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Black Mirror: Bandersnatch

10 Jan

El concepto de opción múltiple es adaptado al cine en las plataformas de streaming a través de Black Mirror: Bandersnatch, un episodio largo de la serie británica de horror, ciencia y ficción, Black Mirror. A través del click del mouse, el espectador puede escoger entre dos opciones que se le presentan en torno a la trama que está viendo, esto ocurre seguido, como cada 4 minutos, y las transiciones, sorpresivamente, son increíblemente fluidas, como si tu elección hubiera sido parte de la trama original desde el principio, nada de “loading” o cortes abruptos en la edición, y uno tiene como 15 segundos para elegir su opción preferida. El formato, aún en esta versión inicial, funciona y lo mantiene a uno inmerso en la historia. La idea de la opción múltiple a media trama viene precisamente de los populares libros durante los 80’s, que eran para niños y adolescentes, y era una nueva manera de leer una novela de suspenso.

La historia de Black Mirror: Bandersnatch, se basa en una obra ficticia de aquella naturaleza, Bandersnatch, por el artista sufrido, Jerome F. Davies,

Will Poulter, un actor que ha tenido papeles interesantes en los últimos años

quién asesinó y decapitó a su esposa cuando estaba inmerso en su locura al momento de escribir su novela de opción múltiple. El joven Stefan Butler (Fionn Whitehead), se siente atraído por la historia del autor, así como por el concepto de opción múltiple, y pretende adaptar el libro a un videojuego en 1984, cuando los videojuegos para el hogar todavía eran una novedad (los arcade ya llevaban años siendo un éxito). Butler encuentra ayuda en un gurú de la programación de videojuegos, Colin Ritman (Will Poulter), y este último lo introduce, en algunas de las escenas más psicodélicamente bellas de la película, a algunas drogas, como el LSD, que permitirán a su creatividad “expandirse, hermano” y ponerlo en el camino para terminar Bandersnatch (el videojuego), bajo presión, a tiempo para la empresa Tuckersoft, localizada en un suburbio de Londres.

A pesar de todas las diferentes selecciones que uno pueda realizar, todo lo encamina a uno a ver como Stefan empieza a perder la noción de la realidad, y a desarrollar serios problemas mentales, algunos anclados en viejos traumas familiares con sus padres, y otros debido a la presión de construir una narrativa tan complicada para su videojuego. Uno siente que realmente no tiene el control de la narrativa, a pesar de las opciones a escoger, y se siente tan manipulado como el propio Stefan, a quién, en cierto punto, y no estoy inventando, se le puede comunicar que está siendo manipulado a través de Netflix (algo inverosímil para un chico de 1984). Es interesante como Stefan empieza a notar como no está en total control de su destino, rompiendo un poco con la llamada 4ta Pared, y regresamos a algunos de los temas que Charlie Brooker ha explorado en su serie de Black Mirror, como la paranoia, la automatización malvada, y el control absoluto por parte de algún sistema o ente maquiavélico.

Debería Stefan aceptar la oferta de trabajo?

No puedo decir que el concepto no es innovador, aunque un poco lucido por parte de Netflix para moldear completamente nuestra manera de consumir cine, están empeñados en innovar, ya sea con producciones más artísticas como Roma, o ahora con Black Mirror: Bandernatch. Netflix es insistente en que veamos el cine en casa y tiene buenas ideas bajo la manga. La película en sí es entretenida, especialmente para los que llevábamos tiempo esperando algo de Brooker y su Black Mirror.

3 / 5

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Tiempo Compartido

31 Dec

Una interesante película de parte de Sebastián Hofmann que resulta ambiciosa en su concepto, porque a pesar de que no es una trama complicada, es un reto en cuanto al tono del filme: un drama de suspenso con tintes cómicos; son varios aspectos a considerar como la iluminación, el soundtrack, el diálogo, los encuadres; se tiene que encontrar un balance en todas estas cosas para poder atinarle al tono general que el director quiere plasmar. De ahí que es difícil encontrar la identidad de esta película, se supone que me tiene que dar miedo o me tiene que hacer reír, o un poco de las dos?, y creo que el equipo de marketing tampoco supo que hacer exactamente con este producto, aunque ya sé que está de hueva los posters hollywoodenses que quieren meter toda la trama en un afiche, pero tampoco era fácil descifrar la naturaleza de esta película por sus promocionales.

Eso no quiere decir que no sea bastante entretenida, la cinematografía de Matías Penachino, bajo la dirección de Hoffman, es muy bien lograda y hay algunas tomas bellas. Las actuaciones son ejemplares por parte de todo el elenco, empezando por Luis Gerardo Méndez (Pedro), y uno de los mejores actores de personajes secundarios, Andrés Almeida (como el némesis de Pedro, el amigable Abel), así como el amuleto del cine mexicano, Miguel Rodarte (como Andrés), su esposa en la película, Montserrat Marañón (como Gloria) y el interesante casting de RJ Mitte, el hijo de la familia en Breaking Bad, como el ejecutivo de ventas, Tom.

No puedo decir que no hay tomas bien compuestas, como esta de la alberca

Todo sucede en un viaje de Pedro (Méndez) con su esposa y su hijo a un resort en la playa llamado Everfields (que es representado por el Princess de Acapulco, con sus icónicos edificios en forma de pirámides mayas), pero una vez llegando a su villa, se encuentra con que la policía está afuera insistiéndole que el lugar también está rentado por Abel (Almeida) y su familia; así que ambos acuden con el gerente del resort para llegar a un acuerdo. Y es en momentos como estos que uno tiene que conectar muchos cabos sueltos, el guion da unas pistas muy tenues sobre que alcance, realmente, tiene el plan siniestro del corporativo Everfields para afectar la vida de Pedro. Y resulta muy molesto para Pedro cuando su esposa y su hijo empiezan a compenetrarse con Abel y su familia, compartiendo la alberca con ellos y participando todos juntos en algunas actividades del resort.

Al mismo tiempo vemos las actividades de Gloria (Marañón), una ambiciosa vendedora de Everfields que, bajo el tutelaje de Tom (Mitte), quiere llegar a formar parte del círculo interno del corporativo, todo mientras su esposo Miguel (Rodarte) se sumerge en una depresión, con el aparente auxilio de medicamentos que le recetan para su condición mental. El juego de los medicamentos, que también le recetan a Pedro después de un accidente de tenis, parece que tiene una mayor importancia en la parte siniestra de la trama, mayor a lo que Hoffman y el co-escritor del guion, Julio Chavezmontes, lograron comunicar. Son como estas, las flaquezas del guion que uno puede dilucidar.

Hay unas tomas innecesarias que sirven más para que Hofmann y Penachino flexionen el músculo técnico, como una toma entre Pedro y su esposa, Eva, donde vemos sus reflejos en el agua de la alberca mientras discuten, dando la primera impresión de que alguien los observa desde el fondo de la alberca, es un tipo de toma que no dice nada en cuanto a su lenguaje cinematográfico, pero no puedo decir que no es atractiva. Algunas escenas parecen incompletas, como la del accidente durante la clase de tenis con el trainer argentino, a quién lo vemos hablar, lo vemos de lado, lo vemos a la distancia fuera de enfoque, yo no pediría mucho más, solo un enfoque a la cara, para ver quién está hablando. Es como simple sentido común cinematográfico.

Un ominoso cielo de rojo neón cuelga sobre la villa de la familia durante las noches, parte del corporativismo asfixiante

El anti-corporativismo es rampante en Tiempo Compartido, y somos testigos de cómo una superficial cultura corporativa, con sus clichés vacíos (“lo acercamos al paraíso”, reza el molesto eslogan de la empresa, y se lo repiten al cliente ante cualquier inconveniente), las luces de neón incesantes por la noche, mucho plástico por todos lados, crea un ambiente claustrofóbico para los personajes. El estado de Andrés, que deambula cual zombie o paciente de una lobotomía, por los pasillos del resort, parece que es el resultado final de la malvada cultura corporativa aplastante y desmoralizante; como si las autoridades fascistas de la novela Brave New World estuvieran a cargo de un destino turístico, y buscaran la manera de controlar a sus sujetos a través de la complacencia y la felicidad vacía. El excelente soundtrack de Giorgio Giampà, con unos instrumentos de cuerda de sonido aparentemente desafinado y una percusión insistente, enfatiza la cualidad tenebrosa pero cómicamente patética, del entorno de los personajes. Y algunos tributos a películas influyentes se dejan ver, como la lavadora que arroja un caudal de agua teñida de rojo color sangre, que puede ser una referencia al elevador sangriento del Overlook Hotel en The Shining, otro lugar donde un hombre se volvió loco de tanta paranoia.

Pedro está convencido que todos, con excepción de su familia, están tratando de dominarlo, y puede que no esté tan equivocado. Time Share (título en inglés) es una película con altos niveles de producción, pero que todavía representa para Hofmann algunos problemas en el guion y el tono general. Sin embargo, es recomendable como algo definitivamente entretenido.

2.5 / 5

Roma

7 Dec

La película más personal de Alfonso Cuarón es al mismo tiempo la más explosiva emocionalmente, quizás porque esta vez no está presente la parafernalia técnica y tecnológica de sus trabajos pasados, como en las joyas que todos conocemos: Prisioner of Azkaban, Children Of Men y Gravity, que a partir de Y Tu Mamá También, realmente le ha dado a Cuarón su fama internacional, más como un mago de la técnica cinematográfica, que como un gran, digamos, cuenta-cuentos, un gran cronista de la condición humana. En Roma, Cuarón tomó las riendas del proyecto como nunca lo había hecho, ya sabemos que dirigió, fue el director de foto (o sea tomó la cámara y casi filmó todas las escenas con sus propias manos), escribió, editó y casi hasta preparó el catering; pero siendo serios, el tipo filmó en locación en exactamente la misma calle donde vivió en su juventud, en la calle Tepeji, casi esquina con Monterrey, de la Colonia Roma, CDMX (desconozco si en la misma casa); así que mucho de lo que es Alfonso Cuarón, como persona, estuvo investido en esta película, en conjunto con un mensaje más general sobre México y la Ciudad de México, para el resto del mundo, no creo que se le escapara de la mente que esta, a final de cuentas, iba a ser la nueva película, en español y filmada en México, de un ganador del Óscar, y que seguramente se le iba a dar una grande atención mediática.

Aparte de los enredos en la cuestión de la distribución, ya saben, los acuerdos de negocio entre la distribuidora Netflix (Cuarón financió la película y después la vendió a Netflix), y las grandes cadenas de cine a nivel mundial, y sus políticas de los 90 días, etc.; no me gustaría ahondar en esos detalles, pues se han desmenuzado ampliamente en otros medios y solo me quedaría con lo siguiente: las grandes cadenas de cine tienen sus políticas, bastante razonables, pero que tendrán que ser reconsideradas, y tal vez enmendadas, ante la aparición y popularidad de las plataformas de streaming; es así como resumiría aquel tema, básicamente.

María de Tavira como Sofía

Ahora en cuanto a la película en sí, me quedaría corto si digo que cada escena, cada cuadro, es una obra de arte. La composición visual es magistral y, durante dos horas y cuarto, habitamos un tiempo y un espacio muy distinto al nuestro, que puede tener algún significativo personal para ti o no. En mi caso fue divertido ver lo que básicamente fue el mundo de mis papás, que son más o menos de la edad de Cuarón y crecieron en la CDMX; y hubo algunos otros detalles, como volver a ver un Banco Serfín, o ver el Teatro Metropólitan, mi recinto favorito para conciertos en la ciudad, cuando antigua y originalmente era un palacio de cine. La calma de Cuarón por mostrarnos el mundo de sus personajes es distinguible en sus paneos lentos, algunos de 360 grados, para que podamos asentarnos completamente en los ambientes de 1971, como el de la casa de Sofía (María de Tavira) y el Dr. Antonio (Fernando Grediaga), que habitan con sus tres niños y una niña, la abuela (mamá de Sofía) y dos ayudantes domésticas, Adela (Nancy García) y Cleo (Yalitza Aparicio), y el perro de la familia, Borras. Las tomas son a distancia media, estableciendo una separación cómoda entre los sujetos y la audiencia, no hay zoom-ins y close-ups, que nos arrebaten del entorno natural, esto permite que la trama fluya a un ritmo natural.

Vemos el trajín cotidiano de la familia desde el punto de vista de Cleo y el lente nos permite ser silenciosos testigos, como una mosca en la pared, de la dinámica familiar, que se encuentra en problemas ya que el Dr. Antonio hace un supuesto viaje de negocios y que es muy probable que no vuelva, lo cual va desmoronando a Sofía poco a poco, al tiempo que trata de mantenerse estoica para los niños. Por fuera del hogar, Cleo tiene su vida social y un amante, Fermín (Jorge Antonio Guerrero), quién la llevará a tener sus propios desamores y tragedias. Todo esto envuelto por el ambiente socio-político de la época, como las manifestaciones estudiantiles, y la tragedia de la matanza durante la opresión militar conocida como la Matanza del Jueves de Corpus, donde Cuarón reveló en entrevista que se inspiró por una foto en el periódico que vio cuando era niño, donde aparecía uno de los llamados Halcones (grupo paramilitar) persiguiendo a un estudiante, y en el fondo aparecía una mueblería, y la gente se asomaba por las ventanas. Sofía y Cleo encuentran un entendimiento mutuo, Sofía le declara contundentemente: “siempre terminamos solas”, aunque las castas sociales siguen bien demarcadas, y a pesar de que la familia adora a Cleo, no deja de ser la nana de la casa. Cuando la familia se va a Veracruz, sin el Dr. claro, para visitar la playa, Sofía declara que Cleo estará de vacaciones, sin embargo, no deja de estar cuidando a los niños y atendiendo a la familia en sus necesidades.

Cuarón dirigiendo adentro del Metropólitan

Las cuestiones clasistas, o hasta racistas, de la película no son primordiales en Roma, y aunque son bastante notorias las desventajas de Cleo en la sociedad de aquel entonces, Cuarón desarrolla su personaje sin buscar condenar a sus patrones, las vivencias de Cleo vienen a partir de la inspiración original del personaje, Libo, a quién se le dedica la película y que fue la nana de Cuarón por muchos años en su infancia (Libo aparece en algunas escenas de Y Tu Mamá También).

La calidad sublime de la narrativa puede que solo se sienta forzada en raras ocasiones, como cuando ocurre un terremoto mientras Cleo observa a los recién nacidos en el hospital, pero creo que era necesario que el director le inyectara algo de emoción a la trama, finalmente, las desgracias de Cleo se sienten tan reales y desgarradoras, que pueden ser algunas de las escenas más fuertes, emocionalmente hablando, para cualquier espectador. Desconozco si todo eso le pasó a Libo, pero algunas de las libertades ficticias de la historia son a lo que se refiere Cuarón, cuando menciona que la trama es semi-biográfica.

Como referente estético es imposible no pensar en Felini y en Tokyo Story de Yazujiro Ozu, esta última no solo por el blanco y negro, pero por la emoción y drama que se esconde por debajo de una superficie calma y parsimoniosa; también me encontré pensando mucho en Los Insólitos Peces Gato durante el viaje de Cleo y la familia a la playa. El libro “Los Hijos de Sánchez” de Oscar Lewis, con la vida rica, plena, agridulce, de las clases bajas en la CDMX, también se me vino a mente.

Mucho se ha comentado sobre el impresionante diseño del sonido de Roma, es por eso que se recomienda fuertemente ver esta película en el cine, el audio es clave en sumergirnos en la historia, con bits de sonido ambiental que lo hace a uno jurar que está en medio de la colonia Roma a mediodía, el sonido de un perro ladrando a la distancia realmente lo hace pensar a uno que hay un perro ladrando afuera del cine, todo esto a pesar de que el sonido de las olas en la playa se me figuró que sonó un poco exagerado, pero realmente es poco lo que uno puede criticar de esta obra.

Cleo y el niño más pequeño

Roma es sin duda la obra maestra de Cuarón, más que una película es un reflejo de las interacciones humanas dentro de un ambiente social que por momentos los sofoca. Puede que se encuentre más acción, más comedia, más suspenso, en otras películas de este año, pero conocer a Roma, se siente como que uno ha conocido a un nuevo amigo para toda la vida.

5 / 5

Caniba

23 Jul

Esta aventura cinematográfica es abstracta y surreal al abordar uno de los sujetos más polémicos de las últimas décadas, el caníbal japonés Issei Sagawa; pero los directores Verena Paravel y Lucien Castaing-Taylor definen su posición moral frente a su sujeto al principio del filme, en una leyenda que afirma que el documental no pretende defender los actos de Sagawa.

Con un manejo de cámaras experimental, repleto de enfoques al rostro de Sagawa, de tomas fuera de enfoque a Sagawa y a su hermano Jun (quién sirve de entrevistador en este documental), los cineastas presentan a un “monstruo” senil y debilitado por la enfermedad. Se deja que el público llegue a sus propias conclusiones sobre el sujeto que se comió a su compañera de cuarto, Renée Hartevelt, mientras ambos estudiaban en la Sorbonne de París.

Jun cuida de su hermano sin poder tolerar los detalles de su crimen. Hojea un manga, dibujado por Sagawa, incómodamente, donde se retrata de manera chusca los horrores de su delito. Caniba es otra producción del Laboratorio de Etnografía Sensorial de Harvard, y aunque el trabajo no es tan cautivante como aquella otra producción magistral, Leviathan (2012), se analiza el entorno cultural de Issawa, específicamente de un Japón después de la segunda guerra mundial, y se le invita al público a diseccionar la relación entre los hermanos. Jun posee sus propios fetiches al practicar la automutilación, sin lugar a dudas de las escenas más fuertes.

Cultura y familia también ayudan a explicar la condición humana, incluso la más extrema.

Para Indie Rocks! Pocket, mes de agosto

1.5 / 5

Unfriended

23 Jul

No cabe duda que lo mejor del cine de terror viene muchas veces del cine independiente. Unfriended (Eliminar Amigo o Eliminado en ibero-américa) es efectiva en transmitir ese miedo insidioso que nos gusta del género, efectiva en 3/4 partes de su duración, pues como sucede con muchas películas found footage, para el final, cuando los conflictos de la trama explotan, ha pasado la novedad inicial y empiezas a pensar: “ok, esto ya está poniéndose medio ridículo”, pero durante una hora la película me tuvo absorto desde el inicio, y el tiempo pasaba rápido, lo cual es agradable en una película, sin necesidad de estar viendo el reloj.

Últimamente traigo este gusto por el terror cibernético, un género que todavía me parece sub-explotado para lo envolvente que ha sido el internet y la “vida virtual”, digamos, en nuestras vidas cotidianas. Me gustó por ahí algún episodio de Black Mirror que abordaba este tema, y de igual manera, de los momentos más interesantes para mí en House Of Cards es cuando un personaje se somete, brevemente, a un malhechor cibernético/hacker. Creo que es a final de cuentas el miedo a lo desconocido, creo que la mayoría de nosotros no somos, ni mucho menos, expertos en informática (no sabemos ni escribir código) y el prospecto de meternos a la deep web no nos causa nada menos que espanto. De hecho fue un artículo de GQ sobre la secuela de Unfriended, que se estrenó en marzo de este año en el SXSW, y que estará por estrenarse en cartelera comercial en otoño de este año, llamada Unfriended: Dark Web, lo que me motivó lo suficiente como para ver esta primer entrega y tratar de deducir el tono y las intenciones de esta franquicia.

Los amigos chateando, el intruso en ese cuadrito azul

Unfriended es una película de un grupo de amigos adolescentes, si, y eso ya lo sabía de antemano, así que la histeria y el teen drama estuvieron presentes, pero no se me hizo un grupo de adolescentes unidimensionales, se me figuró que estaba viendo a un verdadero grupo de amigos. Un año después de que la joven Laura Barnes se suicidó después de que un grupo anónimo de personas subió un video humillante de ella a las redes sociales, la que era su mejor amiga hace algunos años, Blaire (Shelley Hennig), se encuentra “skypeando” con su novio y el resto de sus mejores amigos cuando aparece un intruso en el grupo de Skype sin que nadie sepa de donde salió, así que solo lo toman como un “glitch” en el programa. Pero eventualmente nos damos cuenta que no es un simple glitch, sino una persona, cosa o ente decidida en atormentarlos por su bullying hacia Laura, que se va descubriendo en varias etapas, como los amigos tuvieron más que ver con su muerte de lo que aparentaba inicialmente. El ente o espíritu o travieso malvado los atormenta a través de todas las plataformas y medios digitales, y les pone retos y juegos, en el espíritu de la franquicia Saw, pero sin llegar a ese nivel de gore. Los chavos tendrán que enfrentar sus acciones pasadas y pondrán a prueba la lealtad que se tienen entre ellos.

Algo muy interesante es el montaje de esta película, la cinematografía, si se quiere llamar así, lo único que nosotros vemos en estos 80 minutos es la pantalla de Blaire…así es, todo lo que acontece nosotros lo vemos en la pantalla de la Macbook de esta chica, y es como estar encima de su hombro viendo como se barajea el Skype, el instant messaging, el Facebook, el Google, el Gmail…y ella, al navegar e interactuar con el resto de los chicos por medio de las diferentes plataformas, es como avanza la trama. Suena innovador no?, a mí me agradó, pero veo que hubo gente que estuvo incómoda con este tipo de montaje; personalmente me gusta hacer la analogía de que si fuiste una de esas personas delicadas que el movimiento de cámaras en The Blair Witch Project te causó “nauseas”, cual pobre bebecito susceptible, pues es probable que tu delicadeza tampoco se acomode a la visualización de Unfriended.

Siendo que también me había gustado bastante la mencionada Bruja De Blair, y que una de las películas más perturbadoras que he visto en los últimos años ha sido V/H/S, no sé si Unfriended realmente sea buena o que más bien yo sea fan del género “found footage”. Tendré que ver Cloverfield, que no se me apetece para nada, y comprobar teorías. Por lo pronto ya estoy listo para Unfriended 2: Dark Web.

3.5 / 5

The Beatles: Eight Days A Week – The Touring Years

16 Jul

Le di un llegue a un documental más sobre los Beatles, en este caso fue The Beatles: Eight Days A Week – The Touring Years, algo así como tres títulos para darle presentación a este documental sobre los años de gira de la banda, de 1963 a 1966, que abarcan las giras oficiales de la banda por el mundo. Dirigido por el reconocido y talentoso, pero realmente blando, Ron Howard, el documental es, a final de cuentas, entretenido para los que se están iniciando en la banda, pero simplemente una pieza acompañante para los fans que ya llevan mucho tiempo consumiendo los trabajos audiovisuales del grupo.

Es imposible no tomar como parámetro, una vez más, el que yo considero es el documental definitivo de la banda, en parte porque es el único oficial producido por The Beatles: la expansiva y ambiciosa The Beatles Anthology de mediados de los 90’s, un monstruo de como 10 horas que analiza no solo el impacto cultural y comercial del llamado “cuarteto de Liverpool”, pero que trata de indagar más en ellos como personas y en sus tiempos y circunstancias (y que, como cualquier proyecto “oficial” de cualquier artista, no es completo, y si se quiere llegar a un retrato más o menos holístico del grupo, habrá que complementar con libros como “The Love You Make” del confidente Peter Brown, y “Here, There & Everywhere”, del ingeniero de grabación Geoff Emerick…entre otros…donde vienen los detalles más sórdidos de la historia).

Y no hay que culpar a Howard, desde las primeras escenas queda claro que lo que quiere retratar es la energía y la locura de los Beatles de gira, durante tres efímeros años, TRES! En comparación, los Rolling Stones (“los Rolling” para los chilangos) llevan como 2,700 años haciendo conciertos. En ese aspecto el trabajo es exitoso, te da un vistazo a las presentaciones en escena, los alaridos del público, los esquemas de seguridad en torno a la banda, toda la bendita locura que desató este grupo a principios de los 60’s. Obligatorios son los cortes de edición rápidos para darle premura a la narración, porque mientras Anthology tuvo 4 horas para contar esta etapa del grupo, Eight Days A Week lo tiene que hacer en una hora, 45 minutos. Hamburgo es solo una anécdota, y ni la más mínima mención a Astrid, Jürgen y Klaus, mucho menos al “quinto Beatle” Stuart Suttcliffe.

Uno de los segmentos coloreados, en este caso la conferencia de prensa al aterrizar en Nueva York

Es la necesidad, y la intención, de Howard en mantener un ritmo vertiginoso, que pueda emocionar al público casual, sin atorarse en detalles importantes de la trama personal del cuarteto. Estás bien…lo que si molesta un poco es la continuación en la saga de Paul McCartney, ya en edad avanzada y precavida, de lavar la imagen del grupo hacia una posteridad de la cual estará ausente. Ya desde Anthology, un McCartney en sus 50’s, nos decía como el mensaje del grupo era de “amor, paz y comprensión”, y no es que no me gusten esas cosas, pero los Beatles eran mucho más que una tarjeta bonita de Hallmark. Que se le va a hacer, es lo que pasa cuando los dos integrantes más comerciales, McCartney y Starr, son los únicos que quedan para dar la cara.

El material es bueno, sin ser excepcional; se incluyeron varios videos que no se habían visto antes, cortesía de asistentes a conciertos que hicieron sus propias grabaciones personales (un lujo en aquel entonces, ahora todo mundo se la pasa grabando en un concierto), especialmente hay bastante material agregado del último concierto de la banda, en el Candlestick Park de San Francisco. Pero al igual que con el documental sobre George Harrison de Martin Scorsese, uno termina viendo material videográfico reciclado, y alguna de la coloración artificial que se le da a algunos videos, como la presentación en Washington D.C. después de la presentación en Ed Sullivan, se ve por momentos simplemente raro, los trajes de los policías de un azul muy claro, por ejemplo. La simpatía y dinamismo de los cuatro integrantes, sin embargo, sale a relucir por encima de todo, podemos apreciar su camaradería y su reconocido sentido del humor, y esto no es gracias al filme, sino simplemente así eran.

McCartney en la primer fecha en el Shea Stadium

La energía de las presentaciones en vivo también se les reconoce, aunque el corto tiempo que Howard tiene para contar esta historia hace que por necesidad muchas presentaciones y grabaciones sean recortadas después de unos cuantos segundos y justo antes de que llegue a tu parte favorita de la canción, algo que después de una docena de veces, empieza a ser MUY frustrante. La edición de Paul Crowder es tibia, si alguna vez tienen la oportunidad de comparar la escena donde es presentado el concierto en Shea Stadium de este filme con la misma escena en Anthology, sabrán a que me refiero; una va incrementando la tensión gradualmente, pone los nervios de punta como si uno fuera a tocar; la otra es un conjunto de escenas blandas, con Whoopie Goldberg dando un testimonial sobre su trip al concierto.

Y eso es otra cosa, amo a Elvis Costello y ya sé que mama a los Beatles, así que las flores que les tira en este documental realmente no me interesan; este conjunto de testimoniales diversos, de algún compositor, o escritor, o periodista (el documental por un momento parece ser el documental sobre el periodista Larry Kane), todos estos personajes le dan un toque medio VH1 al trabajo, gente ahí opinando pero que ni estuvo presente.

Pero lo más molesto es esa santificación de los Beatles por Ron Howard, el director exageradamente decente (Opie del Andy Griffith Show, a final de cuentas). Eight Days A Week busca compaginarse con los temas progres y millenials de hoy en día, se hace mucho hincapié sobre una presentación en Jacksonville, donde los Beatles no se hubieran presentado si el público hubiera estado segregado en blancos y negros por separado. Se incorpora el testimonial de una chica afro-americana que fue al concierto, de periodistas, en fin, se detiene la trama mucho tiempo en ese suceso intrascendente de la banda. Y no es que me moleste el final a la segregación, ni que fuera un monstruo…pero no me van a venir ahora a decir que John Lennon era un santo, cuando si se investiga bien sobre su persona, se sabe que era una persona en el mejor de los casos MUY complicada, sino es que de plano ruin y cruel.

Una que otra grata sorpresa, como esta imagen de los Beatles en las Filipinas…y a color

El documental notablemente hace un corte durante la presentación de McCartney hacia el público en un concierto…donde en Anthology ya sabemos que acto seguido, Lennon se puso a aplaudir y golpear los pies sobre el entarimado imitando a una persona con retraso mental, algo que jamás hubiera salido en el docu de Howard. Tampoco se menciona al Ku Klux Klan durante las amenazas que recibió el grupo en la última gira por el sur de los E.U.A., el KKK siendo un tema tan controvertido en E.U.A. que estoy casi seguro que Howard mejor decidió dejarlo completamente de fuera. Ese giro super progre para millenials bebés norteamericanos conservadores es algo que a mí se me hace forzado, pero que seguramente tendrá encantado al ñoño de McCartney.

Predecible, manso, a este documental lo salva la personalidad de los Beatles y la calidad de su música, es poco lo que se puede descubrir aquí, pero para alguien que no ha visto mucho sobre la banda, puede ser un buen referente de la Beatlemania y lo efímero que fue realmente la carrera de esta gran banda.

P.S. Aquí una entrevista promocional con Howard, McCartney y Starr:

2.5 / 5

Three Billboards Outside Ebbing, Missouri – – – Pueblo chico, infierno grande

5 Jun

Empezaré por decir que el guion de esta película es de los mejores que he tenido el lujo de disfrutar en los últimos años, el diálogo rápido e inteligente creo que es algo que ha sido menospreciado en este filme (en donde se le ha celebrado por todo lo demás), no me acordaba de la última vez que una película me tenía carcajeándome, quizás este aspecto del trabajo ha sido pasado por alto porque a final de cuentas se te queda contigo como una desgarradora historia de redención.

La película escrita y dirigida por Martin McDonagh parece fácil en su ejecución, la trama nos atrapa y nos hace empatizar con cada uno de los personajes, pero esto es gracias al guion impecable que ya mencioné, al atinado soundtrack, con algunas piezas en guitarra acústica, que pone a los sentidos en estado receptivo, y las excepcionales actuaciones del reparto, tan sinceras que no exagero en decir, nos permiten adentrarnos hasta el alma de sus personajes. La cinematografía a cargo de Ben Davis (Kick-Ass, Avengers: Age Of Ultron) es elegante y atractiva, sin distraernos de estos personajes humildes y sencillos.

En el pueblito (ficticio) de Ebbing, Missouri, todos se conocen y los rumores viajan rápido. Mildred Hayes (Frances McDormand) es corroída por la desesperanza siete meses después de que su hija mayor fue violada, asesinada y calcinada. Nunca vemos el acto, solo escucharlo es por demás grotesco. Ante la inefectividad de la policía, Mildred, en su templada desesperación, decide rentar tres abandonados espectaculares y les coloca la frase: “Violada mientras moría, aún no hay arrestos?, como es eso jefe Willoughby?”. El jefe de la policía en cuestión es Bill Willoughby (Woody Harrelson), un hombre sinceramente bondadoso y preocupado por resolver el crimen, pero simplemente no ha tenido nuevas pistas en el caso.

Los espectaculares en cuestión

Willoughby le implora a Mildred que los quite, pues la acusación a final de cuentas es humillante para él y su familia, aparte de que tiene a todo el pueblo molesto por lo que parece es la incapacidad de Mildred para resignarse a su destino. Incluso cuando Willoughby le confiesa a Mildred que él está padeciendo de cáncer, ella no retrocede ni tantito. Es un dilema moral complejo que McDonagh nos regala, en vez de haber escrito a Willoughby como un villano, y de ahí encaminarnos hacia un fácil desenlace de justicia.

La compasión de Harrelson que muestra al interpretar a Willoughby es contrapuesta a la idiotez, lo burdo, el racismo, la misoginia, el ignorante derecho a presidir de su asistente Dixon (Sam Rockwell), un hombre que vive con su mamá racista en un chiquero de casa y que posee un aparente sistema moral regido por sus propios prejuicios, es un secreto a voces en el pueblo que recientemente torturó a un prisionero afro-americano, y cuando Mildred le pregunta con franqueza: “como va el negocio de la tortura de niggers?”, Dixon responde sin dudar: “el negocio de tortura de personas de color”. Pero el personaje es más complicado de lo que pensábamos, algo inevitable cuando un guion de McDonagh se junta con una interpretación de Rockwell (quién me encantó en aquella película olvidada de Duncan Jones, Moon), algunos vigilantes de la moral se andan quejando que la evolución del personaje de Dixon no es consistente con lo que realmente le debe pasar a un racista (les encanta a estos guerreros de la justicia social dictaminar que le debe pasar a un personaje de una película) y que en general la película glorifica el sexismo, algo absurdo pues Mildred es la rebelde badass de la película, con su peinado medio rapado debajo de su coleta, unos overoles, y una bandana en la cabeza, se ve que realmente no le importa lo que piense el pueblo de ella; pero cuando estamos en una competencia contemporánea para ver quién es más progresista, podrás encontrar cualquier pretexto para enfadarte.

La tensión ocasionada por los 3 espectaculares se desborda entre los personajes involucrados, incluido un Peter Dinklage como James, un chaparrito con sentimientos sinceros hacia Mildred, y que, gracias a la sincera interpretación de Dinklage, le da un pathos extra al filme, que a veces se necesita entre tanto humor negro. Las interacciones humanas son el atractivo principal de Three Billboards, y el tono general de la película parece extrañamente familiar, yo la sentí como la película más Coen que los hermanos Coen no hicieron. Pero la actuación de McDormand es algo que se encuentra por encima de todo lo demás, definitivamente su mejor papel desde Fargo, y yo diría que la mejor actuación de su carrera, es de una mujer al borde de explotar, pero que lucha por seguir barajeando todos los aspectos de su vida con dignidad, porque parece que la dignidad es lo último que le queda.

Woody Harrelson y Sam Rockwell

McDonagh y McDormand construyen un personaje que uno aprecia era otra persona antes de la tragedia, desde su trabajo en una tienda de artículos turísticos llamada “Southern Charms”, a como consuela al jefe Willoughby cuando este tose y escupe sangre accidentalmente en la cara de ella, producto del cáncer, él se ve entre apenado y asustado, le dice que fue un accidente, ella le dice tiernamente “i know baby”, mientras lo atiende. No habrá sido sorpresa para nadie que haya visto este filme como McDormand levantó el Oscar a mejor actriz por su actuación.

Se ha hablado mucho de su interpretación, pero al ver finalmente Tres Anuncios Por Un Crimen (título en español), uno se encuentra con una riqueza de diferentes componentes cinematográficos: actuaciones, el guion, soundtrack, etc., para apreciar a esta película como una obra maestra de McDonagh, más allá de la actuación de McDormand. Que The Shape Of Water le haya ganado mejor película, pues esa es otra historia, pero habrá estado muy cerrado con los miembros de la Academia.

P.S. Aquí una escena importante de Mildred confrontando al padre Montgomery, y como no se sujetará al egoísmo de extraños, que quieren que olvide su tragedia, o más bien, lo que realmente quieren, es que los deje vivir en paz.

4.5 / 5

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