” (eufemismo para matar) a los “replicants”, unos seres engendrados por la corporación Tyrell, que parecen seres humanos, pero son 60% más inteligentes y fuertes…el detalle es que solo tienen 4 años de vida. Los “replicants” fueron creados para realizar los trabajos manuales pesados y trabajan en otros planetas que son habitados por los humanos, aparentemente los mandaron para allá por lo que podemos asumir fue un problema de quererse revelar en el pasado, y dada su peligrosidad, es mejor mantenerlos lejos. Es ilegal para algún “replicant” de encontrarse en la tierra, y están sujetos a su caza y eliminación por parte de los “blade runners”, como el personaje de Ford. 

L.A. en el 2019

La trama avanza lento, y es una de las críticas principales que recibe la película, o sea si te la imaginas como algo entre The Running Man y Total Recall, quizás puedas quedar un poco decepcionad@ pues no es una película de acción…es del tipo neo-noir, que utiliza el estilo del cine noir de los 50’s, en este caso el detective solitario fumando en la lluvia, que le responde a un gordo jocoso que es su jefe en la estación, entabla una relación sentimental con la bella dama involucrada en el caso, etc, nada más que incorporando elementos futuristas.

Tres “replicants” del modelo más avanzado, el Nexus 6, los cuales incluso ya vienen con recuerdos de una niñez inexistente, se escapan hacia la tierra para verse con su “papá”, el presidente de la compañía Tyrell, Dr. Eldon Tyrell (Joe Turkel), quién fue el que creo al trío que ahora lo visitan. El líder de este equipo de replicants es el imponente Roy, interpretado por el villano ejemplar, el holandés Rutger Hauer; otra de las “replicants” es Pris, interpretada por una joven Daryl Hannah (Splash, Kill Bill). Los “replicants” básicamente quieren más vida, pues no están de acuerdo con su limitada mortalidad de solo cuatro años, y acuden con el presidente de Tyrell, que para ellos es como un dios, para pedirle más vida, Roy le propone al Dr. Tyrell varias alternativas genéticas y químicas, pero el Dr. le explica porque ninguna es posible…esto no sienta bien con Roy, y bueno, para aquellos que como yo, siempre resultan un poco perturbados por esas escenas donde un fuerte villano le clava los pulgares en los ojos a su pobre víctima (como The Mountain a The Viper en Game of Thrones), quizás la escena final entre Roy y el Dr. no sea para ustedes. Irónicamente me tuve que chutar, en el mismo día, dos escenas de estas, en dos diferentes películas!

Pero los pobres “replicants” fueron creados así, y ahora los cazan por las calles de la metrópolis con poderosas armas… realmente, que hicieron mal?. Una de las primeras escenas, donde Deckard se despacha a una “replicant” que trabajaba de bailarina exótica es especialmente triste, aunque es una de las escenas de más acción. Mientras la mujer corre y finalmente se desploma como contra cinco grandes ventanas tras recibir el balazo (o creo que es la misma escena repetida una y otra y otra vez, para que veas bien el sufrimiento injusto), uno empieza a simpatizar con las creaciones del corporativo Tyrell…y hasta a repudiar a los “blade runners” como Deckard, fríos y desinteresados en la existencia de los seres/productos que están extinguiendo. La pregunta se te empieza a formular en la mente, y es una que ha aquejado a todo el público que desde 1982 ha visto la película: y si Deckard es “replicant”?. Scott y Ford tienen sus opiniones al respecto, las cuales se encuentran por todo Google.

Sean Young como Rachael

La joven Rachael (Sean Young) empieza una relación sentimental con Deckard y él le promete nunca cazarla, aunque eso no asegura su seguridad, ya que hay varios “blade runners”. Rachael no sabía que era “replicant”, era de esos nuevos modelos Nexus 6, que vienen con “memorias de la infancia”, y de igual manera, la realización de Rachael sobre su verdadera identidad personal inspira tristeza. Las autoridades les realizan extensas pruebas de más de 100 preguntas, con detectores en las pupilas, para determinar a los verdaderos “replicants”; muchas son preguntas triviales para demostrar su empatía hacia los animales…es cierto que la película despierta la grande pregunta: qué significa ser humano?, que lo define?. Roy da su versión, a instantes de cumplir sus cuatro años de vida y mientras le entra la rigor mortis en el cuerpo, le explica a Deckard, en la lluvia, que entiende por su existencia, en una de las mejores escenas que he podido ver, la escena de “lágrimas en la lluvia”, ya sabrán cual es.

Un muy joven Edward James Olmos interpreta a Gaff, un “blade runner” misterioso, que parece merodea a Deckard y sus andares, alentando la teoría de que éste último es un “replicant”.

El sublime soundtrack del reconocido músico griego Vangelis es tan importante para construir el mundo de Blade Runner como el diseño de la producción, es electrónico y vibrante, hasta electrónicamente pulsante por momentos, ese señor nunca le pidió nada a Giorgio Moroder.

Ya son 35 años desde que se estrenó esta joya del cine, recomiendo ampliamente esta edición, la “Final Cut”, y por supuesto en la mejor calidad audiovisual posible, si de suerte reaparece en alguna sala de cine cerca de ti, no lo pienses dos veces. Es el mejor trabajo de Scott, de Harrison, y hasta de James Olmos que he visto; lo mejor de Vangelis también. Criticar la trama de Blade Runner (El Cazador Implacable, en español) es únicamente debido a la grandeza de sus alcances visuales.

4.5 / 5

Trainspotting

29 Mar

Choose life.
Choose a job.
Choose a career.
Choose a family,

Choose a fucking big television.
Choose washing machine, cars,
Compact disc players, and electrical tin openers.
Choose good health, low colesterol.

El miedo a vivir una vida, a ser parte de la red capitalista global, era una paranoia constante en los últimos años del siglo XX; Trainspotting va de la mano con otras obras cumbres anti-capitalistas de la década, como Ok Computer de Radiohead, y el libro No Logo de Naomi Klein. Marc Renton (Ewan McGregor), un pálido junkie, empieza repitiendo el mantra sobre “escoger” con cinismo y repudio para el resto de nosotros que se puede decir tenemos una vida “normal”, el escoge la adicción a la heroína mejor, Renton es el narrador y nos platica los sucesos de su vida, y en unas tomas particularmente interesantes por parte del director Danny Boyle, nos ve directamente a través del espejo, nos ve a nosotros viéndolo a él, y nos comunica con la mirada que está consciente que su vida es una mierda. Él sabe que hay del otro lado del espejo, una vida normal, y quiere poder escaparse hacia acá. Se la pasa inyectándose con sus mejores amigos, Spud (Ewen Bremner) y Sick Boy (Jonny Lee Miller), y en general haciendo travesuras con el resto del grupo, que incluye al deportista Tommy (Kevin McKidd) y al sicópata Begbie (Robert Carlyle). Cuenta con unos padres demasiado amorosos, que son demasiado complacientes con su adicción, aunque se preocupan demasiado, no hay disciplina para controlar al muchacho. Renton establece un tipo de relación con la menor de edad Diane (Kelly Macdonald), y entre alucinaciones y horribles rondas del síndrome de la abstinencia, “Rent-Boy” celebra sin remordimientos el nihilismo de su existencia.

“Rent Boy” viéndonos por el espejo

El estilo de Boyle, dinámico y acelerado, es lo que convierte a Trainspotting más en una comedia que en un drama depresivo à la Requiem For A Dream; una edición vibrante, colores brillantes y un soundtrack anclado en el britpop de la época (Blur, Pulp y Elastica) y en mucho Iggy Pop (irónicamente “Lust For Life” suena constantemente en la vida de estos ociosos), fueron lo que confundió a muchas personas en pensar que la película celebra el consumo de la heroína, siendo que los horrores de la adicción aparecen en la forma de una dependencia debilitante que deja a los personajes expuestos a violencia, SIDA, visiones de bebés diabólicos, y aventuras por el llamado “peor escusado de Escocia”; el magnetismo de Ewan McGregor, su facilidad con la palabra para narrar, y su fortuna para salir relativamente sano y salvo de estas aventuras infernales, hacen que el público empiece a simpatizar con este “anti-héroe”. Su personaje viaja en círculos, sanándose y recayendo en la adicción, hasta que finalmente decide empezar una vida nueva en Londres, como agente de bienes raíces…y todo es miel sobre aburridas hojuelas hasta que Sick Boy (y su hábito de pasársela recitando todo tipo de trivia sobre Sean Connery) y el volátil de Begbie, deciden visitarlo y presentarle una oportunidad para hacer mucho dinero moviendo un gran paquete de heroína, sabiendo que cuenta con algunos bien ganados ahorros debido a su trabajo.

Después de su último roce con el peligro, Renton decide, una vez más, empezar desde cero y ser “una buena persona”…pero ya sabemos su tendencia para andar en círculos, y su complicado romance con la adicción, así que nos deja dudando cuanto dudará su nueva etapa sobria (y habrá que checarlo en la recientemente estrenada T2)…Trainspotting es más cómica de lo que debería de ser, hay que admitirlo, y entre tanta desgracia, permite que una calidez fraternal entre amigos se quiera asomar. Es contradictoria y emocionante, a 20 años de su estreno se siente fresca, al mismo tiempo que un documento de la época de mediados de los 90’s.

Aquí la icónica primera escena:

4.2 / 5

La La Land

15 Mar

Recuerdan la primera parte de Mulholland Drive, antes de que la trama de un giro de 180 grados?; La La Land es como esa primera mitad, donde todo es color de rosa, todo es dulce, donde se te cae el frasco de leche y solo dices “rayos!” con un gesto chistoso. Es un gran romance agridulce para ser bebido y disfrutado por sus ricos sabores sin temor a alguna consecuencia negativa como malestar estomacal, los que no estuvieron de acuerdo con el final creo que no están entendiendo el punto, de que este melodrama fue hecho para disfrutarse dentro del confort de este mundo de fantasía de los musicales del viejo Hollywood. Tristeza y fracaso?, simplemente recordar la otra mitad de Mulholland Drive para encontrar a actrices que fracasan y sueños que no se pueden alcanzar, para regresar a las realidades de la vida; o hay que dar un paseo por Hollywood Blvd, donde las estrellas yacen en el piso, y ver a todos esos actores de traje en pleno sol apestando a rayos para tomarse unas fotos con los turistas, para recordar de otra forma la verdadera realidad de Hollywood. La La Land: Una Historia de Amor no se trata de eso, se trata de imaginar y disfrutar sin remordimientos.

Si lo he dicho una vez, lo diré cien veces: los melómanos hacen las mejores películas, y en este caso, el escritor y director Damien Chazelle realiza uno de los productos más inverosímiles de Hollywood: el musical; pero dejando que la pasión por la música y el arte se salga un poco por las orillas desgastadas de este lienzo, no es perfecta, como por ejemplo haber puesto en los roles principales a Ryan Gosling y Emma Stone, dos actores que definitivamente no son cantantes ni bailarines, simplemente hay que ver a Stone bailando el primer número con Gosling, “A Lovely Night”, para ver que tiene la agilidad de una lata de frijoles, pero encontré en eso, y en la voz de pito para cantar de Gosling, una historia sobre la pantalla más creíble y orgánica. La La Land con Justin Timberlake y Rihanna, o dos profesionales de los escenarios neoyorquinos, hubiera estado un poco más de hueva y medio plástico, demasiado perfecto. Chazelle filma a Sebastian (Gosling) y a Mia (Stone) de cuerpo completo, con poca edición, dejando que el público pueda disfrutar de los números de baile sobre los impresionantes fondos de la producción, como un cielo estrellado adentro del Observatorio Griffith en el número “Planetarium”, o una creativa re-imaginación de París durante una audición de Mia, en el número “Audition / The Fools Who Dream”, casi no hay cortes en la edición, y la cámara, sin cortar la toma, hace paneos suaves, para un lado y para otro, para arriba y para abajo, como para ver la acción desde otro punto de vista; algo muy diferente a lo que puede pasar en un mal musical, como las tomas cerradas de la nefasta Xanadu, de Olivia Newton-John.

Seb y Mia bailando en el observatorio de Griffith Park…cool, no?

Sebastian (Gosling), es un apasionado músico de Jazz, quien por el momento toca en el piano canciones navideños adentro de un restaurante; y Mia (Stone) es una aspirante a ser actriz que por lo pronto trabaja en un café adentro del campus de Warner Bros. Después de que la película empieza con un espectacular número bailable por parte de decenas de personas en el cruce de las autopistas 105 con la que va hacia el centro de Los Ángeles: la 110 (los rascacielos se ven en el fondo), Sebastian y Mia se conocen por primera vez, de carro a carro, en el típico “meet cute” de una película romántica, se tocan el claxon y se pintan el dedo. Sebastian y Mia logran hacer lo que prácticamente es imposible en L.A., volver a encontrarse de casualidad no una, sino dos veces. Eventualmente entablan una relación y se enseñan la pasión que tienen por sus respectivos artes, Sebastian sueña con tener un club de jazz, un pequeño lugar donde pueda sobrevivir el jazz auténtico, porque dice que no lo puede dejar morir. Y Mia habla de cómo creció con la influencia de su abuela, que le inculcó el amor por el viejo cine y cuenta con los viejos posters de Casablanca, y otros clásicos, por su departamento…o sea para nada quiere ser una actriz por la fama y por emular a las estrellas vacías de hoy como las Kardashian-Jenner-como se llamen, sino que su amor por el cine, el clásico, es auténtico, igual al amor de Seb por el jazz original. La La Land es Chazelle, el protector de las bellas artes, en su etapa más nostálgica y clásica; como su previo filme, Whiplash, pero sin todo eso de la auto-referencia (Chazelle quería ser baterista de jazz originalmente, al igual que el chavo en Whiplash).

Chazelle asalta el género más emblemático del viejo Hollywood: el del musical, con una buena surtida gama de referencias, guiños y tributos a trabajos del pasado, incluso desde antes de la primera escena ya estamos viendo el logo de CinemaScope, antiguo formato de filmación que dejó de ser utilizado en 1967 (en efecto, no fue filmada digitalmente, sino en filme, pero no en verdadero CinemaScope, pues esa tecnología ya está extinta), y se vienen referencias a clásicos del género musical como el francés The Umbrellas of Cherbourg (1964) y el americano Singin’ in the Rain (1952, y para mi gusto, el musical en su máxima expresión dentro del cine); así como Seb le asevera a Mia que él está dispuesto a salvar el jazz, Chazelle pretende hacer lo mismo con el género musical, aunque sigamos viendo trabajos dentro de esta categoría con regularidad, como por ejemplo Chi-Raq de Spike Lee el años pasado. Sin embargo, durante los pasados premios de la Academia, cuando Moonlight se alzó con el premio a mejor película, Chicago (2002) sigue siendo el último musical en ganar dicho Oscar.

El eventual amor de Sebastian y Mia se desenvuelve por los lugares más emblemáticos de L.A. (NO, no incluye Disneylandia ni Universal Studios…pero las Torres Watts, que pareja va ahí?), y durante la segunda parte de la película los personajes se ponen a realmente a pelear por sus sueños; tras varios castings fallados, Mia pone en escena un show solista escrito y estelarizado por ella, mientras que Seb se une a un grupo de jazz-rock de su amigo Keith (John Legend). El desenlace de la pareja y de sus sueños profesionales puede dejar frustrado a más de uno en el público, pero creo que no es el punto de este trabajo de Chazelle, el punto es disfrutar este cuento de hadas, que cuenta con una excelente producción, y que se desarrolla en la “City of Stars” (como lo dice uno de los números, algo insípidos, a mi parecer, del amigo de Chazelle, Justin Hurwitz). La La Land es una dicotomía, Chazelle le pide a su público que encuentre lo mágico de lo auténtico dentro de un musical moderno sobre Hollywood; los chistes son sobre vivir en L.A., pero sus tomas más impresionantes son sobre la ciudad, ya sea Mia y Seb bailando frente a un atardecer en Mulholland Dr. o en las afueras de Griffith Park, expresan la confusión que muchas personas, aspirantes a ser artistas, tienen una vez en L.A., algo como: me dijeron que esta, se supone, es la ciudad de los sueños.

4.2 / 5

Rogue One: A Star Wars Story

28 Feb

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A pesar del subtítulo medio de segunda mano, “una historia Star Wars”, Rogue One (2016) son dos horas compactas de cine de acción con tintes de nostalgia. “Compactas” no es el calificativo que uno normalmente le adjudica a dos horas en el cine, pero esta historia está tan bien enfocada a un suceso muy específico dentro de la saga de La Guerra de las Galaxias, que realmente el tiempo se pasa rápido, el ritmo es más torpe al principio de la película, naturalmente, cuando me imagino los guionistas se dieron cuenta de que iban a tener que embonar esta pieza en el resto del rompecabezas que es el mundo Star Wars, así que hay una explicación de quien es el personaje de esta historia, qué onda con sus papás, qué onda con su infancia, sus motivos y rencores, etc, sabiamente esto solo lo hacen para la principal Jyn Erso (Felicity Jones) y lo dejan fuera para otros personajes como Cassian Andor (Diego Luna). Pero una vez que todas las fichas están sobre la mesa, la trama agarra buen ritmo y Rogue One se convierte en plena película de acción.

(Para los que nunca hemos estado bien clavados en la saga) ver como se expande el mundo de Star Wars con cada entrega, en diferentes épocas de la historia, siempre es emocionante. En este caso había escuchado que Rogue One era básicamente una película sobre una porción del texto que se desliza sobre la pantalla al inicio de la primera película de Star Wars que salió al mercado, Star Wars: Episode IV – A New Hope (1977), donde se menciona a un grupo de rebeldes que han podido robar los planes de diseño de la Estrella de la Muerte, que ayudarán a Luke, Leia, Obi-Wan y Han Solo intentar su destrucción en la trilogía antigua. Rogue One es el recuento de la aventura de aquellos rebeldes, liderados por Erso, la hija de Galen Erso (Mads Mikkelsen, con quien nos familiarizamos bastante en las películas de Nicolas Winding Refn). Muchos años atrás, durante la infancia de Erso, nos enteramos que Galen era el científico encargado de diseñar la Estrella de la Muerte, pero en algún momento se siente culpable de estar construyendo un arma capaz de destruir planetas enteros, así que se esconde con su familia en el planeta Lah’mu, hasta que hace su llegada el villano Orson Krennic (Ben Mendelsohn), un tipo de gerente de proyectos del Imperio, a preguntarle, no de la manera más amable, qué onda, porqué no estás construyendo la Estrella de la Muerte, y pasa a invitarlo a que regrese a su antiguo trabajo, no sin antes matar a su esposa, la madre de Jyn Erso. 

Cassian Andor y K-2SO

Cassian Andor y K-2SO

Erso, que se ha quedado sin madre y a su padre se lo ha llevado el Imperio, pasa al cuidado del legendario rebelde Saw Gerrera (nombre alusivo al Ché Guevara, y personaje interpretado por Forest Whitaker), quién será el mentor de Erso durante su adolescencia. Años más tarde, Galen, quién sigue captivo del Imperio, le envía un mensaje holográfico a Gerrera y los rebeldes se lanzan a finalmente rescatarlo. A estas alturas Jyn es prisionera del Imperio también, pero el enviado de los rebeldes, Cassian Andor (Luna), la rescata, y ellos, junto con un androide simpático (acaso no lo son todos) llamado K2-SO se dirigen a rescatar a Galen, y robar los planes que este último les ha dicho podrá ayudar a destruir la Estrella de la Muerte. Es una historia compacta, pero con muchos componentes dentro de un corto periodo de tiempo…y realmente, como podrán ver, a excepción de aquellos que quizás ya conocen la historia por ser un ávido fan de los comics de Star Wars, el resto de la gente solo podrá encontrarle el sentido a la trama una vez que vea la película.

Se ha dicho bastante que Rogue One presenta un tono más oscuro, lo cual no entiendo realmente, yo creo que se refieren a “oscuro” comparado a lo que pensamos que Disney iba a hacer con la saga, pues en efecto, no son poco más de dos horas de personajes graciosos y peludos (de los que se venderían bastante bien en versión peluche); si, hay algunas escenas que se le puedan quedar grabadas en la mente a un niño de 7 años, especialmente cuando Darth Vader, en un túnel poco iluminado, se echa con su sable de luz y sus manos a alrededor de una decena de pobres víctimas del ejército rebelde, a mí se me hizo “badass”, a un niño quizás lo espante poquito. Pero no creo que adopte un tono más oscuro que las primeras dos trilogías, recordemos la amputación de la mano de Luke, y Hayden Christensen deslizándose sin piernas ni brazos a la orilla de un charco de fuego. Naturalmente uno piensa que el cariño que un solo individuo como George Lucas, le puede tener a su propia creación será más grande que aquel que le pueda tener un corporativo desapegado como Disney; pero en base a Rogue One, y a Star Wars: The Force Awakens (2015), parece que la empresa quiere hacer las cosas bien…eso no impide que vayan a estar sacando mínimo una película por año, a su antojo, como buen corporativo insaciable; esa eventual sobre-saturación de películas Star Wars es quizás lo que más nos preocupa a algunos, que no queremos ver a la franquicia ser otra extensión de la moda por los súper héroes.

rogue-one-2Lo realmente disfrutable de Rogue One es el diseño de la producción, recordemos que Rogue sucede justo antes del inicio de la primera trilogía que fue lanzada en 1977, así que trataron de mezclar aquellos vestuarios holgados, setenteros, con los gustos de hoy en día; el entorno de la película, se siente tal cual lo conocemos, antiguo pero galáctico, polvoso, y lleno de partes de robots y otras desconocidas máquinas, por aquí y en el fondo de la escena. Por el contrario, el interior de las fortalezas y naves del Imperio son impecables, llenas de cristal y luces de neón, así como vacíos enormes por donde puede caer algún incauto héroe o villano. Cuando Cassian Andor, Jyn Erso y K2-SO logran penetrar una de esas fortalezas disfrazados como oficiales del Imperio, y ahí en las entrañas, vestido en completo atuendo de oficial Imperial, me dio gusto ver a Diego Luna tal como si estuviera en El Imperio Contraataca (1980) o El Regreso del Jedi (1983).

No es que su actuación me haya gustado, y francamente nunca he sido fan de sus interpretaciones; no es lo suficientemente aventurero y arriesgado como uno lo esperaría de un carismático Harrison Ford como Han Solo. El rol de Cassian Andor hubiera sido perfecto para alguien como Oscar Isaac (quién ya apareció en The Force Awakens), pero fue para Luna y este escaparate tan importante para su carrera me da gusto. Otro par de actores de reparto, Donnie Yen y Jiang Wen, son divertidos como parte del equipo rebelde; dándole ese sabor multi-étnico al reparto que seguramente va de acuerdo con los objetivos corporativos de Disney por apelar a los mayores mercados de consumo cinematográfico del mundo. Otros personajes más añejos de la saga (no diremos quién, por eso de los spoilers), aparecen unos segundos, gracias a efectos computarizados, para el deleite de la nostalgia propia y ajena; se ha dicho que sus versiones computarizadas no encajan y se sienten raras, pero por mi parte no hay queja alguna, y abre la discusión de qué será posible hacer con estrellas del cine que ya no están, o estarán, con nosotros.

Rogue One: A Star Wars Story, aún sin el trabajo musical de John Williams, se siente y vive como otra entrega de la afamada franquicia; ambientada de buena manera en un mundo que ya nos es bastante familiar, que hasta le tenemos cariño. La aventura intergaláctica sigue vigente.

3.5 / 5

Bridget Jones’s Baby

15 Feb

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La trilogía de Bridget Jones, la inglesa simpática, llega a su presunto final (si es que a alguien no se le ocurre alguna espantosa idea para una nueva parte de la historia) de la mejor manera, de la mano de Sharon Maguire, la directora de la entrega inicial, El Diario de Bridget Jones (2001), regresándole a la saga la frescura que hizo al público enamorarse con las imperfecciones de Bridget, y una alegría por la vida a pesar de los obstáculos que constantemente enfrenta, algo que le hizo falta a la insípida Bridget Jones: The Edge of Reason (2004). Hugh Grant no regresa como Daniel Cleaver, el interés romántico de Bridget en las dos primeras entregas; aunque si lo hace el galante Colin Firth como Mark Darcy. En lugar de Grant aparece Patrick Dempsey como Jack Qwant, un multi-millonario empresario americano para hacer el trío romántico con Bridget y Mark.

Es imprescindible desprenderse de la realidad para disfrutar una comedia romántica, como todo mundo ya lo debe de saber (eso espero), y los sucesos fortuitos de Bridget empiezan cuando acude a un festival musical inglés, algo que se parece al Glastonbury, acompañada de su compañera de trabajo Miranda (Sarah Solemani). Más de diez años después de la última película, Bridget es la productora en una cadena de televisión, donde Miranda es la conductora, y parece que Bridget ha alcanzado la madurez exitosa, tiene un trabajo independiente, tiene lana, y se muestra indiferente a su peso, aunque no pasa de mencionar que también “se encuentra en su peso ideal”. En su trabajo la rodean un grupo de millenials hipsters, incluyendo su jefa, pero no parece incomodarle mucho…más bien se muestra decepcionada de que ahora todas sus amigas están muy ocupadas cuidando a sus bebés. De ahí que Miranda se la lleva en unas mini-vacaciones al festival.

Bridget Jones y Mark Darcy

Bridget Jones y Mark Darcy

Una vez en el evento, Bridget y Miranda se emborrachan, como es tradición en los festivales musicales, se topan con Ed Sheeran (sin saber quién es) y Bridget acaba en el la “choza” de Qwant (un lujoso cuarto, típico del “glamping”), con quien pasa la noche. Poco después, en un funeral, se rencuentra con Darcy, y también acaba recordando viejos tiempos en la cama. La trama se complica cuando Bridget resulta embarazada y de acuerdo a las fechas y métodos anticonceptivos, no tiene manera de saber quién es el padre, ni con la ayuda de su ginecóloga, interpretada por la seca pero chistosa Emma Thompson (co-escritora del guion también). Así que Bridget engaña a cada hombre en pensar que el bebé es posiblemente suyo y de ahí se desarrolla un chistoso ménage à trois entre los dos caballeros y Bridget, Patrick Dempsey como el alegre gringo liviano de carácter, y Darcy como el estoico británico, pero gracioso a su manera también. El desenlace tendrá al público esperando quien será el padre ganador en este gameshow del mundo de Bridget Jones.

Renée Zellweger, con su nueva cara, nuevamente acierta interpretando las inseguridades y fortalezas de una mujer, que por medio de una actuación sin pretensiones, es adorable para el público…todo con un impecable acento inglés, nada mal para una actriz de Tejas. Es un regreso en gran forma que nos recuerda porque fue una de las actrices más querida de hace unos 15 años.

Es un regreso en forma para toda la franquicia, para decir la verdad; eso no quiere decir que estemos añorando una nueva entrega en la saga Bridget Jones, porqué como la segunda película nos enseñó (así como un sinnúmero de secuelas de otras series), la avaricia por querer seguirle exprimiendo dinero a una serie de películas puede resultar en resultados mediocres. Habrá que esperar a ver que sigue escribiendo Helend Fielding sobre su personaje más conocido (seguramente lo hará), y saber si habrá un equipo de producción que no se aviente a darle continuidad a esta saga solo por dinero.

3.5 / 5

La Delgada Línea Amarilla

16 Jan

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Road movie” o acaso existirá el género “coming-of-age para rucos”?, porque de igual manera que un adolescente se percata de que está entrando en las vísceras de la etapa adulta, una persona de edad mediana (bonito eufemismo para alguien de 60 años, eso si piensas llegar a los 120) reconoce que abandona la edad productiva para enfilarse hacia la tumba después de unos últimos años repletos de sinsabores y dolores musculares. Es mas o menos el meollo existencial en la ópera prima del tapatío Celso R. García, como un grupo de cinco humanos desechados, unos pobres diablos inútiles para el resto de la sociedad, pueden hacer equipo, hacer sinergia con sus fuerzas y controlar las debilidades que aqueja a cada uno, para demostrarle al resto del mundo que todavía pueden ser productivos, aunque eso sea únicamente pintar una delgada línea amarilla divisora en una carretera libre que casi nadie usa, maldita sea!

Yo hubiera incluido el tagline #JustDoYourJob en el arte promocional

Es irónico que dicha carretera libre, de San Carlos a San Jacinto (en alguna parte de la provincia del país sin especificar), está a punto de pasar a ser obsoleta ya que cerca de ahí están construyendo otra carretera más moderna, lo que vuelve más intrascendente el pintar una sola línea amarilla por 240 kilómetros, a lo largo de 7 días, en pleno calorón infernal. Los 5 chalanes llegan a conocerse entre ellos mismos, juntos sortean las dificultades y se la pasan bomba, bueno casi todos. Lo que hace a La Delgada Línea Amarilla disfrutable es la química entre los veteranos actores: Damián Alcázar como Toño, el supervisor de la obra; Joaquín Cosío como el reservado Gabriel; Silverio Palacios como “Atayde”, un simpático ex-trabajador de circo; Gustavo Sánchez Parra como el misterioso Mario y el punto débil en el casting, el joven Americo Hollander como Pablo, un muchacho recto e inteligente que logra conectar con Toño en una relación parecida a padre – hijo…y dije punto débil del casting porque Hollander es rígido hasta para cuando debe divertirse, como cuando los trabajadores encuentran una refrescante lagunilla en medio de la dura jornada laboral y deciden darse un chapuzón; la inflexibilidad del joven para actuar de acuerdo a la escena tampoco es ayudada por la naturalidad de los otros cuatro experimentados actores.

El team

El team

Y es común que en una premisa similar a “un grupo de extraños hacen equipo en medio de la nada” venga mucho de lo que ensancha el trajín dramático de la trama: bagaje emocional; o si, no te iba a sorprender, por ejemplo, que Toño tiene un ceño permanentemente fruncido debido a que todavía no supera un accidente minero donde varios compañeros perecieron (y él, de alguna manera, se considera responsable); o tampoco te hubiera agarrado de sorpresa el hecho de que Gabriel (Cosío), se encuentra haciendo este trabajo para poder costear la operación de los ojos que le permitirá regresar a lo que realmente le apasiona, ser chofer de camiones, los mismos que transitan carreteras como la que está pintando; “Atayde” trae historias del circo, etc. La redención de Toño es casi el tema central de la historia, y como las personas cercanas a él, como el ingeniero que inicialmente le da el trabajo de supervisión (de paso remunerándolo en poco tiempo lo que ganaba en varios meses en su antiguo trabajito), el joven Pablo también lo incita a salir de su perpetuo estado de culpa. La rola de Café Tacvba, “Esta Vez”, que también habla de la redención y de las segundas oportunidades, suena como leitmotiv a lo largo de la película, en un casete que Pablo trae en su walkman (no, la película no está ambientada en los 90’s, simplemente son personajes de bajos recursos)…y no estoy aquí para contar spoilers, pero llegarán a ver el final, y es difícil entender que Toño (el emocionalmente resquebrajado Toño) haya podido salir de esta aventura sin sentirse todavía más deprimido y culpable por los sucesos, no sintiéndose fresquecito como una lechuga; eso fue algo que no me hizo sentido al final.

Es un trabajo cinematográfico bien cuidado, la cinematografía es cálida y complaciente con los paisajes de la provincia mexicana, el diseño de la producción es meticuloso, los personajes se ven sudados, con un paliacate sudado alrededor del cuello o una camiseta envuelta alrededor de la cara para protegerse del sol, realmente se ve que huelen a rayos (habrá que saber que tanto las condiciones climáticas al momento de filmar influyeron realmente en el diseño); es creíble de pies a cabeza y te permite enfocarte en la historia completamente. Como ópera prima es excepcional, aunque como experiencia cinemática es simplemente agradable, pero se puede apreciar que The Thin Yellow Line hizo mucho con poco.

3 / 5

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