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Once Upon A Time In Hollywood

17 Aug

La novena película de Quentin Tarantino llegó para ser odiada o querida pero no ignorada.

once upon a time in hollywood

La propia existencia artística del cineasta Quentin Tarantino es el meollo de Once Upon a Time in Hollywood y se revisan algunos temas existenciales, como el declive de un talento descarnado, explosivo y natural (como Tarantino lo ha temido sobre su propio talento, dijo que a los 60 ya no iba a estar haciendo películas), la decadencia de una carrera artística en Hollywood y la estrepitosa caída de una década en general, la tumultuosa década de los 60, del sueño utópico hippie, con el asesinato de Sharon Tate por parte del séquito de Charles Manson a finales de 1969.

Leonardo DiCaprio es Rick Dalton en uno de los papeles más complejos de su carrera, y aunque sé que es ultra pretencioso utilizar términos de enología para estas cuestiones, me veo obligado a decir qué si esta actuación fuera un vino, sería un caldo robusto de considerable añejo lleno de matices, no es Leo 100% sicópata como en el Lobo de Wall Street, o imparable Leo en el Aviador, o Leo el salvaje en El Renacido(Raaaaarrrr! vean todo ese Leo).

once upon a time in hollywood 2

Rick Dalton regresando a L.A. atravesando el característico mosaico de LAX

Dalton es inseguro, pero con suficiente ego como para luchar activamente contra esa inseguridad, tartamudea socialmente pero no frente a las cámaras, sus años dorados en películas y programas western durante los 50 han quedado atrás, y ahora se enfrenta a la realidad de tener que rejuvenecer su carrera haciendo spaguetti westerns en Italia (algo que le da asco), el rencor y el miedo corren por sus venas, ve jóvenes parados en una esquina y se limita a decir: “pinches hippies”Rick Dalton hubo muchos a finales de los 60 en Hollywood, los George MaharisFabian, y Ty Hardin, actores principales de perfil muy masculino venidos a menos a finales de los 60.

No exagero en decir que podríamos hablar de esta actuación de DiCaprio todo el día, pero del otro lado está su contraparte Brad Pitt, que en esta película es exactamente lo que uno piensa que va a hacer Brad Pitt, estar ahí, verse bien, no decir mucho, irradiar seguridad, como Aldo el Apache la última vez que Pitt trabajó con Tarantino en Bastardos Sin Gloria, o como yo lo vi personalmente minutos antes de la función, bajando por la escalera eléctrica hacia una horda de fans chillantes, sin hacer ni decir mucho, solo firmar muchos autógrafos y… estar ahí.

Pero eso es perfectamente lo que Tarantino habrá visto en Pitt para el personaje Cliff Booth, el doble, “stuntman”, de Rick Dalton, que ayuda a cargar con sus peligros y sus penas, en el set y en la vida; sirve de pañuelo para cuando Dalton anda deprimido, arregla la antena en el techo de su hogar, lo lleva y trae del trabajo. Un amigo/empleado en el que uno puede apoyarse en la vida.

Dalton y Booth conducen el Cadillac DeVille 1966 en crema de Rick por las calles de L.A., tan meticulosamente recreadas de acuerdo a la época por Tarantino y su equipo de producción, que la ciudad se convierte en otro personaje de la historia con el deambular cotidiano de los personajes, es nostálgico y casual como Sharon Tate (Margot Robbie) recorre las tiendas para finalmente entrar a un pequeño cine en Westwood y ver su último papel, uno pequeño, en una película pequeña, durante lo que podemos suponer son sus últimos días.

A diferencia de Cuarón y lo que el vio que andaba sucediendo en la CDMX durante su infancia y lo reprodujo en RomaTarantino se imagina que andaba sucediendo en L.A. durante su infancia, donde Polanski tiraba party en la Mansión Playboy con The Mamas and The Papas y el mundo en general era mucho más divertido de lo que probablemente era en realidad.

Luke Perry stars in ONCE UPON A TIME IN HOLLYWOOD.

Luke Perry en su último papel antes de su fallecimiento

Pero al igual que el personaje de DiCaprio, hay matices que discernir, y no todo es diversión, Tarantino pondera su propia mortalidad (algo que ya había hecho más o menos en Jackie Brown) y aunque, al final de Había Una Vez En Hollywood, puede que estés impactado o desilusionado con la violencia exageradísima y ridícula del último acto (ya sabes que va a haber finales Tarantino en una película Tarantino), la oportunidad de todavía disfrutar este cine de autor, con estos presupuestos, tratando material original (ni reboot, ni spinoff, ni secuela, ni precuela, ni versión live-action) es un platillo que rara vez se encuentra en las cadenas de cine hoy en día.

 

Para la revista Indie Rocks!

4 / 5

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Un Couteau Dans Le Cœur (Knife+Heart)

6 Jul

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A veces se necesita una trama sumamente inverosímil para encontrar cine arriesgado y entretenido. Tal es el caso de Knife+Heart, donde un asesino serial a finales de los 70’s, acecha una compañía de pornografía para homosexuales presidida por el personaje interpretado por Vanessa Paradis, y uno a uno va aniquilando a los actores y el staff de dicha compañía, ejecutando lo que podemos imaginarnos es alguna venganza personal contra este género pornográfico, o personalmente contra los individuos de la compañía.

La compañía pornográfica es de Anne (Paradis, un ícono de la cultura pop francesa, a la cual yo desconocía) y está compuesta por un colorido elenco de actores gay y travestis (incluyendo al actor mexicano Noé Hernández), su editora Loïs (Kate Moran), con quién acaba de tener una ruptura amorosa muy dolorosa, y un “fluffer” (lo que en la industria pornográfica llaman a aquellos encargados de procurar las erecciones de los actores) que apodan Bouche d’Or (Boca de Oro), por sus talentos orales.

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Anne en el antro. La composición, la iluminación y el soundtrack sugieren una teatralidad exagerada

En este mundo ambientado a finales de los 70’s, resplandecen las luces de neón y los colores llamativos, la cinematografía de Simon Beafils rinde tributo al cine giallo de aquella época precisamente, mientras que de fondo escuchamos a M-83 como parte del soundtrack; como en una suntuosa escena adentro de una disco, o el asesinato de una transexual en medio de unos ventarrones en el bosque; escenas ridículas, pero muy divertidas, y hasta un poco hermosas. El director Yann Gonzalez se revuelca en su buen gusto. Es un tributo alegre a Dario Argento, Brian De Palma y hasta un contemporáneo como Nicolas Winding-Refn. Las libertades que Gonzalez se toma con la composición de las escenas pueden no funcionar todo el tiempo, pero uno se divierte con apreciar la intención del cineasta, y le soporta su locura.

Anne, aunque pequeña, menudita, de ojos grandes y voz chillona, es la figura maternal de ese grupo de individuos peculiares, y asume la responsabilidad de protegerlos del malvado que los acecha, ya que la policía es lenta en reaccionar, entonces ella personalmente se convierte en una pseudo-detective empeñada en desenmascarar al asesino (literalmente desenmascararlo, pues porta una perturbadora máscara de piel, y su arma es un dildo con una navaja retráctil…les dije que era una trama ridícula). El asesino puede o no que tenga orígenes sobrenaturales, lo cual suena muy mal en papel, pero confíen en mí, si funciona en la pantalla.

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El asesino. No es spoiler, aparece en la primera escena y no conoces nada sobre él

La situación envuelve a Anne, quién sigue trabajando y produciendo sus películas porno que solo se muestran, al parecer, en cines XXX donde hombres acuden para saciar sus necesidades sexuales. Eventualmente, creo que si acaso la película tiene algún mensaje moralista, es que la represión sexual de una persona, gay o hetero, no es buena para el individuo ni para la sociedad. Anne recrea los recientes asesinatos, de sus protegidos y amigos, en sus producciones, mostrándonos así, una “película dentro de una película”, un aspecto “meta” artístico y disfrutable, particularmente apreciando como Anne enfrenta la situación por medio de la parodia, del pastiche, burlándose de alguna manera de ese mal que la amenaza a ella y a sus seres cercanos.

 

Puedo ser muy simplista y decirles que el filme propone el respeto a la comunidad LGBT, pero nah, Gonzalez quiere ofrecernos un entretenimiento más sofisticado que meros sermones trillados (ya saben que está mal matar a los LGBT, no lo hagan!). La Daga En El Corazón (título en español) es atrevida y atractiva. No es la obra cinemática cumbre del nuevo siglo, pero no cabe duda que para encontrar propuestas interesantes, es garantía recurrir al cine francés de autor.

3.5 / 5

Cómprame Un Revolver

18 Jun

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En un futuro distópico, México es controlado completamente por el narcotráfico; reina la violencia y la anarquía; y el feminicidio rampante ha hecho que las mujeres sean pocas y se encuentren en permanente peligro pues se las pueden robar a cada momento. Es el escenario que nos presenta el director y escritor Julio Hernández Cordón, nacido en E.U.A., de padres mexicanos y guatemaltecos, un escenario que no dista mucho del presente de nuestro país. Hernández Cordón había presentado previamente al narcotráfico como el villano favorito en México, en su película Te Prometo Anarquía, y aunque el cineasta vivió y estudió un tiempo en México, después de un tiempo deja de ser simpático que un chicano te esté recordando que México es el infierno sobre la tierra…la brutalidad de este tema es algo que vivimos día a día en este país, y más allá de que alguien pueda decir que es moralmente ético abordar el tema en un proyecto cinematográfico (como obligación), mínimo los mexicanos nos podemos reservar el derecho a decir si nos gusta, o nos caga, que personas que viven fuera del territorio continúen explotando esta temática, a la distancia.

El personaje principal es la niña Huck (Matilde Hernández, hija del director) quién vive en la clandestinidad con su padre Rogelio (Rogelio Sosa), bajo la identidad de un niño, para que los maleantes no se la roben, el padre incluso la mantiene encadenada al camper donde los dos viven. Rogelio “trabaja” cuidando y dándole mantenimiento a un campo de béisbol de los narcos, que usan de vez en cuando para esparcirse. A Rogelio lo traen como si fuera la mascota del equipo, atormentándolo a placer; y Rogelio no se ayuda a si mismo, ya que es adicto a las drogas que le dan a cuentagotas los narcos, para mantenerlo todavía más sometido.

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Los niños (Huck con la máscara)

Es una situación precaria, y el lazo entre padre e hija es lo que parece los mantiene con vida día a día. Hay una nostalgia que permea su mundo, o ese rincón del mundo desolado que ellos llaman hogar, casi de una cualidad fantasiosa, como el mundo de la pequeña “Hushpuppy” en Beasts of the Southern Wild, y en cuanto a la relación afectuosa que Huck tiene con los otros niños que deambulan por ahí (disfrazados de cualquier cosa, hasta de matorral, para que no se los roben…a uno de los niños ya le amputaron una mano los narcos), Stand By Me se me hizo otro referente de los lazos entre amistades infantiles que se forjan a partir de la adversidad. Mad Max y Children Of Men, también son referentes en cuanto a mundos distópicos.

 

Rogelio es también músico, y un buen día, el jefe mayor de los narcos le pide que amenice su pachanga con el resto de su banda. Para cuando Rogelio y el resto de los músicos (y Huck disfrazada) llegan a la fiesta ostentosa, superando retén tras retén de seguridad (cada vez comandado por un narco más violento y más prepotente), algo nos dice que pronto estaremos cara a cara con el proverbial “conflicto” de la trama. En ese aspecto, personalmente no aprecié mucho la trama descabellada, por momentos inconexa, que te lleva de escena a escena solo con el pretexto de enseñarte algo llamativo visualmente, de humo morado flotando desde el interior del camper hacia la oscuridad de la noche (durante un viaje estupefaciente de Rogelio) a un grupo de niños jugando béisbol en el estadio vacío con la canción “Bam Bam” de Sister Nancy de fondo, música diegética que viene del camper de Rogelio. Es forzado y se ve la mano del escritor, el director y el supervisor de música, distrayéndonos de la trama para presumirnos sus talentos o su buen gusto.

Es inconexa y moralina, si acaso propone la solución de nuestros problemas preservando la inocencia y buena naturaleza de los niños (yo digo que como son humanos, hay unos niños bullies hijos de la chingada, o no?). Cómprame Un Revolver (Buy Me A Gun, en inglés), una frase para que la digan casualmente los niños vendedores de las calles en una CDMX del futuro cercano, es visualmente atractiva, semi entretenida, pero a final de cuentas demasiado inconsistente, una Heli en manos de un cineasta menos talentoso (una lástima, pues Te Prometo Anarquía si la pude disfrutar). Si quieres una película realmente buena, yo digo nein; si quieres más narco-violencia pretenciosa, date karate.

2 / 5

 

Shoplifters

20 Mar

Un Asunto De Familia (título en México) es una de las películas más sublimes que he visto en el último año, junto con Roma, donde me ha encantado el poder sutil del desarrollo de personajes de esta película, de sus actuaciones, de su edición, pero sobre todo: de su dirección. Es de esas películas que no contiene un componente explosivamente llamativo, pero conforme va avanzando, se te mete por todos los poros y sientes su gravedad en el pecho; es una película que presientes va a estar en tu memoria por muchos años.

Hirokazu Kore-eda escribe y dirige la historia de una familia japonesa en situación económica precaria; por una parte el padre de la familia, Osamu (Lily Franky), se ha lastimado en uno de sus trabajos de oficio y no recibirá incapacidad, por lo que recurre frecuentemente al hurto en supermercados con la ayuda de su “hijo” Shota (Kairi Jō), donde la pareja utiliza señales con las manos para robarse todo tipo de productos, hasta, en una ocasión, cañas de pesca. La “madre” de la familia, Nobuyo (Sakura Ando), es una empleada en una lavandería industrial, y también acostumbra cometer sus pequeños robos, tanto a los clientes que dejan sus prendas, como al propio negocio, sin embargo, su amplia sonrisa y franca inocencia, la hacen un personaje inmediatamente simpático. La hija mayor, o hermana menor de la madre Nobuyo (hay mucha ambigüedad sobre el verdadero parentesco de los que habitan la casa), se llama Aki (Mayu Matsuoka) y aporta a la casa haciendo bailes eróticos en un cabaret de soft-porn. Todos son principalmente mantenidos por la viejita Hatsue Shibata (Kirin Kiki, en su último rol actoral), quién recibe una pensión por su esposo difunto, y también se trae sus propias tranzas entre manos.

Cuando la familia encuentra a una pequeña hambrienta, abusada y friolenta, la niña de 6 años Yuri (Miyu Sasaki), Osamu y Nobuyo renuentemente la llevan a su apretujada casucha y la alimentan con comida que me imagino no era muy nutritiva, pero entre tantas bolitas de arroz y fideos (y el sonido que hacen cuando los succionan), yo estaba pensando en la comida de las películas Miyazaki. Pronto, Osamu y el pequeño Shota tienen a la niña Yuri aprendiendo el arte de robar en las tiendas; mientras que las autoridades andan buscando a la niña, naturalmente pensando que ha sido secuestrada.

A pesar del cariño que Yuri encuentra con su nueva “familia”, lejos del escarnio y la violencia de su familia biológica; el estado y la burocracia pretende devolverla al sufrimiento y castigar a los que la acogieron dentro de un seno familiar aun cuando no era su responsabilidad. Kore-eda analiza estos conceptos sociales como la justicia, y especialmente, el concepto de familia, algo que el cineasta ya había abordado en sus trabajos previos como Still Walking (2008) y After The Storm (2016). Qué define a una familia, solo la sangre, la genética?; no es un grupo de amigos, apegados entre sí, un conjunto más estrecho de personas, ya que escogieron compartir su vida con los otros del grupo?. En este sentido, Kore-eda, presenta el dilema sobre el concepto que tenemos de familia, pero no nos presenta una respuesta, aludiendo a varias interpretaciones durante todo el filme.

La “familia”, feliz en su viaje a la playa…no se si pequeño homenaje a Tokyo Story

El ritmo pausado de Kore-eda nos entretiene sin demasiada acción en la pantalla, su tono reflexivo deja que las escenas se vayan desenvolviendo naturalmente (mostrando el buen trabajo del editor…que también, es Kore-eda); no es casualidad que a este cineasta lo estén comparando con el más grande del drama japonés, Yasujirō Ozu, ya que comparten en sus películas un pathos natural, que serenamente nos deconstruye dilemas universales, con los que podemos empatizar, en el Japón y en todo el mundo.

Shoplifters ganó la Palm D’Or a mejor película en el festival de Cannes del 2018

4.5 / 5

Baby Driver

10 Mar

 

El director británico Edgar Wright (Shaun Of The Dead, Hot Fuzz) hace entrega de una emocionante película de acción, pero sin la clara intención cómica de sus previas aventuras cinematográficas. Ansel Elgort (The Fault In Our Stars) es Baby, un conductor de escape para asaltos bancarios; silencioso por naturaleza, pero dotado con el don de manejar muy rápido y esquivar muchos obstáculos, Baby es como una versión más relajada del personaje de Ryan Gosling en Drive. La seña particular de Baby es el par de audífonos que permanentemente tiene en sus oídos, donde sincroniza playlists repletos de canciones de rock, soul y motown para coreografiar sus huidas.

La obsesión de Baby por la música es simpática, pero se siente trillado, el típico tick del héroe de la película de acción. De hecho la película de Wright, quién también escribió el guion, está nadando en clichés de película de policías y ladrones; el villano principal y cerebro de los asaltos, a quién le llaman el Doctor (vaya originalidad) es Kevin Spacey (pre-escándalo) en un papel frío y calculador; Jon Hamm es uno de los asaltantes, y su interpretación de bad-boy grasoso es tan estereotipado que Negan de The Walking Dead le queda corto; Eiza González es la gatita coqueta y peligrosa; y Jamie Foxx es el típico gangster híper-agresivo.

El dilema de Baby está en mantener su vida criminal separada de su vida personal, que incluye el cuidado de su padrastro, un viejito sordo afro-americano, y su nuevo amor, (agárrense porque esto si está cursi) la mesera (Lily James) del café donde trabajaba su mamá. Por un malentendido con el Doc, Baby acaba debiéndole mucho dinero, así que pone sus talentos de manejo a disposición del personaje de Spacey para pagar su deuda. Pero obviamente que el Doctor no lo va a dejar ir tan fácilmente, y cuando Baby cumple con su deuda, el jefe lo amenaza con lastimarlo a él y a su novia y a su pobre padrastro negrito en silla de ruedas, si es que decide dejar de manejar para él. Baby tendrá que ser el máximo bad-boy rebelde si quiere escaparse de las fauces del capo criminal, la policía, y fugarse por siempre con su novia, donde como se dicen entre ellos románticamente “solo seremos nosotros, el camino y la música”.

Eiza González y Jon Hamm

La música es un ingrediente clave en esta obra de Wright; es la inspiración principal de Baby, tanto literalmente (la tiene siempre presente en sus audífonos, sincroniza sus escapes con cada canción), como de una manera más simbólica (la madre fallecida de Baby era cantante, y uno de los casettes más preciados de Baby es de su mamá, cantando “Easy” de los Commodores). La película puede parecer demasiado dependiente de la música, se siente que cada 3 minutos nos introducen en otro segmento musical, llega un punto en donde nos dan ganas de pedirle a Wright que mejor se dedique a ser director de videos musicales.

Tiene un songtrack interesante, pero no excepcional, con rolas algo desconocidas de Simon & Garfunkel (la que le da el título a la película), T. Rex, Beck, The Damned; hasta se da el lujo de incluir algunos instrumentales de Blur y R.E.M.; y gracias a productores como Kid Koala, se hicieron unos mixes específicamente para la película, que se supone que Baby se pasa produciendo en su cuarto durante sus tiempos libres. Si fuera 1996, el songtrack y la prominencia de un songtrack ecléctico hubiera sido algo refrescante, pero después de Tarantino, y en pleno 2018, se aprecia un poco aburrido y pretencioso, el obrar de una película tratando desesperadamente de ser insufriblemente cool; el resultado final es, en el mejor de los casos, nada espectacuar.

Esa fue mi impresión inicial sobre Baby Driver (El Aprendíz Del Crímen, en español), una película por demás pretenciosa de Wright, pero una vez que me familiaricé con la situación precaria de Baby, me dejé seducir por lo que la primera escena espectacular de persecución insinuaba: esta era básicamente una buena película de acción. Los escapes de Baby producen unas persecuciones policiacas por las carreteras de Atlanta muy emocionantes, con nuevas ideas para eludir a esos molestos helicópteros policiacos. Wright se empeñó en utilizar el menor número de efectos de pantalla verde posibles, y se aprecia en la velocidad y habilidad de los conductores de stunt para derrapar, quemar llanta y aventarse unas maniobras, como un doble derrape en U, que te dejan preguntando “como le hicieron?”, y hasta percibiendo un ligero olor a llanta quemada en el ambiente.

Los efectos están apegados a la autenticidad, pero son ejecutados y editados con un guiño de fantasía; de hecho, con su ritmo acelerado, su violencia cómica, su tendencia hacia lo musical, y su iluminación alegre, Baby Driver es como el hermanito menor de Drive; donde ambas películas hablan sobre el solitario chofer criminal, pero cada una con un tono MUY diferente. Drive es muy superior a la película protagonista de esta reseña, debo decirlo.

P.S. Aquí la buenísima primera persecución, Baby conduce a su equipo hacia la libertad.

3 / 5

Fyre: The Greatest Party That Never Happened

20 Feb

 

Lo que es: el recuento del FAIL más grande, más espectacular, de proporciones bíblicas, que se ha visto en los últimos tiempos; sí, más ÉPICO. No hay una técnica, una intención, de los productores, por darle algún toque especial a este documental, es simplemente un recuento de la estrepitosa caída del Fyre Festival, el festival musical en las Bahamas de hace como año y medio, que causó revuelo en las redes sociales. Los productores, conformados por elementos de la agencia Jerry Media, que estuvo encargada de promover el festival (y que ahora busca distanciarse de la catástrofe), hacen buen trabajo en condenar al villano favorito, Billy McFarland, al presentarlo como un millenial vacío y superficial, que creció en un ambiente cómodo, y nunca ha sabido valorar el tiempo y el esfuerzo de los demás.

En un sentido general, el documental nos ayuda a poner en perspectiva esta cultura “millenial”, la cual muchos dicen que no existe, o cuyo término se considera ofensivo. Fyre vendió un producto antes de haberlo construido a través de una agresiva campaña en internet, promocionaba una fiesta en una isla desierta (“la isla de Pablo Escobar”, anunciaban) con supermodelos, yates, champán; todo con el empuje de muchísimos influencers en Instagram (como Bella Hadid y Emily Ratajkowski). El rapero Ja Rule aparece como co-fundador de la empresa. De alguna manera el documental encapsula todo esto que supuestamente les atrae a los millenials: la fama efímera, el caché, el dinero como herramienta para pavonear, vaya, todo lo que se ha enaltecido en un mundo post- Kim Kardashian. Para rematar, la debacle del festival se gestó cuando un montón de estos millenials tuvieron que ponerse a calcular: escusados, kilómetros cuadrados disponibles, comida, etc; fue en ese momento que individuos que se autocalifican como “persona que encuentra soluciones, no busca obstáculos” (ya sabes de cuales, de las que piden las cosas “para ayer”) tuvieron que lidiar con obstáculos reales y mensurables.

El documental permite un poco de simpatía hacia Billy McFarland, aun cuando él insiste en manejar McLarens y vivir un estilo de vida exageradamente extravagante, pues uno presiente que es bueno para su negocio mantener esa apariencia; pero cualquier simpatía desaparece completamente cuando después de haber salido bajo fianza por el desastre de Fyre, Billy vuelve a las andadas, embaucando a las MISMAS personas que habían comprado boleto para Fyre (yendo nuevamente tras los más tarugos y superficiales, básicamente), con otra nueva estafa: boletos para eventos de lujo a precio de descuento. Y en un momento dado, Billy le pregunta a un camarógrafo afro-americano cómo es la prisión, y trás escuchar lo incómodo que ese lugar suena, afirma que “yo nunca iré a prisión”.

Fyre: The Greatest Party That Never Happened (en Netflix), es un recuento interesante de un proyecto faraónico que nunca tuvo la organización y logística que se merecía, y que, cual fuego digital, creció en redes sociales a proporciones peligrosas e incontrolables.

2 / 5

Black Mirror: Bandersnatch

10 Jan

El concepto de opción múltiple es adaptado al cine en las plataformas de streaming a través de Black Mirror: Bandersnatch, un episodio largo de la serie británica de horror, ciencia y ficción, Black Mirror. A través del click del mouse, el espectador puede escoger entre dos opciones que se le presentan en torno a la trama que está viendo, esto ocurre seguido, como cada 4 minutos, y las transiciones, sorpresivamente, son increíblemente fluidas, como si tu elección hubiera sido parte de la trama original desde el principio, nada de “loading” o cortes abruptos en la edición, y uno tiene como 15 segundos para elegir su opción preferida. El formato, aún en esta versión inicial, funciona y lo mantiene a uno inmerso en la historia. La idea de la opción múltiple a media trama viene precisamente de los populares libros durante los 80’s, que eran para niños y adolescentes, y era una nueva manera de leer una novela de suspenso.

La historia de Black Mirror: Bandersnatch, se basa en una obra ficticia de aquella naturaleza, Bandersnatch, por el artista sufrido, Jerome F. Davies,

Will Poulter, un actor que ha tenido papeles interesantes en los últimos años

quién asesinó y decapitó a su esposa cuando estaba inmerso en su locura al momento de escribir su novela de opción múltiple. El joven Stefan Butler (Fionn Whitehead), se siente atraído por la historia del autor, así como por el concepto de opción múltiple, y pretende adaptar el libro a un videojuego en 1984, cuando los videojuegos para el hogar todavía eran una novedad (los arcade ya llevaban años siendo un éxito). Butler encuentra ayuda en un gurú de la programación de videojuegos, Colin Ritman (Will Poulter), y este último lo introduce, en algunas de las escenas más psicodélicamente bellas de la película, a algunas drogas, como el LSD, que permitirán a su creatividad “expandirse, hermano” y ponerlo en el camino para terminar Bandersnatch (el videojuego), bajo presión, a tiempo para la empresa Tuckersoft, localizada en un suburbio de Londres.

A pesar de todas las diferentes selecciones que uno pueda realizar, todo lo encamina a uno a ver como Stefan empieza a perder la noción de la realidad, y a desarrollar serios problemas mentales, algunos anclados en viejos traumas familiares con sus padres, y otros debido a la presión de construir una narrativa tan complicada para su videojuego. Uno siente que realmente no tiene el control de la narrativa, a pesar de las opciones a escoger, y se siente tan manipulado como el propio Stefan, a quién, en cierto punto, y no estoy inventando, se le puede comunicar que está siendo manipulado a través de Netflix (algo inverosímil para un chico de 1984). Es interesante como Stefan empieza a notar como no está en total control de su destino, rompiendo un poco con la llamada 4ta Pared, y regresamos a algunos de los temas que Charlie Brooker ha explorado en su serie de Black Mirror, como la paranoia, la automatización malvada, y el control absoluto por parte de algún sistema o ente maquiavélico.

Debería Stefan aceptar la oferta de trabajo?

No puedo decir que el concepto no es innovador, aunque un poco lucido por parte de Netflix para moldear completamente nuestra manera de consumir cine, están empeñados en innovar, ya sea con producciones más artísticas como Roma, o ahora con Black Mirror: Bandernatch. Netflix es insistente en que veamos el cine en casa y tiene buenas ideas bajo la manga. La película en sí es entretenida, especialmente para los que llevábamos tiempo esperando algo de Brooker y su Black Mirror.

3 / 5

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