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Shoplifters

20 Mar

Un Asunto De Familia (título en México) es una de las películas más sublimes que he visto en el último año, junto con Roma, donde me ha encantado el poder sutil del desarrollo de personajes de esta película, de sus actuaciones, de su edición, pero sobre todo: de su dirección. Es de esas películas que no contiene un componente explosivamente llamativo, pero conforme va avanzando, se te mete por todos los poros y sientes su gravedad en el pecho; es una película que presientes va a estar en tu memoria por muchos años.

Hirokazu Kore-eda escribe y dirige la historia de una familia japonesa en situación económica precaria; por una parte el padre de la familia, Osamu (Lily Franky), se ha lastimado en uno de sus trabajos de oficio y no recibirá incapacidad, por lo que recurre frecuentemente al hurto en supermercados con la ayuda de su “hijo” Shota (Kairi Jō), donde la pareja utiliza señales con las manos para robarse todo tipo de productos, hasta, en una ocasión, cañas de pesca. La “madre” de la familia, Nobuyo (Sakura Ando), es una empleada en una lavandería industrial, y también acostumbra cometer sus pequeños robos, tanto a los clientes que dejan sus prendas, como al propio negocio, sin embargo, su amplia sonrisa y franca inocencia, la hacen un personaje inmediatamente simpático. La hija mayor, o hermana menor de la madre Nobuyo (hay mucha ambigüedad sobre el verdadero parentesco de los que habitan la casa), se llama Aki (Mayu Matsuoka) y aporta a la casa haciendo bailes eróticos en un cabaret de soft-porn. Todos son principalmente mantenidos por la viejita Hatsue Shibata (Kirin Kiki, en su último rol actoral), quién recibe una pensión por su esposo difunto, y también se trae sus propias tranzas entre manos.

Cuando la familia encuentra a una pequeña hambrienta, abusada y friolenta, la niña de 6 años Yuri (Miyu Sasaki), Osamu y Nobuyo renuentemente la llevan a su apretujada casucha y la alimentan con comida que me imagino no era muy nutritiva, pero entre tantas bolitas de arroz y fideos (y el sonido que hacen cuando los succionan), yo estaba pensando en la comida de las películas Miyazaki. Pronto, Osamu y el pequeño Shota tienen a la niña Yuri aprendiendo el arte de robar en las tiendas; mientras que las autoridades andan buscando a la niña, naturalmente pensando que ha sido secuestrada.

A pesar del cariño que Yuri encuentra con su nueva “familia”, lejos del escarnio y la violencia de su familia biológica; el estado y la burocracia pretende devolverla al sufrimiento y castigar a los que la acogieron dentro de un seno familiar aun cuando no era su responsabilidad. Kore-eda analiza estos conceptos sociales como la justicia, y especialmente, el concepto de familia, algo que el cineasta ya había abordado en sus trabajos previos como Still Walking (2008) y After The Storm (2016). Qué define a una familia, solo la sangre, la genética?; no es un grupo de amigos, apegados entre sí, un conjunto más estrecho de personas, ya que escogieron compartir su vida con los otros del grupo?. En este sentido, Kore-eda, presenta el dilema sobre el concepto que tenemos de familia, pero no nos presenta una respuesta, aludiendo a varias interpretaciones durante todo el filme.

La “familia”, feliz en su viaje a la playa…no se si pequeño homenaje a Tokyo Story

El ritmo pausado de Kore-eda nos entretiene sin demasiada acción en la pantalla, su tono reflexivo deja que las escenas se vayan desenvolviendo naturalmente (mostrando el buen trabajo del editor…que también, es Kore-eda); no es casualidad que a este cineasta lo estén comparando con el más grande del drama japonés, Yasujirō Ozu, ya que comparten en sus películas un pathos natural, que serenamente nos deconstruye dilemas universales, con los que podemos empatizar, en el Japón y en todo el mundo.

Shoplifters ganó la Palm D’Or a mejor película en el festival de Cannes del 2018

4.5 / 5

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Baby Driver

10 Mar

 

El director británico Edgar Wright (Shaun Of The Dead, Hot Fuzz) hace entrega de una emocionante película de acción, pero sin la clara intención cómica de sus previas aventuras cinematográficas. Ansel Elgort (The Fault In Our Stars) es Baby, un conductor de escape para asaltos bancarios; silencioso por naturaleza, pero dotado con el don de manejar muy rápido y esquivar muchos obstáculos, Baby es como una versión más relajada del personaje de Ryan Gosling en Drive. La seña particular de Baby es el par de audífonos que permanentemente tiene en sus oídos, donde sincroniza playlists repletos de canciones de rock, soul y motown para coreografiar sus huidas.

La obsesión de Baby por la música es simpática, pero se siente trillado, el típico tick del héroe de la película de acción. De hecho la película de Wright, quién también escribió el guion, está nadando en clichés de película de policías y ladrones; el villano principal y cerebro de los asaltos, a quién le llaman el Doctor (vaya originalidad) es Kevin Spacey (pre-escándalo) en un papel frío y calculador; Jon Hamm es uno de los asaltantes, y su interpretación de bad-boy grasoso es tan estereotipado que Negan de The Walking Dead le queda corto; Eiza González es la gatita coqueta y peligrosa; y Jamie Foxx es el típico gangster híper-agresivo.

El dilema de Baby está en mantener su vida criminal separada de su vida personal, que incluye el cuidado de su padrastro, un viejito sordo afro-americano, y su nuevo amor, (agárrense porque esto si está cursi) la mesera (Lily James) del café donde trabajaba su mamá. Por un malentendido con el Doc, Baby acaba debiéndole mucho dinero, así que pone sus talentos de manejo a disposición del personaje de Spacey para pagar su deuda. Pero obviamente que el Doctor no lo va a dejar ir tan fácilmente, y cuando Baby cumple con su deuda, el jefe lo amenaza con lastimarlo a él y a su novia y a su pobre padrastro negrito en silla de ruedas, si es que decide dejar de manejar para él. Baby tendrá que ser el máximo bad-boy rebelde si quiere escaparse de las fauces del capo criminal, la policía, y fugarse por siempre con su novia, donde como se dicen entre ellos románticamente “solo seremos nosotros, el camino y la música”.

Eiza González y Jon Hamm

La música es un ingrediente clave en esta obra de Wright; es la inspiración principal de Baby, tanto literalmente (la tiene siempre presente en sus audífonos, sincroniza sus escapes con cada canción), como de una manera más simbólica (la madre fallecida de Baby era cantante, y uno de los casettes más preciados de Baby es de su mamá, cantando “Easy” de los Commodores). La película puede parecer demasiado dependiente de la música, se siente que cada 3 minutos nos introducen en otro segmento musical, llega un punto en donde nos dan ganas de pedirle a Wright que mejor se dedique a ser director de videos musicales.

Tiene un songtrack interesante, pero no excepcional, con rolas algo desconocidas de Simon & Garfunkel (la que le da el título a la película), T. Rex, Beck, The Damned; hasta se da el lujo de incluir algunos instrumentales de Blur y R.E.M.; y gracias a productores como Kid Koala, se hicieron unos mixes específicamente para la película, que se supone que Baby se pasa produciendo en su cuarto durante sus tiempos libres. Si fuera 1996, el songtrack y la prominencia de un songtrack ecléctico hubiera sido algo refrescante, pero después de Tarantino, y en pleno 2018, se aprecia un poco aburrido y pretencioso, el obrar de una película tratando desesperadamente de ser insufriblemente cool; el resultado final es, en el mejor de los casos, nada espectacuar.

Esa fue mi impresión inicial sobre Baby Driver (El Aprendíz Del Crímen, en español), una película por demás pretenciosa de Wright, pero una vez que me familiaricé con la situación precaria de Baby, me dejé seducir por lo que la primera escena espectacular de persecución insinuaba: esta era básicamente una buena película de acción. Los escapes de Baby producen unas persecuciones policiacas por las carreteras de Atlanta muy emocionantes, con nuevas ideas para eludir a esos molestos helicópteros policiacos. Wright se empeñó en utilizar el menor número de efectos de pantalla verde posibles, y se aprecia en la velocidad y habilidad de los conductores de stunt para derrapar, quemar llanta y aventarse unas maniobras, como un doble derrape en U, que te dejan preguntando “como le hicieron?”, y hasta percibiendo un ligero olor a llanta quemada en el ambiente.

Los efectos están apegados a la autenticidad, pero son ejecutados y editados con un guiño de fantasía; de hecho, con su ritmo acelerado, su violencia cómica, su tendencia hacia lo musical, y su iluminación alegre, Baby Driver es como el hermanito menor de Drive; donde ambas películas hablan sobre el solitario chofer criminal, pero cada una con un tono MUY diferente. Drive es muy superior a la película protagonista de esta reseña, debo decirlo.

P.S. Aquí la buenísima primera persecución, Baby conduce a su equipo hacia la libertad.

3 / 5

Fyre: The Greatest Party That Never Happened

20 Feb

 

Lo que es: el recuento del FAIL más grande, más espectacular, de proporciones bíblicas, que se ha visto en los últimos tiempos; sí, más ÉPICO. No hay una técnica, una intención, de los productores, por darle algún toque especial a este documental, es simplemente un recuento de la estrepitosa caída del Fyre Festival, el festival musical en las Bahamas de hace como año y medio, que causó revuelo en las redes sociales. Los productores, conformados por elementos de la agencia Jerry Media, que estuvo encargada de promover el festival (y que ahora busca distanciarse de la catástrofe), hacen buen trabajo en condenar al villano favorito, Billy McFarland, al presentarlo como un millenial vacío y superficial, que creció en un ambiente cómodo, y nunca ha sabido valorar el tiempo y el esfuerzo de los demás.

En un sentido general, el documental nos ayuda a poner en perspectiva esta cultura “millenial”, la cual muchos dicen que no existe, o cuyo término se considera ofensivo. Fyre vendió un producto antes de haberlo construido a través de una agresiva campaña en internet, promocionaba una fiesta en una isla desierta (“la isla de Pablo Escobar”, anunciaban) con supermodelos, yates, champán; todo con el empuje de muchísimos influencers en Instagram (como Bella Hadid y Emily Ratajkowski). El rapero Ja Rule aparece como co-fundador de la empresa. De alguna manera el documental encapsula todo esto que supuestamente les atrae a los millenials: la fama efímera, el caché, el dinero como herramienta para pavonear, vaya, todo lo que se ha enaltecido en un mundo post- Kim Kardashian. Para rematar, la debacle del festival se gestó cuando un montón de estos millenials tuvieron que ponerse a calcular: escusados, kilómetros cuadrados disponibles, comida, etc; fue en ese momento que individuos que se autocalifican como “persona que encuentra soluciones, no busca obstáculos” (ya sabes de cuales, de las que piden las cosas “para ayer”) tuvieron que lidiar con obstáculos reales y mensurables.

El documental permite un poco de simpatía hacia Billy McFarland, aun cuando él insiste en manejar McLarens y vivir un estilo de vida exageradamente extravagante, pues uno presiente que es bueno para su negocio mantener esa apariencia; pero cualquier simpatía desaparece completamente cuando después de haber salido bajo fianza por el desastre de Fyre, Billy vuelve a las andadas, embaucando a las MISMAS personas que habían comprado boleto para Fyre (yendo nuevamente tras los más tarugos y superficiales, básicamente), con otra nueva estafa: boletos para eventos de lujo a precio de descuento. Y en un momento dado, Billy le pregunta a un camarógrafo afro-americano cómo es la prisión, y trás escuchar lo incómodo que ese lugar suena, afirma que “yo nunca iré a prisión”.

Fyre: The Greatest Party That Never Happened (en Netflix), es un recuento interesante de un proyecto faraónico que nunca tuvo la organización y logística que se merecía, y que, cual fuego digital, creció en redes sociales a proporciones peligrosas e incontrolables.

2 / 5

Black Mirror: Bandersnatch

10 Jan

El concepto de opción múltiple es adaptado al cine en las plataformas de streaming a través de Black Mirror: Bandersnatch, un episodio largo de la serie británica de horror, ciencia y ficción, Black Mirror. A través del click del mouse, el espectador puede escoger entre dos opciones que se le presentan en torno a la trama que está viendo, esto ocurre seguido, como cada 4 minutos, y las transiciones, sorpresivamente, son increíblemente fluidas, como si tu elección hubiera sido parte de la trama original desde el principio, nada de “loading” o cortes abruptos en la edición, y uno tiene como 15 segundos para elegir su opción preferida. El formato, aún en esta versión inicial, funciona y lo mantiene a uno inmerso en la historia. La idea de la opción múltiple a media trama viene precisamente de los populares libros durante los 80’s, que eran para niños y adolescentes, y era una nueva manera de leer una novela de suspenso.

La historia de Black Mirror: Bandersnatch, se basa en una obra ficticia de aquella naturaleza, Bandersnatch, por el artista sufrido, Jerome F. Davies,

Will Poulter, un actor que ha tenido papeles interesantes en los últimos años

quién asesinó y decapitó a su esposa cuando estaba inmerso en su locura al momento de escribir su novela de opción múltiple. El joven Stefan Butler (Fionn Whitehead), se siente atraído por la historia del autor, así como por el concepto de opción múltiple, y pretende adaptar el libro a un videojuego en 1984, cuando los videojuegos para el hogar todavía eran una novedad (los arcade ya llevaban años siendo un éxito). Butler encuentra ayuda en un gurú de la programación de videojuegos, Colin Ritman (Will Poulter), y este último lo introduce, en algunas de las escenas más psicodélicamente bellas de la película, a algunas drogas, como el LSD, que permitirán a su creatividad “expandirse, hermano” y ponerlo en el camino para terminar Bandersnatch (el videojuego), bajo presión, a tiempo para la empresa Tuckersoft, localizada en un suburbio de Londres.

A pesar de todas las diferentes selecciones que uno pueda realizar, todo lo encamina a uno a ver como Stefan empieza a perder la noción de la realidad, y a desarrollar serios problemas mentales, algunos anclados en viejos traumas familiares con sus padres, y otros debido a la presión de construir una narrativa tan complicada para su videojuego. Uno siente que realmente no tiene el control de la narrativa, a pesar de las opciones a escoger, y se siente tan manipulado como el propio Stefan, a quién, en cierto punto, y no estoy inventando, se le puede comunicar que está siendo manipulado a través de Netflix (algo inverosímil para un chico de 1984). Es interesante como Stefan empieza a notar como no está en total control de su destino, rompiendo un poco con la llamada 4ta Pared, y regresamos a algunos de los temas que Charlie Brooker ha explorado en su serie de Black Mirror, como la paranoia, la automatización malvada, y el control absoluto por parte de algún sistema o ente maquiavélico.

Debería Stefan aceptar la oferta de trabajo?

No puedo decir que el concepto no es innovador, aunque un poco lucido por parte de Netflix para moldear completamente nuestra manera de consumir cine, están empeñados en innovar, ya sea con producciones más artísticas como Roma, o ahora con Black Mirror: Bandernatch. Netflix es insistente en que veamos el cine en casa y tiene buenas ideas bajo la manga. La película en sí es entretenida, especialmente para los que llevábamos tiempo esperando algo de Brooker y su Black Mirror.

3 / 5

Tiempo Compartido

31 Dec

Una interesante película de parte de Sebastián Hofmann que resulta ambiciosa en su concepto, porque a pesar de que no es una trama complicada, es un reto en cuanto al tono del filme: un drama de suspenso con tintes cómicos; son varios aspectos a considerar como la iluminación, el soundtrack, el diálogo, los encuadres; se tiene que encontrar un balance en todas estas cosas para poder atinarle al tono general que el director quiere plasmar. De ahí que es difícil encontrar la identidad de esta película, se supone que me tiene que dar miedo o me tiene que hacer reír, o un poco de las dos?, y creo que el equipo de marketing tampoco supo que hacer exactamente con este producto, aunque ya sé que está de hueva los posters hollywoodenses que quieren meter toda la trama en un afiche, pero tampoco era fácil descifrar la naturaleza de esta película por sus promocionales.

Eso no quiere decir que no sea bastante entretenida, la cinematografía de Matías Penachino, bajo la dirección de Hoffman, es muy bien lograda y hay algunas tomas bellas. Las actuaciones son ejemplares por parte de todo el elenco, empezando por Luis Gerardo Méndez (Pedro), y uno de los mejores actores de personajes secundarios, Andrés Almeida (como el némesis de Pedro, el amigable Abel), así como el amuleto del cine mexicano, Miguel Rodarte (como Andrés), su esposa en la película, Montserrat Marañón (como Gloria) y el interesante casting de RJ Mitte, el hijo de la familia en Breaking Bad, como el ejecutivo de ventas, Tom.

No puedo decir que no hay tomas bien compuestas, como esta de la alberca

Todo sucede en un viaje de Pedro (Méndez) con su esposa y su hijo a un resort en la playa llamado Everfields (que es representado por el Princess de Acapulco, con sus icónicos edificios en forma de pirámides mayas), pero una vez llegando a su villa, se encuentra con que la policía está afuera insistiéndole que el lugar también está rentado por Abel (Almeida) y su familia; así que ambos acuden con el gerente del resort para llegar a un acuerdo. Y es en momentos como estos que uno tiene que conectar muchos cabos sueltos, el guion da unas pistas muy tenues sobre que alcance, realmente, tiene el plan siniestro del corporativo Everfields para afectar la vida de Pedro. Y resulta muy molesto para Pedro cuando su esposa y su hijo empiezan a compenetrarse con Abel y su familia, compartiendo la alberca con ellos y participando todos juntos en algunas actividades del resort.

Al mismo tiempo vemos las actividades de Gloria (Marañón), una ambiciosa vendedora de Everfields que, bajo el tutelaje de Tom (Mitte), quiere llegar a formar parte del círculo interno del corporativo, todo mientras su esposo Miguel (Rodarte) se sumerge en una depresión, con el aparente auxilio de medicamentos que le recetan para su condición mental. El juego de los medicamentos, que también le recetan a Pedro después de un accidente de tenis, parece que tiene una mayor importancia en la parte siniestra de la trama, mayor a lo que Hoffman y el co-escritor del guion, Julio Chavezmontes, lograron comunicar. Son como estas, las flaquezas del guion que uno puede dilucidar.

Hay unas tomas innecesarias que sirven más para que Hofmann y Penachino flexionen el músculo técnico, como una toma entre Pedro y su esposa, Eva, donde vemos sus reflejos en el agua de la alberca mientras discuten, dando la primera impresión de que alguien los observa desde el fondo de la alberca, es un tipo de toma que no dice nada en cuanto a su lenguaje cinematográfico, pero no puedo decir que no es atractiva. Algunas escenas parecen incompletas, como la del accidente durante la clase de tenis con el trainer argentino, a quién lo vemos hablar, lo vemos de lado, lo vemos a la distancia fuera de enfoque, yo no pediría mucho más, solo un enfoque a la cara, para ver quién está hablando. Es como simple sentido común cinematográfico.

Un ominoso cielo de rojo neón cuelga sobre la villa de la familia durante las noches, parte del corporativismo asfixiante

El anti-corporativismo es rampante en Tiempo Compartido, y somos testigos de cómo una superficial cultura corporativa, con sus clichés vacíos (“lo acercamos al paraíso”, reza el molesto eslogan de la empresa, y se lo repiten al cliente ante cualquier inconveniente), las luces de neón incesantes por la noche, mucho plástico por todos lados, crea un ambiente claustrofóbico para los personajes. El estado de Andrés, que deambula cual zombie o paciente de una lobotomía, por los pasillos del resort, parece que es el resultado final de la malvada cultura corporativa aplastante y desmoralizante; como si las autoridades fascistas de la novela Brave New World estuvieran a cargo de un destino turístico, y buscaran la manera de controlar a sus sujetos a través de la complacencia y la felicidad vacía. El excelente soundtrack de Giorgio Giampà, con unos instrumentos de cuerda de sonido aparentemente desafinado y una percusión insistente, enfatiza la cualidad tenebrosa pero cómicamente patética, del entorno de los personajes. Y algunos tributos a películas influyentes se dejan ver, como la lavadora que arroja un caudal de agua teñida de rojo color sangre, que puede ser una referencia al elevador sangriento del Overlook Hotel en The Shining, otro lugar donde un hombre se volvió loco de tanta paranoia.

Pedro está convencido que todos, con excepción de su familia, están tratando de dominarlo, y puede que no esté tan equivocado. Time Share (título en inglés) es una película con altos niveles de producción, pero que todavía representa para Hofmann algunos problemas en el guion y el tono general. Sin embargo, es recomendable como algo definitivamente entretenido.

2.5 / 5

Roma

7 Dec

La película más personal de Alfonso Cuarón es al mismo tiempo la más explosiva emocionalmente, quizás porque esta vez no está presente la parafernalia técnica y tecnológica de sus trabajos pasados, como en las joyas que todos conocemos: Prisioner of Azkaban, Children Of Men y Gravity, que a partir de Y Tu Mamá También, realmente le ha dado a Cuarón su fama internacional, más como un mago de la técnica cinematográfica, que como un gran, digamos, cuenta-cuentos, un gran cronista de la condición humana. En Roma, Cuarón tomó las riendas del proyecto como nunca lo había hecho, ya sabemos que dirigió, fue el director de foto (o sea tomó la cámara y casi filmó todas las escenas con sus propias manos), escribió, editó y casi hasta preparó el catering; pero siendo serios, el tipo filmó en locación en exactamente la misma calle donde vivió en su juventud, en la calle Tepeji, casi esquina con Monterrey, de la Colonia Roma, CDMX (desconozco si en la misma casa); así que mucho de lo que es Alfonso Cuarón, como persona, estuvo investido en esta película, en conjunto con un mensaje más general sobre México y la Ciudad de México, para el resto del mundo, no creo que se le escapara de la mente que esta, a final de cuentas, iba a ser la nueva película, en español y filmada en México, de un ganador del Óscar, y que seguramente se le iba a dar una grande atención mediática.

Aparte de los enredos en la cuestión de la distribución, ya saben, los acuerdos de negocio entre la distribuidora Netflix (Cuarón financió la película y después la vendió a Netflix), y las grandes cadenas de cine a nivel mundial, y sus políticas de los 90 días, etc.; no me gustaría ahondar en esos detalles, pues se han desmenuzado ampliamente en otros medios y solo me quedaría con lo siguiente: las grandes cadenas de cine tienen sus políticas, bastante razonables, pero que tendrán que ser reconsideradas, y tal vez enmendadas, ante la aparición y popularidad de las plataformas de streaming; es así como resumiría aquel tema, básicamente.

María de Tavira como Sofía

Ahora en cuanto a la película en sí, me quedaría corto si digo que cada escena, cada cuadro, es una obra de arte. La composición visual es magistral y, durante dos horas y cuarto, habitamos un tiempo y un espacio muy distinto al nuestro, que puede tener algún significativo personal para ti o no. En mi caso fue divertido ver lo que básicamente fue el mundo de mis papás, que son más o menos de la edad de Cuarón y crecieron en la CDMX; y hubo algunos otros detalles, como volver a ver un Banco Serfín, o ver el Teatro Metropólitan, mi recinto favorito para conciertos en la ciudad, cuando antigua y originalmente era un palacio de cine. La calma de Cuarón por mostrarnos el mundo de sus personajes es distinguible en sus paneos lentos, algunos de 360 grados, para que podamos asentarnos completamente en los ambientes de 1971, como el de la casa de Sofía (María de Tavira) y el Dr. Antonio (Fernando Grediaga), que habitan con sus tres niños y una niña, la abuela (mamá de Sofía) y dos ayudantes domésticas, Adela (Nancy García) y Cleo (Yalitza Aparicio), y el perro de la familia, Borras. Las tomas son a distancia media, estableciendo una separación cómoda entre los sujetos y la audiencia, no hay zoom-ins y close-ups, que nos arrebaten del entorno natural, esto permite que la trama fluya a un ritmo natural.

Vemos el trajín cotidiano de la familia desde el punto de vista de Cleo y el lente nos permite ser silenciosos testigos, como una mosca en la pared, de la dinámica familiar, que se encuentra en problemas ya que el Dr. Antonio hace un supuesto viaje de negocios y que es muy probable que no vuelva, lo cual va desmoronando a Sofía poco a poco, al tiempo que trata de mantenerse estoica para los niños. Por fuera del hogar, Cleo tiene su vida social y un amante, Fermín (Jorge Antonio Guerrero), quién la llevará a tener sus propios desamores y tragedias. Todo esto envuelto por el ambiente socio-político de la época, como las manifestaciones estudiantiles, y la tragedia de la matanza durante la opresión militar conocida como la Matanza del Jueves de Corpus, donde Cuarón reveló en entrevista que se inspiró por una foto en el periódico que vio cuando era niño, donde aparecía uno de los llamados Halcones (grupo paramilitar) persiguiendo a un estudiante, y en el fondo aparecía una mueblería, y la gente se asomaba por las ventanas. Sofía y Cleo encuentran un entendimiento mutuo, Sofía le declara contundentemente: “siempre terminamos solas”, aunque las castas sociales siguen bien demarcadas, y a pesar de que la familia adora a Cleo, no deja de ser la nana de la casa. Cuando la familia se va a Veracruz, sin el Dr. claro, para visitar la playa, Sofía declara que Cleo estará de vacaciones, sin embargo, no deja de estar cuidando a los niños y atendiendo a la familia en sus necesidades.

Cuarón dirigiendo adentro del Metropólitan

Las cuestiones clasistas, o hasta racistas, de la película no son primordiales en Roma, y aunque son bastante notorias las desventajas de Cleo en la sociedad de aquel entonces, Cuarón desarrolla su personaje sin buscar condenar a sus patrones, las vivencias de Cleo vienen a partir de la inspiración original del personaje, Libo, a quién se le dedica la película y que fue la nana de Cuarón por muchos años en su infancia (Libo aparece en algunas escenas de Y Tu Mamá También).

La calidad sublime de la narrativa puede que solo se sienta forzada en raras ocasiones, como cuando ocurre un terremoto mientras Cleo observa a los recién nacidos en el hospital, pero creo que era necesario que el director le inyectara algo de emoción a la trama, finalmente, las desgracias de Cleo se sienten tan reales y desgarradoras, que pueden ser algunas de las escenas más fuertes, emocionalmente hablando, para cualquier espectador. Desconozco si todo eso le pasó a Libo, pero algunas de las libertades ficticias de la historia son a lo que se refiere Cuarón, cuando menciona que la trama es semi-biográfica.

Como referente estético es imposible no pensar en Felini y en Tokyo Story de Yazujiro Ozu, esta última no solo por el blanco y negro, pero por la emoción y drama que se esconde por debajo de una superficie calma y parsimoniosa; también me encontré pensando mucho en Los Insólitos Peces Gato durante el viaje de Cleo y la familia a la playa. El libro “Los Hijos de Sánchez” de Oscar Lewis, con la vida rica, plena, agridulce, de las clases bajas en la CDMX, también se me vino a mente.

Mucho se ha comentado sobre el impresionante diseño del sonido de Roma, es por eso que se recomienda fuertemente ver esta película en el cine, el audio es clave en sumergirnos en la historia, con bits de sonido ambiental que lo hace a uno jurar que está en medio de la colonia Roma a mediodía, el sonido de un perro ladrando a la distancia realmente lo hace pensar a uno que hay un perro ladrando afuera del cine, todo esto a pesar de que el sonido de las olas en la playa se me figuró que sonó un poco exagerado, pero realmente es poco lo que uno puede criticar de esta obra.

Cleo y el niño más pequeño

Roma es sin duda la obra maestra de Cuarón, más que una película es un reflejo de las interacciones humanas dentro de un ambiente social que por momentos los sofoca. Puede que se encuentre más acción, más comedia, más suspenso, en otras películas de este año, pero conocer a Roma, se siente como que uno ha conocido a un nuevo amigo para toda la vida.

5 / 5

Caniba

23 Jul

Esta aventura cinematográfica es abstracta y surreal al abordar uno de los sujetos más polémicos de las últimas décadas, el caníbal japonés Issei Sagawa; pero los directores Verena Paravel y Lucien Castaing-Taylor definen su posición moral frente a su sujeto al principio del filme, en una leyenda que afirma que el documental no pretende defender los actos de Sagawa.

Con un manejo de cámaras experimental, repleto de enfoques al rostro de Sagawa, de tomas fuera de enfoque a Sagawa y a su hermano Jun (quién sirve de entrevistador en este documental), los cineastas presentan a un “monstruo” senil y debilitado por la enfermedad. Se deja que el público llegue a sus propias conclusiones sobre el sujeto que se comió a su compañera de cuarto, Renée Hartevelt, mientras ambos estudiaban en la Sorbonne de París.

Jun cuida de su hermano sin poder tolerar los detalles de su crimen. Hojea un manga, dibujado por Sagawa, incómodamente, donde se retrata de manera chusca los horrores de su delito. Caniba es otra producción del Laboratorio de Etnografía Sensorial de Harvard, y aunque el trabajo no es tan cautivante como aquella otra producción magistral, Leviathan (2012), se analiza el entorno cultural de Issawa, específicamente de un Japón después de la segunda guerra mundial, y se le invita al público a diseccionar la relación entre los hermanos. Jun posee sus propios fetiches al practicar la automutilación, sin lugar a dudas de las escenas más fuertes.

Cultura y familia también ayudan a explicar la condición humana, incluso la más extrema.

Para Indie Rocks! Pocket, mes de agosto

1.5 / 5

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