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Caniba

23 Jul

Esta aventura cinematográfica es abstracta y surreal al abordar uno de los sujetos más polémicos de las últimas décadas, el caníbal japonés Issei Sagawa; pero los directores Verena Paravel y Lucien Castaing-Taylor definen su posición moral frente a su sujeto al principio del filme, en una leyenda que afirma que el documental no pretende defender los actos de Sagawa.

Con un manejo de cámaras experimental, repleto de enfoques al rostro de Sagawa, de tomas fuera de enfoque a Sagawa y a su hermano Jun (quién sirve de entrevistador en este documental), los cineastas presentan a un “monstruo” senil y debilitado por la enfermedad. Se deja que el público llegue a sus propias conclusiones sobre el sujeto que se comió a su compañera de cuarto, Renée Hartevelt, mientras ambos estudiaban en la Sorbonne de París.

Jun cuida de su hermano sin poder tolerar los detalles de su crimen. Hojea un manga, dibujado por Sagawa, incómodamente, donde se retrata de manera chusca los horrores de su delito. Caniba es otra producción del Laboratorio de Etnografía Sensorial de Harvard, y aunque el trabajo no es tan cautivante como aquella otra producción magistral, Leviathan (2012), se analiza el entorno cultural de Issawa, específicamente de un Japón después de la segunda guerra mundial, y se le invita al público a diseccionar la relación entre los hermanos. Jun posee sus propios fetiches al practicar la automutilación, sin lugar a dudas de las escenas más fuertes.

Cultura y familia también ayudan a explicar la condición humana, incluso la más extrema.

Para Indie Rocks! Pocket, mes de agosto

1.5 / 5

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Unfriended

23 Jul

No cabe duda que lo mejor del cine de terror viene muchas veces del cine independiente. Unfriended (Eliminar Amigo o Eliminado en ibero-américa) es efectiva en transmitir ese miedo insidioso que nos gusta del género, efectiva en 3/4 partes de su duración, pues como sucede con muchas películas found footage, para el final, cuando los conflictos de la trama explotan, ha pasado la novedad inicial y empiezas a pensar: “ok, esto ya está poniéndose medio ridículo”, pero durante una hora la película me tuvo absorto desde el inicio, y el tiempo pasaba rápido, lo cual es agradable en una película, sin necesidad de estar viendo el reloj.

Últimamente traigo este gusto por el terror cibernético, un género que todavía me parece sub-explotado para lo envolvente que ha sido el internet y la “vida virtual”, digamos, en nuestras vidas cotidianas. Me gustó por ahí algún episodio de Black Mirror que abordaba este tema, y de igual manera, de los momentos más interesantes para mí en House Of Cards es cuando un personaje se somete, brevemente, a un malhechor cibernético/hacker. Creo que es a final de cuentas el miedo a lo desconocido, creo que la mayoría de nosotros no somos, ni mucho menos, expertos en informática (no sabemos ni escribir código) y el prospecto de meternos a la deep web no nos causa nada menos que espanto. De hecho fue un artículo de GQ sobre la secuela de Unfriended, que se estrenó en marzo de este año en el SXSW, y que estará por estrenarse en cartelera comercial en otoño de este año, llamada Unfriended: Dark Web, lo que me motivó lo suficiente como para ver esta primer entrega y tratar de deducir el tono y las intenciones de esta franquicia.

Los amigos chateando, el intruso en ese cuadrito azul

Unfriended es una película de un grupo de amigos adolescentes, si, y eso ya lo sabía de antemano, así que la histeria y el teen drama estuvieron presentes, pero no se me hizo un grupo de adolescentes unidimensionales, se me figuró que estaba viendo a un verdadero grupo de amigos. Un año después de que la joven Laura Barnes se suicidó después de que un grupo anónimo de personas subió un video humillante de ella a las redes sociales, la que era su mejor amiga hace algunos años, Blaire (Shelley Hennig), se encuentra “skypeando” con su novio y el resto de sus mejores amigos cuando aparece un intruso en el grupo de Skype sin que nadie sepa de donde salió, así que solo lo toman como un “glitch” en el programa. Pero eventualmente nos damos cuenta que no es un simple glitch, sino una persona, cosa o ente decidida en atormentarlos por su bullying hacia Laura, que se va descubriendo en varias etapas, como los amigos tuvieron más que ver con su muerte de lo que aparentaba inicialmente. El ente o espíritu o travieso malvado los atormenta a través de todas las plataformas y medios digitales, y les pone retos y juegos, en el espíritu de la franquicia Saw, pero sin llegar a ese nivel de gore. Los chavos tendrán que enfrentar sus acciones pasadas y pondrán a prueba la lealtad que se tienen entre ellos.

Algo muy interesante es el montaje de esta película, la cinematografía, si se quiere llamar así, lo único que nosotros vemos en estos 80 minutos es la pantalla de Blaire…así es, todo lo que acontece nosotros lo vemos en la pantalla de la Macbook de esta chica, y es como estar encima de su hombro viendo como se barajea el Skype, el instant messaging, el Facebook, el Google, el Gmail…y ella, al navegar e interactuar con el resto de los chicos por medio de las diferentes plataformas, es como avanza la trama. Suena innovador no?, a mí me agradó, pero veo que hubo gente que estuvo incómoda con este tipo de montaje; personalmente me gusta hacer la analogía de que si fuiste una de esas personas delicadas que el movimiento de cámaras en The Blair Witch Project te causó “nauseas”, cual pobre bebecito susceptible, pues es probable que tu delicadeza tampoco se acomode a la visualización de Unfriended.

Siendo que también me había gustado bastante la mencionada Bruja De Blair, y que una de las películas más perturbadoras que he visto en los últimos años ha sido V/H/S, no sé si Unfriended realmente sea buena o que más bien yo sea fan del género “found footage”. Tendré que ver Cloverfield, que no se me apetece para nada, y comprobar teorías. Por lo pronto ya estoy listo para Unfriended 2: Dark Web.

3.5 / 5

The Beatles: Eight Days A Week – The Touring Years

16 Jul

Le di un llegue a un documental más sobre los Beatles, en este caso fue The Beatles: Eight Days A Week – The Touring Years, algo así como tres títulos para darle presentación a este documental sobre los años de gira de la banda, de 1963 a 1966, que abarcan las giras oficiales de la banda por el mundo. Dirigido por el reconocido y talentoso, pero realmente blando, Ron Howard, el documental es, a final de cuentas, entretenido para los que se están iniciando en la banda, pero simplemente una pieza acompañante para los fans que ya llevan mucho tiempo consumiendo los trabajos audiovisuales del grupo.

Es imposible no tomar como parámetro, una vez más, el que yo considero es el documental definitivo de la banda, en parte porque es el único oficial producido por The Beatles: la expansiva y ambiciosa The Beatles Anthology de mediados de los 90’s, un monstruo de como 10 horas que analiza no solo el impacto cultural y comercial del llamado “cuarteto de Liverpool”, pero que trata de indagar más en ellos como personas y en sus tiempos y circunstancias (y que, como cualquier proyecto “oficial” de cualquier artista, no es completo, y si se quiere llegar a un retrato más o menos holístico del grupo, habrá que complementar con libros como “The Love You Make” del confidente Peter Brown, y “Here, There & Everywhere”, del ingeniero de grabación Geoff Emerick…entre otros…donde vienen los detalles más sórdidos de la historia).

Y no hay que culpar a Howard, desde las primeras escenas queda claro que lo que quiere retratar es la energía y la locura de los Beatles de gira, durante tres efímeros años, TRES! En comparación, los Rolling Stones (“los Rolling” para los chilangos) llevan como 2,700 años haciendo conciertos. En ese aspecto el trabajo es exitoso, te da un vistazo a las presentaciones en escena, los alaridos del público, los esquemas de seguridad en torno a la banda, toda la bendita locura que desató este grupo a principios de los 60’s. Obligatorios son los cortes de edición rápidos para darle premura a la narración, porque mientras Anthology tuvo 4 horas para contar esta etapa del grupo, Eight Days A Week lo tiene que hacer en una hora, 45 minutos. Hamburgo es solo una anécdota, y ni la más mínima mención a Astrid, Jürgen y Klaus, mucho menos al “quinto Beatle” Stuart Suttcliffe.

Uno de los segmentos coloreados, en este caso la conferencia de prensa al aterrizar en Nueva York

Es la necesidad, y la intención, de Howard en mantener un ritmo vertiginoso, que pueda emocionar al público casual, sin atorarse en detalles importantes de la trama personal del cuarteto. Estás bien…lo que si molesta un poco es la continuación en la saga de Paul McCartney, ya en edad avanzada y precavida, de lavar la imagen del grupo hacia una posteridad de la cual estará ausente. Ya desde Anthology, un McCartney en sus 50’s, nos decía como el mensaje del grupo era de “amor, paz y comprensión”, y no es que no me gusten esas cosas, pero los Beatles eran mucho más que una tarjeta bonita de Hallmark. Que se le va a hacer, es lo que pasa cuando los dos integrantes más comerciales, McCartney y Starr, son los únicos que quedan para dar la cara.

El material es bueno, sin ser excepcional; se incluyeron varios videos que no se habían visto antes, cortesía de asistentes a conciertos que hicieron sus propias grabaciones personales (un lujo en aquel entonces, ahora todo mundo se la pasa grabando en un concierto), especialmente hay bastante material agregado del último concierto de la banda, en el Candlestick Park de San Francisco. Pero al igual que con el documental sobre George Harrison de Martin Scorsese, uno termina viendo material videográfico reciclado, y alguna de la coloración artificial que se le da a algunos videos, como la presentación en Washington D.C. después de la presentación en Ed Sullivan, se ve por momentos simplemente raro, los trajes de los policías de un azul muy claro, por ejemplo. La simpatía y dinamismo de los cuatro integrantes, sin embargo, sale a relucir por encima de todo, podemos apreciar su camaradería y su reconocido sentido del humor, y esto no es gracias al filme, sino simplemente así eran.

McCartney en la primer fecha en el Shea Stadium

La energía de las presentaciones en vivo también se les reconoce, aunque el corto tiempo que Howard tiene para contar esta historia hace que por necesidad muchas presentaciones y grabaciones sean recortadas después de unos cuantos segundos y justo antes de que llegue a tu parte favorita de la canción, algo que después de una docena de veces, empieza a ser MUY frustrante. La edición de Paul Crowder es tibia, si alguna vez tienen la oportunidad de comparar la escena donde es presentado el concierto en Shea Stadium de este filme con la misma escena en Anthology, sabrán a que me refiero; una va incrementando la tensión gradualmente, pone los nervios de punta como si uno fuera a tocar; la otra es un conjunto de escenas blandas, con Whoopie Goldberg dando un testimonial sobre su trip al concierto.

Y eso es otra cosa, amo a Elvis Costello y ya sé que mama a los Beatles, así que las flores que les tira en este documental realmente no me interesan; este conjunto de testimoniales diversos, de algún compositor, o escritor, o periodista (el documental por un momento parece ser el documental sobre el periodista Larry Kane), todos estos personajes le dan un toque medio VH1 al trabajo, gente ahí opinando pero que ni estuvo presente.

Pero lo más molesto es esa santificación de los Beatles por Ron Howard, el director exageradamente decente (Opie del Andy Griffith Show, a final de cuentas). Eight Days A Week busca compaginarse con los temas progres y millenials de hoy en día, se hace mucho hincapié sobre una presentación en Jacksonville, donde los Beatles no se hubieran presentado si el público hubiera estado segregado en blancos y negros por separado. Se incorpora el testimonial de una chica afro-americana que fue al concierto, de periodistas, en fin, se detiene la trama mucho tiempo en ese suceso intrascendente de la banda. Y no es que me moleste el final a la segregación, ni que fuera un monstruo…pero no me van a venir ahora a decir que John Lennon era un santo, cuando si se investiga bien sobre su persona, se sabe que era una persona en el mejor de los casos MUY complicada, sino es que de plano ruin y cruel.

Una que otra grata sorpresa, como esta imagen de los Beatles en las Filipinas…y a color

El documental notablemente hace un corte durante la presentación de McCartney hacia el público en un concierto…donde en Anthology ya sabemos que acto seguido, Lennon se puso a aplaudir y golpear los pies sobre el entarimado imitando a una persona con retraso mental, algo que jamás hubiera salido en el docu de Howard. Tampoco se menciona al Ku Klux Klan durante las amenazas que recibió el grupo en la última gira por el sur de los E.U.A., el KKK siendo un tema tan controvertido en E.U.A. que estoy casi seguro que Howard mejor decidió dejarlo completamente de fuera. Ese giro super progre para millenials bebés norteamericanos conservadores es algo que a mí se me hace forzado, pero que seguramente tendrá encantado al ñoño de McCartney.

Predecible, manso, a este documental lo salva la personalidad de los Beatles y la calidad de su música, es poco lo que se puede descubrir aquí, pero para alguien que no ha visto mucho sobre la banda, puede ser un buen referente de la Beatlemania y lo efímero que fue realmente la carrera de esta gran banda.

P.S. Aquí una entrevista promocional con Howard, McCartney y Starr:

2.5 / 5

Three Billboards Outside Ebbing, Missouri – – – Pueblo chico, infierno grande

5 Jun

Empezaré por decir que el guion de esta película es de los mejores que he tenido el lujo de disfrutar en los últimos años, el diálogo rápido e inteligente creo que es algo que ha sido menospreciado en este filme (en donde se le ha celebrado por todo lo demás), no me acordaba de la última vez que una película me tenía carcajeándome, quizás este aspecto del trabajo ha sido pasado por alto porque a final de cuentas se te queda contigo como una desgarradora historia de redención.

La película escrita y dirigida por Martin McDonagh parece fácil en su ejecución, la trama nos atrapa y nos hace empatizar con cada uno de los personajes, pero esto es gracias al guion impecable que ya mencioné, al atinado soundtrack, con algunas piezas en guitarra acústica, que pone a los sentidos en estado receptivo, y las excepcionales actuaciones del reparto, tan sinceras que no exagero en decir, nos permiten adentrarnos hasta el alma de sus personajes. La cinematografía a cargo de Ben Davis (Kick-Ass, Avengers: Age Of Ultron) es elegante y atractiva, sin distraernos de estos personajes humildes y sencillos.

En el pueblito (ficticio) de Ebbing, Missouri, todos se conocen y los rumores viajan rápido. Mildred Hayes (Frances McDormand) es corroída por la desesperanza siete meses después de que su hija mayor fue violada, asesinada y calcinada. Nunca vemos el acto, solo escucharlo es por demás grotesco. Ante la inefectividad de la policía, Mildred, en su templada desesperación, decide rentar tres abandonados espectaculares y les coloca la frase: “Violada mientras moría, aún no hay arrestos?, como es eso jefe Willoughby?”. El jefe de la policía en cuestión es Bill Willoughby (Woody Harrelson), un hombre sinceramente bondadoso y preocupado por resolver el crimen, pero simplemente no ha tenido nuevas pistas en el caso.

Los espectaculares en cuestión

Willoughby le implora a Mildred que los quite, pues la acusación a final de cuentas es humillante para él y su familia, aparte de que tiene a todo el pueblo molesto por lo que parece es la incapacidad de Mildred para resignarse a su destino. Incluso cuando Willoughby le confiesa a Mildred que él está padeciendo de cáncer, ella no retrocede ni tantito. Es un dilema moral complejo que McDonagh nos regala, en vez de haber escrito a Willoughby como un villano, y de ahí encaminarnos hacia un fácil desenlace de justicia.

La compasión de Harrelson que muestra al interpretar a Willoughby es contrapuesta a la idiotez, lo burdo, el racismo, la misoginia, el ignorante derecho a presidir de su asistente Dixon (Sam Rockwell), un hombre que vive con su mamá racista en un chiquero de casa y que posee un aparente sistema moral regido por sus propios prejuicios, es un secreto a voces en el pueblo que recientemente torturó a un prisionero afro-americano, y cuando Mildred le pregunta con franqueza: “como va el negocio de la tortura de niggers?”, Dixon responde sin dudar: “el negocio de tortura de personas de color”. Pero el personaje es más complicado de lo que pensábamos, algo inevitable cuando un guion de McDonagh se junta con una interpretación de Rockwell (quién me encantó en aquella película olvidada de Duncan Jones, Moon), algunos vigilantes de la moral se andan quejando que la evolución del personaje de Dixon no es consistente con lo que realmente le debe pasar a un racista (les encanta a estos guerreros de la justicia social dictaminar que le debe pasar a un personaje de una película) y que en general la película glorifica el sexismo, algo absurdo pues Mildred es la rebelde badass de la película, con su peinado medio rapado debajo de su coleta, unos overoles, y una bandana en la cabeza, se ve que realmente no le importa lo que piense el pueblo de ella; pero cuando estamos en una competencia contemporánea para ver quién es más progresista, podrás encontrar cualquier pretexto para enfadarte.

La tensión ocasionada por los 3 espectaculares se desborda entre los personajes involucrados, incluido un Peter Dinklage como James, un chaparrito con sentimientos sinceros hacia Mildred, y que, gracias a la sincera interpretación de Dinklage, le da un pathos extra al filme, que a veces se necesita entre tanto humor negro. Las interacciones humanas son el atractivo principal de Three Billboards, y el tono general de la película parece extrañamente familiar, yo la sentí como la película más Coen que los hermanos Coen no hicieron. Pero la actuación de McDormand es algo que se encuentra por encima de todo lo demás, definitivamente su mejor papel desde Fargo, y yo diría que la mejor actuación de su carrera, es de una mujer al borde de explotar, pero que lucha por seguir barajeando todos los aspectos de su vida con dignidad, porque parece que la dignidad es lo último que le queda.

Woody Harrelson y Sam Rockwell

McDonagh y McDormand construyen un personaje que uno aprecia era otra persona antes de la tragedia, desde su trabajo en una tienda de artículos turísticos llamada “Southern Charms”, a como consuela al jefe Willoughby cuando este tose y escupe sangre accidentalmente en la cara de ella, producto del cáncer, él se ve entre apenado y asustado, le dice que fue un accidente, ella le dice tiernamente “i know baby”, mientras lo atiende. No habrá sido sorpresa para nadie que haya visto este filme como McDormand levantó el Oscar a mejor actriz por su actuación.

Se ha hablado mucho de su interpretación, pero al ver finalmente Tres Anuncios Por Un Crimen (título en español), uno se encuentra con una riqueza de diferentes componentes cinematográficos: actuaciones, el guion, soundtrack, etc., para apreciar a esta película como una obra maestra de McDonagh, más allá de la actuación de McDormand. Que The Shape Of Water le haya ganado mejor película, pues esa es otra historia, pero habrá estado muy cerrado con los miembros de la Academia.

P.S. Aquí una escena importante de Mildred confrontando al padre Montgomery, y como no se sujetará al egoísmo de extraños, que quieren que olvide su tragedia, o más bien, lo que realmente quieren, es que los deje vivir en paz.

4.5 / 5

Coco

5 May

En el vasto mundo de la animación, los dioses Disney y Pixar han hecho entrega, a lo largo de los años, de películas dignas de admiración por su excelencia temática, técnica y ejecución. Tomando en consideración que sus productos van dirigidos para niños principalmente, pero cuya crítica estará compuesta exclusivamente por adultos egoístas que se les olvida que es una película infantil, siempre es un reto para la productora Pixar equilibrar el tono de la narración, el guion, y hasta del humor dentro del filme. Aun así, Pixar ha entregado puras joyas alabadas por todo tipo de público desde la primera Toy Story, pasando por Wall-E, Up, Inside Out, las otras Toy Story, etc.

Ahora Coco es propuesta como la mejor entrega de la compañía, y eso habla de lo prolífico que es aquella productora, cada nueva película aparenta ser mejor que las pasadas, incluso cuando el estándar ya es bastante elevado. La que originalmente iba a ser llamada “Día de los Muertos” (cuyo nombre original fue vetado después de un mini-fiasco de relaciones públicas), es, dejando las comparaciones de lado, una película completa que toca temas como la familia y la muerte con levedad, pero cuya trama resuena en nuestras propias vidas de tal manera que, dicho simplemente, mucha gente terminó chillando al terminar la película. Y no menos importante, la animación empleada en Coco es algo que seguramente no habías visto en tu vida.

Miguel con su tatarabuela Coco

No me voy a poner en un plan super condescendiente, como algunos compatriotas, especialmente los mexico-americanos en E.U.A. (donde aparentemente la gente tiene más tiempo y comodidad para hacer grilla por cosas como la “apropiación cultural” o por Apu de Los Simpsons) y ponerme como la máxima autoridad de la cultura mexicana (o “MI CULTURA”, como la llaman algunos) y ponerme a criticar toda la producción, porque ahora resulta que soy la máxima autoridad en cuanto a chistes sobre piñatas se refiere, solo por ser mexicano. He visto críticas de chicanos sobre como “el hombre blanco (perenne fuente del mal y enemigo eterno de los chicanos) no disfrutará completamente el filme porque no entenderá algunos chistes rebuscados sobre la selección mexicana de fútbol o Frida Kahlo”; uy!, no pues hay que tener cuidado con tan tremendas referencias culturales sofisticadas que ni Robert Langdon hubiera encontrado jamás. A veces dan ganas de precisar que México es más que lo que incluso los chicanos piensan: fútbol, luchadores, Frida Kahlo, piñatas, chanclas aventadas, pan dulce, mariachi, etc…pero precisamente dije que no iba a ponerme en este plan y ya llevo un párrafo, así que fin del rant.

La película empieza con un recuento de lo que fue el antiguo héroe de la música mexicana, Ernesto De La Cruzc (un clon de Pedro Infante), y como abandonó a su esposa Imelda Rivera (Alanna Ubach) y a su hija de 3 años Coco. Imelda no se tiró a la depresión y empezó un fructífero negocio de zapatos, que en el presente todavía es atendido por la familia Rivera; el abandono de Ernesto causó un fuerte rencor en Imelda por la música e impuso una veda a todo tipo de expresión musical en su familia; todo esto contado en una linda animación en papel picado (por supuesto).  Miguel Rivera (voz por Anthony Gonzalez) es un niño en Santa Cecilia, típico pueblito mexicano del interior del país que está destinado para hacer zapatos como el resto de su familia. Su abuela Elena (Renée Victor) le impone la prohibición por la música a pesar de que lo quiere mucho, pero Miguel realmente desea ser un músico como su ídolo Ernesto De La Cruz, ensaya clandestinamente su guitarra con su fiel compañero, el perro xolo Dante, a su lado, mientras él imita a su ídolo en viejas películas VHS y álbumes.

El espectacular mundo de los muertos

El conflicto se suscita cuando Miguel trata de perseguir su sueño musical, y ahí está su familia para prohibírselo. Cuando trata de robar una guitarra del mausoleo de Ernesto De La Cruz, por alguna razón mágica (llámese “es una caricatura”) se transporta al mundo de los muertos donde conoce a sus antepasados. Ahí está Imelda y otros familiares fallecidos, y para sorpresa de nadie, tampoco aprueban las ambiciones musicales de Miguel. Así que el niño, con la ayuda de un esqueleto vagabundo, el jocoso Héctor (Gael García Bernal), sale en busca de Ernesto De La Cruz, para conseguir su bendición, cosa necesaria para regresar al mundo de los vivos.

Y de ahí se suscitan el resto de los plot-twists que tanto nos gustan, pero independientemente podrán apreciar una historia llena de color, literalmente, es cierto que la cultura mexicana se presta mucho para los paisajes coloridos, y verán como en la pantalla brilla como oro el naranja del cempasúchil, el plateado de las máscaras de luchador, y el multicolor de diversas artesanías, flores y fuegos artificiales. Esto se magnifica en el “mundo de los muertos”, donde el director Lee Unkrich toma de las obras de Miyazaki, y reconocerán la proverbial torre futurista que siempre aparece en la ciencia-ficción, como Metropolis y Blade Runner, y que en este caso sirve como la morada del ídolo De La Cruz.

Ya había hablado de la calidad de la animación, y podrán asombrarse sobre lo real que se ve el cabello de los personajes, o las arrugas en el rostro de Coco, la abandonada niña que ahora es la tatarabuela de Miguel. Los personajes en el mundo de los muertos, son esqueletos más graciosos que amenazantes, y aunque visto desde un punto de vista general se puede considerar a todo este aspecto como macabro, especialmente para niños en otras culturas del mundo donde no se celebra algo como el Día de los Muertos, nunca sentí que los guionistas Adrian Molina (co-director también le pusieron) y Matthew Aldrich, se despegaran del tono que todo mundo espera de algo que lleva la marca Disney, incluso hay uno que otro chiste que son más oscuros y aluden directamente a la muerte de una persona.

Los números musicales son divertidos y las composiciones de calidad, desde la conocida “Remember Me” a “Un Poco Loco” (un dueto entre Miguel y Héctor) y una reinterpretación de la canción tradicional “La Llorona”. El soundtrack musical, por su parte, corrió a cargo del reconocido Michael Giacchino. Es notorio el cariño que el equipo de Unkirch y Molina pusieron en hacer la investigación cultural (estuvieron algunos meses en México), el resultado, más que “correcto” o “respetuoso”, es dinámico y entretenido, cometido final de cualquier espectáculo, porque no es un documental. Miguel, y el público, aprende sobre los valores familiares, la muerte y el amor. Coco, la llaman una carta de amor a México, me gusta más para que sea una carta de amor al buen cine.

4 / 5

Get Out

25 Apr

En los 90’s una película sobre una joven pareja que se embarca a ir a conocer los padres de la novia nos tendría preparados para agarrar unas curotas del tamaño del mundo: cuando el novio le cae gordo al suegro, cuando el novio besa accidentalmente a la suegra, cuando el suegro le impone una prueba de polígrafo al novio, y demás pinche fluff. Pero en un mundo woke, y post-Treyvon Martin, Ferguson y demás tensiones raciales; lo que más bien nos espera es literalmente una mitad comedia, mitad película de terror, máxime cuando la pareja es una joven blanca y un joven afro-americano.

Esta ópera prima jamás se hubiera imaginado que iba a venir de Jordan Peele, del dúo de sketches cómicos Key & Peele y que venía haciendo comedia desde MADTv. En un evento fortuito, tuvo la oportunidad de venderle su historia al productor Sean McKittrick, luego que su pareja cómica, Keegan-Michael Key, los presentó. Get Out es descaradamente condenadora del mundo de los blancos en E.U.A., Peele mete todos los estereotipos y sinsabores de los blancos, algo que le encanta al público afro-americano, y que es hasta bien visto en aquel país, el burlarse abiertamente de los blancos. Personalmente, nunca he pensado que ese sea el camino para reparar una convivencia social multi-racial, creando más división. Pero dejando eso de un lado, disfruté la película simplemente como una buena entrega de horror.

La pareja

Chris (Daniel Kaluuya) es un reconocido fotógrafo a su corta edad, y tiene la novia perfecta en Rose (Allison Williams). Ambos deciden visitar a los padres de ella, Missy y Dean Armitage (Catherine Keener y Bradley Whitford), en una retirada mansión en el campo, repleta de ostentosa decoración tipo country club y un aire de snobismo que grita “too white!”. No podía faltar la cabeza de venado montada en la pared, la chimenea y la larga mesa para la cena. Es el infierno según Peele. Chris le pregunta a Rose antes de ir “ya saben que soy negro?”, ella le responde que no importa, que su padre es tan no racista que seguido repite que hubiera votado por Obama por un tercer término si hubiera podido (en efecto Dean le hace el comentario gratuito a Chris). La melosa convivencia en pareja de Chris y Rose en su departamento se corta de tajo cuando un ciervo se les cruza en la carretera (creando un susto para ir despabilando los sentidos). A ello le sigue el mundo blanco de la casa de los suegros, que se puede comparar con las obras de Ira Levin, como Stepford Wives; a mí me recordó más a la utopía insidiosa de “la isla” en la antigua serie The Prisoner.

Los padres, Miss y Dean, son tan efusivos que es incómodo, hay algo falso en su calidez. Dean lleva a Chris por un recorrido de la casa, y el script de Peele está repleto de indirectas a la raza negra, Dean le enseña a Chris una vieja foto de su padre, un corredor, alado de Jesse Owens, y hace alarde de como Owens le enseñó a la raza blanca la superioridad de otra (insinuando que le late todo ese rollo de la superioridad genética), después comenta que el sótano está repleto de “moho negro”; Peele juega con la paranoia del espectador. Para la cena aparece el hermano de Rose, un inmamable preppy guero llamado Jeremy (Caleb Landry Jones), que cae en los sentidos como un mucho más prepotente hermano Winklevoss. Missy, por su parte, hace alarde de sus talentos como hipnoterapeuta para curar a sus pacientes para dejar de fumar, y le hace la oferta a Chris de liberarlo de su vicio. Para colmo de Chris, a Rose se le había olvidado que ese fin de semana iba a ser la reunión familiar anual, a la que llega una cornucopia de gente adinerada y fifí, y muy blanca claro. Llegan todos en una caravana de carros negros, cual procesión funeral…o escolta presidencial.

Los padres, Dean y Missy. Se ven adorables

Las interacciones entre Chris y los viejos blancos adinerados si son incómodas, pero te percatas a estas alturas que tal vez el soundtrack de Michael Abels le está empujando el horror al ambiente muy a fuerzas; con música salida de todos los clásicos del terror, como las de John Carpenter o Wes Craven, Abels no te deja de recordar que estás viendo una película de horror.

Pero quizás lo más escalofriante para Chris son los dos trabajadores negros en la propiedad de los Armitage, primero está el jardinero fortachón Walter (Marcus Henderson), quién, con la mirada perdida y una amabilidad entrenada, le da la bienvenida a Chris; y Georgina (Betty Gabriel), quién también posee un permanente semblante gótico de amabilidad forzada; cuando Chris le confiesa que se pone nervioso alrededor de tantos blancos ella le repite una vez “no, no, no”, entre riendo y llorando, más veces de lo que es cómodo para el público. Hay una clara distinción entre ellos y Chris, más allá de educación, clase y estatus social, hay algo más que él no alcanza a precisar, y que lo incomoda tremendamente.

El humor a carcajadas viene por parte del amigo de Chris, Rod (Lil Rel Howery), el agente de seguridad de aeropuertos, quién se queda cuidando el departamento (y el perro) de Chris, y las llamadas de preocupación a su amigo alivian, de manera graciosa, la tensión de la trama (“nadie visita la casa de los padres de su novia blanca!”, le advierte de inicio). Pero pronto, como lo había avisado Rod, la situación se descose en un pandemonio, y hay acción y sangre para todos.

Podrán notar el ritmo magistral de Peele y el editor Gregory Plotkin para avanzar la trama y darse su tiempo a nivel general, y en escenas particulares, creando un ambiente de terror o de comedia según lo que sea necesario; la película si da miedo por momentos, no es una comedia con tintes de horror como What We Do In The Shadows, pero es más bien un trabajo de terror con toques de buen humor; el timing de Peele en la comedia lo ha sabido trasladar a su primer largo, aunque sea muy por afuera de su género acostumbrado. Huye! (título en español) fue la revelación del año, échele el ojo para que compruebe porqué.

P.S. Aquí Jordan Peele deconstruye una escena de su película

3.5 / 5

La Vendedora De Fósforos

22 Apr

El director y escritor Alejo Moguillansky (El Escarabajo de Oro, El Loro y el Cisne) encierra en su último filme un conjunto de tramas cotidianas que se enredan en torno al proceso creativo, en este caso una adaptación de La Pequeña Vendedora de Fósforos, de Hans Christian Andersen, en el teatro Colón, y musicalizada por el compositor avante-garde Helmut Lachenmann. Las instrumentalizaciones abstractas del compositor alemán dejan perplejo a Walter (Walter Jakob), el encargado de montar la puesta en escena, y a su equipo de producción. Las dificultades en vincular la música concreta del compositor con el delicado mensaje del cuento de Andersen son, a final de cuentas, los cabos sueltos que inspiran subconscientemente a Walter, profesionalmente, así como en su vida personal, donde trata de sobrellevar una “vida familiar” con su expareja Marie (María Villar) y la hija de ambos, interpretada por Cleo Moguillansky, hija del propio cineasta de esta película.

Los mágicos humos subconscientes del proceso creativo se cuelan por cada una de las tramas tangentes de la historia principal. Mentes distintas empiezan a razonar en un mismo plano; un texto de Da Vinci sobre la explosión de un volcán, la música de Schubert, y unos “daneses burgueses” (que nunca vemos), se filtran en el diálogo de aquellos involucrados en la planeación de la puesta en escena, como si este microcosmos de la vida bonaerense empezara a respirar como un solo ente vivo.

Walter y Marie

Marie, compartiendo la carga económica de la crianza de su hija Cleo, cuida de una señora mayor, la destacada pianista Margarita Fernández (interpretando a ella misma). Marie la llama como “la vieja”, a pesar de que la señora trata de inculcarle el gusto por las piezas de Schubert y Beethoven, no para presumir sus dotes en el piano, pero para compartir en la sublime belleza, que parece, es lo único que la mantiene viva en el ocaso de su vida. La indiferencia de Marie hacia su “vieja” es tal, que le roba sus ahorros para poder comprar un piano en la casa.

La estética minimalista de Moguillansky es un contrapunto a la cacofonía de tramas y referencias, y el lente de la encargada de foto, Inés Duacastella se permite solo algunos lujos contados, como cuando Walter decide grabar a un grupo de niñas recitando las palabras del cuento de Andersen, a la luz de una vela. Duacastella alterna entre una composición fotográfica convencional para el trajín cotidiano de los personajes, y un hand-held estilo cinéma vérité para las escenas adentro del teatro Colón, dándole un aspecto documentalista al trabajo creativo que se realiza dentro del recinto.

Las durezas económicas que Marie tiene que lidiar puede justificar su insensibilidad hacia la pianista. Cuando Cleo roba una carta de la “vieja”, Marie no tiene los fundamentos morales para recriminarle a la niña; en el documento, escrito por un antiguo amante alemán de Margarita (la “vieja”), Moguillansky se aprovecha para insertar el tópico de la frivolidad de la música, de su existencia como un juguete de los burgueses. El amante, miembro de la Facción del Ejército Rojo alemán, organización de la extrema izquierda activa durante los 70’s, le describe a Margarita la desolada situación política de su país en aquel entonces, y Moguillansky nos invita a ver paralelismos entre aquella encrucijada sociopolítica y la de la Argentina actual. Marie robándose los ahorros de Margarita para comprar un “juguete” de los burgueses, un piano, justifica temáticamente su acción tan ruin.

Alejo Moguillansky

Para terminar de extender aquel tema del inconexo burgués y su música, el cineasta presenta como ligera inconveniencia el paro laboral del conglomerado de trabajadores del transporte público bonaerense hacia los planes productivos del equipo dentro del Colón. No vemos al proletariado argentino marchando por las calles, en alguno de aquellos famosos cacerolazos, no sabemos que pretenden y que exigen a sus compatriotas. A lo mucho, vemos la inconveniencia para Walter, después de un ensayo, en obligar al compositor Lachenmann a que camine unas cuadras hacia el departamento de Margarita, para reunirse con Marie y Cleo. Donde todos los presentes, en un último y único encuentro comunal, disfrutan de interpretaciones al piano de Margarita y Lachenmann; nosotros como espectadores, disfrutamos aún más el suceso único, a sabiendas de los conflictos por venir; es difícil que Margarita no note la ausencia de sus ahorros y la producción en el Colón continuará, con paro del transporte público.

La Vendedora de Fósforos, la película, está dividida en capítulos, algunos, como el capítulo 1 llevan el título de “La Resistencia de la Música”, y otros, como el capítulo 3, “La Música de la Resistencia”; como un intento de Moguillansky por darle una forma más definida a su obra; mientras que el título del filme, al principio del mismo, así como los créditos al final, parecen ser dibujados en delicada manuscrita sobre pentagramas, entre notas, silencios, y demás notación musical, cual recuerdo de la importancia que Moguillansky le reservó a la música en este largometraje, pero más como concepto que como arte, pues más allá de las piezas de los mencionados Schubert y Beethoven, junto con Bach, Mozart y otros compositores clásicos, queda para nuestros oídos el vanguardismo de Lachenmann y una insípida pieza original para clavecín durante algunas de las escenas más dramáticas. El director argentino prefiere musitar sobre el papel de la música dentro de la sociedad.

La Vendedora de Fósforos, la película, refuerza a Moguillansky como uno de los principales exponentes del llamado nuevo cine argentino, ganó el premio a Mejor Película Argentina en el BAFICI del 2017, pero difícilmente encontrará un público más amplio. Es el resultado de una visión cinematográfica sin concesiones, un bálsamo de luz para el espíritu independiente, en Argentina, y en el resto de Latinoamérica.

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